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ENTREVISTA A MAURICIO BARES: «HE PUBLICADO A 160 AUTORES EN LADO B»
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ENTREVISTA A MAURICIO BARES: «HE PUBLICADO A 160 AUTORES EN LADO B»

«En Lados B he publicado a 160 autores. Esa parte del gremio es la que me interesa»

Nació en 1963 –año en que Heinrich Böll publicó su ‘Opiniones de un payaso’ (Keipenhever & Witsch)–, en la Ciudad de México. Ha residido también en el Viejo Mundo, en relajadas patrias como Ámsterdam y Londres, porque, así como lo dijo Henry Miller:

“Prefiero ser miserable en Europa, que en mi propio país”.

Mauricio Bares es narrador, ensayista, editor y traductor, fue miembro de la cantera de escritores del suplemento cultural ‘Sábado’ del diario Unomásuno, así como de ‘La Opinión’ (Los ángeles) y ‘La jornada Semanal’; desde 1997, es director de la editorial ‘Nitro/Press’, autor de la novela ‘Streamline 98’ (1997) y de los libros de cuento ‘Sobredosis’ (2002), ‘Ya no quiero ser mexicano’ (2007), entre otros. Con el proyecto editorial ‘Lados B’, le ha dado voz a más de 160 escritores noveles marginados del mercado literario.

Hoy en día, Mauricio Bares representa el lado culto de la contracultura en México; aquí, una entrevista retrospectiva con este autor y editor de alto riesgo.

¿A qué se debió tu residencia en ciudades como Ámsterdam y Londres?

A una frase de Henry Miller: “Prefiero ser miserable en Europa que en mi país”, algo así.                                                 

¿Cómo es que llegas a escribir para La Opinión de Los Ángeles?

Era 1993 y seguía muy vivo el desmadre por el Quinto Centenario del “descubrimiento” de América en el ’92. Yo había publicado la primera versión del cuento “Ya no quiero ser mexicano” en ‘A Sangre Fría’ y lo leyó Guillermo Gómez-Peña, a quien conocí porque pasó una larga temporada en la Ciudad de México haciendo performances relacionados con el mentado centenario. Le gustó y lo incluyó en un número especial sobre México en el suplemento de ‘La Opinión’ que él coordinó con Lorena Wolffer, si no recuerdo mal. 

¿Qué le recomendarías a los jóvenes que se están abriendo camino en la escritura freelance?

No hay más que un consejo posible. Escribir aquello que sólo uno puede escribir. Porque en cuanto escribes para agradar, para ganar un espacio en un medio, para una beca, o para repetirte a ti mismo, ya te echaste la soga al cuello y con cualquier empujoncito te vas al carajo.

¿Cuál sería la mayor enseñanza que te legó Huberto Batis, el editor de Sábado del diario Unomásuno?

No tratar a los autores con la prepotencia que él lo hacía. Ni inventarme una “paternidad” sobre ellos como la que él presumía. No manosear los textos con fines distintos para los que fueron entregados. Digamos que fue un aprendizaje a la inversa.

Háblame de la famosa entrevista que tuviste en 1992 con el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante en la capital de Inglaterra, ¿por qué resultó tan polémica?

Yo apenas tenía 28 años, lo admiraba y lo busqué a toda costa. Que me contestara el teléfono y aceptara una entrevista crucial para mí, porque me regresaría a México un día después de la cita, me parecía un premio que compensaba mis carencias en Europa, era como tomar los cables de alta tensión de la historia a mano pelada.

Le pregunté sobre diversos tópicos y, cuando llegamos al Boom, de repente me dijo que García Márquez era una especie de Carmen Miranda que resolvía sus planteamientos literarios improvisando algunos trucos de magia. Que Carlos Fuentes era un latinoamericano profesional. Que despreciaba a todos los autores que se habían alineado con Fidel Castro, cuyo régimen lo había encarcelado y expulsado de Cuba. Fue un material explosivo que se publicó en ‘La Jornada Semanal’ cuando todos esos autores estaban vivos.

¿Qué te llevó a traducir a Hubert Selby Jr.?

Primero vi ‘Last exit to Brooklin’ en cine. Luego leí el libro. Después conseguí ‘The Demon y The song of the silent snow’. Y quise traducir un cuento de este último. Ya lo había hecho con cuentos de John Fante, Brett Easton Ellis y Douglas Coupland. Y estaba por estrenarse la película de ‘Requiem for a dream’, basada en su libro.

¿Qué estás traduciendo ahora?

Nada. Desde hace años le traigo ganas a algunas entrevistas con Paul Bowles y a la correspondencia de John Fante con su editor, que están súper vigentes, pero creo que cada vez tendré menos oportunidades de hacerlo.

¿A quién y qué publica Nitro/Press?

