Meelt, dúo conformado por Alejandra y Uriel, no se erige punk aunque muchos asocian su música con ese género. Ellos solo la pasan bien mientras toman situaciones cotidianas y las convierten en canciones.

Tanto San Juan de Aragón como la colonia Tabacalera son zonas del área metropolitana incesantes: la primera, ubicada al noreste, se edificó en 1962 y  desde entonces no ha dejado de crecer en cuanto a población y todo lo que esto conlleva. La segunda, enclavada en el corazón comercial y cultural de la capital, mantiene dos vidas: una diurna llena de oficinistas y una nocturna que va del sexo-servicio a los bares de cerveza artesanal.

Meelt es una banda que conjunta ambos puntos. Y no solo porque Alejandra Acosta (baterista) radica en la demarcación que guarece al Monumento de la Revolución y Uriel Mena (bajista) ha desarrollado su vida en ese sitio que también presume un zoológico.

Meelt es la conjunción de ambos puntos porque sus integrantes toman todo lo que les sucede en sus contextos variopintos – desde un golpe de calor hasta la apertura de las puertas del metro – y lo transforman en sonido. El resultado: una interpretación del caos de la ciudad que no deja a nadie indiferente.

Fotos: Yair Hernández y PJ Rountree

La influencia de la ciudad

El mejor show de Meelt no tuvo público. Un sitio vacío en Santa María la Ribera fue el escenario para el que Alejandra reconoce como el toquín que más le ha gustado:

“Fue increíble saber que teníamos darlo todo ante nadie; no había nadie, estaba vacío y fue muy fuerte. Creo que Meelt nunca se puede sentir incómodo. A lo mejor con un poco de nervios pero ya ni sé si los sentimos. Como que cada vez entendemos que no hay nada que perder”.

Es jueves, pasan de las 8 de la noche y en el departamento de Acosta no es difícil percibir los sonidos de cláxones y murmullos que permean el ambiente de Ignacio Mariscal, su calle. Uriel, que no pudo venir por cuestiones personales, se mantiene atento desde el otro lado del monitor gracias a una videollamada.

La baterista continua:

“Ya no nos asusta lo que pueda pasar porque ya sabemos que existe una reacción; ya sea buena o mala pero existe una reacción y está bien: genera un cambio, un espacio para un diálogo. Últimamente nos ha gustado mucho la respuesta porque siento que la gente ha logrado conectar con lo que nosotros proponemos que es una banda que quiere pasársela tranquila, que se hace responsable de lo que hace”.

Lo que hace Meelt es llevar lo personal – que parte del entorno citadino – a un panorama colectivo a través de canciones que para muchos se engloban dentro del punk – aunque el dúo reconoce que no mantiene dicho género como intención.

Alejandra da un ejemplo de cómo interiorizan lo cotidiano: “En Último Vagón, la segunda del nuevo disco, yo estaba esperando el metro y dije:

‘Voy a grabar cómo llega el metro’. En el Re, de Café Tacuba, tienen una canción que se llama El Metro que empieza con el metro llegando. Entonces pensé que tenía la oportunidad de revivir el Re, que es un disco muy cabrón, pero llegó el metro y nunca sonó el timbre de la puerta. Y eso me pareció súper chido: como la ciudad no te da lo que quieres. Me parece algo súper poético. Lo otro hubiera sido ir a otro metro, volver a grabar y que suene en la canción, pero nosotros no somos así. Es una metáfora de lo que podría ser Meelt: algo que no funciona pero que a nosotros nos gusta. Como la Ciudad. O que funciona dentro de lo que es”.

Uriel interviene para secundarla:

“Es algo que platicamos con Israel (Belafonte Sensacional) y varias bandas y amigos: que la ciudad es uno de los grandes referentes y lo que más nos nutre. Esa cuestión de narrar el entorno… no hay esa necesidad de contar sobre lugares en los que no vivimos o donde ni siquiera imaginamos el contexto. Poder narrar situaciones personales y generales de la ciudad es algo que siempre nos está impulsando”.

Aunque las situaciones de la urbe no siempre son positivas: el acoso y violencia hacía mujeres y niños son cosas que ambos músicos identifican como detestables. Por eso reconocen que su sentir con la ciudad es ambivalente: amor y odio.

Meelt es muy citadino en el sentido inmediato; es una respuesta a algo pero no sabemos a qué”, confiesa Alejandra.

Fotos: Yair Hernández y PJ Rountree

Un nacimiento no planeado

Alejandra y Uriel se conocieron en un taller de Diseño y género. Él acudió al curso por una cuestión escolar y ella porque quién lo impartía era su amiga y la invitó de oyente.

“Ahí nos conocimos. Me cayó bien porque pregunte algo sobre el capitalismo que en ese momento no lograba entender y él abrió su cuaderno así de: ‘Justo acabo de anotar algo sobre eso’. Se me hizo buena onda y después de eso nos agregamos a Facebook”, recuerda Alejandra.

A través de la red social de Zuckerberg, los jóvenes diseñadores empezaron a convivir: memes, chistes y charlas sobre temas inverosímiles fueron aspectos que cimentaron su amistad.

Luego, Uriel invitó a Alejandra a una tocada en La Esmeralda:

“Tocó una banda y dejaron los instrumentos para que tocara quien quisiera. Entonces nos montamos. Antes de eso no habíamos ensayado pero ya teníamos la idea de hacer una banda”, cuenta la baterista.

“Yo ni siquiera sabía si Ale tocaba algo. Para mí era de hacerla ya”, agrega Uriel.

