Juana Leticia Rodríguez y Betancourt, presidenta de la Academia Nacional de Ciencias Farmacéuticas refirió que México es el segundo país en el mundo con mayor número de plantas medicinales registradas.

Lo anterior, destacó, refleja el gran potencial que hay para su uso en la terapéutica y los retos que se enfrentan para demostrar su eficacia, seguridad y calidad.

“Si pudiéramos aprovechar toda esa posibilidad tendríamos muchos productos naturales los cuales serían medicamentos, lo que permitiría que la población tuviera acceso a ellos de manera económica”, explicó la especialista durante el decimoséptimo Simposium de Plantas Medicinales.

Actualmente, reconoció que las universidades son quienes realizan este tipo de estudios por lo que es necesario tener mejores políticas y más apoyos para impulsar más esta investigación.

Por ello, durante el encuentro, no sólo se habló de estudios en plantas consideradas benéficas para la salud, sino también de lo fundamental de su conservación, pues varias de ellas pueden ser endémicas y si se sobreexplotan se agotaría el recurso.

Por su parte, Jorge Velázquez Ramos, director de la Facultad de Química, añadió que buscar en lo natural principios activos para padecimientos que sufren los humanos es histórico, por lo que es natural que la investigación científica de las plantas, en instituciones como la UNAM, sea clave para la salud de las personas.

Velázquez Ramos agregó que hay plantas de las que históricamente se sabe que tiene un uso farmacológico, por lo que es indispensable que las nuevas generaciones de químicos las examinen y extraigan de éstas los principios activos en beneficio de la sociedad.

Rachel Mata, ha revisado los compuestos activos de plantas como la cola de zorra, la salvia circinata o la prodigiosa para saber exactamente cuáles son las moléculas que permiten a quien las toma reducir sus niveles de azúcar en la sangre.

La experta reconoció que varias de esas plantas han sido documentadas desde hace tiempo como útiles contra la diabetes, pero no se había analizado a fondo cuáles de sus compuestos son los que tienen este efecto benéfico.

Estas plantas, añadió, crecen de forma muy lenta y la gente no las valora al considerarlas sólo un adorno, por lo que el trabajo desarrollado en su laboratorio ofrece una oportunidad de conservación de este tipo de organismos. 

También el uso de estas plantas medicinales como los hongos promueve la conservación de la biodiversidad.

La extraordinaria biodiversidad mexicana posee un reservorio importante de plantas y hongos que atraen tanto a científicos y artistas, como a personas que buscan experiencias extrasensoriales o también místicas, mediante el uso de especies como los hongos alucinógenos llamados “niños” por la célebre María Sabina, o el peyote, cacto de consumo ritual en la etnia huichol, entre otras.

Científicamente, a estos organismos se les conoce como drogas porque alteran la cognición y la percepción de la mente, pero para las culturas originarias son “plantas de poder” o “plantas sagradas”, y cada una genera efectos particulares, según sus principios activos.

Por los estímulos que producen a las células nerviosas, estas especies propician la exaltación de los sentidos y de la imaginación, por lo que en algunos casos han abierto al arte posibilidades expresivas, por ejemplo, la psicodelia del arte pop y, en otros, desde tiempos ancestrales han sido canales de conexión mística.

  • Alucinógenas, por la mezcalina que contienen, como el peyote o péyotl (Lophophora williamsii). Este cacto pertenece a la región huichol, cultura de la que conocemos figuras geométricas de intensos colores, o la psilocibina de los hongos teonanácatl (Psilocybe mexicana) de la sierra Mazateca.
  • Inductoras del trance, como la hoja de la pastora o pipiltzintzintli (Salvia divinorum) y la marihuana (Cannabis sativa), que producen un estado de letargo y languidez, en el cual se exalta la percepción hasta grados de irritación y la estimulación de la imaginación se usa con fines adivinatorios en contextos rituales.
  • Cognodislépticas, como el manto de la virgen u ololiuhqui (Turbina corymbosa), que estimulan la imaginación, avivan las sensaciones y la fantasía, y aunque difícilmente producen alucinaciones, alteran mecanismos de la memoria y se usan en la oniromancia o adivinación durante el sueño.
  • Delirógenas, como el toloache o tolohuaxihuitl (Datura stramonium), cuyos potentes efectos nublan la conciencia, detonan un delirio similar al que causa la fiebre, desorientación e intensas alucinaciones que impiden a la persona distinguir la realidad. Se les ha utilizado en ritos de hechicería, para causar daño a otros o para atontar la conciencia.

José Luis Díaz documenta esta veta de la biodiversidad de México en su libro “Las plantas mágicas y la conciencia visionaria”, citada por la revista Arqueología Mexicana, núm. 59, pp. 18-25.

Por su parte, el experto en herbolaria Xavier Lozoya menciona en su artículo “Hace girar el corazón de la gente”, publicado en el portal https://masdemx evidencias arqueológicas sobre el uso de las plantas psicotrópicas en las culturas de Mesoamérica en representaciones artísticas que forman parte de su cosmogonía y su vida ritual.


Fuentes: UNAM Global y Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales

 


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