Un editor debe tener un radar amplio, sabiendo que no puede abarcarlo todo. De entre los que alcanzo a conocer, me interesan los autores que bajan a sus sótanos, andrajosos y grasientos, a remover entre esos desechos que no los dejan en paz, y que después de una temporada allí regresan con un diamante. Si hace falta pulirlo, le soplo un poco y le paso un trapito para que brille más.

¿Qué recuerdas de Fernando Nachón?

Cuando los recuerdos tienen un precio es mejor no recordar.

¿Qué recuerdos tienes de escribir El otro nombre de la Rosa (e.a., 1992)?

Lo escribí en 1986 a los 23 años. Como no contaba con una formación académica, supongo que tenía una voz propia, que se ajustaba según el tema y el tono de cada cuento. Luego mudó con los talleres hacia una voz neutra, literaria, muerta. ‘El otro nombre de la Rosa’ fue la búsqueda de mis propios temas y de la voz y el ángulo y las formas para narrarlos. Jamás lo llevé a un taller, jamás volví a uno.

Foto: Alejandro Meter

Me fui a Europa dos años después de escribirlo, en 1988, y un año más tarde se publicó en ‘La PusModerna’. Gustó mucho y un par de lectores, entre ellos Juan Carlos Hidalgo, hicieron un corto en cine que fue finalista en los Ariel en l992. Yo lo publiqué a mi regreso a México ese mismo año en un librito que llevaba su título, junto con otros cuatro cuentos. Se hizo una radionovela en Suiza, para público en español, si no recuerdo mal, y Ricardo Camacho hizo una versión en historieta de cuarenta páginas para ‘El Gallito Cómics’.

Háblame de los autores de la antología Lados B: Narrativa de Alto Riesgo 2015?

Son autores chingones que van abriéndose paso. ‘Lados B’ es un proyecto ideado para servir de escalón y, en la medida posible, de espaldarazo a escritores con ideas y voces propias. Desde luego que las antologías que más han sonado son aquéllas que incluyeron a autores desconocidos en su momento y que hoy suenan por todos lados, como las de 2011 y 2012 que tuvieron a Fernanda Melchor, Orfa Alarcón, Sylvia Aguilar Zéleny, Franco Félix, Imanol Caneyada, Sylvia Arvizu, Hilario Peña y, más recientemente, Elma Correa.

Del 2015, Laia Jufresa fue incluida en el ‘México 20’ dos meses después de que la invitamos a colaborar. Ave Barrera ganó en 2018 el Lipp. Pero Iván Sierra, un escritor que me parece extraordinario, ha optado por alejarse del medio. Quiero decir, del planteamiento original a lo que tenemos hoy en día, hay muchos cambios.  ¿Cuántos más habrá en diez o quince años?, depende de los autores.

¿En qué tipo de lugares se escribió La vida es una telenovela (Atemporia, 2009)?

Si estuviéramos en Europa o Sudamérica te diría que en buhardillas, pero sólo fueron cuartuchos con una mesita que servía de escritorio y comedor según la hora. Las ideas surgían caminando en la calle o en el transporte público, pasé de escribir en cualquier papelito a hacerlo en montones de libretas. Es un libro de primeros cuentos que abarca un periodo de 1986 a 1994, en medio estuvo mi estancia en Europa, así que sus desarrollos son muy distintos.

‘El otro nombre de la Rosa’, ‘La vida es una telenovela’, ‘La lámpara de Chéjov’ y ‘¿Por qué no podemos ser los de antes? ‘ se escribieron en la Unidad Habitacional No. 8 de la CTM Culhuacán. ‘Eso no se le hace a nadie’ lo escribí en el antecomedor de mi madre cuando regresé de Europa y Víctor del Real me pidió un cuento para ‘El Gallito Cómics’. ‘No sex like no sex’, lo escribí en las oficinas de una editorial transnacional donde trabajé ocho años.

Y ‘Legislatura de la Literatura’ en la comodidad de un depa en la Condesa que me costó un huevo rentar pero que obtuve gracias al trabajo en la editorial transnacional y al apoyo de mis hermanas. El panzón ojete que aparece allí está basado en Huberto Batis.

¿Qué opinión te merece el actual “gremio literario” mexicano?

Pues es algo muy amplio y, en ese sentido, es como cualquier otro gremio. Con mucha gente bienintencionada y un puñado de hijos de puta que quieren adueñarse de todo, imponer sus reglas y tirar sus netas. Quiero pensar que mi generación, o algunos de los autores con los que me alié, cambiamos un poco las cosas y hoy hay muchos más escritores dispuestos a defender una postura propia como autores, y que también lo hacen como editores, promotores, jurados de concursos, de becas, etcétera, porque nadie vive sólo de escribir. En mi generación no pasábamos de cinco o seis necios sin ninguna influencia palpable. Ahora, en Lados B he publicado a 160 autores. Esa parte del gremio es la que me interesa.

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Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.