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LAS NOVELAS NEGRAS DEL POLÍMATA BORIS VIAN
LITERATURA Novela

LAS NOVELAS NEGRAS DEL POLÍMATA BORIS VIAN

Del París existencialista de Boris Vian al Cotton Club en el Harlem de Vernon Sullivan

Je suis en train de relire un roman policier doux comme tout,

 vu qu’en onze pages, on arrive à peine au cinquième meurtre, 

et le téléphone se met à sonner. 

Boris Vian

Un enfant terrible llamado Boris Vian

Boris Vian: Escritor polifacético, amante, crítico y ensayista del jazz, patafísico, dramaturgo, compositor, cantante, guionista, poeta, traductor, periodista, ingeniero, inventor del “pianoctel” y apasionado de los coches antiguos; heredero de Alfred Jarry, contemporáneo de Queneau, Astruc, Camus, Wols, Greco, Beauvoir y Sartre.

Admirador de Duke Ellington (mismo que sería el padrino de su hija), Miles Davis y Charlie Parker: Boris Vian, el hombre que vivió mil vidas antes de morir de un infarto a los 39 años de edad, la mañana de un 23 de junio de 1949, en la sala del cine Le Petit Marbeuf cerca de los Campos Elíseos mientras observaba de incognito el preestreno cinematográfico de J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas), basada en su novela homónima.

Su sensible corazón no soportó la burda adaptación de Michel Gast de una obra que años más tarde se convertiría en una de las mejores novelas negras de mediados del siglo XX. 

Con sólo trece novelas, cuatro obras de teatro, más de 200 canciones, varios cuentos surrealistas, guiones cinematográficos, crónicas y críticas sociales publicados, ya sea en Les Temps Moderns, por invitación de Jean Paul Sartre, ―el mismo que años más tarde sería parodiado como Jean Sol Partre en la novela L’Écume des jours―, o Albert Camus, quien le pidió que colaborara con textos críticos sobre jazz para el periódico Combat, dando como resultado ser una de las figuras claves del Saint-Germain-des-Prés existencialista del final de los años 40 parisiense.

CUATRO AUTORES DE NOVELA NEGRA PARA UNA PORTEÑA DE ENSUEÑO

Del existencialismo parisiense al mejor noir francés

La novela negra surge en Estados Unidos, gracias a la revista Black Mask, fundada, en 1920 por H. L. Mencken y George Jean Nathan, la cual serviría como plataforma de lanzamiento para los mejores autores del género duro o hard-boiled.

En Francia, la tradición por cultivar el género Noir y dejar de lado la variante anglosajona del whodunit, o la novela de enigma, comienza en 1945, cuando Marcel Duhamel crea la Série Noire. Esta tendría una repercusión importante en el mundo cultural francés.  

En 1946 se publica L’Écume des jours (La espuma de los días); Raymond Queneau dijo que era: “la más desgarradora novela de amor contemporánea”, y no es para menos.

Escrita con un estilo lúdico pero a la vez original y una prosa impredecible, un gran manejo del lenguaje que transita entre lo poético y lo desgarrador, Boris traza la parábola de la vida: el amor y la muerte reflejada de la mejor manera posible en sus personajes principales.

No conforme con eso, Vian también compondría la obra de teatro: L’Équarrissage pour tous (Descuartizamiento para todos). En junio, comenzaría su colaboración con “Les Temps Moderns” y en “Jazz Hot”; pero, no sería hasta agosto cuando “traduciría” la polémica novela J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas).

La historia dice que el editor Jean d´Halluin, de las Éditions du Scorpion, quien tenía serios problemas económicos, quería publicar una novela del tipo que causaban cierto furor en la época, o sea, una novela negra americana. Su finalidad era la de poder salir del apuro, por lo que decide consultar a Vian.

Éste, de manera lúdica, no sólo acepta el reto; también se compromete a escribir, en sólo quince días, esa novela negra americana que sería sin duda un best-seller.

El resultado fue J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas), una novela tremendamente cargada de un erotismo y violencia sin igual. La obra es publicada en noviembre de ese año con el seudónimo de Vernon Sullivan argumentando que: 

Sullivan no tenía el menor inconveniente en dejar su manuscrito en Francia, ya que los contactos que había establecido con diversos editores americanos le acaban de demostrar la futilidad de cualquier intento de publicar en su país.

