Hablemos, pues, de Master of Puppets, el tercer álbum en la larga trayectoria de Metallica, una de las bandas más relevantes y exitosas de la industria musical, y quizá la más importante en la historia del heavy metal.

Lanzado en marzo de 1986, la tercera producción de James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Cliff Burton, el mítico primer bajista oficial de la banda, Master of Puppets es, para los fans y la crítica especializada, la obra maestra de Metallica. Teniendo como antecedentes los discos Kill ‘em All (1983) y Ride the Lightning (1984), pero sobre todo este último, era claro que el cuarteto de San Francisco tenía un toque distinto a muchas bandas de su generación, había algo, digamos, especial en la música del grupo. Master of Puppets lo comprobó y, por si fuera poco, los colocó en la cima del mundo metalero.

Lo que sucedería tan solo unos meses después, sin embargo, sería la primera amarga experiencia de la joven agrupación, y lo que muchos catalogarían como “el principio del final” de Metallica. En septiembre de 1986, el bajista Cliff Burton perdería la vida a causa de un terrible accidente sobre la carretera, dejando a la banda con un futuro incierto. Burton tenía 24 años de edad. En medio del dolor, el grupo decidió continuar y en muy poco tiempo encontró a su nuevo integrante: Jason Newsted.

En 1988 sale …And Justice for All, el primer trabajo de Metallica sin su mítico bajista, aunque sus créditos aparecen en “To Live is to Die”; un álbum en el que la música de la banda se volvió mucho más oscura y pesada. Sin embargo, algo había dejado de suceder. Pese a que se trató de un disco con buen recibimiento, parecía que le faltaba algo para convertirse en otra gran producción. A partir de ese momento, la figura de Jason Newsted cobró importancia, pero no de buen modo.

Mientras Hetfield, Ulrich y Hammett hacían lo posible por integrarlo, simplemente el tipo no era del agrado de muchos de sus fans, incluso en el propio seno del grupo no terminaba por cuajar. Todo hacía suponer que el fin de Metallica estaba próximo, y para muchos así fue; el hecho de haber grabado un videoclip de “One” para la televisión tuvo como resultado el rechazo de sus seguidores más fieles, quienes los tacharon de “vendidos”. Metallica iniciaba así una nueva etapa.

La década de los 90’s nos entregó a un grupo totalmente distinto: mucho más tibio y más condescendiente con la industria. James, Lars, Kirk y Jason se encontraban en las ligas mayores y, con el pretexto de la “evolución”, se adentraron en terrenos musicales muy dispares de lo que ellos mismos construyeron la década anterior. Es decir, de un thrash poderoso y letal como el de “Disposable Heroes” pasaron al country y casi rock-ballad en “Mama Said” en Load (1996).

Para 1999, Metallica sobrepasó sus propias fronteras al hacer mancuerna con la Orquesta Sinfónica de San Francisco, dejando como testigo S&M, álbum doble grabado en vivo. Hasta ese punto podríamos decir que el grupo recogía los frutos (la fama, los millones de dólares en sus cuentas bancarias, el éxito, etcétera) de lo que sembró desde sus inicios, pero otro trago amargo habría de llegar muy pronto.

Adentrados en el nuevo milenio, y en medio de una pugna legal contra Napster, Metallica tenía programado lanzar un nuevo álbum (no lo habían hecho desde 1997, cuando presentaron ReLoad), pero Jason Newsted tomó la decisión de salirse del grupo “por razones personales y privadas, así como el daño físico hecho a mí mismo a lo largo de estos años”. La partida de Newsted, quien siempre se declaró fan de la banda, trajo consigo la peor crisis en la historia de Metallica, pero también fue el principio de un nuevo ser, un nuevo monstruo.

SOME KIND OF MOSTER

En pleno 2001, cumpliendo 20 años desde su formación, Metallica dejó atrás los estragos provocados por la salida de Jason y, ahora con su productor desde el llamado “Black Album”, Bob Rock, el cuarteto continuó las con las grabaciones de lo que, posteriormente, saldría bajo el nombre de St. Anger (2003).

Las sesiones fueron terroríficas, largas y muy tensas, con unos James, Lars y Kirk alejados entre sí y recriminándose lo que se guardaron por muchos años. Era notorio que había un gran descontento en cada integrante. Fue entonces que, por convicción propia, Hetfield se internó en una clínica de rehabilitación para solucionar sus problemas con el alcohol y otras adicciones, mientras Lars, Kirk y Bob Rock no supieron qué hacer, sólo esperar.

Poco menos de un año después, el frontman de Metallica regresaba con su manada y el futuro del grupo, que había permanecido con una gran incógnita, comenzaba a tomar forma. Una nueva era en la agrupación estaba en camino, dando forma a una nueva banda. Física y mentalmente, James Hetfield regresó sobrio y, quizá, con otro tipo de inspiración.

Presentado oficialmente en junio del 2003, St. Anger es el reflejo de una banda que resurge de sus propias cenizas; James, Lars y Kirk fueron testigos de la muerte y resurrección de Metallica. Sí, los problemas entre ellos continuaron, pero salieron adelante, apostando siempre por el bien de la música y del grupo. Era el marco perfecto para una celebración de 20 años desde que se editó Kill ‘em All en 1983, donde, además, se subió al barco un nuevo integrante, el cual tomaría el rol del bajo: Robert Trujillo. Su influencia fue inmediata.

Puede que St. Anger no sea el mejor álbum en las más de tres décadas de trayectoria de Metallica, pero sí es uno de los de mayor trascendencia y que, con el tiempo, ha conseguido un nuevo valor. Líricamente, uno puede conectar al instante; James Hetfield da rienda suelta a sus peores demonios y los deja ser, los deja salir. Era necesario para cerrar una etapa que, si bien fue exitosa, tuvo consecuencias graves y la casi disolución del grupo. Sin St. Anger, Metallica no sería lo que es ahora.

Some Kind of Monster salió un año después, en 2004, un documental que aborda las dificultades durante la grabación de su octavo álbum (Garage Inc. es un disco de covers y S&M es un álbum en vivo, aunque con un par de canciones inéditas hasta ese entonces, por lo que no se cuentan oficialmente como nuevos trabajos). No es el clásico filme de una banda de rock, en el que se ve a los músicos rodeados de lujos, fama, sexo, drogas y demás clichés, sino que presenta de una manera muy humana lo que sucede abajo del escenario, en la vida real, sin importar que para el mundo seas la banda de heavy metal más importante de todos los tiempos.

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Alonso Efeese

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