Caminas rumbo a tu escuela. Tienes 17 años. En tu camino, encuentras a un grupo de jóvenes, un poco más grandes que tú o quizás de tu edad, se ven mal encarados, beben. Uno de ellos te sale al paso “¿A dónde con tanta prisa?”. “A mi escuela”, respondes. “Préstame una moneda, tengo sed”. Te niegas mientras observas cómo de la sudadera de aquel tipo parece asomarse una navaja. “¿En serio no tienes?”. ¿Dar la moneda o seguir en negación aun cuando sabes que la piel es frágil ante el metal, lo mismo que un órgano?

El escenario parece importante: una urbe, tal vez una calle poco transitada, una esquina con olor a meados, el camino diario a tu escuela pública, el mismo grupo de bebedores sentados y en cuclillas (¿malvivientes?) que ya has topado, aquellos que, dicen, trabajan para romper huelgas, armar desmadres en los partidos, apoyar políticos. ¿Qué urbe es ésta? ¿una cercana al Trópico de Cáncer, una cercana al Círculo Polar? ¿Qué grupo esta a punto de madrearte: porros de vocacionales y preparatorias mexicanas o los (mal) llamados gopniks de la Rusia post soviética, que hoy raya en lo facho?

La violencia sin sentido, el desmadre por vocación, el llamado a la caterva se halla aquí y al otro lado del Atlántico ¿No?

No es noticia nueva que existan grupos dedicados al ocio y a la provocación, al arte de violentar a los transeúntes, sea en cualquier parte del mundo. Clanes que, por lo general, están compuestos por adolescentes provenientes de barrios populares, quienes son incitados a las borracheras, a la fiesta auspiciada por el sistema (descarada o disimuladamente), al valemadrismo y vandalismo sin consecuencias legales (al menos en la mayoría de los casos).

De los porros mexicanos (quienes reaparecieron a principios de septiembre de este 2018 por sus viles actos frente a la “pulcra” rectoría de la UNAM), se sabe que son grupos juveniles de choque, nacidos durante la década de los 30 bajo el amparo de la ultraderecha (incluso auspiciados por el Arzobispado) cuyo fin, en aquel entonces, era hacer frente a los grupos políticos marxistas de la Universidad, aquellos encaminados en las enseñanzas de Lombardo Toledano.

Con el tiempo, el porrismo entró de lleno a la política: disolviendo movimientos sindicales, estudiantiles y sociales, en ocasiones como grupos de choque en otras como supuestos estudiantes, meros espías, principalmente al servicio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México durante siete décadas, aunque, en años recientes, se ha dicho que el Partido de la Revolución Democrática (de izquierdas) también ha reclutado jóvenes de las escuelas públicas.

De esta forma, desde hace por lo menos siete décadas, en el panorama mexicano los porros han aparecido con intermitencia en los medios de comunicación nacionales y permanecen, más o menos, en activo en la vida cotidiana de los estudiantes universitarios del país por sus agresiones organizadas: taloneo, petardazos, disolución de manifestaciones, incluso se les menciona en televisión para alertar a la ciudadanía de que saldrán de fiesta y cerrarán un par de calles:

No es un meme, es la televisión abierta de México ¿o es que siempre ha sido una burla?

El futbol como pretexto

“Un partido de fútbol común. Los aficionados del equipo que va abajo en el marcador, ebrios desde hace varias horas, comienzan a lanzar cualquier cosa al campo: la batalla que seguirá una vez que el arbitro finalice el encuentro es obvia. Las banderas las portan en mano porque los mástiles los decomisó la policía, falta que hace: un par de piedras, botellas y los puños son suficiente para empezar la diversión. El llamado: unos petardos, suave ceremonia de inauguración para el segundo encuentro, el de la afición, el de los puños.

Dos bandos se lanzan cuanto encuentran a su paso, incluso sillas de los bares cercanos. Han tomado la plaza. Lluvia de botellas, pedradas, pelea a puño limpio y, cuando no, golpiza certera en grupo, ¿navajas? tal vez un par, aunque no se compara con sentir la carne del otro entre los nudillos o con ver las marcas del bóxer en sus rostros. La cuestión no es perder o ganar el partido, sino defender la identidad, más que la playera. Tomar la calle. Ambos bandos son muy parecidos en el fondo, pese a que se escuden en nacionalismos.

