Samuel: el niño más triste de Durango

Los Niños Tristes de Durango son un grupo de jóvenes que organizan fiestas clandestinas y estridentes toquines en fincas abandonadas; les gusta la poesía de la New Wave y el Post Punk, pero igual perrean con los beats más recientes del Reggaeton; ven pornografía y emprenden violentos clubes de pelea. Están vivos y están tristes, no le tienen miedo a la muerte. Estos mismos chicos son los que no pueden entrar a los conciertos de Lázaro Cristobal Comala, por ser menores de edad, se quedan escuchando su música en la acera de enfrente.

En esta reveladora entrevista, Comala nos habla de este grupo, y por primera vez, nos cuenta de su padre, a quien le dedicó su más resiente disco ‘Samuel’. Conversa con discernimiento de la separación del amor, de la depresión crónica constante que nos ancla en a cama y del frustrado suicidio en potencia que nos mantiene aquí, aferrados.

Una entrevista inconsolable, confesada después de la tempestad, tras el filo de la puerta, bajo el techo, con las ventanas abiertas, perdiéndolo todo.

 ¿Cómo estuvo tu 2018?

Chidote. Mi papá huyó de la ciudad, me separé, me regresaron el anillo, se canceló mi boda; me detectaron Distimia (depresión crónica persistente) y ansiedad e inicié un tratamiento con medicamentos cuya función es que yo no sea yo. Me intenté suicidar cuatro veces; adopté dos gatos (uno de ellos me salvó en una de las cuatro); dos amigos murieron; desarrollé problemas de erección; me hice enemigo de mis vecinas; Nacho Vegas me besó varias veces; subí de peso y no me gané nada en la posada del trabajo.

… Y compusiste un nuevo disco

Sí. Diez canciones sobre esos eventos (había que aprovechar tanto material). Di por concluido ese año grabándolas en su última semana. Me quitó y le quité.

¿Quién es Samuel?

Mi papá. Él estaba en el CERESO de Durango mientras yo estaba ocupado naciendo. Estafó a unos pastores. Vendió un terreno que no era suyo y huyó de la ciudad (creo que a Mazatlán). Se fue con dos amigos, se gastaron el dinero y al tiempo lo atraparon. Nunca he sabido si es un deja vú, una memoria mía, o un invento mío; pero recuerdo que los guardias me esculcaban el pañal cuando mi mamá iba a visitarlo. Según ella eso nunca pasó. Que lo inventé. También dice que inventé que fui producto de una visita conyugal. La relación con mi padre ha sido oscuramente romántica por treinta años.

¿Por qué dedicarle un disco?

Huyó de la ciudad en 2018. Se fue sin despedirse de nadie, y creo que no lo volveré a ver. Ese evento tocó fibras complicadas. Fue a principios de año y se dio como augurio de lo cabrón que se pondría el resto. Además coincidió con que mi hermano encontró la foto que luego yo usé en la portada de mi disco (no sabía de su existencia, nunca la había visto).

En ese espíritu le compuse un par de canciones tras analizar su situación y la mía. Ahí nació la idea de dedicarle un disco. Como despedida quizá, que no se dio en persona. Como augurio del año; el disco bien pudo llamarse ‘Samuel’ o ‘2018’. No es un tributo a él o una honra, una dedicación no siempre es en el buen sentido. Y si lo dijera en números, hablo un 30% de él, un 60% del suicidio y un 10% sobre mi boda.

¿Por qué el suicidio?

Porque sobreviví a eso. Intenté colgarme unas cuatro veces en 2018, sin éxito; un par de amigos sí lo consiguieron. Me sorprendió la coincidencia de momentos y fechas con las de otros. Algo había en el aire de Durango ese año. Algo difícil. Y la ideación de la cuerda, si no se logró, al menos se volvió en canción (“Estoy poniendo todo de mi parte”, una canción que hace referencia a una línea de Roberto Bolaño, y que comparto con Maya Piña de ‘Budaya’, es quizá la canción con la que celebro seguir aquí).

¿Y cómo va el tratamiento contra eso?

Bien. Para este disco le compuse una canción a alguien que me ha ayudado mucho, que quiero mucho y que ha estado conmigo en el peor momento: el Bupropión. La salud mental debe ser tan importante como la física o cualquier otra. No debería de darnos rollo decir “voy al psiquiatra”, “ayer intenté colgarme”, “no puedo verte a las diez de la noche porque a esa hora el medicamento hace efecto y no estoy en mí”.

“No pude ir a trabajar porque no tengo ningún motivo para levantarme de la cama” o “No los veré el domingo porque me paso todo el día acostado”. El hecho de que esto siga siendo un tabú solo hace más difícil solucionarlo o intentar solucionarlo tanto para uno como para los demás.

¿Y la boda (o la no boda)?

Lo bonito de hacer canciones es que las cosas que te cuesta decir, compartir o expresar puedes decirlas con las canciones.

¿Quiénes son los niños tristes de Durango?

Toqué una vez en un bar, las paredes tenían ventanas grandes y desde el escenario podía ver hacia la calle. En eso llegó un grupo de chavitos, unos cinco o seis; iban a verme pero no los dejaron entrar porque eran menores de edad; no tenían credencial. Se quedaron afuera escuchando, y creo que eso volvió a pasar meses después en otro bar, en otra tocada.

Eso fue hace años; y una noche no hace mucho, en mi casa, mezclé Lyrica con Zoqualo y Jim Beam; voltee hacia la viga que está en mi sala y le quité la correa a mi guitarra, cuando vi una publicación en Facebook: “Somos los niños tristes afuera del bar intentado escuchar a Lázaro Cristóbal Comala”. Unos minutos después un amigo me manda un mensaje: “güey, ¿recuerdas a uno de los chicos tristes que hace poco nos grabó?… murió”; de alguna forma me afectó, algo había en el aire.

Además de él, dos amigos se colgaron; y en lugar de irme hacia esa viga yo también, tomé mi guitarra, le volví a poner la correa y escribí ‘Niños tristes de Durango’ en 30 minutos. Fue pura fuerza externa, espiritual. Fue la canción volando por ahí, como el ser independiente que es, buscando ser atrapado.

Los niños tristes de Durango es una especie de generación bien linda, he escuchado que tienen entre catorce y veintiséis años, pero yo creo que cualquier adulto de la ciudad es un niño triste. Organizan tocadas en una casa o terreno con cuatro o cinco bandas; se ponen pedos, se pelean, perrean, ven porno, se besan, lidian con su depresión, admiran lo mismo a Bad Bunny que a Nick Cave, hacen canciones e intentan rescatar la escena local. Creo que es lo más vivo que ahora hay en Durango. Con mi canción quise honrar su lucha.

¿Y quién es Bono Corona?

Otro niño triste, pero de la Ciudad de México. El 2018 fue un año difícil también para él y le compuse una canción; sé que ambos sentimos el bajón del domingo, como diría Kris Kristofferson, y quise darle algo para que sepa que no está tan sólo como él cree. Algunas partes de mi canción fueron inspiradas a partir de una de sus ilustraciones.

¿Tu papá te ha escuchado? ¿Sabe lo que haces?

Creo que una vez. Estaba en casa de un hermano cenando y él llegó. Recuerdo que dijo “tus canciones son raras”. Me dio la impresión de que no le gustaron y me reí. Yo creo que este tampoco le gustará.

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Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.

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