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BLACKKKLANSMAN: EL RACISMO EN NADA HA CAMBIADO
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BLACKKKLANSMAN: EL RACISMO EN NADA HA CAMBIADO

Hace unas semanas, medios de comunicación y redes sociales, se incendiaban con las noticias sobre las caravanas migrantes, opiniones divididas, plurales y radicales. Cuando digo radicales, hablo de comentarios que rayaban en el clasismo, xenofobia y propiamente, racistas.

A la par de esas semanas turbias en nuestro país y sociedad, llegaba a las salas de la Cineteca Nacional, la película de Spike Lee, BlacKkKlansman o El infiltrado del KKKlan como llegó a nuestro país.  Spike Lee ha dirigido otras películas con trasfondos políticos y sociales, siendo él un director afroamericano, la línea de sus guiones, están muy bien cortados con asuntos sobre el racismo, y en esta cinta, no sólo queda develado, sino pronunciado.

La película navega entre varias líneas, un humor ácido, que en todo momento, parece hacerte olvidar la crudeza del tema. Por otro lado, retrata muy bien las asambleas de grupos de choque de a comunidad negra, tal como las Panteras Negras, y por otro lado, tal vez sin intención, se reivindica la figura del policía, o como los “puercos” como los bautizó un artista gráfico del grupo Emory Douglas.

Un joven afroamericano llamado Ron Stallworth (John David Washington)  de buenas intenciones y rectitud, entra al cuerpo policiaco, donde enseguida, es relegado a tareas bonachonas y sin trascendencia, sin embargo su hambre de sobresalir, lo lleva a salirse del huacal, consiguiendo ser un infiltrado sobre las comunidades negras, y es así, al asistir a una asamblea que escucha a un líder, y conjugado con la energía de Patrice (Laura Harrier) una hermosa chica con afro, excelentes pasos de baile y presidenta de la asamblea, dejando en manifiesto su inteligencia, siente convicción por la lucha de los negros contra los grupos de supremacía blanca, en específico el kukluxklan.

Ron a través del teléfono y su compañero policía Flip Zimmerman en persona, logran entrar a las entrañas de la organización, como ellos le llaman, develando hacia afuera las prácticas, ideologías, discursos y los nexos políticos que mantienen fuerte a este grupo y llegando hasta el líder supremo de la organización David Duke, quien, en la actualidad, se ha manifestado como un ferviente seguidor de Trump.

La historia conjuga un trama policiaca con momentos de drama y comida, sin embargo, por momentos el humor se esfuma, y la sangre se enfría con los diálogos, planes y expresiones de Klan.

Ya en la recta final de la película, Spike Lee decide mostrarnos el lado más crudo de Norte América, no en el siglo pasado, sino con el mandato de Trump. Escenas reales, fuera de los sets de grabación, abrochan una película que retoma con fuerza el tema del racismo, un racismo no patente de Norte América, sino en diferentes niveles y estructuras, tal como lo vivimos en carne viva la semana de las caravanas en nuestro país. Sin duda una película que calara a más de uno.

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Ángel Armenta López

Ángel Armenta López

Estudios en la academia de Arte y Patrimonio cultural en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Especialización en gestión de la música. Periodista cultural y director en el Festival Heterodoxias. Ponente nacional e internacional en temas relacionados a la música, la gestión y la cultura pop.