Our liberties we prize, 

and our rights we will maintain.

Lema de la ciudad de Iowa.

Hemos sido llamados al concierto de este mundo 

para tocar de la mejor manera posible nuestro instrumento.

Rabindranath Tagore 

En 1845, el Capitán James Allen fue enviado al sur de Iowa para reclutar a 500 mormones que sirvieran en la “Guerra Mexicana”, ya que tras el anexo de Texas, México reclamó su territorio. Las tropas mexicanas y estadounidenses se enfrentaron el 24 de abril de 1846, y como resultado, el Congreso declaró la guerra a México el 12 de mayo de ese mismo año. El presidente James K. Polk quería aún más, buscaba ampliar el territorio de Estados Unidos a lo largo de todo el camino hasta el Océano Pacífico. A sí llegó a incorporar Alta California, Utah, Nevada, Arizona y California, lo que enojaría más al gobierno mexicano. Para ayudar con el esfuerzo de la guerra, Allen se internó en lo más profundo de Iowa, donde encontró una fuerte resistencia de los mormones. Tras la sumisión de Los Santos fundó con ellos un fuerte entre los ríos Des Moines y Racoon, una fortaleza que sería la casa del “Batallón Mormón” del departamento de guerra de los Estados Unidos: un fuerte llamado Des Moines, convertido en ciudad en 1851. 

Esa es la historia de la ciudad que me alberga. Un lugar construido a base de resistencia, obediencia, sangre y avaricia. ¿Qué les ofreció Allen a los mormones? Recibieron pago, ropa y raciones, quizás algunas mujeres. Sí.  A todo puerco gordo le llega su San Martín. Cuando arribaron a México, el Capitán James Allen le escribió una carta al presidente Polk, diciéndole: “estamos lejos de nuestra tierra de nacimiento, situados en una pradera solitaria sin otra vivienda más que un vagón, el sol abraza despegando sobre nosotros, en la perspectiva de los vientos fríos de diciembre, encontrándonos en el mismo lugar solitario y triste”. ¡Tómala!

Posiblemente, de manera instintiva, yo arribé para hacer lo mismo en esta localidad. Declararle la guerra en nombre de México y en el mío, por el territorio allanado y la sangre derramada. Joder a los mormones que un día olvidaron las plegarias de un dios amoroso y personal; que cambiaron el nuevo testamento por las armas y dejaron a sus familias para salir a matar mexicanos. Hago lo mismo desde las aguas anegadas del Río de Los Monjes, sin otra vivienda más que un cubo de fomi imitación madera, gracias a la nueva construcción inteligente; bajo la sombra del Capitolio, una cúpula de oro que debería arder frente a los ojos todos de los hispanos, alumbrando las vías que han de conducir a un lugar más habitable.

En estas tierras ellos se habían anunciado. Se presentarían el 17 de mayo. Estaba escrito. Apenas un boletín de prensa. Precaria publicidad y tickets numerados. Al evento lo rodeaba un halo de misterio. ¿Será real? ¿le estarán tomando el pelo a esta gente agarrada como con ocho pernos del culo del Sheriff? ¿será otra estrategia publicitaria del turismo edulcorado de la ciudad? ¿’Tool’ en Des Moines, Iowa? Llamé a ‘Hy-Veetix’ (la taquilla del ‘Wells Fargo Arena’). Sí. El concierto era un hecho.

Si Cletus Spuckler existiera en verdad, viviría en este lugar. Esta ciudad es el claro ejemplo del estilo de vida Hillbilly (habitantes de ciertas áreas remotas, rurales o montañosas). Localidad donde luchan por una plaza los recolectores de basura al igual que los recaudadores de algodón, los constructores de manos marchitas, los cazadores de cocodrilos, las empresas de servicios funerarios, mortuorios y de transportes. Ciudad calificada en el 2006 por la revista ‘Forbes’ como “el mejor lugar de negocios”, el lugar donde la moda y la historia se cruzan para ir de putas y comprar pistolas en ‘Jt Guns & Supply’, ‘ Des Moines Guns and Pawn’, o en ‘Get Some Guns’, tienda ubicada en Hitman Rd.  Una ciudad donde existe una ley que permite a los niños y a los ciegos portar armas, porque negar un arma a un ciego es discriminación, como aseguró la portavoz de la oficina del Sheriff de Polk County. Sí, a los niños y a los ciegos se les puede enseñar a disparar en Des Moines, el paraíso fiscal de los overoles, los sombreros de paja y el banyo. y en donde, esporádicamente, todavía se escuchan algunos acordes deletéreos de aquél Robert Johnson que haría pacto con El Diablo en un cruce de carretera no muy lejos de aquí, en Misisipi. ¿Qué verían Maynard y Adam Jones en este sucio lugar? La pregunta se contesta sola.

