Marie Kondo es una japonesa experta en orden y limpieza, también escritora de una serie de libros sobre el tema, los cuales, han presentado altas ventas en todo el mundo. Netflix llevo hasta las pantallas una serie donde se abordan métodos para mantener el orden en casa y otros espacios. Durante esta serie, la japonesa sugiere previa a la polémica, no tener más de treinta libros, a lo cual los puristas de la lectura, respondieron con desaprobación en sus redes sociales, provocando un mame pro lectura muy superfluo.

En México la cosa no fue diferente, los memes se encargaron de “poner en su lugar” a la asiática “anti-lectura”. A decir verdad, fue un buen pretexto para sacar la pose intelectual que muchos bien cuidan en sus redes sociales. Ante todo esto, divagar sobre el tema del número de libros que uno puede tener en casa y la lectura, son dos ejes paralelos que pocas veces se cruzan. Vayamos por partes.

La lectura como look

Cómo olvidar aquel slogan de la librería Gandhi que rezaba en sus espectaculares amarillos diciendo “si eres feo, te urge leer” o a la marca de desodorantes Axe quien aseguraba que “El look ¿Quién necesita el look cuando tienes los libros?” y la campaña a favor de la lectura del consejo de las comunicaciones, donde una chica con un piercing y haciendo dukeface posa a lado de una frase que dice: “un piercing te hace ver bien, leer te hace interesante” ¿En qué momento se nos ocurrió conjugar vernos bien, con leer? Pero esto no es moda millennial,  conjeturas de estas, esa pose del lector cool, es mucho más vieja de lo que se cree.

En el libro “Genealogía  de la soberbia intelectual” Enrique Serna señala cómo en tiempos de Catalina la Grande, los tapiceros de oficio, vendían lomos de libros huecos con empastados lujosos para adornar los anaqueles de las bibliotecas que, dicho sea de paso, aquellos libros se encontraba huecos. Una práctica con ciertas similitudes de lo que vemos hoy en día en redes sociales cuando seguimos a páginas de literatura o pequeñas citas de libros que, fuera de su contexto, no nos dicen nada.  El escritor francés Pierre Bayard encontró un oasis de contenido referente a los libros y la no lectura en su libro “Cómo hablar de los libros que no se han leído”. Sin embargo, quien se acerque al libro en pro de encontrar una receta para evadir la lectura y al mismo tiempo quedar bien frente a la muchedumbre, podría salir quedar mal parado.

Serna continua en su libro con esta cita: “A finales del siglo XV, cuenta Alberto Manguel en su “Historia de la lectura”, las gafas habían llegado a ser un instrumento lo bastante familiar como para simbolizar no sólo el prestigio de la lectura, sino también sus abusos. Apartado del mundo, sintiéndose superior a los no familiarizados con las palabras conservadas entre tapas polvorientas, el lector con gafas era tomado por loco y las gafas se convirtieron así en emblema de arrogancia intelectual”

Si bien, sabemos de sobra que la lectura (y la escritura) nos dota de una serie de conocimientos y métodos valiosos con diversos fines, tampoco podemos negar que la lectura se ha usado como look.


No estamos para ofendernos

Marie Kondo fue puesta en el ojo del huracán al decir que lo ideal es no tener más de 30 libros. Días después de colocarla en la hoguera de los letrados, Kondo salió a explicar lo que muchos mal entendieron. Asegura que puedes tener los libros que quieras, siempre y cuando te hagan feliz, y que es mejor donar los libros que ya no quieras, a tirarlos. Me parece que la explicación está de más. Pongamos en contexto el programa. Es un programa que está dirigido a un público en general, si usted es profesor, escritor o amante de la lectura, entenderemos que su criterio no se empareja con las sugerencias de Kondo, y por lo tanto tomaremos a la ligera dichas palabras. En México de acuerdo a la ENCUESTA NACIONAL DE LECTURA Y ESCRITURA 2015[1], leemos al año 5.3 libros, 3.5 por gusto y 1.8 por necesidad, mientras que en países como Finlandia se leen un total de 47 libros al año, mientras que en nuestro continente, Chile lee al año un total de 5.4 libros. México supera en cantidad a países como Brasil y Argentina, quienes en sus índices muestran un 4.0 y 4.6 respectivamente.

