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EL SIMBOLISMO DE LOS ZAPATOS ROJOS
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EL SIMBOLISMO DE LOS ZAPATOS ROJOS

Decenas de zapatos rojos se enfilan sobre el cemento de distintas ciudades. Algunos son de tacón alto, como los que usan las mujeres para desafiar la gravedad y los obstáculos de la terracería; otros son de descanso, completamente de piso, aunque en la rutina suelen usarse para desempeñar largas jornadas de trabajo en las fábricas o en los puestos de limpieza; otros tienen agujetas, como las que terminaron rodando el cuello de una mujer que terminó siendo parte de la estadística; una cantidad importante son zapatos pequeños de tallas menores, para niñas de cuatro, cinco, seis años de edad.

Cada uno de los pares de calzado fueron pintados por voluntarios y familiares de víctimas de feminicidio y desaparición; tras ser recolectados a través de una campaña de donación, se enfilaron sobre el cemento para dar paso a la instalación Zapatos Rojos creada por la artista mexicana Elina Chauvet.

La instalación Zapatos Rojos es una forma de honrar, de hacer memoria, de recordar a las víctimas y hacer reflexionar a la sociedad entorno a la violencia contra las mujeres, contó Chauvet a Yaconic.

A los zapatos les faltan pies, les falta piernas y un cuerpo, encima de cada par hay un vacío que no por eso deja de ocupar espacio. Les falta un cuerpo, tanto como a sus seres queridos les falta el calor de ese cuerpo.

Elina Chauvet es una artista visual originaria de Ciudad Juárez con 30 años de carrera. Al mismo tiempo que dio sus primeros pasos en el mundo del arte, los feminicidios en el estado de Chihuahua comenzaron a dar brincos en los noticiarios locales y luego nacionales… entonces era algo lejano para el resto de las entidades.

La primera instalación de Zapatos Rojos ocurrió hace una década y con ésta se logró “tener repercusión, tener conciencia, que la sociedad se involucrara y reflexionara sobre el tema”, recordó Chauvet.

El proceso para la instalación de los Zapatos Rojos

La obra se inicia desde la recolección de los zapatos, a través de una campaña de donación. Luego se pintan de color rojo y se colocan en un espacio público. El proceso involucra personas de todas partes y se crean redes con voluntarios o familiares de mujeres asesinadas o desaparecidas. Se trata de usar el arte para generar una acción sobre un tema de interés social.

Los zapatos son usados como simbolismos para representar la ausencia de cientos de mujeres. El color rojo es la sangre derramada tras ser asesinadas, apuñaladas, asfixiadas… pero a través de ese mismo color vibrante y penetrante para la pupila se busca dar un mensaje urgente: la sociedad debe dejar de ver la violencia contra la mujer, y cambiarla.

“Mucha gente cree que el arte no es capaz de generar nada más que la reflexión”, dice Chauvet, al mismo tiempo que organiza una nueva instalación para este 11 de enero en el Zócalo de la Ciudad de México, con el objetivo de demostrar lo contrario.

Aunque realmente no hay mucho que demostrar, luego de 10 años la instalación se ha convertido en una obra icónica de la lucha contra la violencia, y ya se ha presentado en diversos puntos del país: Chihuahua, Toluca, Ciudad de México; pero también en países como Chile, España, Estados Unidos, Argentina, Canadá, Israel, Italia, donde se recolectaron hasta 900 pares de zapatos… Sin embargo, más que espacios y territorios, Chauvet reconoce que “tendrán que pasar generaciones para ver un cambio” satisfactorio y real.

Hace treinta años no existía una lucha como la que ahora se da, con marchas y manifestaciones constantes convocadas por mujeres. Ahora el arte como manifestación social y las protestas alrededor del mundo “son solo la punta del hilo” que apenas se inserta en la aguja y hay que seguir intentando insertar, augura la artista mexicana.

La instalación Zapatos Rojos se ha vuelto icónica, en ocasiones, la misma sociedad o grupos de activistas generan una propia. “Finalmente ese el propósito”, aclara la artista. Se trata de hacer una “expresión de arte como protesta pacífica” contra la cifra creciente de feminicidios y desapariciones, “un problema que ha migrado a la Ciudad de México como una pandemia, el problema crece y los jóvenes tienen miedo”.

Hay que decirlo de todas las formas. Hay que decirlo de miles de formas. Es la misma impotencia. Queremos que estos zapatos no continúen vacíos, expresa Elina.

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Mercedes Matz

Mercedes Matz

Colaboradora y escritora. Ecléctica y fanática del blues, la astronomía y Takeshi Kitano. [email protected]