El ticket me costaría 160 dólares (3.039,41 MXN). No suelo tener cuenta bancaria, así que le pedí a una chica del neighborhood que me comprara el boleto en línea con una semana de antelación. Confié en ella y seguí con mi trabajo en ‘Pyramide Wall Systems’, la empresa contratista de estuco y remodeladota de casas en Army Post Rd., haciendo instalaciones comerciales de restaurantes del tipo McDonald’s y Burger King. Cuando llegó el día del concierto, pasé a la casa de esta chica en Clive, me recibió con la sorpresa de que no había adquirido el boleto. Lo olvidó; además, se había gastado los 160 dólares. Fuck! Eran las seis de la tarde y yo sin un ticket para una concierto de ‘Tool’ que comenzaba a las ocho de la noche en una ciudad con tan sólo 203, 433 habitantes. Comenzó entonces el transitar de Franka Potente en ‘Corre, Lola, corre’ (1998). La Odisseya por una entrada para escuchar los berridos en vivo del animal Maynard.

La verdad es que no fue tan difícil, tampoco, después de avizorar las taquillas del estadio sin mucha suerte, regresé con la chica y la insté a que oteara en todas las páginas en línea un boleto, el que fuera. Era su error y tenía que encomendarlo. Consiguió un ticket justo a las ocho de la noche, casi al doble de lo que costaba en un inicio. ¡Revendedores, de ustedes es el Paraíso!

‘Tool’ había tocado en Des Moines en 1993, como parte de la gira del festival ‘Lollapalooza’, posteriormente, la banda regresó al centro de Iowa en 2002 para ofrecer un espectáculo en el ‘Hilton Coliseum’. ‘Tool’ han sido premiados con tres Grammys. Recordemos que la banda ganó una gran cantidad de fanáticos en las décadas de 1990 y 2000 por mezclar la excéntrica composición de Art Rock con la intensidad del Metal Alternativo. Y la gentuza de Iowa se moría por escuchar “Forty Six & 2”, “Schism”, “Sober” y “Stinkfist”. La agrupación lanzó por última vez un álbum en 2006, el platino “10,000 Days”, pero se habla de que un nuevo disco podría caer este año, como lo afirmó el mismo Maynard J. Keenan en febrero, a través de su cuenta de Twitter; pero aún no se ha fijado una fecha oficial de lanzamiento. ¿Por qué ‘Tool’ no está dentro del catálogo de ‘Spotify’? Maynard indica que no está de acuerdo con lo intangible de ese medio; para él es crucial la conexión física, el contacto con el escucha. Ya había señalado con anterioridad (‘Phoenix New Times’, 2013) que: “…es sólo una cosa desconectada que no puedes tocar, sentir ni experimentar”. Sin embargo, ‘Puscifer’, el proyecto sonoro alterno de Keenan sí puede encontrarse en esa plataforma.

Cabe mencionar que Adam Jones, el guitarrista de la banda, estudió arte y escultura en Los Ángeles, California. Ahí se enfocó en el séptimo arte, el cine, donde aprendió técnicas de stop-motion, mismas que aplicaría para los videos de ‘Tool’, siendo su trabajo más representativo el de “Sober”. Todo, gracias a la experiencia que adquirió al lado del ganador del Oscar, Stan Winston (1946), como parte de su equipo de efectos especiales en ‘Predator 2’ (1990), de ahí saltó a cintas más grandes como ‘Terminator 2’ (1991), ‘Jurassic Park’ (1993) o ‘Dances with wolves’ (1990), en donde trabajó en maquillaje y escenografía.

¿Qué debe de sentir ‘Tool’ en ruta por estos parajes? Se dice que el Batallón Mormón marchó 2030 millas a través de Kansas, Colorado, Nuevo México y Arizona, y luego hasta California. Ellos sufrían por el rápido ritmo de la marcha, la falta de alimentos y agua, insuficiente descanso y atención médica. Un grupo llegó a estar demasiado enfermo para hacer la marchas; los “enfermos separados”, fueron enviados a Pueblo, Colorado, durante el invierno, junto con la mayoría de las familias de los soldados… Se tenía previsto que ‘Tool’ ofreciera diez conciertos en catorce días dentro del territorio de Estados Unidos, entre la costa este y el medio oeste, desde Jacksonville, Florida hasta Bridgeview, Illinois. Para su show en Des Moines se les tenía reservado el mítico ‘Wells Fargo Arena’, casa de los ‘Iowa Wolves’, el equipo de baloncesto de la NBA. El Wells Fargo es un proyecto arquitectónico edificado por la empresa ‘Popolous’, los mismos encargados del estadio de los ‘Yankees’ en Nueva York y del ‘Estadio BBVA Bancomer’ de Monterrey. Nada nuevo bajo el cielo: hormigón y estuco sobre el suelo blando, ahí, donde yacen los indios remisos de las civilizaciones pasadas que curaron su dolor con el humus de esta tierra.

