Este año la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo 2019) usó como lema “Léete”, una propuesta para conmemorar el Bicentenario de la Historia e Independencia de Colombia y, además, tomarnos como “anfitriones”.

Aparte de toda la intención con la que se organizó el programa cultural, dentro del pabellón Colombia y en toda la Feria, en la planeación se procuraba, con las intenciones del gobierno —que no pueden faltar en casi toda actividad cultural de este país, patrocinadas por el anterior—, una innecesaria pretensión nacionalista y patriótica la cual, en los tiempos inciertos y corruptos que vivimos, hace daño.

¡Claro que sí! Nos encontramos con una estética que se aborda en la Feria todos los años: el desorden, el ruido que, claramente, no puede escapar de cualquier evento como éste, elevando la colombianidad por los parlantes con reguetón a todo volumen, al lado la orquesta sinfónica tocando los temas del folklor, el ruido de la gente —asistentes, en su mayoría, que vitrineaban cada pabellón con ese interés de encontrar algún título o cubierta de su entretenimiento o simplemente ir de plan “ver libros” —, los niños, caos, caos, etc.

¡Ay! Además, militares desfilando por aquí y por allá. No parece homenaje al libro; ése que es como carne viva moldeada de esfuerzo espiritual y de conocimiento. Si no será un homenaje al libro entonces hagan una feria patriótica pulgosa cualquiera.

Ingresamos a Corferias, recibimos en nuestras manos la programación y no la leemos, porque les amigues vamos a ver a los youtubers —casi vetados este año por todo el desorden, filas, gentío y alboroto que causan—, tomarnos fotos y pedirles autógrafos para que los firmen en ese libro que publicaron y que, literalmente, fue construido por su editor para hacer algo, al menos, publicable para el entretenimiento de sus followers que van a tardar año y medio en leerlo, porque el tiempo que tienen para la lectura lo gastan en casi ocho horas al día leyendo memes y estados de Facebook. Muy seguramente memes con mayor contenido literario que esos libros.

Sin ánimos de seguir criticando o la desorganización del evento o la mentalidad de muchos asistentes —gremio del que hago parte—, quiero llevar esta lectura hacia una luz que permita mostrar esas sombras emergentes dentro del caos de la feria. Ventajas que me llevan a hablar, sin juicios de valor, sobre una interesante organización en el contenido literario que —a pesar de tener el programa en mano, les amigues, no seamos capaces de extenderlo y leerlo— vale la pena aprovechar porque las charlas o actividades son de una hora, donde se abordan temas culturales, artísticos y, sobre todo, literarios; también son charlas o actividades en espacios bastante agradables dentro de los salones de la Feria donde, además, acude poco público porque la gran mayoría estamos vitrineando.

Sombras emergentes como la de María Mercedes Carranza que tomó forma habitable en una de las salas fundamentales de toda la programación, pues se abrió esta sala dedicada exclusivamente a la poesía. El día del lanzamiento del recinto, con el nombre de esta poetiza bogotana, tres mujeres de tres distintas generaciones tuvieron la oportunidad de compartir sus voces creadoras para mostrarnos cómo se va rompiendo ese dificultoso camino que ha tenido la poesía en Colombia para encontrar su lenguaje más sensible y menos conservador.

Hablo de Mery Yolanda Sánchez, Catalina González y Yenny León; ellas, quienes han sabido demostrar ese rompimiento con la otredad goda y aburrida, personifican la apertura hacia la sencillez en el manejo del lenguaje para la construcción de imágenes y sensaciones poéticas acordes a nuestros complicados contextos sociales, culturales e incluso espirituales. De las tres poetas, una llamó particularmente mi atención por sus imágenes en relación con la naturaleza pero, más que todo, por la belleza que se encuentra en la violencia que existe entre el ser humano y natura.

Tal vez la noche se carbonice entre tus dedos/ como quien descubre en su consumación/ la ventana abierta/ por donde cruzan las huellas

Más allá del sol – Yenny León

De otras iluminaciones

(María Paz Guerrero, Jean-Baptiste Del Amo y Antonio Ortuño)

María Paz Guerrero, Dios también es una perra, Editorial Cajón de sastre, Bogotá, 2018

 

 

dios va a bailar

cuando sale a la calle ve basura montañas de basura

acumulada en las esquinas un indigente que saca

comida vieja de una bolsa otro que está dormido

en la mitad de la acera dios ve un barrio de casas

pobres pintadas de colores dios va a la tienda del

barrio pobre a comprar bananos a comprar leche

de almendras porque ahora es vegano pero no hay

 

 

 

Del pabellón Colombia nos encontramos con una lista de los cinco libros más vendidos y le damos importancia a los dos últimos ya que son los títulos que más me llaman la atención literariamente. El cuarto título es el de la poeta bogotana: María Paz Guerrero con Dios también es una perra, título que causa controversia y que, además, renueva las esperanzas de la poesía en el sector editorial colombiano.

