Por Eduardo Medina 

UNO

«El otro día en una entrevista me preguntaron si el hip hop mexicano había crecido», dijo Serko Fuentes nuestro rapero de Durango que está de pie en la tarima del Normandie para calentar el fiestón que se viene: la primera visita de Grandmaster Flash a nuestro país; Serko habla mientras Bad Panda, atrás en los controles, tira un beat atascado de distorsión y las luces neón vibran -el ácido que me tragué hace unas horas, cuando llegué al evento, está haciendo efecto y para que las palabras de Fu no me estremezcan demasiado, me concentro en las letras amarillas grandes que tengo enfrente PHONO-, le contestó a ese compa: «pues no sé… tenemos la catorceava edición del Boogie Master hoy y mañana, en el faro indios verdes; M.C. Luka está cumpliendo veinte años de carrera… La Banda Bastón la está armando el fin de semana con Sotomayor, y yo… pues yo estoy aquí representando a Durango, representando al hip hop de México, en la visita del mejor DJ del mundo»–la gente grita enloquecida, enfurecida, pues el aforo del Normandie, 668 personas, está evidentemente rebasado, y tanta energía no cabe atrabancada entre los cuerpos y tiene que salir– pero también el próximo fin de semana se estrena Somos Lengua, el documental de hip hop mexicano más verga: nuestra historia… No sé, le contesté al vato, ¿tú crees que el hip hop mexicano ha crecido?

 

Tengo la sensación de que estoy en medio de un evento histórico, que permanecerá escrito en el pedernal; un evento bueno para nosotros los mexicanos, significativo. La emoción que me embarga me lleva al borde del llanto. Serko Fu ya está rifando su “Asador”, primer corte de su próximo disco. La música se escucha tan clara, tan bella, que me embarga el éxtasis.

Nací en un hospital en Gómez

Pero fui a parar a Brooklin,

Crecí escuchando a Apache, a los tigres, a el Buki

Creo que fue un error haberme comido ese ácido, fumado marihuana y bebido esa cerveza. Siento el corazón muy acelerado, pero no siento su pulso, sólo siento la música. Mis amigos, con quienes venía, se han perdido. Me encuentro solo entre el gentío. ¿Pero solo, dices? Observo a mi alrededor y qué veo: jóvenes congregados, felices, pacíficos, coreando sus pinches versos favoritos de rap.

En efecto me pregunto, ¿qué significa para nuestra escena, nuestro hip hop, que Serko Fu, Aztec 732 y Bad Panda estén ahorita reventando el lugar, compartiendo escenario y público con alguien como Grandmaster Flash? Serko, con las placas de los Caballeros del Plan G detrás, del sello GL y sus Poniendo la G en el Mapa y el ya mítico Abriendo Puertas; el Aztec con su siempre exquisito gusto, la Bastón a un lado, el Todo Bien, y la Vieja Guardia… Bad Panda con el score que se aventó a través de PHONO el año pasado para traer a DJ Premier, con Hispana a un lado; y estos beats tremendos que escucho, ¿qué significan? ¿Cómo un evento como el de hoy resignificará los años pasados, los del puro y duro trabajo de la escena? Yo creo que un suceso como este los dotará de un verdadero sentido: los ya mencionados, y los que no: Sepulturero, Gogo Ras, Nasty Man, Toxicón, el Indho; el Muelas, el Dr. Supremo, el DJ Jonta… y Nedman Guerrero, y Magisterio, y todos, todos trabajaron para que algo como esto se concretara.

Quizá sin saberlo, el hip hop mexicano transitó dolorosamente por el desierto, por los riscos, a través de los monzones, por entre las sombras, siempre un camino de virtud, un camino ascendente. ¿Lo supieron en su momento los protagonistas? Lo dudo. Apuesto que hubo momentos de quebranto… Y ahora míralos ahí, conquistando la tarima, el puto mundo. ¿Quién lo hubiera dicho? Y ellos fueron los que prevalecieron, ¿qué pasó con todos los que cayeron al borde camino? Este concierto también es para ellos, también los honra, porque en el Mictlán de nuestro hip hop la vida nace de los huesos de los muertos, y para los muertos está rapeando Serko.

¿Esto es rap crudo?

