Tigres tras las rejas

-A mí me gustan los corridos

porque son los hechos reales de nuestro pueblo.

-Sí a mí también me gustan

por que en ellos se canta la pura verdad.

-Pues ponlos pues.

-Órale ahí van.

El jefe de jefes, Los tigres del Norte.

Recientemente, ‘Los Tigres del Norte’ cumplieron 50 años de carrera artística, han grabado 55 discos y un total de 700 tracks, eso los convierte en los ‘Rolling Stones‘ mexicanos, quienes a su vez, han grabado 81 discos (30 de estudio, 29 recopilatorios y 22 álbumes en directo), siendo Los Tigres los más propositivos en esta parte: con 44 álbumes de estudio entre 1968 con “Juana la traicionera, hasta el 2015 con “A ti madrecita”.

En Argentina, un músico del arrabal escupe a los micrófonos del mundo que: “fue trascendental en mi carrera el ser señalado por Los Tigres del Norte para su disco en vivo… fue como si me hubieran invitado los Rolling Stones”. Ese artista es Andrés Calamaro, quien hizo una versión de “La mesa del rincón” con arreglos especiales en tono de tango, con piano y violines; incluida en el ‘MTV Unplugged: Los Tigres del Norte and Friends’, en donde también colabora Zack de la Rocha, líder de ‘Rage Against the Machine‘.

Los Tigres del Norte han sabido brincar muros y llevar su música a los lugares más inhóspitos del planeta, tal es el ejemplo de Brian Head Welch, ex guitarrista de Korn e hijo de empresarios que llevaron por un tiempo la carrera de los hermanos Hernández, así como los integrantes de Nine Inch Nails, Arcade Fire y Placebo, quienes han demostrado ser fanáticos acérrimos de esta agrupación norteña formada en 1968 en San José California; pero eso poco cuenta, por que…, ¿qué mexicano no lleva tatuada en la piel una anécdota con Los Tigres del Norte?, todos tenemos una, a menos que seas Kaspar Hauser y hayas crecido en cautiverio en completo aislamiento.

Yo ya no recuerdo qué fue primero, si el huevo o la gallina, si los tigres o el norte… pero desde antes de nacer yo ya tenía un referente de ese contrabajo, de aquella acordeón y de aquél bajo sexto, y obviamente, de la voz aguda y apesadumbrada de Hernán Hernández, que se filtraba a través de la marea de mi madre para llegar hasta mis oídos. Recuerdo “Pacas de a Kilo” disipando el miedo que había dejado la ‘Operación Tormenta del Desierto’, batalla que se dio entre Irak y una coalición internacional que estaba compuesta por los Estados Unidos, y que dejó un saldo muy alto de víctimas humanas.

Rememoro, en especial, una yuxtaposición de los noticieros diurnos, con imágenes de la guerra que podrían ser sacadas de una película de Ted Kotcheff con Syvester Stallone, soldados a lo G.I. Joe y cadáveres por todas partes, en trincheras, minas o ciénegas, interpuestas todas a la historia musical  de un niño que creció en la sierra y que aprendió de matemáticas “no más contando costales”. Beligerancia y música norteña. Infancia y resistencia. Desasosiego y emancipación. Sólo una agrupación como Los Tigres del Norte podían representar eso.

Esta también el cine, que terminó por convertirlos en leyendas y personajes míticos de ficción, héroes, nuevos Charles Bronson, vengadores sagaces contra malvados criminales en cintas como ‘La banda del carro rojo’ (1978), ‘Camino al infierno’ (1987) y ‘La camioneta gris’ (1990),  comediantes estelares en ‘Ni parientes somos: contagio de amor’ (1990) al lado nada más y nada menos que de otro inventor del norte: Don Eulalio González “Piporro”; película en donde un par de amigos (Hernán y Raúl) compiten por el amor de una millonaria viuda negra.

Inconsciente colectivo mexicano son Los Tigres del Norte, más que otros personajes patrios deslucidos de laminas para recortar. Son la polifónica aurora boreal, el ídolo justiciero, el sindicato único del sonido norteño que pone a bailar a estadios enteros, los Cyranos de Bergerac contemporáneos, flechadores con botas y sombrero y estrellas de Rock and Roll, abanderados indiscutibles del corrido: el del amor, la situación de los inmigrantes, los eventos políticos y de la corrupción y el narcomenudeo. Los Tigres del Norte son una voz de conciencia social en America Latina y denuncia dentro la música en general, son los jefes de jefes.

En 1968 el Hombre de Negro, Johnny Cash, se presentó frente a los internos de la prisión Folsom en California para dar un estrepitoso y enfadado recital que sería grabado en vivo para un disco nombrado ‘At Folsom Prison’, un espectáculo que desenterró del panteón de las drogas, la ira y la marginación las prendas brunas de Cash, posicionándolo de nueva cuenta en los medios y dándole una nueva reputación a su voz, como un efecto y una causa para los desfavorecidos.

Cinco décadas más tarde, Los Tigres originarios de Mocorito, Sinaloa, se presentaron bajo el mismo techo frente a los menospreciados internos, que corearon con estrépito los corridos que hablan de sus vidas, amores y engaños; convirtiéndose así, en la primer banda de origen hispano en ofrecer un concierto desde la prisión de Folsom.

Las rejas de aquella prisión se volvieron a abrir para la eufonía, pero Los Tigres de Norte no estaban inmortalizando a Cash, sino a sus deudores, los personajes reales de sus historias, los presos, como escribió Vasili Grossman en ‘Vida y Estilo’ (1980): “La gente de los campos, la gente de la cárcel, la gente que se ha escapado de la prisión, la gente que marcha hacia su muerte conoce el extraordinario poder de la música.

Nadie siente la música como los que han conocido la prisión y el campo, como los que marchan hacia la muerte. La música que roza al moribundo no resucita en su alma la esperanza ni la razón, sino el milagro agudo y sobrecogedor de la vida”. Hay una nueva voz para todos ellos, como dijeron Los Tigres del Norte en el templete: “Y nosotros somos esa voz”.

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Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.

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