El quinto título: Un beso de Dick, de Fernando Molano, libro que ganó en 1992 el concurso literario Cámara de Comercio de Medellín y que vuelve a las librerías con una nueva edición en tapa dura de la editorial Seix Barral. Ecos de la literatura cuir que vienen con fuerza, sobre todo este año donde muchos de los invitados pertenecen a este sector colorido variado y vulnerable de la sociedad. Vale la pena acercar la mirada a estas voces literarias para conocer nuestra propia realidad desde las perspectivas de grupos oprimidos que luchan por sus derechos.

Fernando Molano Vargas, Un beso de Dick, Editorial Seix Barral Bogotá, 2019.

 

Continuando por la línea de la iluminación. Me interesa hablar de la importancia en la obra de María Paz para la poesía colombiana. Vemos en el pequeño apartado de Dios también es una perra la libertad en las imágenes y reflexiones poéticas que se construyen desde la hibridación a lo largo de todo el aliento del libro.

Me recuerda el acontecimiento poético que sucedió hace 95 años con la publicación del libro Suenan timbres del poeta bogotano Luis Vidales, porque ambos son rompimientos hacia el lenguaje godo y aburrido que abunda en la poesía bogotana. Vidales fue más allá del lenguaje, hacia lo universal, es decir, lo contemporáneo, lo rápido que comienza a moverse el mundo, usando la sombra —como personaje poético— que, de manera agigantada y rabiosa, logra que el pensamiento fluya de manera distinta y, por lo tanto, la forma de expresarlo.

Con Vidales, una Bogotá gris, lluviosa y violenta. Con María Paz la voz de la sombra se transforma en una interioridad que se piensa a sí misma desde un mundo que empapa de posmodernidad-cosmopolita, la ontología de un personaje que además de ser poeta y ser dios, es latinoamericano.

Una pregunta que surge de este libro es sobre si dios, tal vez, es uno mismo. Un dios que se autodestruye, un dios que se abandona y nos abandona por la decadencia de la sociedad. Así, el lenguaje que propone María Paz, ilumina hacia nuevas posibilidades del pensamiento poético colombiano.


Después de que les amigues hiciéramos una larga fila para tener la firma de Mario Mendoza en el ejemplar de Aquelarre, nos dirigimos al pabellón doce —editoriales independientes— para adquirir un libro que me habían recomendado semanas antes de la feria y que acabó de llamar mi atención desde que busqué información en internet y me empapé un poco del contexto del autor.

Me refiero a Jean-Baptiste Del Amo (1981, Toulouse, Francia), joven autor invitado que presentó su reciente novela Reino Animal, donde explora nuestra relación con los animales y además muestra esa sutileza en el lenguaje de una novela que parece tener ecos animalistas pero que, sin ser panfleto, la intensión es sensibilizarnos y habitarnos en la reflexión sobre la identidad. Confieso que cuando un autor me interesa, procuro leerlo desde su primera publicación. Es el caso de Una educación libertina, libro que dudé comprar en la feria, por su precio: $87.000 cop., pero que leerlo valió toda la plata gastada.

Un consejo para un lector juicioso es que, si va a ir a una feria del libro, debe tener muy en cuenta, primero: los precios allí son en realidad más altos que los normales; segundo: ¿qué es lo que quiere leer?, buscarlo en librerías y si no se encuentra el ejemplar deseado, muy seguramente estará en la Feria, habrá que vitrinear hasta encontrarlo, así se antoje de otros títulos que puede conseguir por fuera.

Conseguí el libro de Del Amo cuando de repente en el pabellón vi un stand de Libreros Independientes donde había una bella fotografía de Jean-Baptiste y un espacio dedicado a la editorial que lo publica en español: Cavaret Voltaire. Cara, pero con una propuesta estética y literaria muy definida e interesante.

Jean-Baptiste Del Amo me sorprende con el retrato de un París del siglo XVIII. Una educación libertina es la historia de Gaspard, un joven que escapa del campo y se adentra a la ciudad, “París, ombligo mugriento y apestoso de Francia”. Así comienza la novela, retratando de lleno una historia que no pertenece a la corte o a la hegemonía. Es una microhistoria muy bien construida. El personaje, desde abajo, traza su ascensión y descenso de un ser esclavizado por el deseo, la sobrevivencia y la carne.

