Durante la realización de un mural, Jonathan Aviléz, ilustrador mejor conocido como Chula Records, reflexiona sobre su trayectoria, lo sesgado de la enseñanza artística en la UNAM y las perspectivas que tienen los talentos jóvenes que sueñan con vivir de su arte.

Llegar aquí no fue fácil.

“Aquí” es una fábrica abandonada sobre la avenida Aquiles Serdán, en la alcaldía Azcapotzalco, donde él, ilustrador, está realizando un mural.

No fue fácil porque, yendo más allá de lo evidente (el gasto de los pasajes desde Ixtapaluca, su zona de residencia, hasta Azcapotzalco), en lo que lleva de trayectoria ya enfrentó momentos ríspidos en los que se cuestionó si lo que hace – ilustrar – merece el esfuerzo.

Pero se sobrepuso a la duda: esos días en los que prefería comprar material a una mejor comida, o esos viajes que no le redituaban en lo económico pero le permitían plasmar su talento en otros lugares, todo eso, valió la pena.

Porque Jonathan sabe que no fue fácil y que aún tendrá otras complicaciones. Pero ahora, dibujando un mural, siente estabilidad.

 Un comienzo a la deriva

“Yo hago un chingo de dibujos en lo que tú me pidas: puedo hacer un flyer, cartel, un mural, serigrafía o logos”, dice Jonathan Aviléz Villeda, el artista de 26 años que esta tarde realiza un mural dentro de una fábrica abandonada al norte de la Ciudad de México.

Aunque desde joven supo que quería dedicarse a la ilustración y por eso se inscribió a la Facultad de Artes y Diseño (FAD), Jonathan estuvo muchos años a la deriva, sin tener claro qué estaba haciendo: “Cuando uno empieza a ilustrar dibuja un chingo de madres; dibujaba ideas esparcidas, sin un lenguaje en común, con un montón de estilos. Fue hace poco que me di cuenta que los temas que me interesan son los de contracultura. Un estilo urbano con temática contracultural”.

“En la universidad estudié artes visuales… Todavía no acabo y cagadamente debo arte urbano y mural. Está cagado que deba esas materias si eso hago. Pero cuando yo entré a la facultad hacer monitos era lo peor que podías hacer; alguna vez íbamos a hacer un mural, llegué con unos monos y me batearon. Entonces empecé a hacer instalación pero cuando pasé a tercer año me dije:

‘Voy a la mitad de la universidad y la neta esto no me va a servir cuando salga, no sé cómo voy a aplicar lo que estoy aprendiendo aquí’”.

Jonathan dejó momentáneamente la carrera para dedicarse a otras cosas que le permitieran solventar sus ‘monos’: fue pizzero, cobró tarjetas de crédito, laboró en un tianguis e incluso se subió a tocar la guitarra en diversas rutas de transporte público.

“Todo eso lo odié”, confiesa el artista que decidió regresar a la escuela con la premisa de no conformarse solamente con las enseñanzas académicas, pues “creo que si hay algo obsoleto en la UNAM es lo que enseñan en artes visuales”.

Su retorno a las aulas coincidió con el hallazgo de un evento que cambió su perspectiva creativa: Fanzinorama.

Chula Records

“Vi que estaban haciendo lo que yo hacía, lo que me dijeron que no hiciera, y estaban teniendo éxito”. Fue la impresión que el Fanzinorama – un encuentro fanzines, stickers, prints y publicaciones independientes que se realizó en la Ciudad de México hasta 2017 – del 2013 dejó en Jonathan, quien de inmediato empezó a hacer stickers y abrió su página en Facebook: Chula Records.

El “Chula” lo tomó de una anécdota escolar: en una clase de inglés el profesor lo confundió con una de sus compañeras y le dijo Chula.  El “Records” lo agregó porque “sentí que sonaba cagado”.

Desde que formalizó Chula Records, el joven que radica en Ixtapaluca optó por desarrollar una línea creativa que reflejara lo que vive y escucha, por eso algunos rasgos de la periferia – por ejemplo, elementos del transporte público – y punks son comunes en su obra.

“Han mencionado a Tim Burton. Apenas conocí en el Bazar de Bandas al Dee (David Espinosa) y me dijo que estaba bien raro pero chido”, son algunos comentarios que ha recibido sobre sus obras.

Actualmente Chula Records mantiene estabilidad y constancia en su quehacer: además del mural que desarrolla en la fábrica – a petición de un negocio que se instalará ahí próximamente –, realizará otro como parte de Central de Muros, iniciativa que se desarrolla en la Central de Abastos enfocada en reactivación de espacios con altos índices de violencia y daños en el tejido social a través del arte. También está trabajando en un proyecto “del que no puedo decir mucho” junto a una cantante.

Pero, pese a los proyectos en puerta, Jonathan le tiene “pavor a no tener un sustento fijo, pero también, trabajando en otras cosas, me di cuenta que no estaba hecho para otra cosa”.

Sobrellevar ilustrar

“Me estoy dedicando a esto pero tengo varias cosas de dónde sacar varo, por ejemplo: los sábados voy al Jardín del Arte. Está cabrón vivir de esto a menos que seas güey con apellido. Luego es un poco frustrante que siguen haciendo visible lo ya visible, o sea… es como que a fulanito de tal le dejamos tal cartel porque es fulatino de tal, no porque sea verga. Tenemos que darle la vuelta a eso”, reconoce Jonathan.

Por eso cree que la colectividad es la herramienta en que se deben apoyar los artistas jóvenes, y sustenta este argumento hablando del núcleo de amigos con los que se inmiscuyó en los eventos de fanzines y gráfica: “Lo que pasó fue que logramos hacernos de un público y de ahí cayó chamba; todos armamos una comunidad y después eso provocó que tuviéramos responsabilidades, y por eso se dejó de lado ese pedo: ya no hay tiempo, digamos que nos volvimos adultos o tratamos de serlo. También abrimos un panorama para las nuevas generaciones que van a tener que volver a lo colectivo para hacer algo nuevo”.

Otro aspecto en el que Chula se ha apoyado son las redes sociales:

“Tienen algo muy cabrón para nosotros porque nos ayudan a darnos a conocer, a que no necesitamos ir a galerías o ese tipo de cosas. Dan una facilidad para generar comunidad. Pero también es un pedo porque, cuando estás ahí todo el día, ves lo que están haciendo los demás y sientes… como que no estas logrando el éxito que los demás están logrando. Te empiezas a comparar”.

Respecto al soporte por parte de instituciones establecidas, Chula no descarta en algún momento solicitar apoyo, por ejemplo: una beca de Jóvenes Creadores al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), pero no es algo que mantenga como prioridad pues “quisiera lograr mi estabilidad económica sin base institucional”.

Juventud

Antes de tomar un aerosol rosa para dar contorno a unas nubes azules,  Jonathan deja claro el porqué de su actividad con una declaración que va más allá de su persona:

“La juventud en México, al menos históricamente, ha sido un sector atacado. Por eso surgen practicas contraculturales: porque necesitamos espacios donde podamos ser, actuar y convivir con seguridad”.

Y comienza a pintar.

Conoce más sobre su trabajo en sus redes sociales:

Facebook: www.facebook.com/ChulaRecords

Página oficial: https://www.behance.net/chularecorc112

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Yair Hernández

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Hago muchas cosas y gano poco varo.

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