En la calle San Luis Potosí 81, casi esquina con Orizaba, de la colonia Roma se encuentra una mujer descansando sobre un petate. Sus ojos están cerrados y sus manos entrelazadas sobre el estómago. En un par de segundos que toma ajustar la vista en ella, ocurre lo inesperado: del colorido huipil que viste brotan raíces, también flores amarillas, blancas y rosas, y unos tallos de plantas de maíz. Se trata de un homenaje a las mujeres mixtecas de Tlaxicaco, Oaxaca, pintado en el muro de la Universidad de Londres por Santiago Savi, un artista visual originario del pueblo Ñuu Savi.

Al igual que el de Santiago, otros murales más emergieron para dar vida al circuito “Va por la Roma”, cuyo objetivo principal es reactivar esta zona del centro de la Ciudad de México, luego de que se viera afectada por el sismo del 19 de septiembre de 2017.

Creado por Aida Mulato, una de las fundadoras del colectivo Jóvenes Artesanos, el proyecto ha reunido a artistas visuales, vecinos y voluntarios para la realización de cada uno de los trabajos que, al igual que las semillas del huipil del mural, fueron esparcidos para permitir que floreciera, en este caso: una colonia y una comunidad.

Trabajar en equipo y ver por el otro

La colonia Roma fue azotada en 1985 por un terremoto de 8,1 grados Richter. De acuerdo con cifras oficiales, colapsaron 472 construcciones y miles más sufrieron grandes daños, algunos irreparables. De los escombros levantados en estos espacios, surgieron tiraderos en zonas cercanas, como la de Orizaba y Querétaro. Aida recuerda que cuando llegó aquí en 2016, encontró una esquina que durante mucho tiempo había sido un punto de recolección de basura porque los vecinos creyeron que, en algún punto, pasarían a recoger todos los restos botados.

Ante la problemática, Aida y sus compañeros de Jóvenes Artesanos, junto con artesanos, productores, músicos y emprendedores de diferentes estados, organizaron actividades culturales como talleres de telar de cintura y bordado, conciertos de sones de tarima, de música tradicional de viento de Guerrero y Oaxaca, huapango y son jarocho, y la pinta de dos murales dedicados a la comunidades zapoteca y otomí. Los vecinos de la colonia se sumaron y así, todos iniciaron la recuperación del lugar que permaneció en el olvido durante más de 30 años.

La transformación para la colonia y la comunidad se convirtió en un modelo, el cual más tarde fue necesario replicar, pero a mayor escala.

El 19 de septiembre de 2017, la Roma nuevamente se volvió zona de desastre. Un sismo de magnitud 7,1 provocó la muerte de más de 160 personas en la Ciudad de México, dejó más de tres mil estructuras dañadas y decenas de edificios colapsados; entre ellos, los ubicados en Álvaro Obregón 286, Medellín 176 y Puebla 282.

El miedo a las réplicas y al colapso de estructuras, al igual que las actividades de rescate y voluntariado que ocupó el tiempo de muchos, pasmaron la actividad y la economía en la colonia.

La reconstrucción material era urgente, pero también la social. Y en eso se enfocó Aida con su proyecto “Va por la Roma” porque, dice, es la más importante. Lo vio después del desastre cuando todos salieron a ayudar, a donar, a levantar escombros y a documentar.

“Fuimos parte de este proceso complicado. Sin embargo, estamos claros que en el día a día no es algo que hagamos. Por medio de ‘Va por la Roma’, un circuito de creación de 68 murales alrededor de la colonia y que representan a los 68 pueblos originarios de la Ciudad de México, queremos hacer que la gente participe, se comunique… Que vean uno por el otro, que se hablen, que participen todo el tiempo y no solo en la catástrofe. Ese es el reto”.

