Igual que una estruendosa explosión o un asombroso atardecer, los pintorescos colores que de allí emanan son únicos y repentinos, sin igual; la mente de cualquier apasionado artista es tan misteriosa e infinita que hoy día cualquier disciplina nos sigue dejando boquiabiertos; ahora que esto se ha puesto sobre la mesa, ¿podrías imaginarte las sensaciones, texturas o sentimientos que habrán cruzado por la mente de Vincent van Gogh? Es verdad que es algo sumamente subjetivo y alejado de cualquier planteamiento palpable, pero al final de todo se trata del arte, de algo que no tiene reglas y cambiante.

Cada vez que se habla del afamado pintor neerlandés el mundo calla y se vuelve a sorprender, sobra escribir largos párrafos sobre la importancia de Van Gogh en la cultura mundial -sin dejar de mencionar su legado a la pintura-, por ello ha llegado una nueva cinta que rescata los momentos más importantes de su vida, sin embargo en esta ocasión no se trata de una pintoresca propuesta como lo fue Loving Vincent de Dorota KobielaHugh Welchman, ahora tenemos al tres veces nominado al Oscar, Willem Dafoe detrás de los pinceles.

El hecho de contar con Dafoe en el papel principal enciende en primera instancia un pequeño switch dentro de mí, considero al nativo de Wisconsin un actor capaz y desbordante, con una técnica actoral pulcra y compleja; sin duda volvió a reafirmar estas características que le atribuyo al presentar a un Vincent cansado, maltratado por la vida y las personas, enamorado del arte y la vida.

En estrecha relación Dafoe emplea todo su cuerpo para crear una conexión con el público, es aquí cuando se puede apreciar el valor actoral físico y mental de un intérprete al no tener que recurrir únicamente a un diálogo o situación extrema para arrojar actuaciones impactantes y honestas; Willem logra transmitir complejas mezclas de emociones utilizando su rostro, tonos vocales e inclusive su mirada, herramienta que muy pocos pueden dominar hoy día.

Sin embargo siempre es necesario con capitán en cualquier navío sin importar la experiencia de los tripulante, por el trabajo de Julian Schnabel, director de la cinta, fue crucial; llevó a la pantalla grande una historia que se caracteriza por sus tiempos, en ningún momento hay prisa alguna por contar algún hecho relevante o forzar la aparición de situaciones complejas, esto hace que la cinta tome un ritmo sosegado y meramente humano.

Aquí es justo donde el espectador será puesto a prueba, no por una resistencia física, por el contrario, una mental que muestre el interés artístico por Vincent Van Gogh y la cinematografía alejada de la narrativa de los blockbusters donde todo aparece y desaparece de un momento a otro sin dar tiempo de tomarlo y comprenderlo como debiese.

Durante una gran parte de la película los diálogos son hechos a un lado para dar paso a una atmósfera fílmica creada por sonidos ambiente de cualquier lugar que su protagonista pise; no sólo vemos a Van Gogh aprovechar de una bella brisa para plasmarla en su mente y después convertirla en una obra de arte, no, el trabajo detrás de cada escena puede transportar al espectador a cada recuerdo que tenga con la naturaleza.

Sumado a ello el armado visual de Benoît Delhomme, director de fotografía, da el toque diferente al metraje; el constante recorrido de la cámara hace que todo espectador sea un compañero presencial del pintor. Esto me hace recordar a algunos lineamientos establecidos por el Dogma 95 creado por los daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg donde lo realmente importante era contar una historia vibrante sin filtros comerciales, además el movimiento de cámara tenía que ser natural, sin maquinaria que facilitara el manejo; aquí podemos ver esta autenticidad, inclusive logra acentuar el trabajo actoral de Dafoe.

Van Gogh en la puerta de la eternidad es un metraje hecho con una percepción poética al presentar la vida del afamado pintor a través de una mirada humana y pintoresca, del mismo modo que suponen él veía su existencia. Además todo amante del profundo arte podrá encontrar en esta cinta referencias a Eugène Delacroix, Claude Monet y por supuesto explorar la estrecha amistad entre Van Gogh y Paul Gauguin; esto resuelve cualquier duda si vale o no la pena darle una oportunidad al metraje, mismo que más allá de ser una obra perfecta tiene los elementos humanos y artísticos para conmover a quien la vea.

  • Título: Van Gogh en la puerta de la eternidad 
  • Año: 2018
  • País: Reino Unido, Francia, EE.UU., Irlanda y Suiza
  • Director: Julian Schnabel
  • Guión: Jean-Claude Carrière, Louise Kugelberg y Julian Schnabel
  • Género: Biografía, drama
  • Duración: 1h 51min
  • Estreno en México: 25 de enero

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Uriel Linares García

Uriel Linares García

Periodista y fotógrafo en la fuente de cine de @ControlTotalMex y crítico cinematográfico en @Yaconic.

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