El material discográfico 2008 marcó una ruptura en la carrera de Mikel Erentxun, después de los conciertos celebrados en el Teatro Victoria Eugenia, en San Sebastián (que quedaron registrados en el disco en directo Tres Noches en el Victoria Eugenia), con una retahíla de invitados de lujo (entre ellos, Leiva, Rafa Berrio, Iván Ferreiro y el siempre grandilocuente Enrique Bunbury), el donostiarra se embarcó en una nueva etapa, en una nueva carrera en solitario.

Transcurridos dos años, Mikel editó Detalle del Miedo (2010), bajo la cobija de su banda Las Malas Influencias. El cambio fue notorio. Podría decirse que ese ha sido el mejor disco en la carrera del español. Fue una obra que dejó un muy buen sabor en el paladar de sus feligreses y de la crítica en general. Ese fue el disco que cambió la carrera y, tal vez, la forma de hacer y escribir música de Mikel Erentxun.

Años más tarde, tras editar 24 Golpes (2012) a la vieja usanza, y después de una operación en el corazón, Mikel se reencontró con su pasado, aquel que sigue guardando en la memoria a Duncan Dhu. El resultado: un mini LP, titulado El Duelo, de seis canciones con todos los grandes ingredientes de Diego Vasallo y Mikel Erentxun es su mejor forma lírica, musical y espiritual, aunado a una gira internacional que los trajo, para felicidad de miles, a México.

La experiencia aquella de revivir su pasado fue definitiva para lo que Mikel habría de entregar a partir del 2015: una trilogía escrita en primera persona. Así llegó, en principio, Corazones, un álbum que continuó con la línea trazada en en 24 Golpes,  con un rock ‘n’ roll duro, lleno de guitarras y unas letras contundentes, directas. Todo ello decorado con la voz rasposa de Erentxun, una voz sin maquillaje. Concisa.

Era ya el cantante de sus propias canciones y, a decir verdad, se le nota más suelto, más natural. El siguiente paso volvió con la misma carga emocional bajo el título de El Hombre Sin Sombra, lanzado en 2017, y con un músico en toda la extensión de la palabra. Es Mikel hablando de Mikel, escribiendo como Mikel, sufriendo como Mikel y dejando en claro que el Mikel Erentxun de estos tiempos es mucho más que de páginas atrás. Si decimos que Detalle del Miedo es quizá su mejor trabajo, ahora es momento de pensarlo una vez más.

Hace unos días se editó El Último Vuelo del Hombre Bala, punto final a una triada de discos que no se detienen tanto en los nuevos escuchas, sino en aquellos que han seguido su carrera desde Naufragios (1992), y quizá desde Piedras (1994), el séptimo álbum de Duncan Dhu y el de mayor madurez musical y lírica de sus creadores, Diego Vasallo y Mikel Erentxun.

Sin embargo, este podría ser el disco más alegre y luminoso de los tres, el más amigable y con el que bien podrían conectar las nuevas generaciones. Pero, a sabiendas de cómo ha sido Mikel en su trayectoria, su intención no es hacer canciones en aras de atraer a las nuevas audiencias o para ganar clicks, views o likes. Lo principal, hoy, es la honestidad, con todo y lo brutal que esta pueda ser. La música honesta.

Las guitarras y la palabra son, de igual forma, sus más fieles compañeras en esta etapa que ya está cerca de cumplir 10 años, una década que, si bien no ha dejado grandes éxitos radiales como “A Un Minuto de Ti”, “A Pleno Sol”, “California”, “Mañana”, etcétera, ha entregado, en cambio, un compendio de canciones con dirección a su corazón y al de sus fans, letras que van trascendiendo en las vidas de quienes le hemos seguido la pista, y eso se ve poco en estos días, donde lo primordial es conseguir views, sin importar que el día de mañana ya no existas.

Considero, entonces, injusto destacar algún tema en específico, pues estamos ante una obra completa, de largo recorrido y con una historia dividida en 12 partes, cada una con sus penas, sus miedos y sus desenlaces. Es un disco que debe escucharse sin prisas y con mucha cautela. El propio autor lo advierte: “Cuídate de mí”.

Mikel Erentxun ya no es un chaval, eso nos queda claro. Es un tipo de 54 años, al que, musical y líricamente hablando, le ha sentado bien el tiempo; es, quizá, uno de sus mejores aliados. Vuelve con una carga energética importante, rejuvenecido, y con un discurso basado en su gran verdad. Podrá ser un cantante que “ya no vende”, como algunos le recriminan, pero se ha convertido en un músico que busca, ante todo, la pureza y el corazón.

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