Mentes corrompidas por la moral, la ciudad pestilente y el acecho de los débiles en el invierno. Prosa cuidadosamente tejida, llena de descripciones que muy bien podrían funcionar en la adaptación de un guion cinematográfico, con imágenes y percepciones poéticas que denotan en la voz de Del Amo tonos de una poesía entrañable y que se confunde con la maestría de la hibridación dentro de la prosa. Con esta obra, Del Amo fue galardonado con el premio a la mejor primera novela, Goncourt 2009.

Además, es publicado en la prestigiosa colección blanca de la editorial Gallimard. Los temas principales de su narrativa se dan gracias a la presencia del deseo y la relación entre los humanos, están permeados de un punto de vista pesimista ante la sociedad y nuestra realidad; sin embargo, la sensibilidad con la que se tejen, permite reconocernos en la búsqueda de una identidad que se ha perdido en el tiempo y que se sueña en utópicas libertades desprovistas de moral. Narrativa —nutrida de Proust y de Sade— que encuentra un lenguaje más contemporáneo y se va acercando a la voz que necesita nuestra época. Del Amo es la voz del secreto y del deseo del siglo XXI.

Ahora, ya con motivo de cierre y en relación con nuestra realidad profundamente latinoamericana, tan violenta, doy entrada al escritor mexicano Antonio Ortuño (1976), a quien escuché en Prólogo Libros —en chapinero, lejos de Corferias— junto al moderador José Ferro. En esta charla tuve la oportunidad de encontrar nuevas perspectivas sobre la narración de la violencia, en el marco de la presentación de su nueva novela Olinka, relato de la creación de un emporio de bienes raíces en la metrópoli de Guadalajara, en México, y el inicio de su urbanismo, la instauración, incremento y desarrollo de una ciudad sedentaria donde aparece la especialización por medio del engaño ascendiendo en poderosas élites políticas.

Muy similar a nuestra imagen de corrupción colombiana, el autor nos invita a realizar una vista profundamente autista sobre nuestra realidad violenta. ¿Cómo narrar la violencia? Influenciado por Rulfo, Fuentes y otros autores fundamentales de la narrativa mexicana, Ortuño nos invita a evitar la hipocresía en la verosimilitud de la escritura. Es decir, las cosas tienen que contarse como son, casi a lo gonzo.

Es en realidad una de las capacidades que tiene la literatura, porque la literatura no debe ni tiene que cumplir función alguna, dice Ortuño. La violencia no es elegante y ya pasó la época del boom o del realismo mágico. Ahora, en tiempos de posverdad, es necesario abastecernos de los recursos literarios que nos permitan ser eficaces en mostrar el mundo tal y como es en su decadencia.

Mundo decadente, ferias bullosas de decadentes gobiernos corruptos. ¿Nos salvará la Dirección Cultural de la Feria del Libro? Este año la apuesta a las nuevas voces de la literatura y a la identificación de distintas voces que se superponen al género, fue de resonancia en lo que se viene para la cultura a nivel global. Somos seres mucho más capaces de escuchar y entender que como éramos décadas atrás. A pesar de estar sometidos a gobiernos que pretenden silenciarnos, la apuesta de este año logró permitirme reflexionar sobre el hecho de que todos somos decadentes, si es en cuestión de moral, ya la moral —como noción cristiana— se ha podrido en cada uno de nosotros, se hace cenizas como las cúpulas de Notre Dame.

Tenemos entonces la tarea —si quieren hacerla— de capturar la decadencia de estos primeros años del siglo XXI, y allí estará el arte, allí está la poesía. Habita allí la reflexión. Filbo 2019 fue como todas las ferias, bullosa y desorganizada, pero en medio de este caos, la organización cultural del evento permitió la iluminación de las voces que reflexionan sobre este siglo tan extraño, tan rápido, tan a punto de desbordarse en información, violencia y corrupción, sobre todo información, tal vez, ¿posinformación?.

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Cristian Tengono

Cristian Tengono

Bromio (Bogotá, 1997)
Escritor de poesía, narrativa y reflexiones sobre arte y literatura. Realizó
estudios musicales en la Pontificia Universidad Javeriana con énfasis en canto lírico. Actualmente finaliza sus estudios de creación literaria en la Universidad Central de Bogotá. Fue editor general de la revista estudiantil Alapalabra, donde ha publicado poesía e híbridos. Le gusta leer en voz alta a Rimbaud y a Sor Juana. Ama la poesía de Raúl Gómez Jattin y Cavafis. Se habita en las dudas que surgen ante su lectura de Proust. Su narrativa y enfoque temático va hacia lo cuir, el deseo, la identidad y la decadencia. Es editor general de la revista de difusión literaria y cultural para Latinoamérica, Juguete Rabioso.

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