El Instituto Nacional de Bellas Artes a través del Museo del Palacio de Bellas Artes ha preparado la muestra Chucho Reyes. La fiesta del color, en ocasión del 40 aniversario luctuoso de José de Jesús Benjamín Buenaventura Reyes Ferreira (Guadalajara, Jalisco, 1880-Ciudad de México, 1977), artista mejor conocido como Chucho Reyes.

La exposición, que toma su título de uno de sus telones pintados en papel de china, ofrece una visión general del registro visual y la producción del tapatío en su afán de pintor, escultor, anticuario, promotor y coleccionista del arte popular, y consejero estético de arquitectos. Está organizada en cuatro secciones temáticas: Color y materialidad; Influencias y enseñanzas; Muerte y bestiario; Lo místico y lo profano, cuya propuesta ambiental revela la expresividad y las trasmisiones plásticas de este artista, autor de un repertorio de animalia múltiple con un dibujo casi infantil y que es parte del cuño personal del tapatío en el arte mexicano.

Al mostrar una perspectiva general de la amplia y fructífera trayectoria del artista y de las vertientes significativas de su arte, la exposición pretende dar cuenta de la experimentación técnica, del peculiar tratamiento del color y del proceso creativo en la obra artística del jalisciense, que, si bien fue modesto en su quehacer, fue un infatigable buscador de belleza en su trabajo individual.

COLOR Y MATERIALIDAD

Reyes Ferreira se inició como artista trabajando sobre papel de china –llamado también papel de seda–, un material de características sumamente peculiares por su fragilidad y transparencia, el cual encarnó el medio idóneo para su oficio de pintor. Con la experimentación plástica y el paso del tiempo, el tapatío logró los más atrayentes efectos en sus “papeles embarrados”.

El uso permanente del papel de china de colores como materia prima y la aplicación de una gama cromática contrastante caracteriza la obra pictórica de Chucho Reyes. En sus pliegos de papel toma los colores con los que están identificadas las manifestaciones plásticas populares: rosa, azul, rojo y amarillo.

Elevar, magnificar y dignificar la materia del papel parecen haber sido los ideales esenciales de este entusiasta del color, de las fiestas y las celebraciones del pueblo mexicano. Como pocos, rescató la tradición ancestral de elaborar pigmentos y soportes de manera artesanal; hacía sus propias mezclas de anilinas, adhesivos y aglutinantes en tazones de cerámica, siendo el temple y el gouache las técnicas utilizadas con frecuencia, a las que aplicaba un barniz para dar consistencia a los tonos empleados y al soporte mismo. Su método consistía en pintar –o “embarrar”– con una brocha de varios tamaños directo hacia el papel de colores colocado sobre una mesa. Así pudo explorar intensa y cuantiosamente múltiples formas en papeles de colores.

MUERTE Y BESTIARIO

Chucho Reyes se introdujo en la tradición pictórica del tema de la muerte a partir del arte decimonónico, de las expresiones populares y de José Guadalupe Posada. Lo asimiló a través de una amplísima serie de figuras de calaveras, de cráneos adornados con flores de colorido contrastante y en las figuras de los monjes que cargan un cráneo entre sus manos.

Las calaveras floridas, estáticas o arqueadas, no son de crítica social, sino de actitudes más bien graciosas y manifestaciones plásticas populares de México. En su producción de papel, cartón y madera se encuentran múltiples figuras de medio o entero esqueleto, contraídas, serenas, irónicas, con moños decorativos, que refieren al ejercicio técnico-cromático y al impulso del momento.

En otro sentido, su amplio e imaginario bestiario, su universo plástico conformado de gallos, caballos, serpientes, tigres, leones, peces, aves, y otras figuras en general de espectáculo (palenque, circo o feria) son de un colorido desbordante, las cuales denotan la influencia de la artesanía tradicional del juguete mexicano.

Acostumbrado a pintar a la luz del día en su casa-taller de la Ciudad de México, la emoción plástica de Reyes Ferreira lo llevó a la ejecución de formas de gallos de vigorosa pincelada que constituyen una parte significativa de su ejercicio cotidiano. En cambio, varían muy poco los cuantiosos caballos embarrados de pintura, intencionalmente deformados, de todas las gamas cromáticas sobre el papel de china.

INFLUENCIAS Y ENSEÑANZAS

La variedad y colorido del arte popular mexicano y la pintura de José Clemente Orozco constituyeron fuentes notables en la producción creativa de Chucho Reyes Ferreira.

De las artesanías mexicanas, Reyes Ferreira tomó el sentido folklórico, las formas y la riqueza cromática. De Orozco reconoció el arte expresivo, la sobriedad del color, y sus luchas por aprender la física y la química del oficio.

La admiración y aprendizaje del tapatío incluyó también a Georges Rouault y Marc Chagall. Ambos pintores europeos –y coloristas de vanguardia–, fueron modelos que repercutieron en el jalisciense en cuanto al tratamiento intenso del color y al trazo que define el contorno de la forma. Del francés, Reyes Ferreira asimiló el tono místico y el expresionismo de los temas (Cristos, prostitutas y payasos); del ruso –que visitó México y conoció a Reyes Ferreira en 1942–, el candor, la fantasía, las leyendas y la poesía popular.

En otro sentido, el particular punto de vista estético del pintor mexicano fue determinante en Luis Barragán y Mathias Goeritz, pues llegó a ser un excelente consejero de ambos, quienes asimilaron el uso del color, la luz, las formas, los materiales y las texturas.

LO MÍSTICO Y LO PROFANO

La sensibilidad religiosa de Reyes Ferreira se aprecia en retratos de monjes y santos, en Adán y Eva, en las figuras lanzadas del paraíso, en el arcángel de luciente espada, en los querubines, ángeles y demonios grotescos; en las figuras sangrantes y coloridas de Cristo. Este mismo fervor se aprecia en sus altares de Dolores –o incendios, como él los llamaba–, arreglados como una especie de ofrenda con los objetos de su colección.

Al igual que otros artistas –entre ellos, Roberto MontenegroReyes Ferreira tiene en su repertorio figuras de Cristos sangrantes y Vírgenes con Cristo como las que admira en los recintos de las iglesias y en la expresión del arte popular. Es posible establecer un vínculo entre los ángeles y arcángeles, de formas primitivas o sencillas con las figuras que acompañan a los Cristos en los retablos anónimos y en las pinturas sobre láminas novohispanas y del siglo XIX. En cambio, los incesantes retratos funerarios infantiles que elabora provienen de una tradición plástica decimonónica. En efecto, el artista advirtió del arte popular jalisciense del siglo XIX, en particular de los retratos anónimos en tela, los retratos realistas de niños vivos y muertos. Sus múltiples figuras de niñas dormidas o fenecidas son trasladadas a sus papeles de china, a los que solía añadir listones decorativos, resueltas de una manera sencilla y expresiva.

A la par de estas composiciones se encuentran sus muñecas-prostitutas, niñas-ángeles, carentes de inocencia, y una serie de escenas eróticas que revelan tanto la soltura del trazo como la coexistencia entre lo profano y lo místico que caracteriza gran parte de su obra.

¿CUÁNDO? HASTA EL 3 DE UNIO DE 2018

¿DÓNDE? MUSEO PALACIO DE BELLAS ARTES

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Viri Jane

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