J’irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestras tumbas) está protagonizada por Lee Anderson, un estadounidense un tanto peculiar. Un negro albino ha decidido vengar no sólo la muerte de su hermano pequeño, quien cometió el delito de enamorarse de una niña blanca; también la brutal golpiza que le dieron al hermano mayor, ambas ejecutadas por racistas blancos.

PERIODISTAS, POLICÍAS Y NOVELA NEGRA EN LATINOAMÉRICA

Anderson decide cobrárselos caro y, a su modo, se introduce en la corrupta y racista sociedad sureña para contar con lujo de detalle como suceden aquellas escenas eróticas, violentas y sádicas, las cuales funcionan, de tal forma que, el lector disfruta de inicio a fin la novela. Sin duda la más negra y dura de las cuatro.

Después de la polémica suscitada por la publicación de J’irai cracher sur vos tombes, Vian decide escribir una segunda novela: Les morts ont tous la même peau (Todos los muertos tiene la misma piel). En ella vuelve a abordar temas como el racismo y la violencia. Narra la historia de Dan, un mestizo que ha logrado integrarse a la sociedad blanca sin que nadie sospeche sus orígenes.

Su vida parece ser perfecta hasta que recibe la visita de su hermano de color, quien amenaza con revelar su pasado negro. Dan decide asesinarlo, no sin antes haber disfrutado los más sublimes placeres que un par de mujeres negras pueden brindar, lo cual pronto lo conducen a un camino sin retorno. 

Narradas en primera persona y con una agilidad endemoniada, Vian construye un par novelas que literalmente rompen con toda su producción literaria hasta ese momento. Con protagonistas solitarios ―aquí no hay parejas que se complementan como en la mayoría de sus novelas― inmersos en una serie de circunstancias que los obligan a tomar las peores decisiones posibles y los arrastran por una vorágine que termina por destruirlos. 

Hasta cierto punto, uno, puede notar las influencias de Vernon Sullivan. Toma ciertos elementos de James M. Cain, uno de los grandes escritores del género negro en la década de los treinta gracias a historias en donde se mezclan sexo y codicia, como El cartero llama dos veces, El estafador o Pacto de sangre, y de James Hadley Chase, quien logra colarse a la fama con El secuestro de Miss Blandish y Con las mujeres nunca se sabe. 

Luego de ser condenado a pagar una multa de 100.000 francos por «ultraje escrito a la moral y a las buenas costumbres», Vian publica una carta titulada “Soy un obseso sexual”, en el periódico Combat pocos días después del juicio. Ahí, de manera irónica, intenta disculparse: 

Si estas dos obras están impregnadas de una obsesión sexual (y así debe ser puesto que lo han dicho los jueces), debe creerse que yo soy un obseso sexual. Por ello, preciso: si están «voluntariamente» impregnadas de obsesión sexual, esta obsesión no es tal, puesto que es deliberada; luego lo están «involuntariamente», y por tanto yo soy un obseso sexual.

Algo curioso es que, después de haber escrito dos de las mejores novelas negras al puro estilo norteamericano, Boris cambia no sólo de fórmula sino también de lugar, ahora es California en donde se desarrolla Et on tuera tous les affreux (Que se mueran los feos), quizá la obra más experimental de sus cuatro novelas policíacas y la única cuyos capítulos llevan títulos de los acontecimientos que sucederán en cada uno de ellos.

Protagonizada de nueva cuenta por un par de personajes, el joven deportista Rocky Bailey y su amigo Gary Kilian, se ven envueltos en un rocambolesco y paródico secuestro, mismo que complica, a tal grado que, no faltan las mujeres hermosas con cuerpos de maniquí, el FBI, varios gangsters y un doctor chiflado de apellido Schultz que busca erradicar la fealdad del planeta.

Una trama bastante surrealista con pequeñas dosis de humor negro en la que recupera la esencia de su primera novela Trouble dans les Andains.

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Dos años después publica Elles se rendent pas compte, (Con las mujeres no hay manera), la última novela negra americana perteneciente al cuarteto que firmaría con el pseudónimo de Vernon Sullivan. En ella conocemos las aventuras de Francis Deacon y su hermano Ritchie, dos travestidos que se convertirán en detectives aficionados con el fin de protagonizar la mejor aventura de sus cortas vidas.

