Nezahualcóyotl, el gran tlatoani poeta de Texcoco que reinó durante 40 años y que quizás recuerdes por ser estar inmortalizado en los billetes de a 100, fue un gobernante-arquitecto amante de la cultura y de su “hermano, el hombre”: construyó la biblioteca, ahora perdida, más grande de todo el Valle de México, erigió un acueducto de dimensiones titánicas que transportaba agua dulce de Chapultepec a Tenochtitlán, y construyó los paradisíacos baños-jardín botánico de Tezcotzingo que actualmente se encuentran olvidados y en ruinas, por nombrar solo algunos.

Aunque la historia de su juventud exiliada, la recuperación de su trono y la forma en que le dio muerte a Maxtla, el soberano de Azcapotzalco, son historias bien sabidas y que forman parte de su leyenda, hay un episodio mundano de su época como gobernante del que no se habla mucho y que está incluido en el Libro VI del Códice Florentino: un día fueron llevadas a su presencia a un par de ancianas para ser juzgadas, las habían cachado en la movida: iban a merendarse a unos jovencitos pues sus a sus maridos los “abandonó la potencia”.

Bajo el título de “Nezahualcóyotl y las dos ancianas libidinosas”, este relato forma parte del volumen Erótica Náhuatl (Artes de México / El Colegio Nacional,  2018), en el cual Miguel León-Portilla, historiador e investigador emérito del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, hace una antología de algunos textos nahuas que, pese a que no fueron ideados con la intención expresa de ser eróticos, giran en torno a aquel desenfrenado amor sexual encarnado en el dios Eros.

Los grabados que traducen graficamente la eroticisidad de los poemas son del mixteco-poblano Joel Rendón, poseedor de 30 años de experiencia como grabador, ganador del III Concurso Nacional de Grabado José Guadalupe Posada en 1995, creador del programa Estampa al minuto que se transmitió en el Canal 11, e impartidor de cursos de estampado sobre tortillas.

Otro de los relatos es “La historia del Tohuenyo”, la cual, en palabras del mismo León-Portilla, es “uno de los presagios de la huída de Quetzalcóatl y de la ruina de Tula” pues éste personaje, “nuestro vecino” es Titlacahuan, uno de los dioses-hechiceros que aparecieron un día para acabar con el emperador.

Este poema cuenta cómo Titlacahuan un día se transforma en un tohuenyo que vendía chiles mientras le colgaba el chile en el mercado que estaba frente al palacio del emperador. De repente, la princesa, deseada por todos porque “estaba muy buena” lo vio casualmente “con la cosa colgando” por lo que enfermó de “grande calentura”.

Al preguntarle su padre el qué le pasaba, la chica le dijo que el tohuenyo la había metido “el fuego” y “el ansia”, por lo que el gobernante mandó a buscarlo y cuando lo tuvo enfrente le dijo “haz despertado el ansia de mi hija, la curarás”.

El no describe a detalle cómo es que el vendedor de chile le quitó “el ansia” a la princesa, pero sí menciona que convirtió en yerno del emperador, título para el cual obviamente tuvo que rifarse con el delicioso.

Sin duda, textos como éstos dejan claro que la eroticidad era algo presente y normalizado en la vida de nuestros antepasados, pese a que, por alguna razón (quizá por y tras la conquista), se tiene la idea de que tenían una “rígida moral”.

La sexualidad prehispánica quizá sea un tópico que en muy pocos lados es discutido, pero pese a ello algo nos queda claro: que para la nuestras culturas ancestrales este aspecto de la vida tenía “la fuerza de un torrente que todo lo penetra y todo lo vence”. Y vaya que penetraba.

Raúl Campos

Raúl Campos

Cultural Journalist & Documentary Photographer Kitsch Journalism Mexican decay Anarchy Road

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