[1] https://observatorio.librosmexico.mx/encuesta.html

Claro, en México, hay honrosas excepciones, esos que leen por mucho arriba del promedio, pero no perdamos de vista nuestra condición lectora como país y en promedio. Es decir, nos indignamos por un programa de boutique que sugiere no tener más de 30 libros en casa, cuando como país, no superamos los 10 libros leídos al año. Por supuesto que hace falta muchas más iniciativas del fomento a la lectura y a la escritura y no sólo a leer y a escribir, sino a formar sujetos consecuentes y autores de su propio criterio. La misma encuesta nos arrojan datos relevantes, donde quiero destacar dos:

•El principal motivo de lectura en México es el entretenimiento.

• Las plataformas y formatos digitales cada vez tienen más preferencia en la lectura.

Me gusta pensar en estos datos como una antítesis de los cánones puristas, donde se no dice que el entretenimiento es malo, y por otro lado, en el punto dos, reducir el culto al papel, y aumentar el  culto al conocimiento.

¿Lectores o archivistas del consumo?

Simon Reynolds en su libro Retromaniacomparte un aparado sobre un texto de Jacques Derrida “Mal de archivo” donde devela un delirio u obsesión por la documentación, sobre todo en el estallido de los archivos digitales en internet. Hace algunos años, en un grupo de Facebook para compartir libros, alguna persona subió una liga de descarga libre con más de mil títulos, que iban desde la poesía, la filosofía, la historia, las novelas y otros géneros. La gente se volcó a descargar dichos archivos, que no dudo que fuera una buena elección, pero ¿En verdad requerimos mil libros? Y sobre todo ¿En realidad requerimos esa cantidad desmesurada de conocimientos? Me parece que ocurre algo muy parecido a la sobrecarga de información, termina por desinformar. Reynolds apunta: Esta actividad conlleva una sensación de frenesí; es como si la gente estuviera colgando material – información, imágenes, testimonios-  con loca prematura antes de que un apagón masivo inutilice todos nuestros cerebros. 

En el contexto de lo que señala Kondo, me parece un buen ejercicio liberarte de libros que creas que no te son útiles (porque los hay), podría ser un buen ejercicio de discernir entre lo que nos interesa y no, o acaso debemos ser fans de todo. Me parece que en algún punto, con los datos anteriores, contra lo que atenta Kondo con su declaración, es contra nuestro privilegio y estatus de consumo intelectual y no contra la lectura. Ser lectores o parecer serlo, siempre nos da un estatus, los objetos nos brindan ese estatus, y como dice Jean Baudrillard: “En las llamadas sociedades de consumo, los objetos ya no se producen, ante todo, para dar satisfacción a las necesidades primordiales del hombre, ni tampoco a esas necesidades secundarias, pero no menos reales, de la comodidad, el esparcimiento, el lujo estético”.

Para finalizar, quisiera agregar que no tomemos a pie juntillas todo lo que leemos, vemos y escuchamos por ahí, sobre todo sabiendo de dónde viene. Ejercer nuestro criterio ante aseveraciones simples, nos puede evitar un mal rato. Por otro lado, queda claro que debemos trabajar más como país y sociedad en los ejercicios de la lectura y la escritura, ejercicios inseparables para generar memoria, conciencia, conocimiento y pensamiento crítico, tal como lo señalan expertos como Gregorio Hernández Zamora, quien ha trabajado con énfasis en la escritura como complemento de la lectura misma.



TE PUEDE INTERESAR

ALBERT CAMUS… EL REBELDE DE LO ABSURDO

EXPLOSIONES QUE NOS CIEGAN: ENTREVISTA A FABRIZIO MEJÍA MADRID

NO RESPONDO NO

EL PRINCIPITO CON LENGUAJE INCLUYENTE

CATEDRAL: TRIBUTO A GUILLERMO FADANELLI

MANGA MEXICANO: ¿A QUIÉN LE DICES ÑERO SI ME CONOCES MEJOR DE LO QUE CREES?

Ángel Armenta López

Ángel Armenta López

Estudios en la academia de Arte y Patrimonio cultural en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Especialización en gestión de la música.
Periodista cultural y director en el Festival Heterodoxias. Ponente nacional e internacional en temas relacionados a la música, la gestión y la cultura pop.

Previous post

PRIMUS: CUANDO ESCUCHAS PASOS EN EL ÁTICO

Next post

XX AÑOS DEL VIVE LATINO