Antes de que las grandes corporaciones llegaran a establecer supermercados en nuestro país, así como en otras culturas se ofrecían productos y servicios en plazas o lugares públicos, divididos por secciones. Ahí se podía encontrar casi de todo e incluso se podía recurrir al intercambio de objetos o servicios en lugar del pago monetario o crediticio.

Ahora en el mundo globalizado en el que vivimos puede resultar tentador para el bolsillo del consumidor, lo que hay detrás del precio bajo en los estantes de tiendas como H&M o Cuidado Con El Perro en los que el valor del producto es absorbido por los grandes  productores y naturalmente se deja a los pequeños empresarios fuera de la jugada. Para remediar esto y dar lugar a distintas propuestas en el gremio, desde hace algún tiempo se empezaron a crear distintos bazares; su finalidad es incentivar la economía local.

La palabra preferida para referirse a este tipo de eventos en nuestro país es tianguis; pero el bazar, por su parte, se realiza en lugares cerrados y no en calles. Si bien su etimología se remonta a culturas como la india, islámica o persa, en estos tiempos es fácil encontrarlos una vez al mes en algún lugar de la ciudad. Este es el caso de Libre Liebre Bazar.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

«La liebre es un animal interesante. Es ágil, independiente e inteligente pero sin dejar de ser tierno. Además tiene la capacidad de construir todo un sistema de madrigueras para sobrevivir de los depredadores”. De esta manera Adrián Monroy definió, y explicó, el nombre del bazar que coordina. Egresado de la antes conocida como la Escuela Nacional de Artes Plásticas —actualmente Facultad de Artes y Diseño—. 

Adrián también comenzó un proyecto de diseño llamado HorseHead; en un principio estos extraños e hilarantes diseños (como un perro feliz que menea su cola mientras dice: “Hice popó enfrente de ti) se exponían en bazares como Tráficos o Mexicanitas. Luego de planearlo algún tiempo, al lado de Patricia Cruz, pareja y socia de Adrián en esta aventura, decidieron fundar su propio bazar; inicialmente ubicado en Calle de Bolívar 8, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México.

Sin embargo, con el sismo del 19 de septiembre aquel lugar quedó sin disponibilidad para albergar al bazar, aunado al peligro que implicaba por la naturaleza de la construcción. Hasta entonces había sido la sede de más de 40 ediciones. Pese a la premura de la situación las cosas pudieron acomodarse de la mejor manera, Patricia —responsable también de los diseños principales del Libre Liebre— me comentó que los administradores del Palacio de la Autonomía se mostraron accesibles para que, por el momento, esa fuera la sede. Adrián no se queja al respecto: “aquí tenemos más espacio”.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

El recinto que comúnmente expone salas dedicadas al miedo, y su relación con la historia del hombre, o a asesinos seriales famosos, también alberga en un fin de semana, mes tras mes, a distintos productores mexicanos: comida, ropa, diseño, productos de belleza, ornamentos y peluches, pero también talleres. La antigua sede de la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México, ubicada a un lado de las ruinas del Templo Mayor, es un punto de encuentro que en cada edición toma fuerza. La estación del metro más cercana es Zócalo, de la Línea 2. Es común que se confunda al Palacio de la Autonomía con el Museo UNAM Hoy; pero el destino está unos metros más adentro.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

La zona está abarrotada de sitios de interés (el Museo de la Secretaría de Hacienda, por ejemplo), quizá es por el comercio informal que esto no se toma tanto en cuenta: en la esquina se halla la Casa de la Primera Imprenta en América de la UAM. Esa es la calle indicada: Licenciado Verdad, nombrada así en honor a un abogado y precursor de la independencia nacional. Poco a poco la magia comienza y es increíble que pueda existir un mundo así luego del caos dejado unos pasos atrás. “Está un poco escondido y eso es un problema”, comenta Patricia. No es un lugar de paso para todo aquel caminante aventurado en la gran urbe mexicana.

