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ENTREVISTA A JOHN BETTER ARMELLA
ENTREVISTAS

ENTREVISTA A JOHN BETTER ARMELLA

‘BRINDAR AL FILO DEL ABISMO’

Es una omisión hablar de sí mismo en la introducción a la entrevista de un escritor (y aún más, tratándose de John Better Armella), pero es necesario.

Un día, hace mucho tiempo, dejé que el peso de las dudas en mi cabeza cayera como rocas volcánicas sobre el río de otras sienes, tratando se generar vapor en aguas frías y un poco de verdad natural que me permitiera mantenerme encendido, con pequeñas farolas humeantes que llegaran al cielo para ser avistadas por un ser superior.

Esas piedras solidificaron en otras aguas y cayeron más por otras corrientes, ríos, arroyos y riachuelos; me convertí en eso que llaman “periodista” y que yo defino como altercador, fisgón o deshollinador de la indagación.

El asunto, como dice Matthew McConaughey en su papel de Rust Cohle en la primera temporada de ‘True Detective’, consiste en: “hacer las jodidas preguntas correctas”.

Así vendrían interlocutores de diversas naciones: España, Argentina, Venezuela, Estados Unidos, México, Colombia, Chile, etc. El volcán estaba encendido, pero en control.

Nunca sabes cuando una temperatura magma se convierta en erupción de lava hirviendo, simplemente una mañana un autor responde con tanto calor que la corteza se derrite y el cráter de la información se convierte en un espectáculo de rayos, fuego y nubes de humo. Ese detonante es John Better Armella, quien tiene la capacidad de incendiar los ojos todos de los lectores incautos.

Se dice que John Better Armella (Barranquilla, 1978) es el Pedro Lemebel colombiano, narrador sin tregua de la marginalidad y el bajo mundo, homosexual confeso, poeta retrógrado, underground, y una de esas plumas demoledoras que desmitifican con su crudeza y sin miramientos las imposturas de una sociedad en la doble moral (Ricardo Rondón Ch., dixit).

John Better Armella es autor de los libros: ‘China White’ (2006), ‘Locas de felicidad: crónicas travestis y otros relatos’ (2009), ‘A la caza del chico espantapájaros’ (2016), ‘Limbo’ (2020) y ‘Fantasma’ (2020).

En entrevista, charlamos sobre la niñez, la música, los premios literarios, la supervivencia, Pedro Lemebel y la verdad

¿Cuáles son los recuerdos de tu niñez en Barranquilla que más permean en tu literatura?

Un niño muerto. Yo tenía  siete años y mi madre me llevó  a verlo. Era un niño del barrio quien había muerto súbitamente y nunca fue bautizado, lo tenían en una mesa de madera como si tomara una siesta. Sus ojos permanecían abiertos involuntariamente ya que le colocaron un palillo en cada ojo para que sus párpados no se cerraran.

Esperaban a un cura para que celebrara un bautismo de emergencia y el infante tuviera un nombre y no cayera en el Limbo –ese no lugar donde supuestamente llegan los pequeños no bautizados–.

De ahí surge ‘Limbo’ (2020), mi más reciente novela. Otros recuerdos son: la casa, una gran calabaza gigante iluminada en su interior con una vela, una letrina clausurada, mi abuela muerta entre mis brazos.

El escritor quiere escribir su mentira y escribe su verdad, decía Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), ¿cuál es la verdad de Better Armella?

El creer que lo que escriba podrá salvarme de lo que me espera. El horizonte sigue siendo una vieja casa en ruinas a la que me acerco cada día más con un hacha en la mano, y durante el camino voy silbando, empuñando el hacha con más fuerza para enfrentarme a esa verdad que menciona.

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¿Escribir es un acto de supervivencia?

En mi caso, sí.  No quiero decir que escribir me de el money para no morir de hambre. Me da otra cosa, el deseo de no sucumbir ante este mundo miserable,  y también me brinda un poco de eso que llaman felicidad, lo que equivale a dos o tres amigos con los que enciendes la eterna fogata y brindas al filo del abismo.

¿Todos los lectores somos niños de diez año?

No. Nunca se vuelve a ser niño. El lector lo busca en los libros, quiere recobrar esa crueldad y el asombro de la infancia, pero no lo consigues y te vuelves un acumulador de libros que presume en Facebook una vanidosa posesión.

¿Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor?

No pienso en eso cuando escribo. Es más,  no pienso en nada ni nadie. No hay un esquema, es como si pusiera una grabadora con un Tdk 90 a grabar, yo sólo capto y registro el momento. Aunque,  “yo, la peor de todas”, siempre procurará ser la mejor en  lo que “peor” sabe hacer.  llámenme: John Worst.

¿Son importantes los premios, las becas y las distinciones para un escritor?

Los premios son como cabezas de animales disecadas colgando del ego de algunos autores. Asuntos de marketing. He ganado un par de ellos, es sólo dinero para comprar gasolina y mantener la fogata encendida, y de paso, la envidia de otros “colegas” que no te creen digno ni de ganar un pinche conejo de peluche en una feria de pueblo.