Acá tengo un asador, no vengan a gritarme por aquí que son hardcore

Y, por favor, ya no me hablen de balaceras

Que eso es lo que viven los niños en las aceras

«A ver, levanten las manos los que les gusta el hip hop», la gente grita emperrada y Serko interrumpe con un grito más fuerte: «¡No, no, no! A ver, levanten de verdad la mano los que les gusta el hip hop, porque esta es una pinche noche de hip hop, ¿o no?», el estruendo distorsiona completamente mis visiones. Saco el celular para ver si me llegó un mensaje, ¿dónde quedaron los compas con los que venía? ¿Con quién venía? No podía recordarlo… tenía una ligera sospecha de que venía con… Pero entonces nos cae la siguiente pinche rola: “No Entiendes”, del Desde el Desnivel.

Guardo el teléfono y me concentro en la música. Toda la bóveda del Normandie se estremece, y caen uno tras otro los cortes de Serko, con Bad Panda en los controles, y Aztec 732 en el scratch. Es un pinche atascadero, y nosotros somos los cerdos en medio del lodo.

DOS

Para hacer válida la cortesía tenía que llegar al evento antes de las once de la noche, eran las ocho y diez. Me puse a meditar sobre Grandmaster Flash, sobre sus contribuciones para el hip hop. Pero ¿cómo puedo reducir su trabajo a “contribuciones para el hip hop”? Es un error frecuente de los periodistas musicales caer en esa comodidad, porque Grandmaster Flash no “contribuyó al género”, sino que le dio forma, pulso, rostro, un aliento… y como un Doctor Frankenstein, a través de la rapiña de basura electrónica, obtuvo el primer latido del corazón hip hop.

Kool Herc, África Bambaataa y Grandmaster Flash son la triada fundamental. Su trabajo en el ghetto; sus experimentos sobre la música y la gente, su irremediable impulso fiestero los llevó a consolidar lo que conocemos hoy como hip hop, esta billion dollar industry.

Aunque componen una triada, hay diferencias esenciales entre los tres, diferencias que quizá no son lo suficientemente remarcadas en los textos que sobre ellos se escriben: Kool Herc, el hombre de dos metros y medio, el inmigrante jamaicano que trajo consigo la cultura, la revolución de los sound systems; el arqueólogo que encontró el break, el de los dos platos en las tornas impresionantes: Hércules, el Gran Herc, representa el esqueleto. Herc era hombre de su gente y se aseguraba de que todos lo pasaran bien, pero no siempre se preocupaba por el timing. A veces mezclaba tracks que iban a 90 pulsos por minuto, después, de repente, uno que iba a 110 pulsos por minuto: los B-Boys bailaban, pero no siempre en tiempo. En palabras del propio Gradmaster Flash, la vibra de Herc era: armonía-disolusión-armonía-disolusión.

Primero. Yo fui primero. No me importa quién es mejor o quién es peor: mi contribución es primero, porque ser el primero es para siempre. Qué importa quién lo hizo después, quién lo hizo mejor: el primero es para siempre. Esa es la forma en que se escriben los libros de historia.

grandmaster flash

Gradmaster Flash, en entrevista con Bill Brewster y Frank Broughton para el libro, Last night a DJ Saved my life, 1999. Bambaataa, por otro lado, es el sacerdote, el space cowboy; suya fue la cruzada por la paz, y con la Universal Zulu Nation, y su Planet Rock, logró alimentar a los desfallecidos; manar agua de los desiertos. Bambaataa ante todo era un conciliador, un centro de gravedad que ponía cerca lo que estaba lejos.

Grandmaster, en cambio, está más allá de ambos, él buscaba la perfección alquímica, matemática; la suya no era ni una cruzada por la paz, ni una revolución, ni una fiesta por la fiesta, sino un equilibrio entre los elementos, entre los átomos: él quería perfeccionar los tiempos de la mezcla para que los breaks cayeran exactos, quería encontrar la manera de extraer esos 15 segundos épicos de una pieza, el break, y hallar la forma de extenderlos durante quince minutos; y después, hacer caer un siguiente ritmo, otra pieza, perfectamente en la estructura rítmica de la anterior, sin que nadie se diera cuenta, sin que nadie parara de bailar: Alquimia.

Tenía que hallar la forma de sacar de las canciones su fragmento climático, y editarlos manualmente para que el escucha no se percatara del cambio. Quería que estos fragmentos de quince segundos duraran quince minutos, para que la gente no parara de bailar.

