Hoy se cumplen 115 años del natalicio de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda,  quien nació un 12 de julio del año 1904, en Parral, Chile.

Neruda hoy en día es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX, fue ganador del Premio Nobel de Literatura en 1971 y Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford, entre otros reconocimientos.

Cuando tenía tan solo un mes de vida, su madre falleció, por lo que su familia se trasladaría a Tebuco, lugar que marcaría su obra futura. Al cumplir 13 años publicó su primer artículo en un diario local.

Su es reconocida a nivel internacional, además de ser traducida a más de 35 idiomas; en ella se incluyen títulos como: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Cien sonetos de amor y Tentativas del hombre infinito. Sin embargo, su obra no sólo se centra en la poesía romántica, sino que llega a abarcar la poesía militante.

Neruda destacó también en la vida diplomática, desde el año de 1927, comprometiéndose con la causa política izquierdista después de conocer al que sería su gran amigo Federico García Lorca.

A partir de este momento destacaría en la vida pública como activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, embajador de Francia y México, así como precandidato a la presidencia de Chile, junto con Salvador Allende, a quien apoyo fielmente.

Murió en el año de 1973, 12 días después de que estallara el golpe de estado al gobierno de Allende, según la hoja clínica oficial, fallecería a causa de cáncer de próstata.

Sin embargo, actualmente la realidad de la causa de su muerte es un misterio, pues en el año de 2011 su ex asistente Manuel Araya aseguró que Neruda habría sido asesinado tras aplicársele una inyección letal, presumiblemente ordenado por Augusto Pinochet. Actualmente, después de la exhumación de su cuerpo y diversos estudios, aun no ha habido resultados que puedan ser concluyentes respecto a la causa de su muerte.

Para conmemorar su natalicio a continuación te dejamos algunos poemas del autor:

Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia.

Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento

como los pinos y como los mástiles.

Como ellos eres alta y taciturna.

Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.

Te pueblan ecos y voces nostálgicas.

Yo desperté y a veces emigran

y huyen pájaros que dormían en tu alma.

Soneto XXII

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa

en Angola, a la luz de la luna de Junio,

o eras tú la cintura de aquella guitarra

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

Los enemigos

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos

de pólvora, ellos mandaron el acerbo

exterminio,

ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,

un pueblo por deber y por amor reunido,

y la delgada niña cayó con su bandera,

y el joven sonriente rodó a su lado herido,

y el estupor del pueblo vio caer a los muertos

con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio

donde cayeron los asesinados,

bajaron las banderas a empaparse de sangre

para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,

pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,

pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,

pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,

pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,

pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,

pido castigo.

No quiero que me den la mano

empapada con nuestra sangre.

Pido castigo.

No los quiero de embajadores,

tampoco en su casa tranquilos,

los quiero ver aquí juzgados

en esta plaza, en este sitio.

Quiero castigo.

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