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Por Yair Hernández Cárdenas

Foto: Pedro Zamacona

Entablar una crítica objetiva que abarque todos los aspectos ocurridos en Zona Maco es imposible. El torbellino artístico que se vivió en el Centro Banamex -del 10 al 14 de abril- no permite elaborar una conclusión común respecto a esta feria de arte y es que las impresiones de críticos, galeristas, artistas y visitantes variaron: hubo a quienes les fascino el enorme signo de admiración hecho con bombillas presentado en el panel de la galería mexicana Kurimanzutto; otros no terminaron por digerir la estatua de un hombre hecha en el tronco de un árbol que presento la galería  Gazelli Art House; y varios cientos se hartaron de los clásicos letreros de neón superfluos.

Por ello dividiré lo ocurrido en tres categorías: las obras; los artistas, expositores, galerías y coleccionistas; y los visitantes.  Esto con el afán de facilitar un análisis conciso –recalco, no objetivo– de lo visto en Zona Maco.

Las obras

Lo más selecto del arte contemporáneo se dio cita en el Centro Banamex: 110 galerías y miles de artistas nacionales e internacionales.

Lo bueno: descubrir obras sorprendentes, innovadoras, que lograban cautivar al instante. Por ejemplo: la Guitarra de Rocha Iturbide que se pudo ver en el panel de Le Laboratoire o las esculturas de yeso  de Erick Muñoz en la galería Anonymous. Tampoco faltaron obras de Diego Rivera, Rufino Tamayo, Vicente Rojo y Leonora Carrington, las cuales siempre es placentero observar.

Lo malo: Ver “obras” que bien podría haber hecho cualquiera con media hora libre una tarde de domingo. Por ejemplo: una lata vacía o un recipiente de comida para perro con un maní dentro ¿Tomadura de pelo? Es el problema del arte contemporáneo; que no tiene un canon establecido que permita desechar lo banal. Por ello Zona Maco no estuvo exenta de obras pobrísimas, de esas que a simple vista denotan un vanidoso aspecto comercial, nada académico. Y no faltara quien saque a relucir que en el arte contemporáneo lo importante es la idea y no precisamente el manejo técnico, pero no se puede taparle el ojo al macho: en Maco hubo “ideas” que no tenían motivo de ser –y si era lo que se buscaba (no ser nada) tampoco lo lograron-. En las hojas de descripción de estas obras se leía siempre la palabra “descontextualización”,  y, en el peor de los casos, estos textos se limitaban a describir los materiales utilizados.

Otras variantes que ofreció Zona Maco fueron un ciclo de conferencias y las múltiples proyecciones cinematográficas, aspectos de los que poco se ha hablado. Entre las personalidades que se prestaron para interactuar con los visitantes estuvieron  Magalí Arriola (Curadora – Colección JUMEX), Dieter Roelastraete (Curador – Museum of Contemporary Art) y João Fernandes (Conservación – Museo Reina Sofía). En cuanto a los videos, se presentaron trabajos de Adrian Paci (The Column), Gilberto Esparza (Plantas Nómadas Rio Santiago) y de Jonathan Hernández (In Girum Imus Octet Consumimur Igni y Fricción).

Mención aparte: ¡Enhorabuena por el apoyo a jóvenes del FONCA y por el peso que se le dio en esta edición a las obras de los artistas latinoamericanos a pesar de la presencia de consagrados como Ai Wei Wei o Anish Kapoor!

Los artistas, expositores, las galerías y los coleccionistas.

La materia prima de la feria. Todos ellos iban a conseguir algo: las galerías a buscar nuevos talentos, los artistas a intentar programar más exposiciones, los expositores a vender sus obras a precios elevados, y los coleccionistas a desembolsar billetes para agrandar sus colecciones privadas; más que una feria, un mercado de arte.

El aspecto económico es vital en Zona Maco y se entiende: los protagonistas (galerías, coleccionistas, etc.) buscan entablar relaciones comerciales que les permitan dirigir la producción artística durante los meses venideros.

Es triste, pero la finalidad de las obras durante este tipo de eventos es convertirse en mercancías deseadas; se le pone signo de dólares a las ideas y a las emociones.

Se quedan en el aire varias preguntas a las que resultaría interesante encontrarles respuesta: ¿Que galería vendió más?, ¿Que coleccionista, justo ahora, se desgarra las vestiduras al caer en el error de haber comprado tal obra?, ¿Cuántos artistas no lograron vender ni una entrevista? ¿Cuántas de las galerías que vimos este año repetirán en 2014?

El acceso

La difusión dada a la Zona Maco logró que,  durante los 5 días- ingresaran más de 35 mil personas. Otro aspecto que causo la buena asistencia fue el bajo costo de la entrada (en comparación con la entrada a ARCO Madrid 2013, que fue de 40 euros -poco más de $600 pesos-): $200 al público en general y $150 a estudiantes, profesores, niños de 14 años, a los que sus madres los obligaban decir que tenían 12, y gente de la tercera edad.

Epílogo MACO

Zona Maco cumplió en cuanto a organización y concurrencia, en cuanto a las propuestas siempre hay que exigir lo mejor cuando se trata de arte -más aun cuando se denomina como contemporáneo-.

Se espera con ansiedad la próxima edición pues a pesar de lo malo que hubo en la feria, siempre hay algo te sorprende, que te hace olvidar del fin económico de la obra. Además es bueno saber que México comienza a colocarse en los primeros planos del panorama del arte conceptual a nivel mundial.

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