En el interior de un departamento cerca de la Merced están teniendo lugar eventos musicales con diferentes enfoques sonoros. Esta iniciativa-lugar, que responde al nombre de 316, empezó el pasado mes de junio con el objetivo de convertirse en un faro para los músicos y asistentes de la ciudad.   

Una luz roja ilumina el lugar. Hay poco más de 60 personas que se distribuyen en un pasillo que otrora fueron cuartos. Algunos, al dirigirse a la barra, maniobran entre los cuerpos. Otros, los mejor acomodados frente al escenario, mantienen su posición. La banda está a 5 minutos de hacer sonar los amplificadores. El lugar es un departamento pero también es un foro musical.

Pasan de las 10 de la noche y cualquier nariz identifica el olor a marihuana que emana del fondo. Por eso las ventanas están abiertas; por los olores y el inminente sudor que desprenderán los cuerpos ante el slam y el posible hacinamiento.

Adentro, con la gente, bocinas, amplificadores, batería y luces neón, el panorama es de camaradería, cordialidad. Afuera, en la calle, es tenso, ríspido y vibrante. Y es que aunque está en los linderos del Centro, la zona es de las que se acompaña con la alerta de cuidarse: avenida Fray Servando, casi en el corazón de la Merced

Pero esta noche no habrá ningún incidente. Y así ha sido en casi todas las ocasiones anteriores: el único problema ocurrió fue hace algunos eventos con un `cholo` que se mantuvo necio para entrar y acabó siendo sacado a patadas por una vecina.

Minutos antes de las 11 pm por fin suenan las guitarras. El ambiente –con cerveza, mezcal, buen sonido, mota, rostros conocidos – es inmejorable. Así empieza otra velada en el 316 (tres dieciséis), un nuevo faro musical en la ciudad. 

El 316

“Había un acumulador en este cuarto, entonces ya te imaginarás: cuando entramos no se podía ni caminar”, cuenta José Cortés desde la zona de la barra de este departamento-foro. “Pero la visión fue siempre un lugar donde lo importante fuera el sonido y la música, y pues en este edificio… abajo ensayábamos y todo. Fue recuperar el espacio, tirar paredes”, complementa Gibrana Cervantes.

José y Gibrana se conocen desde hace varios años debido a que ambos tocan en Vyctoria, grupo con amplia trayectoria en la escena instrumental-drone del país. `Pepe` está a cargo de la guitarra y ‘Gibs’ del violín.

Hace menos de un año se plantearon la idea de generar un espacio sonoro para recibir e impulsar proyectos que conocían. Este plan también involucró a sus amigos Gustavo Gil e Iván Almanza.

“En junio, seis meses atrás”, cuenta Gibrana sobre el momento en que se puso en marcha el proyecto,  “y en febrero fue como de hablar con el albañil y todo, pero desde antes muchas cosas quisimos hacerlas al do it yourself; hicimos la tarima, los paneles, todas esas cositas, y luego quisimos pintar pero nos quedó mal. Fue de aprender y de dejarle a la gente experta hacer en lo que son buenos”.

La ubicación exacta del 316 es el segundo piso de un edificio que ocupa el número 316 (de ahí el nombre) en Avenida Fray Servando Teresa de Mier, colonia Centro, casi llegando a la Merced. La particularidad de este inmueble es que anteriormente ya emanaba sonidos a través de otras variantes: Lemur Room, una sala de ensayos ubicada en el interior número 5, y Madriguera Studio, estudio de grabación dentro de otra habitación.

 “Llevamos aquí 7 años, frecuentando, viviendo, todo esto es de amigos. Trajimos  expertos para ver qué sí y qué no se podía hacer”, dice Gibrana respecto a lo viable que fue montar el lugar. Luego, la principal inversión de los 4 gestores fue el equipo de sonido. Teniendo la estructura y el equipo, repartieron tareas: José lleva la administración, Gustavo se encarga de checar logística y detalles durante el evento, Iván se dedica al sonido y Gibrana revisa la programación.

