“El humor cambió de bando”. Itzel Arcos repite esta pequeña parte de su rutina mientras decenas de mujeres aplauden, y otras tantas, gritan o chocan sus chelas. Los pocos hombres que están en el foro de esa noche, La Gozadera, sonríen, nerviosos, pero lo hacen y después sueltan la carcajada. Ellos saben que además de Itzel hay otras que están esperando su turno para hablar y reírse —¿por qué no?— del VPH, la gordofobia, la menstruación y otros temas que a las mujeres les interesa o han vivido.

Sí, en el escenario se presentan mujeres que se ríen de todo, de ellas mismas, de lo que les pasa, de ese ir y venir entre lo que otros esperan que sean y lo que ellas realmente quieren ser. Se ríen de estas incongruencias y, como dice Itzel, de la dinámica que desde niñas se les enseñó a miles de mujeres: renunciar a lo que son para no cagarla.

Durante la hora y media del show, las carcajadas se prolongan, al igual que los discursos en la mente del público. El stand up feminista causa sorpresa, curiosidad. Todos ponen atención.

El humor salva… y libera

Itzel inició el taller de stand up feminista en octubre de 2017. Hasta ahora van tres generaciones que pasan por sus lecciones y se gradúan frente a decenas de ojos en espacios culturales. A las presentaciones finales se suma más público, femenino y masculino. El humor no tiene género, aunque por años se nos ha hecho creer lo contrario.

“El humor estaba prohibido en la Edad Media. Es cierto que el libro de Aristóteles, La risa, desapareció porque era mal visto. Luego los hombres fueron los únicos que pudieron tener acceso. Sobre la mujer siempre ha existido un veto. Las mujeres difícilmente tienen la libertad de ser ridículas, de ser absurdas, de echar cotorreo, de reírse”, explica Itzel, una mujer con risa estruendosa y un silencio tatuado en el brazo derecho que recuerda, quizá, esta abstención que busca revertir con el stand up feminista.

Escritora de formación, Itzel comenzó su carrera como comediante con la actriz Blanca Salces. Fue con ella con quien se especializó en el género de la comedia porque, explica, es un lenguaje muy poderoso que irrumpe y aborda “la tragedia sin sus consecuencias trágicas”. Itzel aclaró que tiene que ver con la cultura y el sistema de humor mexicano “violento por naturaleza”, donde la tragedia inspira memes.

Para incursionar en la comedia, queda claro, no hay que ser necesariamente cagada, sino más bien una persona que quiera buscar una forma de sobrevivir, de encontrarle el absurdo a todo. Y en esto último, Itzel se pinta sola.

“Puedo decirte que más que ser chistosa, soy una persona muy triste. He tenido ese dolor que va pegado a mí. Por eso también hago stand up feminista, porque mi historia personal, como la de muchas mujeres, es una que está marcada por la violencia. Para mí una forma de trascender es vivir día a día con todo esto; he aprendido a ser consciente de que la vida a veces es tan culera que se hace absurda”.

Con la comedia como herramienta, Itzel entretejió el discurso feminista y también cómo lo ha vivido. Así creó su primera rutina y el formato de su producción que se basa en hacer una crítica del feminismo de dentro hacia afuera, incluyendo sus contradicciones porque, asegura, esta es una buena perspectiva de abordar el tema.

“Yo creo que la mejor manera de liberarse es aceptar las contradicciones, ponerlas como son, como la gran complejidad que somos, y el humor sirve muchísimo para eso”, remarca.

Salir del clóset feminista

Conocerse y luego burlarse de sí misma es un reto; ni qué decir hacerlo en público. A partir de experiencias personales, Itzel, así como sus alumnas del taller, reflexionan sobre los roles, los modelos y otros aspectos que han formado parte de la desigualdad de género y la violencia que se sufre a diario en México.

Sobre su rutina, Itzel recuerda que se propuso hacer un contraste de los dos nacimientos que se tiene cuando uno se asume como feminista: nacer como mujer y convertirse en la mujer que se quiere. “Yo creo que el feminismo habla de ese devenir todo el tiempo. Cuando tú ­­te asumes como feminista estás cambiando constantemente, estás siendo consciente de que eres una mujer diferente, y que ser mujer en esta sociedad es una pelea entre lo que otros quieren, lo que tú quieres realmente, lo que eres y los deseos que están ahí atorados. Hay contradicciones y eso es lo que yo imprimo a la rutina”.