Marsella frente a dos torneos de fútbol internacionales: Mundial de Francia 1998, disturbios de hinchas ingleses, toman una plaza durante día y medio; Eurocopa 2016, la misma plaza es tomada por ingleses (de nuevo) que se enfrentan con rusos, algunos dijeron que éstos eran ‘gopniks’, pero ¿quién sabe qué significa esa palabra? Mejor sólo nombrarlos hinchas rusos.

Antes pensaba que esto ocurría sólo en Europa. Recién visité México, un amigo de allá me llevó a una plaza que tiene un museo memorial sobre un movimiento estudiantil que, me contó, ocurrió en 1968, casi a la par de nuestro Mayo Francés. Dicen que su movimiento, curiosamente, empezó por una riña entre hinchas de futbol, creo que les llamaban porros, que se resguardaron en una escuela de donde la policía los sacó a golpes junto con estudiantes que nada tenían que ver. Después de dos meses, aquel movimiento terminó con una masacre del ejercito, anunciada no con petardos sino con bengalas, en la que cientos de personas murieron sobre una extravagante plaza dotada con ruinas aztecas del templo de los sacrificios.

La violencia, en cualquier forma y a cualquier escala, es surreal e inherente al hombre.”

¿GOPNIK, qué mierda es eso?

¿Qué es un gopnik? Más que un grupo o un clan, esta palabra ha cambiado semánticamente durante un siglo, aunque siempre con una tendencia peyorativa para encasillar a los parias, vagabundos y pobres.

Se cree que surgió del acrónimo GOP,aparecido después de la Revolución de Octubre, de cuya formación hay dos teorías: a partir de la Gorodskoye Obshchestvo Prizreniya (Sociedad Urbana del Cuidado) como se nombraba a los hospicios, o bien, de la Gorodskoye Obshchezhitiye Proletariata (Ayuntamiento Residencial del Proletario), cuya función era la misma, aunque se trata más de un mito pues no hay constancia oficial de su existencia. De cualquier forma, en ambos casos, la mayoría de los residentes eran o se convertían en ladrones de a pie, lo que dio una carga semántica poderosa a gopnik alrededor de la cual se formaría un estereotipo: el lumpen criminal.

Si bien apareció hace casi un siglo, el término gopnik, en la actualidad, parece responder frente a los mismos actores: jóvenes dedicados al ocio urbano, al patibuleo más sórdido y recalcitrante, consistente en beber cerveza, comer semillas de girasol, golpear y asaltar transeúntes. No obstante, dos elementos particulares provocaron que hace un lustro, aproximadamente, comenzara a expandirse en la cultura popular más allá de la Rusia: vestir sudadera Adidas y permanecer casi todo el tiempo en cuclillas.

Ambas características se apropiaron de las redes, sobre todo después de que el videojuego llamado S.T.A.L.K.E.R. incluyera personajes de este estilo, de los cuales se hicieron cosplay en sitios tan distantes como Brasil o Corea del Sur. Además, con el surgimiento del humor vía meme, comenzaron a aparecer sátiras de su estilo de vida (violento y sinsentido), e incluso tutoriales sobre como permanecer en cuclillas correctamente, ya no como un gopnik sino como un eslavo, pues, en otros contextos culturales ambos términos (gopnik–eslavo), al parecer, son equivalentes.

Esto, sugieren algunos, amplía el estereotipo de criminal y violento a condiciones no sociales sino también étnicas: ¿todos los eslavos, todos los rusos, todos los hinchas, todos los pobres realmente son violentos? ¿O la violencia es sistémica?

 porro, cuestión de semántica 

¿Por qué equiparar (más que comparar) a los porros y a la “tribu” gopnik? Más allá de la evidente relación de violencia y desmadre juvenil, hay tres cosas, más profundas, que tienen en común: el trasiego político, el deporte (en especial su indumentaria) y el cerco semántico – cultural de ambos términos.