Murales para crear comunidad

Las personas que colaboraron en el proyecto “Va por la Roma” fueron muchas. La lista incluye a vecinos que donaron su muro, vecinos que apoyaron con materiales (brochas, pinturas y escaleras) para los artistas, quienes plasmaron en las paredes la historia del morador de la casa pintada, relacionada con los sismos de 1985 y 2017.

“Unos se hicieron en espacios donde colapsaron edificios, donde dieron atención médica, donde crearon albergues”, explica Aida mientras me señala la obra de la fachada ubicada en Orizaba esquina con San Luis Potosí, donde una familia de doctores abrió las puertas de su casa para dar atención médica a los afectados del 85. “Estamos conectando las historias de lo que vivió la generación actual y lo que vivió la de hace 32 años”.

Otro eje temático de los murales son los pueblos indígenas de la Ciudad de México y su sentido de comunidad, ese sistema de organización que en las tragedias ocasionadas por movimientos telúricos la sociedad ha retomado para volver a construir lo derrumbado. De esta manera, cada obra del circuito es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando se suman esfuerzos por un bien común.

“En Jóvenes Artesanos nos importa todo lo que pasa antes y durante el proceso de elaboración de los murales. A nosotros nos importa ver cómo la gente se suma, se preocupa y quiere ser parte del proceso de reconstrucción”.

La vida está completa cuando se comparte

A un año del 19-S, 22 murales se han pintado de los 68 que se planearon para el circuito “Va por la Roma”. Juntar los materiales a veces resulta complicado, pero Aida, mujer de mediana estatura y gran sonrisa, no se cansa de abrir la mano para que los demás la sujeten y den comienzo a una cadena de ayuda que resulta en litros de pintura donados, una escalera prestada, una brocha regalada, y en charlas entre pincelazo y pincelazo.

Las contribuciones, finalmente, se materializan en coloridos murales. De igual forma, en saludos cálidos y miradas de complicidad que los involucrados intercambian cuando se encuentran en la colonia.

Mientras caminamos por San Luis Potosí, Aida voltea a la obra del edificio que se encuentra en el otro lado de la calle. La voz que hace un rato era tenue, ahora se eleva para preguntarle a Lorenzo, un trabajador de raíces totonacas, que cómo está y que para cuándo el mole que le había prometido traerle cuando este visitara su pueblo.

Lorenzo conoció a Aida en la pinta del mural de las mujeres mixtecas de Tlaxiaco, Oaxaca. Él estaba trabajando en la obra de un edificio que colapsó en el 85 y apenas están reconstruyendo. Cuando vio lo que Aida y sus compañeros hacían se sumó regalándoles agua. Desde ese primer acercamiento, ambos se encuentran con gozo e historias para platicar, como la de ese mole y su llegada tardía.

“Esta es la parte bonita: la colaboración y el interés de construirnos como comunidad”, dice Aida luego de despedirse de su vecino. “La idea es replicar este proyecto en otras zonas afectadas por el sismo, por ejemplo, la Álamos, la Condesa y Xochimilco. Pero antes, el proyecto debe ser exitoso en la Roma; se necesita el resultado en esta que es nuestra comunidad para que tenga sentido al momento de replicarlo y, por su puesto, para que haya mayor apertura”.

Seguir pintando

¿Qué sigue después de completar los murales? “Va por la Roma” no es un proyecto de arte urbano, tal cual. Más allá de lo estético, lo que busca es generar conciencia todos los días sobre lo que evidenció el pasado gran sismo: el olvido de los grupos étnicos, la corrupción en las constructoras y autoridades, la precariedad laboral y la desigualdad de género -según datos, hubo el doble de mujeres fallecidas que hombres en la Ciudad de México.

Ante las terribles estampas del sismo del 19 de septiembre de 2017, y también el de 1985, Aida y los artistas que participaron idearon murales para despertar siempre ese interés por el otro.

“A nadie le importa el de a lado y es lo que queremos que cambie con el proyecto, con todos estos cuestionamientos”, remarca Aida. “Si viéramos por los demás, no solo en las tragedias, otra cosa sería”.

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