“Buenas tardes. No tenemos redes sociales y somos Meelt”, fue la frase con la que se presentaron ese día y que marcó el comienzo del grupo. Más tarde ambos celebraron el natalicio musical no planeado comiendo pizza de Little Caesars.

Fotos: Yair Hernández y PJ Rountree

Triunfos de ayer

“Pienso que este nuevo álbum nos abrió más puertas, nos dio más triunfos. Pero está cagado porque siento que fue algo esperado e inesperado; como que fue un factor sorpresa que se tomó muy chido pero igual inesperadamente. Fue abrupto y a la gente le latió un chingo”, dice el bajista sobre su último material sonoro: Triunfos Pasados.

Triunfos  Pasados, corta duración – 5 canciones que en conjunto no rebasan los 20 minutos – que salió el pasado 19 de febrero, mantiene la esencia de estruendo y crudeza de Buscapleitos (enero, 2018), disco antecesor y debut de Meelt, pero tiene ciertas particularidades, por ejemplo: un bajo más “cochinísimo”, como lo describe la encargada de los tambores.

Ella ahonda en el tema de la grabación:

“¡Estuvo súper chido! Él – Miguel Fraino, encargado del estudio de grabación Vesubio e integrante de Cardiel – nos entendió perfecto por dónde iba; en ningún momento nos presionó, hubo química. De hecho la grabación fue rápida: teníamos demasiado claras las canciones porque justo el año pasado hicimos un ejercicio de dejar ensayar las de Buscapleitos para ensayar las nuevas. Entonces, cuando llegamos a grabar, ya no hubo error; ya sabíamos a qué queríamos sonar. Estaba demasiado claro para todos. En el mix hubo un poquito más de detalles. En cuanto se entregó la mezcla final fue de ‘Ya está’”.

“A mí me sorprende un chingo ensayar y tener una idea de lo que es una canción, pero cuando la grabamos y sucede la mezcla el resultado es completamente diferente aunque va por el mismo camino. Me sorprende un chingo. Es la parte chida de ensayar muy carentemente”, interviene Uriel respecto a los días que pasaron en el estudio.

Luego revela su proceso de composición:

“Las canciones van saliendo muy orgánicamente y está cagado porque es un proceso de que un día ensayamos, nos late algo, lo grabamos, Ale hace la letra y después seguimos con la canción. Pensamos como en frases o dichos que nos laten y es de: ‘Claro, hay que hacer una canción que se llame Fauna Nociva’. Una onda temática, de cómo sonaría eso que pensamos. Después, cuando tenemos unas 5, 6 rolas listas, decidimos grabar”.

El arte de este material es una fotografía del dúo arrodillado y vistiendo uniformes de futbol. El encargado de tan pintoresca imagen fue el fotógrafo PJ Rountree, a quien eligieron por la autenticidad de sus retratos y una mutua coincidencia en el sentido – y sentir –  de ciudad.

Fotos: Yair Hernández y PJ Rountree

Triunfos futuros

Jugar futbol, patinar, una marca de ropa e ilustrar son algunos de los triunfos pasados de Meelt. En esa categoría, de grandes logos de antaño, también adjuntan todo lo que suscitó su primer disco y su primer show en el Multiforo Alicia.

Pero al hablar del futuro, ¿qué expectativas tienen?

“Pasarla bien; en ningún momento sentirme frustrado, disfrutar mucho el proceso. Es algo que hacemos cuando ensayamos, cuando tocamos, hemos hecho buenos amigos. La expectativa sería seguir pasándola bien, haciendo cosas que nos gusten. Creo que cuando pones expectativas en cosas específicas podrías no voltear a ver otras cosas muy chidas. Con Meelt hemos tratado de ser lo más abierto posibles a todo tipo de experiencias”, responde Alejandra.

Y agrega su concepto de éxito:

“El éxito sería hacerlo todo con amor, como ese disco de Juan Gabriel. Creo que estamos muy mal acostumbrados a no disfrutar y tener expectativas altas, entonces sería disfrutar; si somos malos no pasa nada”.

Para Uriel los logros suceden día con día:

“Desde que nos respondan un post con un corazón hasta tocar un sábado. Como persona, Meelt es lo que más me llena y me siento exitoso en eso. Como banda es eso de las pequeñas cosas”.

“Todo tiene que ver desde dónde lo haces; nosotros nos damos cuenta que desde donde tocamos, que podría sonar cursi pero desde el corazón, la gente no es agresiva. Hay una conexión al decir: ‘Son bajo y batería’. Ahí hay una cierta conexión y me parece súper exitoso: lograr que nos escuche alguien que no conocemos me parece algo muy cabrón”, agrega Ale.

A las diez de la noche la videollamada con Uriel termina. Alejandra se extiende algunos minutos para contar cómo consiguió las playeras Lotto que usan en la portada de Triunfos Pasados y de la vez que hicieron tardeadas con ilustradores amigos con el fin de juntar dinero para lo que será su primera salida del país.

Al salir del departamento y caminar sobre Puente de Alvarado para llegar al metro, un par de trabajadoras sexuales se acercan a un chico y, mientras le tiran piropos, pasan sus manos por los bolsillos de su chamarra: intentan bolsearlo. El chico capta la intención y se baja de la banqueta para acelerar el paso.

Ante tal escena, y con la charla aún fresca, es inevitable pensar en que una situación así es algo en lo que Alejandra y Uriel podrían encontrar inspiración; una probadita del caos citadino que Meelt logra convertir en canciones.

Fotos: Yair Hernández y PJ Rountree

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