El contexto de una montaña

Andrés Acosta (Ciudad de México, 1986) recuerda que de niño se pasaba las tardes cantando. Así empezó su interés por los sonidos y lo que éstos generaban en él y su entorno.

Ya en su trayecto de la adolescencia a la edad adulta, el también sociólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidió expresar formalmente su gusto sonoro y se inmiscuyó en ensambles musicales que lograron notoriedad: Madame Recamier, Andy Mountains y A. Mountains, por mencionar algunos. Los dos últimos con él como frontman.

Un señalamiento: Andy Mountains y A. Mountains deben verse como un proyecto uniforme. Después de que Andy Mountains lanzó su EP debut (EPEP), abrevió la primera palabra de su nombre para ser reciproco en cuanto a la notoriedad de los integrantes; era obvio que Andy se refería a Andrés.

Con el A. el proyecto sacó Y mi oficio es arder (2014), disco de larga duración que les vaticinaba la consolidación. Pero después de presentar este material la banda decidió apagar los amplificadores. El 7 de noviembre del 2014 en la fanpage de A. Mountains se emitió el siguiente comunicado: “El día 16 de septiembre de este año Andrés decidió destruir A. Mountains.

Contra toda negociación, esfuerzo, contra todos sus amigos y compañeros de banda, contra nuestro manager y todas las personas que trabajamos por este proyecto Andrés decidió de manera egoísta y unilateral matar algo que no era suyo (…) Descanse en paz A. Mountains”.

Después de ser una – o varias – banda, Andy Mountains se disolvió en Andrés, y viceversa.

“Siempre encontraría la manera de experimentar el mundo de manera musical, está en mi organismo”, dice Acosta. Afirma que entiende el quehacer musical como algo inherente a su persona; similar a comer, caminar o respirar.

Fotografías: Octavio Guerrero

A la izquierda no hay sombras

Abuso de autoridad fue la primera canción que tuvo eco para Las Izquierdas, trio “punk-nudista” que durante su vigencia (2012-2015) causó revuelo en el panorama musical de la ciudad por sus presentaciones catalogadas como performance: en vivo los integrantes hacían uso de un tubo de pole dance y se despojaban de sus prendas, entre otras acciones disruptivas.

Andrés fue parte de este proyecto con el sobrenombre de El panzón anónimo. Recuerda: “Hay un lugar adentro donde resuenan más las acciones hacia afuera. Eso me enseñaron Gabo y Mery Buda (el resto de los integrantes de la extinta banda): cómo hacer que las decisiones pasen por ese lugar, hacer esa pregunta profunda. Aprendí que con muy poco se puede hace mucho y que vale la pena arriesgarse y ver los errores.

Que las acciones honestas y profundas son las que se vuelven legendarias y que hay un momento para detener las cosas. El fin de Las Izquierdas fue abrupto pero no me arrepiento, de hecho hay una tesis: Mery hizo una tesis sobre todo el camino de Las Izquierdas, la leo y es ver la juventud pero también ver el futuro”.

Después de Las Izquierdas, Acosta se autorecetó una terapia – una canción por mes – que resultó en un compilado: Andrés Vol. 1 (Folk de Autoayuda). A la par hizo una banda con Aarón Bautista (Nos Llamamos, Jessy Bulbo) pero ésta no prospero porque “no me sentía listo para liderar la agrupación”. Volvió a un estado solitario pero con un enfoque de autoconocimiento: “Es como quitarse el cigarro: te quitas la ansiedad de tener proyectos”.

Pero el punk y otras inquietudes – “expandir mi interpretación y poder llegar a otras generaciones” –ya circulaban en su sangre. Además, ciertas situaciones sociales y sus cuestionamientos – “qué es ser un hombre, qué es ser femenino, dónde está el poder de la música, de qué se trata cantar en la Ciudad de México” – no lo dejaban en paz.

De esos glóbulos musicales e ideas surgió Alarma Sísmica, tema – publicado el 19 de septiembre pasado en conmemoración del sismo del 2017 – que aborda de una forma romántica el terror a tan tenebroso sonido. “El papel de una canción es trascender lo político y explotarlo. Recordar cosas que nos conectan a todos como humanos; experiencias como especie, como animales, como el ser extraño que somos”, señala Mountains.

Esta nueva etapa del artista capitalino le ha permitido descubrir sus facetas más sombrías: “Cuando uno va creciendo y madurando en su arte, hay un momento de idilio, de saber que puedes reinventarte. Pero hay una parte que me sucedió, sucede y supongo que me va a seguir sucediendo; que se aparecen mis reflejos más ocultos y no tenía idea si no me hubiera aventando a reinventarme: la sombra.