Si se conoce un poco el quid de los porros mexicanos, esta triada no es tan compleja: surgieron para contener nuevas corrientes estudiantiles (de tendencia marxista), nutrieron sus filas con animadores de encuentros de fútbol americano (incluso tomaron como distintivo los jerseys), conocidos como la porra, palabra de la cual surgióporro a partir de un cambio semántico, mote que define a los golpeadores de hoy en día: los porros que agreden estudiantes y apoyan partidos políticos de derecha o izquierda. Pero el caso ruso es más complejo y contradictorio por momentos.

La tribu gopnik tuvo su primer auge antes y después de la caída la Unión Soviética, una época donde el mundo occidental ya había ingresado sobremanera a la Rusia comunista, en especial a través de prendas de vestir, como los jeans, y el rock. Fue con éste género musical que el término se expandio en la cultura popular, ya que en 1984 el grupo undergorund Zoopark sacó el tema “Gopnik”, el cual es una crítica al sistema que nombraba a los rockeros como gopniks  (parias) pues se alejaban de los valores socialistas, de su doctrina.

Es curioso lo anterior, pues los “gopniks reales”, es decir, aquellos marginales que de cierta manera heredaban su mote de los asistidos sociales por la caridad del estado (la GOP ya mencionada), los mismos que se transofarmaban encriminales, tendían a rechazar valores culturales de occidente,como la tolerancia y las aspiraciones de superación personal, al igual que los nuevos géneros musicales, entre ellos el rock, y los nuevos tipos de vestimenta (jeans). En pocas palabras, formaban parte de un sector conservador que se oponía a todo lo nuevo.

Sin embargo, su emblema principal, que aún conservan, era por demás indumentaria de occidente: la sudadera Adidas. Después de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, ésta prenda se popularizó pues con ella se vistió a la delegación soviética, aunque el logotipo de la marca no se mostró abiertamente. Desde entonces y hasta ahora, se les puede ver por todos lados, ya auténticas, ya de piratería.

Al ser de tendencia conservadora, en años recientes, algunos medios han declarado, tal vez de una manera un tanto irresponsable, que los hinchas rusos que destruyeron Marsella en la pasada Eurocopa son gopniks, probablemente porque ambos son reacios al cambio, a la apertura, y porque buscan permear su identidad a toda costa, defenderla y sostenerla: actuando como un grupo nacionalista ultraconservador,frente a hinchas de otros países, o bien, mostrando en sus ciudades que, al nacer como lumpen, son violentos y no dudarán en golpearte si quieren más cerveza y no tienen dinero: así ha sido siempre y no cambiarán.

Por otro lado, siguiendo la línea del conservadurismo, a los hinchas se les ha relacionado con altos mandos de la política rusa, inlcuido Vladimir Putin, lo que llevaría a los gopnik al escalón más alto del ser conservador, una idea nada descabellada sobre un grupo que, por treinta años, se ha declarado en contra de los nuevos órdenes y tendencias dentro de su país.

Al final, gopnik continúa como un término complejo y difuso: sin un significado definido y, por tanto, sin un actor concreto al cual se le pueda aplicar (cosa que sí ocurre con los porros), pero la carga cultural que posee es mucho más rica que la de nuestros jóvenes golpeadores, aunque también lleva consigo un dejo peyorativo y una estereotipación enorme.

Es más, en años recientes, más que el término, el “estilo gopnik” ha llegado al mundo de las pasarelas y la alta costura, tomando el perfil del joven urbano, cómodo y agresivo como bandera. ¿Será la añoranza por un arraigo social o una identidad racial, en un mundo mezclado y cosmopolita? ¿O acaso el conservadurismo busca posicionarse dentro de todos los órdenes? En una época donde el nacionalismo y un creciente fascismo disfrazado de sistema democrático avanza, las anteriores son perfectamente posibles. ¿Nuestros porros llegarán tan lejos? Es probable que ya estén dentro del sistema, dirigiendo, al menos, desde hace siete décadas.

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Mario Castro

Mario Castro

Latinoamericano verborreico. Fotógrafo. Escribidor de debrayes. Corrector de horrores lingüísticos. Editor en veces. No alimentar con tristezas a este sujeto.

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