El Premio Nobel de Literatura de 1957, vivió una infancia sin un padre, se crió entre la miseria de la Argelia francesa, su madre era analfabeta y casi sorda, logró ingresar a la escuela gracias a la determinación de uno de sus profesores, al cual le diera el mérito de su Nobel literario. El joven filósofo que desafió al Gobierno General de Argelia con sus reveladores reportajes, conquistador de féminas, el hombre rebelde que denunciara la falsa izquierda, anarquista de convicciones profundas, a quien los valores y la moderación marcarían sus ideales. El padre del absurdismo, el “Santo ateo de la filosofía”, amante de la dramaturgia, defendió que el arte es el vehículo del pensamiento, y quien falleciera de forma tan absurda… Albert Camus.

Vivimos en los tiempos de lo absurdo, programados para ser agentes del clientelismo bajo el falso precepto de mover la economía, el trato migratorio es tan ilógico que llegamos a ser verdugos de injusticias que sufre nuestro propio pueblo, la identidad y nuestras raíces las desdeñamos viéndolas como ajenas, incentivamos para nuestra propia esclavitud vendiendo nuestros ideales al mejor postor, nos relacionamos sin vernos a los ojos, vivimos detrás de una pantalla y las voluntades se ven transgredidas por la conveniencia.

En la rebeldía se paga un precio alto, el ser independiente es sinónimo de no pertenecer, donde se crea un prototipo de enemigo del sistema, ya que está fuera del control, manipulación y determinación de lo que dicten las clases dominantes, pero es completamente natural ser rebelde ante la imposición, ya que es la reacción ante la coerción de la libertad, donde existe mucha resistencia y puede ser que al final, la verdad no sea lo que se espera.

Así que, conozcamos algo del autor de El extranjero (1942), quien surgiera desde “abajo” y defendiera la libertad desde el ejemplo, con sus letras y un pensamiento único.

El niño pied-noire

Nació un 7 de noviembre de 1913, en la humilde Mondovi de la Argelia francesa, sus padres eran humildes colonos agricultores en estas tierras, y aún sin cumplir un año de edad, su padre fallece en acción durante la Primera Guerra Mundial. Junto a su hermano, su madre -analfabeta con problemas de sordera- y su abuela, lo crían en uno de los barrios argelinos más pobres.

Las condiciones no pintaban un buen destino para el pequeño Albert, a quien le encantaba practicar futbol, pero un agudo problema de tuberculosis le impidió realizar cualquier actividad física por el resto de su vida.

Algunos biógrafos apuntan que esta etapa fue la más enternecedora de su vida, sin acceso a libros, enfermo y víctima de la miseria, el acudir a alguna escuela parecía imposible, pero un profesor con gran vocación, Louis Germain, fue quien luchó porque el pequeño Camus contara con una formación académica, le brindo clases extraescolares, convenció a su madre de solicitar una beca para los hijos de soldados que murieran en la llamada “Gran Guerra” y lo acompañó en un viaje en tranvía para realizar su examen de ingreso al instituto, luchando por el derecho educativo del joven Albert.

Mucho tiempo después, al ser laureado con el Premio Nobel de Literatura en 1957, Camus agradecería a su viejo profesor enviándole una hermosa carta:

Querido señor Germain:

Esperé a que se aquietara un poco la conmoción que me ha rodeado durante estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia mi primer pensamiento, después de mi madre, fue usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al pequeño y pobre niño que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, nada de esto hubiese sucedido. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece, por lo menos, la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted tuvo continúan vivos en uno de sus pequeños alumnos que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su agradecido pupilo.

Le abrazo con todo mi corazón.

Albert Camus

Filósofo, periodista… y rebelde

Fue otro profesor, Jean Grenier, quien lo acercaría a la filosofía, y entre los principales autores que lo influyeron, fueron los existencialistas: Sören Kierkegaard, escritor danés del que destacan títulos como Temor y temblor (1843), El concepto de la angustia (1844) o La enfermedad mortal (1849); así como el célebre filósofo, poeta, músico y filólogo alemán Friedrich Nietzsche, reconocido por sus libros Así habló Zaratustra (1883), Más allá del bien y del mal (1886) o El Anticristo (1895).

Graduado en Filosofía y Letras por la Universidad de Argel al presentar su tesis “Relación del pensamiento clásico griego y el cristianismo a partir de los escritos de Plotino y San Agustín”, en 1935, buscó impartir clases, pero fue rechazado a causa de su tuberculosis, así que tomo la ruta del periodismo como corresponsal del Argel Republicain.

Respecto a su vida sentimental, contó hasta con diez parejas, varios amoríos y dos esposas: la primera fue Simone Hie, pero el matrimonio fue pasajero ya que los dos eran jóvenes así como inquietos y después de varias infidelidades mutuas, por lógica esto no funcionó; quien sería el amor de su vida fue su segunda esposa, Francine Fauré, con quien procreó a sus mellizos Catherine y Jean, la relación con la pianista y matemática Francine, estuvo rodeada de dificultades a causa de las conquistas de Camus con otras mujeres, pero a pesar de separarse… siempre se amaron.

