Solemos declararnos hinchas, fans o seguidores de un club de futbol, sus colores, valores, formas de juego y otros elementos construyen nuestra identidad de la misma forma en que la música, la literatura u otra expresión nos construye, al final buscamos un par de cosas, distinguirnos, y explicarnos el mundo. Pero hay cosas que sobrepasan  los colores y el espectáculo del futbol, sobre todo cuando pasas de ser un hincha a ser un militante del equipo, y eso es poco común, de hecho son casos aislados.

Volvamos a empezar.

En el mundo el futbol moderno se rige por componentes que han vuelto del deporte un negocio voraz. Cada vez son menos los estadios que llevan por nombre la leyenda de un jugador del club y pasamos a los estadios con capacidad para 70 mil personas con el nombre de una gran corporación. Los jugadores cambian de playera por una oferta mejor y la liga de moda, y al tercer partido con su nuevo club, besan el escudo, y si por desliz del destino, el archirrival lo compra en la siguiente temporada, besará el escudo para ganarse al graderío.

Ir a un partido de futbol en la liga o una copa europea tendrá los mismos precios o más altos que en recintos de espectáculos, ir a ver al AC Milan o al Arsenal  no baja de US$470, claro, siempre y cuando no juegue contra otro grande, sino el precio se duplicara como mínimo. Los ingenieros y arquitectos propondrán que todo sea butacas, no más zonas para estar de pie, por lo tanto no más zonas para cantar, brincar y alentar. Bien, parece que he estado satanizando al futbol con sus postulados neoliberales, y a qué voy con esto, sencillo, todavía hay esperanza de un balompié distinto.

El St. Pauli es uno de los clubes de futbol con más seguidores, perdón, militantes entre sus filas. Es conocido por  ser el club de los punks, antifascistas, okupas y homosexuales. ¿Suena bien no? Fue el primer club (y único)  en tener un presidente abiertamente gay, dentro de su estadio, podemos ver pintas con alusión al movimiento LGBTTI y algunos otros con pintas de revolucionarios históricos como lo fue Ernesto “el Che” Guevara.

No, no es un club nuevo con ideas millennials e inclusión contemporánea, es un club con más de 100 años de historia con sede en el barrio de Sankt Pauli en Hamburgo. Actualmente milita en la 2. Bundesliga o Zweite Bundesliga, la segunda división alemana y cuenta con más  de 20 millones de seguidores en todo el mundo.

Los Piratas como también son conocidos, han alzado la voz contra las ideas y los actos racistas, excluyentes, de esclavitud y machistas, sus ideologías de ultra izquierda vienen desde los años nazis. Durante el apogeo del régimen de Hitler, tuvo que ponerse en cintura como todos los clubes de Alemania y su estadio  llevo por nombre Wilhelm Koch, en honor al presidente de la entidad, claro eso fue hasta 1998 cuando descubrieron que Koch, fue militante nazi.

La construcción de los hinchas y su identidad como militantes del St. Pauli viene justo del archirrival de la ciudad, el Hamburger S.V. y okupas del barrio donde la prostitución, la anarquía y el movimiento punk proliferaba el equipo del barrio el St. Pauli crecía en afición y simpatía. Y es que el equipo del barrio pertenecía al barrio realmente, por ejemplo el jugador Volker Ippig quien fue portero en los ochentas vivía en las okupas del barrio, y en algunos momentos fue baja de la plantilla titular, como cuando fue a trabajar como brigadista sandinista a Honduras.

La playera del St. Pauli es color marrón, principalmente por la memoria de los marinos que se reunían a jugar futbol en las calles y sus uniformes de trabajo eran de aquel color.

El mismo uniforme de trabajo era el del campo de juego. La publicidad de la playera es mínima, la playera no se mancha con logos por todos lados. Incluso en el 2002 la publicidad de la revista Maxim fue excluida de las marcas aliadas del equipo debido al contenido sexista de sus páginas, donde se exhibían mujeres con tendencias opuestas a la ideología del equipo, que ante todo es contra la homofobia y el sexismo y es que no sólo son discursos y posturas políticamente correctas, dentro del estadio los adornos de las gradas tiene que ver con la defensa y el orgullo gay y otro dato contundente es que es el club con más asistencia de mujeres al estadio en toda Alemania.

Las gradas son otro gran espectáculo de este equipo, las banderas del “Che” Guevara, y la música no podía quedarse atrás, pues a la hora que su equipo salta al campo “Hellbells” de AC/DC suena en todo el estadio, inyectando intimidación al rival. Pero no sólo se queda en el alentar al equipo cada 15 días, sus hinchas son ante todo catalizadores de impacto social. Durante el mundial de Alemania del 2006, organizaron un mundial llamado “FIFA Wild Cup” donde organizaron un mundialito con selecciones no reconocidas por la FIFA como Groenlandia y el Tíbet.

El Millerntor-Stadion podría parecer un lugar violento, pero es el estadio más seguro de Alemania y, no es por la presencia de cientos de policías, sino por el grado de conciencia de sus asistentes. En el 2016 la Federación Alemana de Futbol (DFB) solicitó que todos los clubs contaran con un módulo de policía, pero la afición del St. Pauli demostró que en su cancha no era necesario, es el único equipo en Alemania que no cuenta con una estación de policía.

Retomando la música, además de AC/DC, el estadio vibra con “Song 2” de Blur y algunas bandas como Talco, banda de ska italiana compuso una canción al club, Le Fly compuso “We Love St. Pauli”, en Latinoamérica y España también tiene grandes seguidores como lo es Panteón Rococó y Ska-P.

Sin duda un club que enamora por otro tipo de futbol, donde las grandes marcas, los estadios con cientos de cámaras de seguridad o los fichajes “bomba” hacen parecer que el futbol fue derrotado por el negocio y una modernidad que excluye y segmenta cada vez más los valores de lo que algún día significó ser parte de un club, amar los colores y sobre todo, besar un escudo como identidad.

FC Sankt Pauli, no pudo desarrollarse en otro lugar más, que en Alemania. Parece caprichoso como un club con mirada progresista se desarrolló en las narices de un pueblo que legitimó uno de los movimientos contemporáneos más excluyentes como el nazismo. La transformación del deporte más popular del mundo que surgió a partir de los setenta y alcanzó su máxima expresión económica con el cambio de milenio, no ha podido con el St. Pauli. Estamos posiblemente con el último bastión del futbol con sentido, el último resquicio de un club social y deportivo.

Esto (el futbol) se salió de contexto, como la vida en general. Pero aquí está el St. Pauli para recordarnos que la vida tiene un propósito más allá de un activo financiero. Que se puede ir contracorriente, que se puede ser un salmón en un mundo de atunes. Donde la visión de la vida no se queda en lo simplista del “GANAR”. Este club tiene un trasfondo social muy fuerte, supo convertir en los ochenta su militancia nacionalista, conservadora y burguesa en un referente de la izquierda moderna.

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Ángel Armenta López

Ángel Armenta López

Estudios en la academia de Arte y Patrimonio cultural en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Especialización en gestión de la música.
Periodista cultural y director en el Festival Heterodoxias. Ponente nacional e internacional en temas relacionados a la música, la gestión y la cultura pop.

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