Después de una etapa fructífera bajo el nombre de Iranti, la cantante mexicana Carla Rivarola decidió renovarse y usar sus momentos menos lucidos para renacer musicalmente a través de nuevo disco: Médula Silvestre.

La historia comenzó hace varios meses con una chica en un departamento de la delegación Cuauhtémoc.

Una tarde, sola en su habitación, la chica sintió el paso del tiempo; ya no era aquella joven entrando a los 20 que veía el mundo con tonalidades verdes y rosas. Con 25 años y tras sortear algunos nubarrones su vida se había tornado más oscura.

Por eso la asaltó una pregunta: “¿Qué va a pasar ahora?”. Porque lo que en ese entonces expresaba artísticamente ya no era su reflejo; ya se sentía en un lugar más sexy, más oscuro, más maduro. Proyectarse como lo venía haciendo, bajo el nombre de  Iranti, ya no tenía sentido.

Entonces tomó su guitarra. Semanas después ya tenía los esbozos de las canciones que actualmente están por conformar un disco.

También dio con otra cosa: su nombre, Carla Rivarola.

“Mi nueva música habla sobre sobreponerte a los pedos”, dice Carla sentada dentro una oficina en la colonia San Rafael. Todavía no es mediodía pero el sol ya aviva la tez clara y el cabello negro de Rivarola. Está aquí, en Malfico, la agencia de medios que actualmente gestiona la promoción de su trabajo musical, para charlar sobre su nuevo disco.

“Siempre chambeo en cosas como locución, comerciales, corporativas o narrar cuentos. Para mí todo eso es para sacar esto adelante; prácticamente todo mi dinero se va en mi música y está bien, lo considero una inversión”, cuenta la artista que actualmente da clases de inglés a reporteros del noticiero Primer Impacto.

Luego de escuchar historias de violencia por parte de sus alumnos, Carla va a casa, mastica la violencia, toca, hace de comer arroz y verduras, vocaliza, toca más y estudia. Así es la rutina actual para la cantante que actualmente concentra su energía en su primer material de larga duración que será bautizado como Médula Silvestre.

Pero, antes de Médula, existió Origami. Y es preciso conocerlo para entender mejor a Carla.

A los 19 años Carla se adentró en el negocio musical. Junto con su entonces pareja empezaron una empresa de temas para bodas que consistía en crear canciones a partir de las peticiones personales de los enamorados. El negocio no duró mucho tiempo pues ella, además de que estaba estudiando, no se sentía plena proyectando sentimientos ajenos.

En ese entonces Rivarola vivía con su familia al sur de la Ciudad de México y de vez en cuando daba clases de guitarra. Un panorama de confort que se interrumpió bruscamente: “A me tocó independizarme en el momento en que valió verga mi familia; mis papas se separaron, vendieron la casa y pasaron una serie de cosas tremendas”.

Este quiebre personal la orilló a buscar nuevos horizontes en solitario cuando apenas sumaba dos décadas de vida. Uno de esos horizontes fue Iranti.

“Habla del amor en la familia, no de amor romántico”, así sintetiza la también fanática del rock progresivo la esencia de Origami (2015), disco de corta duración cantado en ingles que fungió como carta de presentación y último retoño de Iranti.

“Iranti era el nombre del proyecto, no tenía la intención de ser Iranti”, dice Rivarola sobre este mote con el que se presentó en foros como Bajo Circuito, Caradura, Foro del Tejedor, Foro Indie Rocks!; y en estados como Veracruz, Monterrey, Oaxaca y Puebla. Una etapa que “estuvo chida porque vivía de los shows, tenía varo extra de la venta de discos y las clases”.

Pero Carla no quería convertirse en Iranti y promover para siempre las tonalidades pastel de Origami, por eso, en una noche de reflexión en su cuarto, decidió empezar a usar como motores creativos sus experiencias menos lucidas. Y su nombre.

Al escuchar la frase “Pájaro del alba” viene a la mente un cliché: un ave colorida cantando en la cornisa de una ventana al amanecer. Pero, “¿qué tal si ese pájaro no es un pájaro chido, sino es como un buitre o como un reptil?”, se preguntó Carla hace tiempo. Esta duda dio como resultado “Ave del horror”, sencillo que lanzó a mediados de mayo para inaugurar su nueva etapa artística.