“Empecé con bandas que me gustan; bandas que conocemos de hace mucho y que han marcado algo en su género. Esto empezó con Tajak, quienes a su vez tenían la curiosidad de hacer una colaboración con Concepción Huerta. He tratado de meter actos solos; no es tan fácil que a artistas solos los programen en lugares, así como Nika Milano que hace ambient… o sea, por decir, Terror Cósmico con Rodrigo Ambriz llevan un poco de la línea pero uno está más metido en la improvisación.

Quiero ver la manera en que puedas ir a un lugar y no tengas que engancharte con un género. Además, yo no lo veo como que alguien le va a abrir a alguien, son dos shows fuertes. Me he acercado al ambiente experimental, lo que están haciendo los improvisadores, y el plan es juntarlos con bandas. Ir alternando”, confiesa Gibrana sobre los aspectos que rigen la selección de proyectos sonoros.

Desde su apertura – el primer evento tuvo lugar el 30 de junio – 316 ha recibido a talentos como Camille Mandoki, Mabe Fratti, Soledad y Belafonte Sensacional. Y su cartelera a futuro contempla presentaciones de Sadfields, Manitas Nerviosas, Sunset Images, Gaspar Peralta, entre otros.  Además, empezaran a colaborar con otras iniciativas musicales para hacer eventos en conjunto.

“Ahorita todo el cover es para las bandas, ese es el deal”, cuenta José sobre el trato con los grupos. Gibrana continua: “Y la verdad (las bandas) están contentas; yo como artista no había visto que por integrante se llevarán varo. Sí lo están apreciando. La barra es lo nuestro”.

Otro aspecto que hace resaltar a 316 es que surgió en un momento cumbre para las diversas escenas musicales de la ciudad: este año varios foros que llegaron a cobijar eventos y grupos de corte alternativo – El Imperial, Casa Max Rojas – cerraron sus puertas, por eso este espacio en Fray Servando está resultando vital.

“Queríamos abrir porque… a nosotros que somos músicos, y lo digo personalmente, nos desanimaban algunos lugares que está ofreciendo la ciudad para exponerse. Obviamente hay muchos lugares legendarios como el Alicia, que sirvió de inspiración, pero ahorita se han cerrado muchos espacios”, dice Gibrana.

“Ahorita la única bronca ha sido la prueba y error; es decir, durante un show metimos un tapete pensando en que la gente se sentara pero le cayó más gente de la esperada y (el tapete) estaba quitando espacio, cosas así. No hemos tenido un error fuerte. Le invertimos mucho a la sonoridad, compramos vidrio pa’ que no salga tanto afuera. Estamos cuidando, estamos viendo qué falta. Lo de afuera va saliendo pero desde el principio fue tener cuidado con lo que suena, lo que el artista necesita”, dice la violinista.

 

El objetivo de esta “visión de amigos” es convertirse en un bastión musical respetuoso con los artistas y apto para los asistentes. La motivación para lograr esto es la experiencia: tanto José como Gibrana (e incluso Iván, integrante de Apolo) se han presentado en cualquier cantidad de escenarios que no siempre resultan cordiales con las bandas.

Será interesante ver cómo se desarrolla y expande este concepto que garantiza un aforo para 100 personas. Mientras tanto, ya empezaron con el pie derecho al mantener una programación versátil y enfocarse en el manejo de una experiencia afable tanto para bandas como asistentes.

Gibrana señala: “La idea es todo con la música, no lo pensamos como un bar. Tenemos claro los horarios y hemos estado retrasados por cinco minutos pero tratamos de que sea puntual. Nos hemos dado cuenta que viene gente que quiere escuchar, que no viene con esta idea de ‘me quiero empedar’ que pasa mucho en otros lugares donde se presentan bandas”.

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Yair Hernández

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