Impulsado por una férrea competencia contra Herc –todos la tenían– inspirado por él, Grandmaster se fincó a sí mismo la tarea de darle el pulso de vida a la masa que ya habían preparado Herc y Bambaataa: Doctor Frankenstein. ¿Cómo lograrlo, con qué equipo? Pues Grandmaster con piezas de aquí y de allá lo construyó, y un día, después de años de arduo trabajo, de aislamiento, llegó al Dorado: encontró las fórmulas, a las que llamó teorías: la teoría del mezclado rápido, la teoría del reloj, que resultaron las herramientas básicas de cualquier tornamesista de hoy. Convirtió en instrumento el reproductor: Rey Midas.

Tenía que encontrar la forma de recapturar el principio del break sin levantar la aguja, porque ya había intentado de esa forma, y no me salía muy bien. La Teoría del reloj te permite girar el vinilo hacia atrás, y soltarlo en el punto exacto, sin levantar la aguja. Entonces hay que marcar el vinilo en donde está el corte, y sólo tienes que contar a cuántas revoluciones va el acetato.

grandmaster flash

En estas cavilaciones me encontraba ya en la fila de entrada para el concierto. Llevaba puestos unos jeans azules, una camiseta negra, dentro de mi mochila una chamarra, el estuche Nivada y el vaporizador. Me acerqué lentamente a la línea de revisión, observando sus escrutinios. Bien, me dije, ya pasaste lo principal. Dejé la mochila en paquetería y pagué treinta pesos. Bajé por las escaleras del Normandie y una muchacha me dijo: «Amigo, un Kraken de cortesía», y me extendió un vasito de plástico con un traguito. Genial. Tengo la boca seca seca y como que ya me estoy sintiendo medio, medio… Entonces me doy la vuelta y me encuentro con mi amigo Eduardo H.G.

Caminábamos hacia el Oxxo, respirando el aire fresco del centro de la Ciudad de México. Compramos la cerveza, Lalo me contaba sobre una vez que vio cómo saqueaban un Oxxo después de un concierto de la Asian Dub Foundation; viene de pasar todo el día en la primera jornada del Boogie Master.

—Oye, güey, ¿entonces es la primera vez que viene Grandmaster Flash a México?

—Loco, y quizás a Latinoamérica…. –me quedo pasmado, ¿en serio?

– Simón, y está muy chico el lugar, no mames: están metiendo gente de contrabando, se va a llenar a la verga, a ver si no dan un portazo…

—¿Crees que ya haya iniciado?

El concreto bajo nuestros pies se estremecía con los beats. Lalo voltea y saluda con un chiflido a un vato que pasa. El vato voltea y le regresa el chiflido.

—Es el Serko, todavía no empieza.

TRES

Después de unos cortes nacionales –Cartel de Santa, Control Machete, Banda Bastón– se hizo el silencio. De pie, en medio del gentío, no podía moverme. Nadie podía moverse un centímetro. Mi cerebro es una copa rebosante. Siento que estoy hecho de Taffy y me estoy derritiendo, miro alrededor y las caras se contraen, se deforman.

¡Vale verga, vale verga, vale verga! ¡Agarra el pedo agarra el pedo agarra el pedo!.. Una música sensual suena, y las luces se han puesto en rojo; todos, de pronto, nos estamos moviendo como presas de ondas que van y vienen, que nos unen y nos separan, y nos vuelven a unir en la zona de la cadera, y los brazos se levantan y se entrelazan y todo es un gran calor humano y un sudor. Enfrente de mí tengo a una muchachita que huele riquísimo y alguien detrás me ha agarrado de la cintura. Son unas manos delicadas sobre mi cintura que me guían en un baile erótico y yo no puedo sino dejarme llevar. Y bailo con esas manos ahí. Dios, qué delicia.

La música se detiene de repente, y entonces me doy la vuelta para ver: un grupo de personas me mira riéndose. Chale, creo que la cagué. Quién sabe con quién me puse a bailar. ¿Me habrá agarrado porque quería bailar legítimamente? O se estaban burlando de mí… ¿Será que les estorbo? ¿Pero cómo puedo estorbarles si no hay pa’dónde hacerse? A huevo ya se dieron cuenta de que ando bien ácido y se están burlando… Ligera paranoia…

GRANDMASTER FLASH

grandmaster flash

Percibo una frecuencia luminosa, una frecuencia que viene subiendo, muy poco a poco, casi nadie la percibe, pero ahí viene, mira, ¿la sientes? Pongo la mano en mi corazón y sí, la siento. La pantalla frente a nosotros se vuelve súbitamente blanca, y las luces se apagan. Todos, pasmados, saben ya que Grandmaster Flash va a salir, y se deshacen en gritos.

