Cuando pienso en penes no pienso en Japón. Quizá en el Congo, en Senegal o todos esos países en donde al caminar estorba el bulto. Por eso con los boletos de avión en la boca, mientras intentaba sacar el celular y no soltar la cámara, decidí que el Kanamara Matsuri no serviría de nada para mejorar mi vida sexual con la mujer que conocí hace un año en una pelea de bar en Panamá. Qué chulada de persona encontré ahí, mientras sangraba de la nariz. Quien te para una hemorragia ensarta el amor en tu vida.

Hoy estamos en una crisis, claramente. Cada que intentamos mezclarnos en la cama falta algo. Falta honor, dice ella. Ningún hombre se va de México para admirar penes en otro continente si no es porque la hijita rica de un empresario pesquero me manda a conocer bien de qué va la gloria al faro. ¿Cómo es que los perdedores terminamos con hijas de hombres poderosos?

Ilustraciones por Leslie Lomelí @wonkslomeli

Al principio, cuando la conocí y empezamos a salir, la vida era una de esas tardes en las películas de Almodóvar (en la primera parte, antes de que todo truene). Ahora vivimos en la segunda parte. Nina, la diva de Panamá que ha formado parte de mi vida, me dice que tanto porno me ha torcido la idea del pene. Hay crisis en la cama, es decir, la peor crisis posible. Los misiles apuntan directamente a mi entrepierna.

No es un taladro que me tengas que meter hasta que salga jugo, dice. Lo siento, pero no sé qué más puedo añadir a esta relación desde allá abajo, le digo. Te tienes que ir al Kanamara, me remata, y cuando siento que es una broma me da unos boletos semanas después. Dice que ella y su madrastra han tenido experiencias reveladoras ahí. Así que un todo pagado a Tokio habrá de darme más cultura. No lo veo mal, siempre quise conocer Japón, pero nunca como un catálogo de penes. Según entiendo, los condones ahí son una comedia y el sexo es tan aburrido como exhalar dióxido.

Ilustraciones por Leslie Lomelí @wonkslomeli

No he podido solucionar mis problemas con Nina. Es excelente todo hasta que llegamos a la cama. Cree que mi pene tiene un poder secreto que no he desatado. No es cosa de orgasmos, dice, más bien algo relacionado con las teorías hippies de sus amigas extranjeras que ven a los falos como barras de oro que deben brillar de alguna forma.

Sin ser clara en lo que quiere, Nina me tiene aquí, llegando a Kawazaki, la ciudad en donde se festeja el Kanamara Matsuri y empiezo a notarlo. Hay muchos penes rosas y morados, todos de plástico o caramelo. El tamaño es bastante pequeño: aquí el tamaño de un puño es demasiado. Pero bueno, esta nación no necesita presumir el tamaño de su verga. Con ver la tecnología en cada calle basta para sentirse cómodo siendo japonés.

Es abril y como buen mexicano tengo calor. Esto me ha pasado en las nevadas de Dakota, en el invierno regio y cómo no, en la primavera nipona. Hay gente de todas partes, sobre todo rubias británicas y negros franceses. Todos vienen a ver este pequeño desfile de vergas rosas y de falos de madera usados para celebrar la fertilidad, esa que tiene a tanto niño chillón encerrado en guardería. Nacer en Asia es muy distinto a nacer en México, lo que aquí es un privilegio allá es un calvario.

En el festejo me encuentro a Cho Jooy, una chica que disfruta como nadie de gritar apenada cada vez que mira un falo. Porque acá todo es gritos de pena y diversión, tambores y colores, dulces y recuerditos de una erección gloriosa tamaño bolsillo. Me dice que comer paletas de pene me quitará lo tímido con el lugar. Y al no meterme penes a la boca nunca, creo que esto es exagerado pero necesario.

Ilustraciones por Leslie Lomelí @wonkslomeli

Nina me limitó a no comprar souvenirs. Sabe que soy un pésimo turista y me quiere bien adentro de esta tradición. Así que platico el poco inglés que mastico como Cho y sus amigos, todos son mitad japoneses, mitad algo europeo. Cho es hija de un galés y no tiene miedo de decir cock cada diez palabras, a diferencia de sus amigas.

Cuándo terminan los primeros desfiles de penes de madera, vamos a comer al departamento de un chico japo-italiano llamado Kinji. Me les uno diciendo que también soy estudiante de intercambio.

El departamento es claramente propiedad de un hombre poderoso. Hay arte que no fue impreso y alcohol extranjero en la cocina. Me llama Nina y me pregunta por mi aprendizaje, me recomienda talleres que ella tomó y sitios gourmet para comer. Sin nada de conocimiento nuevo, con ganas de empezar a entrarle a un whiskey y mordiendo un salami que encontré en el refrigerador, le digo que todo va perfecto.

Cuando le pregunto por el boleto de regreso, cuelga. Lleva así seis días. No sé cuándo voy a regresar y la semana en el hotel en donde me acomodó está por terminar. Las fiestas Terminaron hace tiempo y no me quito a Cho de encima. Está ahora mismo cantando a gritos la nueva canción de Major Lazer en la regadera. Cuando Nina llama, tengo que salir del cuarto a escondidas. Ninguna sabe de la otra.

El Kanamara no te va a enseñar nada, me dijo Cho ayer por la noche. La fuerza de un buen cock está en la práctica, remata. Por lo que estos días en Japón he aprendido que los penes pequeños funcionan porque las asiáticas son muy pequeñas. Una verga occidental es suficiente para lograr el éxito aquí.

Ilustraciones por Leslie Lomelí @wonkslomeli

Cuando estoy desesperado por mi ida y harto de clases falsas para seguir pegado al grupo estudiantil de Cho, me llega la noticia de que el padre de esta japo-galesa es dueño es un poderoso imperio cervecero en la isla británica. Como Nina sigue evadiendo mi regreso, supongo lo peor y decido amar a Cho durante los siguientes meses. Aprendí algo de los penes gloriosos de madera: pueden hacerte el yerno de un poderoso rey de la cerveza. Sin duda una gran revelación. Aún me esperan en casa.

TE PUEDE INTERESAR:

THE TEXAS BRAINSTORM MASSACRE

A ROSWELL SE VA A VER ALIENS Y DEFRAUDAR MUJERES

EL MUCHACHO ALEGRE Y LA MORRA RUNNER

¿MMM… VASECTOMÍA? TEN HUEVOS Y OPÉRATE

¡SÁCALA A BAILAR! NOCHE DE SEXO Y REGGAETÓN

Dekis Saavedra

Dekis Saavedra

Previous post

LLEGÓ ABRIL Y TAMBIÉN EL FIN DE SEMANA GHIBLI DE ANIMACIÓN JAPONESA

Next post

CENTRAL DE MUROS: MURALISMO PA’ LA BANDA