En un mundo saturado de información y entretenimiento digital, las experiencias inmersivas se han consolidado como la próxima frontera para captar la atención del público. Ya no se trata solo de ver una película o visitar una exposición; el objetivo es sumergir al individuo en un entorno multisensorial. Difuminando los límites entre la realidad y la ficción. Pero, ¿qué son exactamente y por qué están ganando tanta popularidad?
Una experiencia inmersiva se define por su capacidad para rodear completamente a una persona, estimulando varios sentidos. Vista, oído, e incluso tacto y olfato de manera coordinada. Utilizando tecnologías como la realidad virtual (RV), la realidad aumentada (RA), proyecciones de 360 grados y sonido espacial. Estas experiencias transportan al usuario a mundos que van desde una noche estrellada en el cosmos hasta el interior de una obra de arte. El arte, la educación, el entretenimiento y el marketing son los campos donde más están floreciendo. Ofreciendo a los museos una forma de dar vida a sus colecciones y a los publicistas una manera de crear campañas memorables.
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Lo que las hace tan atractivas es su promesa de una conexión más profunda y personal. En lugar de ser un observador pasivo, el participante se convierte en parte activa de la narrativa. En el ámbito cultural, esto se traduce en exposiciones interactivas donde se puede «caminar» dentro de un cuadro de Vincent van Gogh o explorar el interior de una pirámide egipcia. Para la industria del entretenimiento, significa conciertos virtuales donde el avatar del usuario baila junto a sus artistas favoritos. O juegos de RV que ofrecen un nivel de realismo sin precedentes. La promesa es una escapada total, una aventura que trasciende las limitaciones físicas.
Cuáles son los «contras» de las experiencias inmersivas
Sin embargo, a pesar de su creciente popularidad, las experiencias inmersivas no están exentas de críticas y desafíos. Uno de los principales argumentos en contra es su alto costo de desarrollo y producción, lo que las hace inaccesibles para muchos creadores y, a menudo, caras para el público. Más allá de lo económico, existen preocupaciones sobre la salud y el bienestar. El uso prolongado de dispositivos de RV puede provocar «mareo por movimiento» o fatiga ocular.
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Desde una perspectiva social, hay quienes argumentan que este tipo de tecnologías profundizan la desconexión con el mundo real, incentivando un escapismo que podría deteriorar las interacciones humanas cara a cara. A medida que las experiencias se vuelven más realistas, también crece el debate ético sobre la delgada línea entre la fantasía y la realidad, y el impacto psicológico que esto podría tener, especialmente en los jóvenes.
Por otro lado podría verse como una «comercialización del arte», que lo convierte en un espectáculo superficial para redes sociales en lugar de promover una reflexión profunda. Asimismo han sido criticadas por la pérdida de la contemplación y la vulnerabilidad. Ya que estas experiencias buscan una emoción inmediata y cómoda, sin exigir un esfuerzo por parte del espectador. Finalmente, se advierte sobre la banalización de la experiencia estética. Al reducir el arte a mero entretenimiento y sacrificar la capacidad de generar tensión o incomodar al espectador, algo esencial para la experiencia artística.
Vic Vertigo
Redactora con 5 años de experiencia en el periodismo. Reportera especializada en cultura alternativa. Lee mi columna para un análisis profundo de las subculturas, arte urbano y la escena disidente de la urbe.