Una voz emerge, una voz poderosa, podría decirse que una voz divina, y comienza rezando por el principio del libro: y en el principio de todo fue el DJ. La porción cinemática de la entrada del Maestro, es una semblanza sobre el nacimiento del hip hop al mundo, sus primeros pasos con los sound systems, los esfuerzos, las batallas, el encuentro con el scratch; la grabación, en 1979 de “Rappers Delight”, de “Superrappin”. ¡Alguien alza por allá un vinil de “The Adventures of Grandmaster Flash on the Wheels of Steel”! Y toda la historia se nos viene encima: la publicación, en 1983, de Wild Style, responsable –en gran medida gracias a Flash– de la llegada del hip hop y la pasión DJ, a Japón.

¡MEXICO CITY! ¡MEXICO CITY! ¡MEXICOCITY!

grandmaster flash

Mierda, ahora sí ya va a empezar. Back and Forth, el vinilo va Back and Forth, en la firma del Maestro, y deja caer sus tornas sobre nosotros. Un repaso a la historia, una semblanza, pero también una exposición del ADN hip hopero: Biggie, Tupac, Run DMC, Guru, desfilan ante nuestros ojos y oídos, como en una invocación.

Después de ahí todo fue un retumbar preciso de frecuencias, de cuadros musicales, en un ir y volver incesante de memorias, de historia. Tuve de pronto la sensación de que Flash nos había metido en una máquina del tiempo, y nos había regresado a 1976, al Harlem’s Grand Audubon Ballroom. The greatest DJ in the wolrd, como gritaba Melle Mel, estaba frente a nosotros.

Era así, me dije: las fiestas hip hoperas, en ese entonces, eran así. Así inició todo. Me encuentro en el centro de la historia. Las paredes, el techo, parecían respirar, y las manos en el aire, la gente a mi alrededor, parecían la superficie del agua, pues todo era agua, una grande y gorda gota de agua.

grandmaster flash

Hubo momentos clave: el spin de KC and the Sunshine Band: “Thats the way I like it”, que Flash detuvo de pronto y todos permanecieron cantando, las 3000 personas calculadas en el concierto. La aparición de Bob Marley, y desde luego de Elvis Crespo con “Suavemente”, y de J. Balvin con “Mi Gente”, por si había quien todavía descreía del espacio que ya ocupa el raggaetón en el mundo y la industria y el gusto de la gente; o algún hater por ahí que reniegue de su importancia, su vitalidad.

grandmaster flash

El lado negativo fue el exceso brutal de gente. No se podía bailar porque nadie podía moverse para ningún lado. Hubo momentos, ya casi al final, donde la gente simplemente se quedó quieta. Flash gritaba y pedía ruido del público, pero no había para dónde.

Y en el momento final, en el clímax, ¡llegaron los B-Boys! Con los más espesos tracks del 70’s funk, abrieron el círculo y se pusieron a bailar. Todos grabando con sus celulares, todos en onda, todos completa y absolutamente felices. No hubo mejor momento para terminar la fiesta. Flash se despidió con amores para la gente, y sin más, se fue. Nadie tuvo tiempo de pedir otra.

grandmaster flash

Desquiciamiento al salir. El ácido, de tanto sudar, así como se me había subido, se bajó. Cuando me encontraba en la fila del guardarropa, unos gritos me estremecieron:

—¡Abran paso, abran paso, abran paso!

grandmaster flash

Era Flash que salía. Nos pasó como a diez centímetros. Todos le pagaron respetos. El cuate con el vinilo del The Adventures lo alcanzó para el autógrafo. Regresó al borde del llanto y todos lo felicitaron. Como el ardor en mi entrepierna no se iba, decidí que era buen momento de largarme y cenar algo.

Así concluyó una noche en la que, además de haber recibido un concierto sin precedentes, Phono Música y Distrito Global nos recordaron que en México existen audiencias y espacios que pueden hacer vibrar a comunidades y escenas enteras, ahora fue la del Hip Hop.

Editor Yaconic

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