Exposición colectiva que integra alrededor de 200 piezas entre documentos, escultura, pintura, collage, grabado, fotografía, filmes e instalación, y otros soportes, los cuales muestran una revisión, desde una perspectiva histórico-cultural, de un periodo en que el arte, la cultura de masas, la publicidad y el consumo crearon nuevos imaginarios en torno a la vida moderna en la Ciudad de México. Aborda la última parte de los años cincuenta y la mitad de los setenta, que coincidió con movimientos sociales, principalmente el estudiantil de 1968.

Este periodo, en el cual se dio el llamado “desarrollo estabilizador”, experimentó tensiones, ilusiones y demandas urgentes, donde la prosperidad de la clase media urbana constituía una de las principales prioridades del proyecto nacional.

Un panorama de la modernidad en la capital del país

La muestra concibe a la modernidad como un concepto complejo y polivalente; las expresiones públicas y privadas comprometieron los relatos del régimen, incluido el de la identidad nacional. Esta aspiración cosmopolita coincidió con el crecimiento de una población joven que demandaba nuevos ámbitos de participación, educación, experimentación y gozo.

De igual manera Operación peine y tijera aborda el impacto de la publicidad como generadora de discursos paradójicos, dirigida principalmente a la clase media para promover el consumo, aunque también propició la reconfiguración de valores capaces de cuestionar las normas.

En esta exposición, el incontenible crecimiento urbano de la Ciudad de México, las novedosas y experimentales prácticas artísticas, los nuevos usos de la cultura del ocio, así como los eventos espontáneos y disruptivos del orden público se presentan como contrastes de múltiples modernidades que desbordaron los regímenes establecidos. La muestra incluye expresiones de diversas esferas culturales y sociales para armar un panorama general del impacto de los imaginarios de la modernidad.

Ejes temáticos de la exposición

Modernidad desde el Estado. Ciudad Universitaria y Ciudad Satélite fueron construcciones emblemáticas de la modernidad, lo cual implicó la creación y ampliación de vialidades en los años siguientes, así como nuevas instalaciones de educación, salud, comercio y otros servicios. Esto contrastaba con los crecientes asentamientos precarios en la periferia de la ciudad y con la inequitativa distribución de los servicios de infraestructura, una parte constitutiva de la modernidad. El movimiento estudiantil de 1968 y la olimpiada cultural coincidieron ese año pese a sus diferencias fundamentales. Ambos se constituyen como evidentes manifestaciones de la modernidad. La publicidad, una realizada con medios marginales y la otra con recursos institucionales, habitó el espacio público, utilizando nuevos recursos de la comunicación visual.

Esa modernización desde el Estado condujo a tensiones  políticas y sociales que el régimen buscó resolver autoritariamente y mediante el pánico social, la persecución  y opresión violentas.

Modernización como consumo: tensiones entre consumo pasivo y nuevas prácticas. La cultura de consumo tuvo un auge importante; se realizaron grandes campañas publicitarias para estimular las compras de crédito de productos de lujo por parte de la clase media. La publicidad comercial reiteraba estereotipos de género, raza y clase; también fue incorporando –en respuesta a los cambios de imaginarios y realidades de sus consumidores– transformaciones en sus modelos de familia y en los roles de sus integrantes. Como contraparte a este fenómeno se presentó la exposición No desperdicie: eduque, en el Museo de Ciencias y Artes (MUCA), la cual reunió a algunos de los grandes caricaturistas de la época que criticaron el consumo; entre ellos estuvo Luis Eduardo del Río Rius, uno de los historietistas y educadores más destacados del país.

Modernidad y movimientos sociales. A las protestas del movimiento estudiantil de la UNAM y el Politécnico se unieron los sectores ferrocarrilero, magisterial y médico que demandaban mejoras laborales. Desde la perspectiva del relato gubernamental esto se debía a la injerencia comunista en los intereses nacionales. La represión al movimiento estudiantil no representó un caso aislado, sino fue parte de un régimen institucionalizado.

Modernidad y vida cotidiana. Con el nuevo carácter moderno que adquirió la ciudad se habilitaron oportunidades y espacios de esparcimiento que combinaron la novedad con la experiencia de consumo. La Zona Rosa unió la oferta artística con la turística y la “alternativa”. La música fue una parte fundamental del tiempo libre. Las tiendas de discos constituyeron una plataforma de acceso a nuevas expresiones estéticas no limitadas al ámbito sonoro, sino que se extendió a las portadas de discos y publicaciones referentes a ésta.

De acuerdo con las tendencias occidentales, cantantes y actores mexicanos fueron presentados como símbolos sexuales. Más allá del uso mediático del cuerpo “liberado”, como gancho para los consumidores, estas nuevas representaciones del cuerpo reflejan las aspiraciones de una nueva generación en busca de espacios para expresar sus ideas y deseos. El Festival Avándaro y la representación del musical Hair, este último en Acapulco, fueron legendarios escándalos mediáticos que exhibieron la fuerza y heterogeneidad de los grupos juveniles que pusieron en tensión los límites de tolerancia gubernamental y de la opinión pública conservadora. La influencia musical y cinematográfica en los jóvenes, representada en la imagen de James Dean y Elvis Presley, fueron considerados referentes negativos para la juventud.

Pero la modernidad permeó también otros sectores sociales “tradicionales” que experimentarían su propia modernidad; uno por ejemplo, fue el surgimiento de la música tropical y la balada romántica de grupos como Los ángeles negros.

Inauguración: 8 de noviembre de 2018, 19:00 hrs.

Galería Rampas y Galería Arnold Belkin. Museo Universitario del Chopo

En el marco de M68 – 50 años del movimiento estudiantil de 1968

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