Ya en el estadio, en 233 Center St., el monstruo de las masas esenciales rugía. Es raro ver a esta gente encandilarse por un espectáculo de Rock, lo de ellos es el deporte, ver a una pelota cambiar de manos durante dos horas. ‘Tool’ parecía mojarlos, alebrestarlos; mormones dejados de la palabra, expectantes a la herramienta perfecta de los californianos. La historia se repite una y otra vez más. Los que teníamos boletos virtuales accesábamos más rápido que los que llevaban su boleto en físico, además, podíamos entrar por diferentes accesos, lo cual fue muy cómodo porque no tuve que hacer ninguna fila. Odio las butacas, aunque estaba muy cerca de la presencia de Danny Carey (baterista) tenía que permanecer con el culo empotrado en ese diminuto cubo azul. Los conciertos de Rock se hicieron para presenciarse de pie y bailando al Pogo, no con las nalgas metidas en un incómodo nido de formica. ¡No estamos viendo una opera, sino Rock Metal Progresivo! ¡Joder! 

‘Tool’ Abriría con “Ænema”, quizás uno de sus himnos oscuros más sonados, proveniente del álbum ‘Ænima’ (1996), hit de seis minutos y contando; se avecinaba un concierto atípico desde ya, completamente anómalo, ‘Tool’ abriendo con el hit wonder de la noche. “Aprender a nadar / verte en la Bahía de Arizona”, berreaba Keenan, enfundado en uno de los atuendos más atemorizantes que le hayamos visto: inmenso mohawk doble teñido de rojo, lentes de pasta y el negro impecable de los vampiros. Puro inconsciente colectivo que vibra mal. Una persona secundada por cadáveres, una carroza vocal que arrastra muerte y devastación. 

‘Tool’ es una máquina de relojería perfecta. Un metrónomo omnipotente. Un artilugio de ritmos nivelado por oscuras fuerzas. Oscurantismo y perfección. Me doy cuenta que el centro de atracción de la banda no es Maynard, no, Señor, Sino Danny Carey en conjunto con Adam Jones. Ambos son los reflectores musicales de la banda durante el show, y Maynard lo sabe, quedándose detrás de ambos, aislado en una madriguera, en un atril, tenuemente iluminado. El concierto continuaría con “The Pot”, “Parabol”, “Parábola” y “Descending”. A diferencia de otros conciertos de la gira, como en el efectuado en Birmingham, Alabama, el 7 de mayo, donde Maynard pidió por el micrófono: “saquen todos sus teléfonos… Y dejemos que estos malditos hagan lo que quieran con ellos”. En el de Iowa, no se permitió ningún smartphone, y hay de aquél que lo mostrara, porque lo echaban inmediatamente del lugar, como lo hicieron al igual con chicas rubias tontas que con los padres inclementes de las mismas. Pero espera, que las luces descienden en el escenario, una cortina de luces como una aurora boreal dentro del ‘Wells Fargo’ que da paso a una pantalla, es el albor de los indocumentados lo que nos alumbra esta noche; es ese monstruo gigante de leds que caracteriza los shows de ‘Tool’. Para este momento, es ya Danny Carey el dueño absoluto del concierto y de la noche, quien lleva la batuta bajo un tempo perfecto, cuasi matemático, al puro estilo espiral de Fibonacci. Se abre paso “Schim”, el sonido es fragoso, estentóreo, parece que a los Robapollos de Des Moines les está gustando. 

Buena idea la de los celulares, no había visto a un público tan concentrado en un concierto desde los años 90. Me falta el humo espeso de la marihuana, que no alcanzo a otear por ningún lado, las medidas de seguridad son extremas. Sí. Así es como se vive un show en el Condado de Polk, con cerveza caliente como meados de burro servida en el sombrero del Sheriff.

