Seamos francos, cuando mires el trabajo de Dino Valls, puedes tener la primera impresión de que él se ha enamorado demasiado de cierta niña entre la infancia y la mujer, esa edad inquietante que convierte a los padres de adolescentes en una escopeta de protección excesiva. manejando monstruos.

 

La niña desnuda que pinta repetidamente tiene la edad suficiente para ser sexualmente activa, pero al mismo tiempo es virgen y vulnerable, lo suficientemente joven como para ser una niña. Los párpados rojos enmarcan sus ojos azules, como si ella hubiera llorado al silencio; sus labios a menudo parecen estar magullados, como si tuviera un joven amante cuyos besos han sido demasiado contundentes. Las etiquetas pegadas a la piel de su pecho comparan su pezón con una avispa, lo que implica la picadura. Su cuerpo está cubierto y revelado alternativamente por la tela, íntimo. En algunos de los cuadros, ella está atada o envuelta de manera inquietante, incluso suspendida; en un caso, Sigilla, está atada con cuerdas selladas con cera como una carta medieval. Manos incorpóreas, manos de hombres, manipulan su cuerpo desnudo.

Pero descartar rápidamente el trabajo de Valls porque parece un poco pervertido y un poco perturbador sería subestimar violentamente estas pinturas, que son mucho, mucho más profundas que la erótica superficial.

Valls muestra a la niña como objeto de examen por una fuerza externa: la empujan y la perforan los alfileres, se miden con divisiones, se desmantelan de sí misma y se dividen en vitrinas como si fuera un maniquí medio enterrado mirándonos directamente.

Las pinturas implican que alguien está muy enfocado en desarmar a esta pobre chica, haciendo un examen reductivo de cada parte de ella. Ella se presenta como una maravilla del gabinete. Ella está etiquetada, categorizada y mostrada con cuidado y sádicamente. Pero la intensidad del examen ha tenido su efecto en ella, dejando piercings en su cara, la palabra latina vultus cortada en su piel, sus ojos rojos vaciados de sus lágrimas, una barra de metal perforando su cabeza.

Dino Valls usa las técnicas de los maestros españoles del surrealismo

Dino Valls está muy influenciado por los maestros españoles y sus estudios de la forma humana. Como representante de la vanguardia española del arte figurativo, los retratos de Valls son precisos, sensuales, misteriosos y surrealistas. Expande los métodos de los maestros españoles e italianos del siglo XVII empleando técnicas figurativas formales como medio a través del cual explorar la mente humana en un marco lleno de simbolismo.

El trabajo de Valls implica una variedad de dípticos, trípticos y polípticos que, en su mayor parte, presentan cuerpos andróginos con atuendos anticuados. Muchos de los detalles parecen venir de un tiempo pasado. Sin embargo, las extrañas yuxtaposiciones de detalles de Valls hacen que el trabajo sea decididamente contemporáneo. Por ejemplo, en su políptico de 2013, RESTAURATIO, Valls inserta trozos y piezas de la cara de una mujer en el retrato central de una figura masculina de mayor edad, presentando recortes y bocetos, todos delicadamente pintados en forma de collage. Valls comenzó a estudiar el uso del huevo al temple en la madera poco después de abandonar la escuela de medicina en 1982. Desde entonces, se ha ido adaptando y personalizando para brindar una nueva perspectiva a esta forma de pintura tradicional.

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