En mi caso, mi sombra es una necesidad de reconocimiento infinita y una tiranía, o sea, cerrarme y pensar que yo tengo la última palabra. Lo descubrí experimentando conmigo mismo en el escenario.

Me puso en mucho sufrimiento con amigos, amigas y familia topar que, para realmente ejercer de manera integral cualquier cosa, tiene que salir a flote la parte más culera de uno.Verte en el espejo, verte la pinche cara y tenerla bien consciente para poder decidir no usarla.

Eso ha sido lo más difícil, darse cuenta que las cosas culeras que pasan tú las provocaste y te autoengañas. Descubrir que uno adentro es un hijo de puta porque no lo habías aceptado, porque eres Andy Mountains, eres infantil. Pero verlo así da vergüenza, da dolor, pero lo empiezas a delinear. No solo es ir a lo desconocido sino que lo desconocido te muerde y lo que te muerde eres tú mismo. Está culero pero es la verdad”.

Fotografías: Octavio Guerrero

Naranjas y azules

“A los humanos nos gustan las cosas predecibles y cómodas que nos recuerden que el mundo tiene sentido, entonces cantar una rola de Fey me sacó mucho de pedo porque me enamoré muy cabrón; me tocó, saqué su melodía y decidí grabarla y tocarla. Es un recurso cómico que al final se volvió otra cosa poderosa. Eso quería transmitir”, dice Andrés sobre Media naranja, su reciente sencillo que rinde tributo a la cantante pop Fey.

El vídeo de esta canción – realizado por Azael Arrollo y su productora Santa Films – muestra a Mountains cantando en varios lugares del Centro Histórico, pero uno destaca: Bellas Artes. “De alguna manera es reclamo: ¿Dónde está el arte?, ¿dónde está lo legitimo? Pues ir a Bellas Artes a cantar una rola de Fey es decir ’Aquí está el arte porque yo lo digo’. No necesitas más que el acto creativo”.

También, en otra parte del vídeo se ve a un guardia de seguridad interpelando al cantante: “Estábamos preparados para que nos llevará la policía. Eso era lo chingón: ir a hacer algo ilegal pero que no le hace daño a alguien. Pero sentíamos que estábamos robando un banco porque todo lo planeamos. La policía nos sirvió como antagonista natural aunque creo que mis canciones, este rollo de cómo me invento, tiene algo que ver con mi imposibilidad de ser violento con la policía”.

El tema policiaco no es distante al tema de la violencia en el país. Respecto a si hacen falta artistas que aborden este último tópico, Andrés cree que “lo que hace falta es hacer cosas profundas, hablar de los dolores de verdad. Yo nunca he podido hacer una canción sobre víctimas del narco o feminicidio, que creo son los dolores más pesados. Creo que si logramos abordar esos temas desde cada trinchera nos podemos hermanar”.

La montaña que canta

La música de Andy Mountain apela a una especie de infancia con tintes oscuros. “Irreverente y cósmica, como Velvet Underground pero con Juanga de vocalista”, es la explicación de Andrés.

Después de tanto tiempo sobre los escenarios, el también admirador del trabajo de Belafonte Sensacional, Axel Catalány Juan Pablo Villa aún tiene objetivos por cumplir: “Primero, hacer un himno que cuando me muera sigan cantando; que sea algo así como el Andariego de Álvaro Carrillo o Paloma Negra, esas rolas que se vuelven parte de la identidad de un pueblo.  

Luego, en algún momento tener seguidores, gente que cante mis canciones mientras esté vivo. Y generar un nodo de compositores; dejar una especie de camino para los que vienen y de memoria para Roberto González, Rockdrigo, Fausto Arrellín y Carlos Arellano, entre otros”.

Niños Puercos es el nombre del nuevo ensamble que acompaña a Mountains. Está conformado por Mariana Mahatma, Yayo Villegas y Perro Mapache. “Planeo estar con ellos el mayor tiempo posible. Me gustaría hacer conciertos de miles de personas. Quiero eso. Ser profesional y que se mantenga la esencia irreverente”.

Tal vez ésta sea la última oportunidad de Andrés para alcanzar estas metas, pues los años se le van y su desilusión con la Ciudad de México “porque no me pela” aumenta gradualmente. Pero, aunque no consiga las miles de personas frente a él o el himno que logre trascendencia, va a seguir clavado en la música. La montaña, pase lo que pase, estará cantando.

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Hago muchas cosas y gano poco varo.

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