Apenas termina el Ex Convento de San José de las Carmelitas y el visitante es recibido por una reja metálica precedido por una carpa, en aquella edición (9, 10 y 11 de febrero) el clima amenazaba con ser lluvioso. Esto no era una buena noticia para los expositores que se hallaban afuera del recinto.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

DO IT YOUR SELF A LA MEXICANA

Entre ellos, encontré una propuesta interesante: artículos de belleza hechos con materiales naturales. Diana y Paula son dos chicas que se hartaron de no encontrar un shampoo para, verdaderamente, terminar con la caspa; pero en vez de quedarse con los brazos cruzados usaron sus conocimientos para crear productos eficientes en vez de perpetuar la utilización de químicos. De dos carreras, que ambas estudiaron, una de ellas es dermatología. Es así que Fairy Dust ofrece cremas corporales, pasta dental, jabones, exfoliantes de pies y manos, desodorantes orgánicos y pastillas efervescentes bautizadas como Bath Bombs (ampliamente recomendadas, por cierto).

Llamó mi atención que como expositoras y productoras de su mercancía, estas chicas adornaran de una manera tan peculiar y minimalista su stand. Además de su atención para con la clientela: les piden encarecidamente que les compartan sus experiencias con los productos por redes sociales. “Es para seguir mejorando en lo que hacemos”, me comentó Diana. A propósito del bazar ella mencionó: “no fue complicado que nos aceptaran, basta con que cuentes con redes sociales oficiales y ellos te dicen si entras o no”.

Esos “ellos” no son más que la pareja de diseñadores en los primeros párrafos mencionada. Pero Adrián parece ser el más solicitado por los expositores; si alguien requiere de una extensión para su stand, o algo de logística inmediata, nadie duda en llamarle. Esta vitalidad es contagiosa: se trata de hacer las cosas que a uno le apasionan, de creer en los demás y en lo propio. Todo comenzó el 4 de mayo de 2013. Desde entonces Libre Liebre Bazar se ha propuesto congregar en un mismo lugar a empresarios —aunque no se consideren como tal— cuya producción sea totalmente mexicana; este criterio no responde a cuestiones xenófobas, sino económicas: “México ha ofuscado su industria, el bazar tiene como principal fin revalorar el trabajo de los jóvenes”, sentencia.

Debido a ello, no se puede permitir un estándar laxo: “son productos de buena calidad y sobre todo a precio accesible. Este es un rasgo importante a la hora de determinar qué expositores pueden entrar y cuáles no: por más que nos maraville el producto y esté hecho con la mejor calidad, si el precio es exorbitante para nuestro público, no lo consideraremos”. Este público se conforma principalmente por chicas de entre 13 y 18 años, “pero se ha ido diversificando con el paso del tiempo”, complementa. “Prácticamente podemos decir que, además de buscar alternativas de comercialización de producción, en el bazar la gente va a encontrar cosas libres de la explotación laboral: cualquiera de estos chicos podría estar trabajando en una empresa y ganando, aunque estable, un sueldo miserable. Es autogestivo”.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

Nuestra plática tuvo una interrupción, la lluvia ya no era una amenaza, sino una cruel realidad; más cruel para los expositores en la calle. Necesitaban la ayuda de Adrián para correr unas lonas, esto me dio la oportunidad para ver con detenimiento las demás propuestas. Entre ellas me encontré con unas libretas peculiares. Libelulario es, entre otras cosas, un taller de encuadernación liderado por la señora Ana Laura. Ofrece tamaños diversos y diseños que van desde luchadores enmascarados, corazones anatómicamente correctos y personajes de Star Wars, hasta separadores de estos mismos personajes, de Alicia en el País de las Maravillas y agendas que asemejan la piel de un dragón.

Aunque son más caras, el proceso de esta encuadernación es más complicado, pero tiene su recompensa: ser la imagen de perfil en su página de Facebook al posar al lado de dicha adquisición. Pasos más adelante se encuentra Isabel, una joven fotógrafa con notable amor a los perros; tanto así, el proyecto al que pertenece busca fomentar la adopción de perros mestizos a través de un albergue temporal sustentado por el 70% de la venta.