“Un poco el viaje de este disco es una cosa espacial; hay una teoría que me encanta de los reptilianos que dice que estos güeyes vinieron a la tierra porque hay un chingo de oro y nos crearon para ser sus sirvientes. Entonces, los seres humanos fuimos hechos para eso, pero de repente se fueron y nos dejaron preguntándonos quiénes somos”, confiesa la compositora sobre la inspiración para Médula Silvestre, llamado así porque “me di cuenta que significa algo así como tuétano salvaje, o sea, que dentro de ti hay una fuerza impresionante que puede ser tu muerte o salvación”.

Al principio, Carla se fijó solo usar guitarra y batería para su renacer melódico, pero en el proceso de crear las canciones, específicamente integrando arreglos, se dio cuenta que “hay cosas que están más allá de mí”, por eso sumó a sus amigos Mike Brie (guitarra) y Javier Jara (bajo) al proyecto, y después reclutaron a Tatieri Neyra (batería).

“Conforme van saliendo las oportunidades con el desarrollo de este disco, yo voy tomándolas o pasando de ellas. He armado un equipo muy chido; cuando empezamos a trabajar en una rola, la toco un par de veces y discutimos el mensaje, que es lo que más me gusta porque infunde el trabajo con una cuestión filosófica, mística. Que venga lo que tenga que venir y tomaré las decisiones que más convengan al disco, pero de momento lo más conveniente es que sea independiente”, señala Rivarola.

Medula Silvestre todavía no se define en si saldrá paulatinamente en forma de sencillos o completo: “Eso va a depender si podemos grabar todo de putazo”. Lo que sí está definido son los objetivos posteriores al lanzamiento: hacer un Vive Latino, ir a SXSW, a Sudamérica y tocar en lugares (hospitales, escuelas) donde el mensaje del disco pueda verse de otra manera.

“Creo que soy muy necia, tengo muy claro lo que quiero. No me interesa hacer nada que no sea tocar pero no me conflictua hacer otras cosas para sobrevivir”, remata la veinteañera que pretende consagrar su vida a la música.

Sobre el escenario, Rivarola se transforma.

Durante el primer tema se le ve quieta pero curiosa; checa los niveles de sonido, la afinación de su voz, el área del escenario, el clima, los rostros conocidos, las miradas nunca vistas, las luces sobre su rostro.

Al segundo o tercer tema, empieza a soltar los pies, las facciones, la voz, seduce a la gente.

Cuando entra en confianza, Carla vibra y transmite de todo a sus allegados; mueve la cabeza, incita a acercarse más, ondea su guitarra, abre más la garganta, sonríe.

Además de su gusto por leer – actualmente Plataforma, el libro del polémico escritor francés Michael Houellebecq – , Carla dibuja, por eso siempre carga una libreta dónde plasma todo lo que se imagina: lo de hoy fueron una serie de siluetas amorfas.

Otras cosas en las que se enfoca son el informarse y crear una postura crítica de las situaciones sociales y políticas que la rodean: “Definitivamente hay un texto político en varias de las rolas. Hay una que se llama Mantra Depresivo que es sobre todas las cosas culeras que te dices a ti mismo porque según tú son todas las trabas que tienes para estar bien. Cuando ves la rola en contexto te das cuenta que es una persona que está inmersa en violencia de algún tipo. También hay una que puede interpretarse como una historia de narcotráfico que se llama Policías”.

– ¿En tus tours has tenido algún problema con el narco?

– Alguna vez pero no voy a contar de eso.

Lo que sí cuenta es que trata de ser coherente con lo que critica, por eso “a mí no me interesan las drogas; han sido contadas las veces que he probado una droga en mi vida. No creo en la cocaína, no creo en el crack, no creo en comprar drogas; para mí el after no existe, prefiero irme a mi casa”. Su ambiente simpatiza con la calma.

Calma que se pierde un poco cuándo la cantante con raíces argentinas analiza si el arte puede salvar a la sociedad: “La respuesta está en la convivencia; si eres una persona que hace cosas chidas por los demás tienes que tener la conciencia que eso no te da el derecho de perjudicar a otras personas… pon tu que eres vegano, y va, chido por los animales, pero estas comiendo soya de Monsanto. La verdad, el sistema, el cómo funciona el capitalismo, hace que en este país nadie tenga las manos limpias”.

Aunque a ella no le quita el sueño limpiárselas. Sabe que el camino que viene con Medula traerá más situaciones que oscurecerán su panorama, pero planea encauzar todo lo malo hacía cosas que la beneficien. Y es que, como remata poco antes de despedirse, “la vida es muy rara si te fijas en las cosas correctas”.

 Por eso a veces Carla mira lo incorrecto, para equilibrarse un poco

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Vídeo: “Ave del horror”.

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