La última Menstruación de Verónica Castro: «Joven y capitalista»

La lógica de una banda que arriba a las Pléyades de las portadas de ‘TV Notas’ —lo más alto de la fama en México— es muy elemental: ensayan durante un par de meses en un garaje. Tocan los fines de semana en un garito donde un cazatalentos los seduce y rescata convirtiéndose en su manager.

Graban álbumes que son hits estratosféricos durante una década de glamour y drogas en la que se convierten de cursis a psicodélicos, hasta que una mujer fea —por lo general una artista visual— llega a sus vidas para separarlos. Esta es la historia de todas las bandas del mundo, desde Los Relámpagos del Norte pasando por Los Temerarios hasta las más desconocidas, como los Beatles.

Curiosas son aquellas agrupaciones que le dan la espalda y no las nalgas a la farándula, las que no quieren aparecer en revistas al lado de intelectuales como Niurka Marcos o Ninel Conde, las que prefieren su cubo de mierda —que utilizan como cuarto de ensayo— a los adoquinados estudios de la Universal; las que prefieren tocar en hoyos infrasociales en vez de los clubs nocturnos donde se prostituye el capitalismo.

Esas bandas de degenerados que dejan una sola cinta y ningún legado musical ni cultural, que pasan desapercibidas; aquellas de las que absolutamente nadie escribirá ni una sola línea; las que construyen casets que son en verdad torres de babel dentro de la música pop; que establecen una fuerte oposición a todo lo que comúnmente se le llama rock, a cierta manera de toca y componer que no es propia de su persona; que planean equivocarse en cada acorde, anunciar la muerte en toda canción, en todo álbum, pregonar la partida —porque saben que al formar una banda se está agonizando también—. Caer en cada presentación de bar, afrentarse al silencio y después desaparecer.

Verónica Castro aka “La Recogida” aka “Rosa Salvaje” aka “Chiquita pero Picosa” nunca se imaginó el deslucido homenaje que le haría una banda que representa la metáfora perfecta de la derrota: La última Menstruación de Verónica Castro.

La actriz nunca había participado en un título tan cutre, no desde 1975, año en que rodó Guadalajara es México del director Fernando Durán Rojas; un intento del gobierno tapatío de promover a la ciudad como la última Coca-Cola del desierto, y en donde Cornelio Reyna (Sí, el de Los Relámpagos) regresa a la fachosamente llamada «Perla Tapatía» para proponerle matrimonio. Cutre es poco, pero vamos, que la carrera de «La Castro» se basa en la hagiografía de la naquez; por eso no se nos hace raro que pueda existir una banda con un nombre así.

¿Será que Armin Meiwes alias «El Caníbal de Rotemburgo», está detrás de este proyecto originado en Guadalajara en colaboración con José Luis Calva «El Poeta Caníbal» y Juana Barraza «La Mata Viejitas»? Dudar es una constante en esta ciudad. Quizás la banda esté diseñada como un producto artístico conceptual. Una obra de arte más que una elemental banda de Punk y que su biografía haya salido de la mente oscura de Francisco Domínguez (dueño del bar ‘Vietnam’, el mejor en todo Guadalajara). No te lo voy a decir, porque como decía Frank Zappa, no esperes que el Underground vaya hacia ti, tú tienes que ir hacia él.

Sólo sé que LUMDVC tiene ese sonido anfetaminoso que te parte la cabeza en dos; anarquista, antifascista y claramente anti-careta esnobista. Es la muerte del video star y de los sonidos todos de la televisión. Anti-todo. Tapatíos homeless hasta la médula. Gritos estrambóticos y buenas letras cargadas de una ira debut. Un fiel retrato del odio al progresismo hecho música. Un sonido único que cae en lugares musicales poco comunes. Mezclas perfectas con un agregado de Noise y voces que suman millón y por algunos momentos, con un poco de poesía Punk-anarco y bizarres en una cuota perfecta que droga y tira al más yonqui.

LUMDVC están firmados por Ser de Metepec Récords, y han grabado un primer álbum titulado Joven y Capitalista. Disco de varios matices con el que te dan ganas de patear todos los escritorios en las oficinas de Primer Mundo y tomarte un camión guajolotero con destino a Guanatos para procurar esas drogas buenas de la calle Hospital; obviamente, haciendo algunas paradas estratégicas en los propios bares de la vieja escuela para anestesiar la cruda realidad.

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Mixar López

Mixar López

Narrador, cronista y periodista musical. Es colaborador de varias revistas y periódicos de México, Estados Unidos y América Latina. Vive en Des Moines, Iowa. Su primer libro de crónicas, Prosopopeya: La voz del encierro, está próximo a ser publicado.

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