Gaya, una rica heredera y amiga de la infancia de Francis, es secuestrada por una banda de furiosas y despiadadas lesbianas. Debido a esto, el par de hermanos hará cualquier cosa con tal de recuperar a su querida amiga sana y salva.

Por último, algo inusual que podría ser considerado hasta cierto punto normal en sus obras surrealistas, pero que en las novelas policíacas no, es lo que parece ser un error de concordancia entre una escena y otra.

En el capítulo 6, nuestro querido Francis decide acompañar a su amiga:

―“Une minute après, pile, Gaya s’arrête devant moi dans sa décapotable; j’attrape le bord et je saute à côté d’elle sans ouvrir la portière”―,

quien, arrepentida, trata de reconciliarse con nuestro protagonista y lo invita al Fawn´s, un bar snob en el centro de la ciudad.

La finalidad es que conozca a su prometido, quien no es otro que Richard Walcott, un traficante homosexual, miembro de la pandilla Walcott.  

Al final del capítulo 7, la cosa cambia de un momento a otro y Francis se ve inmerso en una pelea que lo dejará mal herido. Por ese motivo decide escapar: 

J’arrive en haut, c’est la seconde fois et cette fois, c’est la bonne. Voilà ma bagnole… J’y grimpe en vitesse. Au fait, je me suis pas aperçu que je passais par la porte… je l’avais bien cas-sée, tout à l’heure, pas d’erreur. Le pied sur le démarreur… Je pars en troisième parce que je suis pressé… Ouf… 

Otro detalle importante es la nota al pie de página en el capítulo 11:

Les points représentent des actions particulièrement agréables mais pour lesquelles il est interdit de faire de la propagande, parce qu’on a le droit d’exciter les gens à se tuer, en Indochine ou ailleurs, mais pas de les encourager à faire l’amour.

Haciendo alusión al incidente ocurrido el 4 de mayo de 1947 y publicado en el diario France-Dimanche, el cual acusaba de «influencia perversa» a Boris Vian, ya que en un hotel de Montparnasse, el joven Edmond Rougé, había estrangulado a su amante, imitando las instrucciones del protagonista de J’irai cracher sur vos tombes, Lee Anderson, y es que, en la mesilla de noche, cerca del cadáver, se encontraría la novela de Sullivan, abierta precisamente en la página en la que se describe el asesinato.  

COSECHA ROJA, LA NOVELA QUE REVOLUCIONÓ AL GÉNERO POLICÍACO

Después de la controversia y el escándalo suscitado no sólo por la publicación de sus novelas policíacas sino también por mofarse de la academia al presentarse como traductor de la obra de un escritor negro y lograr que los críticos reconocieran el mérito de una novela que atentaba contra las buenas costumbres de la época e incapaz de admitir que ese género podría producirse en Francia.

El pasado 10 de marzo se conmemoró el centenario de Boris Vian, un escritor incomprendido, desobediente, criticado por “escribir como se habla”, pero cuya lectura resulta ―como su propia vida―  vertiginosa, emocionante y surreal.

Un autor que imitó el feeling de los grandes escritores norteamericanos de novela negra y supo imprimirle su propio estilo a pesar de las constantes censuras. Sus novelas negras americanas están llenas de sexo, violencia, erotismo, denuncia, intriga y mujeres de moral dudosa que no dudan a la hora de usar lencería de encaje y disparar un revolver a quemarropa.

Vian logra adscribirse a ese restringido catálogo de autores que pasaran a la inmortalidad en el género negro. Con lo que consigue dejar para la posteridad una obra breve, memorable y brutal. Como bien señala Clouzet:

La mayor parte de las obras de Boris Vian están estructuradas de tal manera que pueden encajar múltiples desenlaces, imaginarios o no, que no se excluyan los unos a los otros, lo cual es, sin duda, uno de los signos más evidentes de un talento excepcional.

Atzin Nieto

Agente de la D.F. Continental. Amante de la novela negra, los ligueros y escotes pronunciados. Mi única debilidad son las mujeres con tacones.