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ENTREVISTA A LINDA ESPERANZA ARAGÓN
ENTREVISTAS FOTOGRAFÍA

ENTREVISTA A LINDA ESPERANZA ARAGÓN

‘CONTAR HISTORIAS CON LA LUZ PARA QUITARLE AL OLVIDO LO QUE SE ESTÁ LLEVANDO’

Linda Esperanza Aragón (Barranquilla, Colombia, 1995) es una fotógrafa con un enfoque natural, encuadra de manera prodigiosa el rostro de la gente, desnudando facciones y almas; en sus encuadres, de la misma manera cabe el Océano Atlántico, el calor húmedo del Caribe, los niños clavándose al agua desde las puntas de las canoas, las lavanderas en la ciénaga una tarde de verano, los pescados mártires, el mercado de Calamar y sus colores vivos de peces marchitos.

La tarea de esta gran fotógrafa, enfant terrible del nuevo periodismo colombiano, es poner ventanas donde hay muros, y ayudarnos a ver por ahí.

En entrevista, charlamos sobre la infancia, la literatura, el quehacer fotográfico y la vida.

¿Cuáles son los recuerdos de tu niñez en Bomba, Magdalena, que más permean en tu fotografía?

Viví en una casa que estaba muy cerca de la ciénaga de Zapayán, la cual bordea a todo el pueblo. Recuerdo siempre las tardes en las que me iba a nadar con los amigos.

Fue una infancia húmeda. En las fotografías trato de visibilizar la relación de las personas con el agua, pues eso era lo que acostumbraba a ver en mi pueblo: los pescadores, los niños saltando de las puntas de las canoas y las mujeres que lavaban la ropa en la ciénaga.

Admiro la forma en que improvisan ante la falta de un sistema de acueducto; y esto no se trata de romantizar la pobreza, es exponer la pujanza de las personas ante situaciones adversas.

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¿Retratar es un acto de supervivencia?

Quizá. Recuerdo a los viejos de mi pueblo, Bomba, Magdalena, quienes solamente se tomaban una foto, y era para su documento de identidad. Cuando yo me acercaba a ellos con la cámara me preguntaban para qué quería hacerles un retrato, y yo les respondía que lo quería hacer para que ellos no fuesen olvidados, para que las futuras generaciones supieran que existieron y que tuvieron un lugar en la historia del terruño.

¿Todos los espectadores de la fotografía somos niños de diez años?

Sé desde dónde hago las fotografías, pero no sé desde dónde las contemplan las personas.

¿Son importantes los premios, las becas y las distinciones para un fotógrafo?

Comencé a hacer fotografías para reforzar mis crónicas escritas sobre poblaciones recónditas del Caribe colombiano; para mí una imagen puede ser un párrafo visual importante dentro de la historia. Nunca pensé en premios, en la fama o en hacerme millonaria.

No me interesa. Una beca sí me parece que es importante, ya que me permite desarrollar temas o investigaciones. Lo que más me interesa es contar historias con la luz para quitarle al olvido lo que se está llevando, para darles respuestas a ciertas inquietudes personales y para estar más cerca de la gente.

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¿De qué manera la fotografía ayuda a las personas?

Creo lo mismo que Berenice Abbott: “La fotografía ayuda a las personas a ver”.

Si es que hay un hilo conductor entre todas tus series fotográficas, ¿cuál sería?

La gente, siempre es la gente. Me interesa lo que hace, por qué lo hace y qué significa lo que hace.

Háblame de tu relación con la literatura y de cómo logra filtrarse en tu fotografía.

Dejo que la literatura entre suavecito, le doy vía libre. Me gusta leer, me fascina remojar el dedo índice y pasar las páginas y encontrarme con una frase que se me incruste en la memoria. Los libros me ayudan plantearme mejor las ideas a la hora de abordar un tema.

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¿Qué autores suelen acompañarte en tu trabajo?

David Sánchez Juliao, Gabriel García Márquez, Alberto Salcedo Ramos, Eduardo Galeano.

¿Cómo es hacer fotografía en tiempos tan aciagos en Colombia?

Hacer fotografías siempre es un desafío…

Parafraseando a Hemingway en París era una fiesta (1964): “¿no hay nada más fácil que dejar crecer”?

Ese es un gran libro y esa frase es una de mis favoritas. Sí, va muy ligada a la paciencia, pues para hacer fotos es necesario saber esperar. Y, claro, es importante saber dónde se tienen los pies puestos a la hora de obturar. Se trata de dejar que las cosas ocurran, ser testigos y escribir la historia con luz.

¿Quién, en estos tiempos, mira los ojos o la risa?

Decía Pessoa que el hombre no debería ver su propia cara y que aquel que inventó el espejo envenenó el alma humana. Me parece una frase osada. En el presente todos creemos que vemos los ojos y la risa a través de la pantalla, a través de las redes sociales; pero yo no sé si de verdad exista la contemplación, no sé si la cámara frontal de nuestros celulares nos invite a contemplarnos o a contemplar lo que hay alrededor.

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Yo prefiero usar la cámara trasera del celular, prefiero que mi celular sea una ventana. Hace poco hice una serie que se llama ‘Vericuetos del tiempo’; está compuesta de retratos de viejos del Caribe colombiano, ellos me dejaron ver sus ojos y sus sonrisas; no sentían tristeza por tener más de 70 años, la vejez para ellos era sabiduría. Los vericuetos son las arrugas, los rastros del tiempo.

¿Qué recuerdos vienen a tu cabeza cuando alguien pronuncia las palabras “mercado de Calamar”?

El municipio de Calamar siempre estuvo en la mitad de mi travesía cada que viajaba de mi pueblo Bomba, Magdalena a la ciudad Barranquilla, Atlántico. Siempre hacía una parada en Calamar y recorría su mercado cuando era niña. Hoy, con cámara en mano, estoy rescatando esos recuerdos de la infancia, no quiero dejar que se extravíen.

¿Estás tratando de encontrarte en el retrato de otras personas?

Trato de poner ventanas donde hay muros…

¿No hay nada peor que la imagen nítida de un concepto difuso?

A veces el concepto difuso te lleva descubrir otros caminos y a encontrar historias que no imaginaste. Descubres escenas fascinantes.

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¿Qué es lo que visualizas en el ojo de tu lente?

Ese hilo conductor: la gente.

¿Es una fotografía un accidente?

Ansel Adams lo expresó de manera certera: “Una fotografía no es un accidente, es un concepto”.

¿Qué es lo “mejor” que nos dejará la pandemia cuando todo esto “pase”?

Saber esperar. Y eso es vital a la hora de hacer fotografía.

Página web: http://lindaesperanzaaragon.blogspot.com/

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.