El imaginario colectivo ha pintado a las brujas como figuras folclóricas volando por el cielo nocturno en sus escobas, una imagen que parece sacada de un cuento infantil. Sin embargo, detrás de este icono hay una historia mucho más oscura, transgresora y, para algunos, fascinante. Lejos de ser un simple medio de transporte, la escoba esconde un secreto ritual que vincula la farmacología, los estados alterados de conciencia y la sexualidad. Si quieres conocer la verdad detrás de la leyenda, debes saber que existe una teoría histórica muy concreta sobre la relación entre los dildos y las brujas. Es un viaje al corazón de la magia y la herejía.
El ungüento volador y las plantas mágicas
La creencia central de esta teoría radica en el uso de los llamados “ungüentos voladores” que las brujas habrían utilizado en sus rituales. Estos ungüentos no eran mágicos, sino farmacológicos: estaban compuestos por plantas de la familia de las solanáceas, conocidas por sus potentes efectos alucinógenos. Entre ellas se encontraban el beleño, la belladona y la mandrágora, plantas extremadamente tóxicas que, si se consumían por vía oral, podían provocar envenenamiento o incluso la muerte. Para evitar este peligro, las brujas buscaban un método de aplicación más seguro y directo. Y es precisamente aquí donde la relación entre los dildos y las brujas comienza a tomar una forma inesperada.
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La escoba como instrumento ritual
La forma más efectiva de absorber los compuestos de estas plantas sin ingerirlas era a través de las membranas mucosas, donde la piel es más delgada y los químicos pasan directamente al torrente sanguíneo. Se cree que las brujas aplicaban el ungüento en sus axilas y, de manera crucial, en la mucosa vaginal. Para esta última aplicación, se valían de un objeto fálico, como el mango de madera de una escoba, una vara o un mortero. La euforia y las alucinaciones que estas sustancias producían, como la sensación de levitación, eran tan intensas que las mujeres que participaban en estos rituales creían que, efectivamente, estaban volando. La relación entre los dildos y las brujas, en este sentido, se explica por el uso de un objeto fálico como herramienta para un ritual psicoactivo que les confería la sensación de volar.
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Del ritual a la leyenda: la simbología de la transgresión
La imagen de la bruja volando en una escoba se convirtió en un poderoso símbolo de transgresión. Por un lado, la escoba es un objeto doméstico y femenino, lo que le daba un carácter de secretismo y empoderamiento a la práctica. Por otro, la relación entre los dildos y las brujas que la leyenda sugiere, le dio un subtexto sexual y blasfemo a los ojos de la Inquisición, que ya consideraba a estas mujeres una amenaza a las estructuras sociales y religiosas. La figura de la bruja no solo se rebelaba contra la autoridad, sino que lo hacía con un acto de libertad sexual y ritual que se salía de los moldes impuestos por la sociedad patriarcal de la época.
Para muchos historiadores, esta teoría es la explicación más lógica detrás de una de las leyendas más famosas de la historia. Es un recordatorio de cómo la cultura popular, a través del folclore y los mitos, es capaz de deformar la realidad hasta crear símbolos que perduran por siglos. La relación entre los dildos y las brujas es, en última instancia, una fascinante historia sobre la intersección entre la botánica, el misticismo, la sexualidad y el poder, que revela un lado más profundo y subversivo de lo que se cuenta en los cuentos de hadas.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