¿De qué manera la literatura “ayuda” a las personas?

Paulo Coelho debe tener la respuesta, debería donar todo ese dinero que ha ganado a gente necesitada, ya sus lectores están a salvo.

Si es que hay un hilo conductor entre todos tus libros, ¿cuál sería?

La orfandad; mi corazón y mis libros han asilado a tantos vagabundos. Soy una casa de paso, todos se van, pero siempre queda la braza, el fuego niega a extinguirse. La hoguera volverá a reunirnos.

¿Cómo surge el libro ‘Locas de felicidad: crónicas travestis y otros relatos’ (2009), y qué fue lo más difícil de vivir, escribir y publicar en esta obra?

Vamos a resumirlo: fui puto, vendí mi cuerpo adolescente en las calles y antros de Bogotá.  Estuve al borde de morir un par de veces a merced de algún desquiciado. Viví con escores y travestis en las pensiones más cutres del centro bogotano. Consumí crack, coca, pegante, etc. Un día desperté en la banca de un parque husmeado por los perros, entonces me devolví a Barranquilla.

Madre curó las heridas de las pulgas y el exceso. El perro estaba a salvo en casa. Empecé  a escribir a mano una serie de crónicas que narraban aquellos sucesos, también algunos relatos. Algunos textos empezaron a ser publicadas y un día, un judío millonario dueño de una editorial me llama, quería ver mi “obra”.

Llegué a su oficina con un manojo de hojas sucias repletas de esas historias, y ahí empezó todo. Al poco  tiempo tenia un libro publicado con una editorial independiente con una introducción de nada más y nada menos, que de Pedro Lemebel. El libro me dio a conocer a nivel nacional.

¿Cómo conociste a Pedro Lemebel?

Le conocí primero leyéndolo, después el gran escritor Efraim Medina Reyes me puso en contacto. Eran aquellas épocas de Messenger, empezamos una amistad virtual. Pedro comenzó a leer mis textos y se enganchó. Estuvo dándome pautas durante la escritura del libro.

Nos hablábamos por teléfono tres días a la semana, después, él  vino a mi ciudad e hicimos una presentación juntos en un teatro a reventar. Fuimos amigos hasta meses antes de su muerte. Es una fuerte influencia.

¿Cómo es que decidió prologar este libro?

No fue planeado, él leyó el libro un mes antes de salir impreso, y una semana después me envió un texto llamado: “La noche de la Better”, era su arañazo literario en la seda barrosa de mi enculante escritura.

¿Qué tanto hay del Greg de ‘A la casa del Chico Espantapájaros’ (2016) en John Better Armella?

Greg soy yo en la niñez y la adolescencia. Envejezco sin remedio y es mejor alejarme de él,  ya no puedo verme en ese espejo, podría llorar de “terror y vergüenza” o quebrarse . Ahora soy como Orfa, una de las Hermanas duplicadas de mi novela ‘Limbo’, alguien que reza jaculatorias y prepara guisos con panales resecos.

¿Cuándo fue la primera vez que viste un cuadro de perros jugando al póker?

En casa, lo trajo  mi padrastro. Me perturbó de inmediato. Tenía pesadillas en las que los veía hablar mientras jugaban. Por eso en ‘A la caza del  chico espantapájaros’ les dedico un capítulo, allí el lector podrá saber de qué habla una pandilla de perros cuando juegan póker.

Háblanos de la cimentación del amor en esa novela, en la que escribes: “ardía como el petróleo. Algo que incendiaba nuestras vidas. Un elemento inflamable que se sumaba al miedo, la frustración y el abandono que nos embargaban por aquellos años”.

Estar enamorado es todo. A gente como yo nos pasa muy poco, y cuando ocurre, es como un pique de “rápido y furioso”, un caos, un  descarrilamiento. El “amor” me ha llevado a hospitales y sesiones de terapia,  me ha obsequiado un par de restricciones policiales. Me he enamorado de gente en llamas, como el tipo de la canción de Charly García. Gente a la que le corría gasolina y sangre en las venas, y el resultado, como era de esperarse, era un ensordecedor !Bang!

¿Cómo es la narrativa colombiana actual?

Aburrida. No corren riesgos, no experimentan. Gris nube. Aunque hay cosas que me gustan, Carolina Sanín es una de ellas.

Háblame de la música y de cómo logra filtrarse en tus libros.

Soy un músico frustrado. La música  me apasiona, aunque ahora no escucho tanto como antes, es más,  fui Dj en una emisora de rock. La música aparece en mis libros como acción, algo que recorre espacios, nunca como un decorado. Desde Juancho Polo Valencia hasta David Bowie han cantado en mis páginas.

¿Qué canción y qué libro elegirías para definir este año?

“Estaba en llamas cuando me acosté” de Charly García. Ningún libro.

¿Qué es lo “mejor” que nos dejará la pandemia cuando todo esto pase?

Haberse ido como lo hacen los huéspedes de paso que visitan nuestros cuerpos.

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Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.