Para ejemplificar, Itzel relata sonriente que estaba tan confundida en el feminismo que primero era muy radical, con los vellos de las axilas hasta las rodillas, la panza de fuera y bebía casi, casi su sangre menstrual. “Era como un Polo Polo, pero sin misoginia. Luego fui más coqueta, con minifalda y uñas largas con las que parecía Niurka, pero feminista. Al final me quedé, así como me ves, a medio camino, entre Beatriz Paredes y Kitty”.

Criticar sí, incomodar no

Ningún tema es fácil de abordar en el stand up feminista —máxime, el de los hombres debido a la corriente separatista—; sin embargo, Itzel y sus aprendices, de esta y otras generaciones, lo hacen porque saben que el escenario y su honestidad las protegen de prejuicios y pensamientos viejos.

“En el stand up lo que pasa es que el personaje eres tú misma. Subes dos o tres grados tu tono; arriba del escenario eres otra. Una vez que estás ahí, la honestidad te protege, el simple hecho de que tú hables sobre alguna de tus experiencias es un acto de valentía y lo menos que puede hacer la gente es respetarlo”, recalca la teatrera y, ya entrada en la relación de las standuperas con el público, aclara que uno de los propósitos de su show es lograr que la gente se identifique con los temas, porque el objetivo de la comedia no es la risa, sino hacer empatía.

Para lograrlo, cuenta Itzel, hay que hablar del feminismo sin caer en la parte disruptiva o incómoda. “Hay artistas que argumentan que la incomodidad te hace reflexionar. La verdad es que como herramienta escénica y estética tiene un límite. Tú llegas, haces un performance, te bebes tu sangre menstrual y la gente se va a quedar de a seis, algunos dirán ‘¡wow!’, otros se ofenderán y otros incluso se orgasmearán.  Pero de ahí ya no pasa nada más. Yo creo que, si tú le imprimes humor a algo complejo, la gente lo agradece porque es otra perspectiva y sabe que puede reírse”.

Siguiendo con esta idea, ella explica que para que la crítica funcione debe partir desde adentro. Así, antes de señalar a alguien como machista debe preguntarse quién es, qué machismos tiene, cómo provoca o cuál es su juego en el sistema de opresión, cómo coopera con eso y qué es lo que le gusta.

A propósito, recuerda que su maestra le puso a hacer un ejercicio poco usual. Se trataba de crear una lista con 10 cosas que le gustaban del machismo y 10 que no. Ella escribió que le gustaba que los hombres fueran caballerosos. “Sí, ¡perdón! Me gusta y es porque crecí con esta costumbre. La crítica, como te decía, se basa en un pensamiento que analiza los diferentes conocimientos, los entiende y evalúa para poder interpretarlos”.

Los límites y retos del stand up feminista

El stand up feminista puede ser una buena introducción a la escritura y la comedia; puede plantear nuevas ideas en las que ya son feministas y en las que no lo son, el stand up puede ser una introducción al feminismo, pero hasta ahí. “El stand up feminista no es una terapia, no es una revolución, no es un panfleto, no es una evangelización, no se hace para que otras u otros se hagan feministas”, recalca Itzel.  Entonces, ¿aspira a algo? Lo que puede otorgar es que las herramientas del feminismo se plieguen el lenguaje de la comedia. Tampoco porque exista el stand up feminista quiere decir que eso es lo que se tiene que decir y cómo se tiene que decir; es una transición.

“No se puede pasar de un cajón a otro sin cuestionar. Yo digo que lo principal es que tú entiendas por qué estás diciendo lo que estás diciendo y cómo.  El lenguaje que puede formular un stand up feminista es el mismo que brinda el feminismo, no este bloque intocable que llega y purifica, sino los conceptos que cuestionan los roles de género”.

Por último, Itzel dice que el stand up feminista es un transgénico, el cual debe mutar y no quedarse así, al igual que el feminismo: “Espero que algún día el feminismo no exista. Estoy convencida de que debe haber otro mundo en el que no sea necesaria una herramienta que te diga: las mujeres también existen”.

Libres, atrevidas y cómicas

El próximo 25 de agosto inicia el taller de stand up feminista. Son ocho sesiones y se impartirán los días sábado, de 14:00 a 17:00 horas. Si quieres inscribirte o saber más del taller visita las páginas de Facebook: standupfeminista y Guanitumayo Producciones.

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