La creación de Lesley Arfin, Judd Apatow y Paul Rust llegó a principios de marzo con la que sería, según habían anunciado previamente, como la última temporada. Todo tiene un final, es cierto; sin embargo, al concluir el episodio conclusivo queda la sensación de insatisfacción: los personajes se mostraron de una manera tan definida que el desenlace resulta apresurado. Esta vez, y al igual que la segunda temporada, fueron 12 los capítulos donde se relatan las vicisitudes de Mickey Dobbs (interpretada por Gillian Jacobs) y Gus Cruikshank (interpretado por Rust) en su intento por mantener una relación amorosa en medio de otras vicisitudes: la vida diaria.

Un punto favorable de esta temporada fue enfocar la historia en personajes secundarios. Claudia O’Doherty en su papel de Bertie Bauer logra apropiarse de la pantalla para contar su visión de la vida. Aunque sólo es a través de un capítulo (y otros hasta llegar al último pero en menor medida), la soledad de estar lejos del hogar y lo recurrente que resulta el autoengaño para estar estable es una problemática que no retrató la pareja principal en las dos temporadas anteriores. Esto confirma lo anterior descrito: este tipo de historias pudieron haberse desarrollado mejor en otras temporadas pero no tanto como para hacer un spin-off.

¿Se puede contar lo complicado que es tener una relación sentimental seria en 34 capítulos? Love, por momentos, parece lograrlo. Hay capítulos entrañables como “Un día” de la segunda temporada, pues es un retrato donde cualquiera desearía verse; además de ser una de las mejores etapas en una relación. La actuación sigue congruente con este propósito: los miedos, inseguridades y esfuerzos de la pareja llevan a enfrentamientos graciosos. Este es un espejo donde todos alguna vez se han visto.

La narrativa, el montaje y el diseño de producción son adecuados. Hay pocas veces donde la historia parece innecesaria: hablar del trabajo y cómo afecta a una relación sentimental es algo rescatable en el guión. Sin embargo, hay actuaciones no del todo logradas: tal es el caso de Iris Apatow, en el papel de Arya Hopkins; la actriz adolescente con la que Gus lidia como alumna. Quizá esto se debe al poco tiempo que le dieron a estos personajes para desarrollarse a cuadro.

Con una versión propia de un lugar común, el final es feliz. Esto no resulta extraño: la mayoría de las producciones que tienen el sello de Apatow (Ligeramente embarazada, Virgen a los 40) así lo hacen. Sin embargo una pareja tan realista y fuera de la mayoría de lugares comunes en comedias románticas como Mickey y Gus merecían algo distinto. No se me mal entienda: pasa que en la mayoría de las ocasiones el amor no siempre lo puede todo, pero más allá de eso la casualidad conspira de manera tan favorable en el último capítulo que todo parece increíble; y no en el mejor sentido de la palabra.

Parece que Love será una de las producciones con un cierre definitivo de temporada con sabor agridulce. ¿Por qué te encanta vernos sufrir, Netflix?

Martín Vargas

Martín Vargas

Me gusta contar historias: la forma es lo de menos. A veces una palabra vale más que mil imágenes.

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