En aquellos años treinta, era un miembro activo del Partido Comunista Francés, pero al firmarse el Pacto Germano-Soviético decide renunciar al partido. Camus siempre mantuvo sus ideales en la izquierda francesa, pero también estaba en contra de los abusos políticos efectuados en Argelia, cuyas tierras eran dueñas de sus recuerdos y juventud.

Como periodista fue vetado por el Gobierno General de Argelia al publicar el gran reportaje “La miseria de la Kabylia tiene un resonante impacto”, esto lo llevaría a la capital gala, donde colaboraría en el diario Paris-Soir, fue editor de la publicación Combat para la resistencia francesa durante la ocupación Nazi y después de ésta, se volcó al pensamiento libertario, así como a participar en el movimiento anarquista como articulista de Le Libertaire.

A inicios de los años cincuenta, la ideología filosófica en Francia se fractura, Jean-Paul Sartre, activo frenético defensor del partido comunista al grado de declarar que cualquier persona en contra de este pensamiento era un perro rabioso, alababa el pensamiento marxista y existencialista, Camus tenía otro pensamiento.

En la revista Les Tempes Modernes aparece publicado en 1951 el ensayo “El hombre rebelde”, en el cual describía que el marxismo secundaba al cristianismo, sustituía la idea de sometimiento religioso a la de este movimiento político-social, ya que, en el nombre de la libertad, la sociedad burguesa disfrazada de “falsa izquierda”, justificaba la explotación y la injusticia social.

Cuentan que, en una serie de artículos y acalorados debates entintados con Sartre, Camus escribe su novela La Caída (1956), que resume cómo el origen del mal proviene del mismo humano, quien enfermo de poder, hace que la opresión se ponga la máscara de ideales, o sea… pura simulación.

Absurdismo, arte… y obras célebres

Camus no era marxista, ni existencialista, era una raza aparte. Comprendía que el arte y la filosofía eran disciplinas complementarias, ya que las expresiones artísticas son el vehículo del pensamiento. Era el “Santo ateo de la filosofía”, afirmaría que no creía en Dios pero que tampoco era ateo, colocaba los valores en primer término, los principios antes que las personalidades, sí defendía el anarquismo, pero también sostenía que se podría estar errado en los ideales rebeldes. La moderación era su bandera ideológica, la justicia sin máscaras y siempre por la vía pacífica, así que podrán chocar las mentes, pero los cuerpos nunca.

Padre del absurdismo, que a groso modo define a lo absurdo como el abismo que nos separa del mundo, son todas las ideologías y abstracciones que alejan al hombre de lo humano, la búsqueda de la verdad que no siempre encuentra lo que se busca, es el choque constante, la muralla que edifican los sistemas políticos, sociales, religiosos y hasta personales para el “no ser”.

La compresión de este concepto la encontramos en su llamada “Trilogía de lo absurdo”, integrada por su primera novela y joya de la literatura del siglo XX: El extranjero (1942), la inaugural puesta en escena de su “Teatro de lo absurdo” Calígula (1944) y su póstuma obra El primer hombre (1995).

En 1947 publica La Peste, que muestra como un hombre sin fe cristiana, logra sacrificarse por el bien común.

Otras obras célebres de Camus son: El revés y el derecho (1937), que confronta el silencio del mundo contra la belleza y el derecho de ser; El mito de Sísifo (1942), donde cuestiona lo absurdo y si en realidad vale la pena vivir; o Reflexiones sobre la guillotina (1957), reflexivo texto contra la pena de muerte.

La cima… y una muerte absurda

En 1957 se le entrega el Premio Nobel de Literatura por “su obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres en la actualidad”, tenia 44 años de edad, lo que lo convertía en la segunda persona más joven en recibir esta presea.

Tres años después, un 4 de enero de 1960, fallece en un accidente automovilístico en Villeblevin de la Borgoña francesa, existen varias versiones acerca de su muerte, ya que el auto donde encontrara su trágico final Albert Camus, pertenecía a su editor y amigo Gallimard, incluso existen sospechas sobre la posible implicación de la agencia de inteligencia de la Unión soviética KGB, pero nunca logró confirmarse, ya que Camus estaba preparando en su próximo libro El primer hombre, arrojar datos reveladores sobre la Segunda Guerra Mundial, y el misterio es que esta obra se publicó 35 años después de su fallecimiento.

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Glen Rodrigo Magaña

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La pluma de @HomoEspacios, el sombrero de #EspaciosVintage en @tveducativamx, mercadólogo, melómano, pintoresco, con chispa periodística... y de otras artes.

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