¿A qué van las chicas sureñas a un concierto de una banda que no conocen?, ¿a ligar con la fauna silvestre? No veo buenos partidos para las hijas de los contratistas en este concierto, es como si a Cletus le gustara Metallica. Se viene “Invincible”, con esos pequeños acordes trepidando hasta la ultima fila, en ascendente. Tensión pura. Hermetismo y la estrella púrpura de siete picos proyectada en la pantalla, un mandála fúnebre, la voz de Maynard  acariciándonos por primera vez a nosotros, pajarillos de blanco polvo sobrevolando los pantanos amargos de Iowa; luces de colores, azules, moradas, blancas y caricias sonoras hocicando la oscuridad de la noche. El público callado. Sí. Los Cletus son un buen público, quizá un poco soporífero, pero respetuoso, quién iba a pensarlo. Llega “Intolerance” y con ella la energía, vibra el ‘Wells Fargo’ y los cadáveres comienzan a emerger del barro. 

Se avista un poco de baile, las aves graznan y baten las alas; en Des Moines las aves son un emblema nacional, y aquí, en este Estadio, tratan de emprender el vuelo hacia el escenario para ver a Maynard cantar: “no quiero ser hostil / no quiero ser deprimente / pero tampoco quiero pudrirme en una existencia apática. / Ve / quiero creerte / y quiero tener fe para guardar la daga”. Hermosa canción, poco chirriada por las aves, pero grácilmente meneada. La pantalla está en su clímax, ha florecido. Llegan “Jambi” y “Forty Six & 2”; se avecina el final, pero ellos aún no lo saben, se dejan llevar, es Cletus sobre una carroza rebosante de basura que pronto se descarrilará. 

Uno sabe que ha asistido a un gran concierto cuando descubre una sonrisa que no puede quitarse de los labios, como escribió Xavier Velasco; este es uno de esos conciertos, uno que sabes, te dejará mojado por el resto de tu Cleta vida, pequeños retozos de luz y notas incrustados en tu cabeza para siempre, forever and ever. Y no importa el precio ni la mala cerveza o la fauna, es un concierto con una admirable maquinaria musical en empatía con el público. Te marcan de muerte, como a una res. Admiro la perfección desde este concierto, desde que vi a ‘Tool’ tocar en vivo. Y en nuestra “civilización”, esa perfección la aporta automáticamente la máquina, que no es un espanto ni algo horrible, sino un símbolo útil y extraordinario de la perfección o como diría Gasset: “¿qué perfección es ésta que complace y no subyaga, que admira y nos arrastra?”. Es un grupo de cuatro amigos freaks, que gustan de las artes visuales, el cine, la música y las tiendas de animales; una banda fundada en los años 80, que creía que estaba instituyendo una pesudofilosofía llamada lacrimología, basada en la superación del dolor. Para estas ultimas tres canciones, Justin Chancellor, el bajista (que había permanecido completamente gris) ya empezaba a hacerse presente, con ese estilo agresivo, de tonos fuertes en su Rickenbacker. Todavía ni cerrábamos la boca de la admiración, cuando Maynard y su mohawk ya dejaban el escenario. Se apagaban las luces y aumentaba el olor a rancio. El anden del olvido nos esperaba, volver a perdernos en jardines de gente, entre flores y espinas, de vuelta a echar raíz en los terrenos de malevaje, al acecho de la depredación humana. Me perdía en todo esto, perdía la brújula, cuando ya regresaba Danny Carey para hacer un solo de miedo. Si ya estábamos sorprendidos, con esto se nos caían los pantalones de granjero; suena como a Moby Dick blandiendo la cola en un mar impenetrable, pura violencia al plato, para seguir con “Vicarious”, que más que canción es un dínamo que se alimenta con la energía de la gente, un dispositivo eufónico que da entrada a “(-) Ions”, y ahora sí, todos cabreando al unísono con las avecillas, una pieza instrumental que alaba el tercer ojo de Satanás, lo que dio paso a lo que pudo ser el Juicio Final, y no me importaría que lo fuera, porque se venía “Stinkfist”, se auscultó el sotto voce, el canto universal al unísono: “algo tiene que cambiar / dilema innegable / el aburrimiento no es una carga / cualquiera debe soportar / la sobreestimación constante me adormece”. 

Se apagan las luces y desde hace tiempo que no me sentía tan triste por el triunfo de la oscuridad. Salgo afligido del lugar, con la cabeza abajo, le pregunto a una chica que camina al lado mío que cómo le había parecido ‘Tool’, “¿qué diablos es ‘Tool’?”, me contesta. ¡Joder!, hasta Cletus Spuckler se habría burlado. “TOOL es el Batallón de Artillería Pesada del Ejercito Ecuménico en Contra de los Cobardes Mormones Remisos, un batallón que sabe que la ignorancia es más peligrosa que una granada sin anilla”, le espeto. Es así, el hombre se construye de pequeñas venganzas.


Ilustración por Correoppola


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TOOL

Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.

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