Los productos, que van desde tazas, pines y libretas tienen por motivo al mejor amigo del hombre. Ella me comentó que todo comenzó por Apolo, un can cuya historia estaba destinada al martirio, pues fue obligado a pelear con un pitbull y su antigua familia lo aventó desde la motocicleta en que se transportaba.

Encontró en la calle a personas más humanas y esos lo cuidaron, desde entonces bautizó la propuesta: Apolo & Friends. Entonces más personas se sumaron y ahora son un colectivo de diseñadores y artistas. A través de su albergue temporal dan asistencia médica y alimento, así como rehabilitación, en espera de que alguien los adopte. “Esto es un proceso también, pues no podemos dejar a los perritos con personas irresponsables”, me explicó. Se puede ver a Isabel y a Apolo posando en una de las postales que también vende el colectivo: es una adaptación reinterpretación de Virgen con niño de Hans Memling.

Caminé un poco más y di con Guiechachi, una pareja encargada de intervenir prendas con diseños que recuerdan a las flores de los vestidos femeninos en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Pese a interrumpirla en su labor, Keren de bordado me explicó: “nosotros tratamos de llevar estos diseños a prendas que las mujeres se pondrían, además de hacerlo a un precio accesible”.

Blusas, vestidos y chamarras de mezclilla se colorean con abundantes flores, casi tan abundantes como los rizos de la bordadora. Pero también hay playeras para hombre y ¡tenis y zapatillas!, todo con marcas nacionales. Miquel, pareja y socio de Keren me comentó que el nombre surge del nombre en zapoteco de la flor conocida como Flor de Mayo o franchipán y es una manera de continuar con un negocio familiar.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

ECONOMÍA AFECTIVA

“Bien pudimos haber hecho el bazar en la (colonia) Roma o algún lugar así. Cobrar altos precios y esperar a que los pagaran, porque sí lo harían, pero no tendría el sentido que le damos a este bazar”, reanudó Adrián, luego de sus ocupadas tareas. Lejos de lo complicado que resulta echar a andar un proyecto así —capital, recursos humanos, organización, planeación, burocracia, impuestos, etcétera—, la posibilidad de concientizar a la gente sobre el modelo de comercialización propuesto es un valor agregado.

“No es una compra venta sin sentido; tenemos una responsabilidad con la sociedad y su no asumimos una conciencia sobre nuestra manera de consumir, nadie lo va a hacer”, complementó; “no hay nada fijo en los expositores: todos ellos han entrado por convocatoria y únicamente se les pide que tengan redes sociales y precios accesibles, además de una concordancia con el público meta en sus productos”.  Es por eso que la realización del bazar en el Palacio de Autonomía va más acorde con este fin: parte de lo recaudado por los administradores del lugar es destinado a las becas y programas de apoyo al estudiantado de la UNAM.

Foto: Cortesía Libre Liebre Bazar

La gente ha reaccionado bien a este bazar y paulatinamente a los talleres, pues “en el fondo es economía intervenida por la efectividad”, consideran los organizadores; los precios de estos no sobrepasan los 100 pesos, con materiales incluídos. “Es una manera de retribuir a la sociedad. Nuestra sociedad”, remató.

No sé de dónde saca energía Adrián para hacer todo esto. Mucho tiene que ver con amor al arte, definitivamente. Aunque aún no hay una fecha certera para el próximo bazar, en marzo habrá uno y espero puedan celebrar sus cinco años de existencia en la sede actual. Algo les faltó mencionar a Patricia y Adrián acerca de la liebre: es uno de los animales que mejor sabe sobrevivir a sus propias inclemencias. Libre Liebre Bazar también sobrevivirá.

Martín Vargas

Martín Vargas

Me gusta contar historias: la forma es lo de menos. A veces una palabra vale más que mil imágenes.

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