En el tablero de la geopolítica contemporánea, Groenlandia ha dejado de ser vista como un santuario de hielo. Ahora se trata como una pieza de ajedrez inmobiliario. Por ello, Björk llama a la independencia de Groenlandia
Ante la insistencia de Donald Trump por convertir a la isla más grande del mundo en un activo estratégico de Estados Unidos, una voz se levanta desde el Atlántico Norte. Esta voz tiene una claridad que corta como el viento polar.
Björk llama a la independencia de Groenlandia. Su mensaje no es solo una postura política, sino una defensa de la identidad cultural frente a las ambiciones de las superpotencias.
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Groenlandia: ¿Territorio o mercancía?
La retórica de Washington, que desde 2019 ha flirteado con la idea de «comprar» Groenlandia, ha reabierto las heridas del colonialismo en el Ártico.
Para la administración Trump, la isla representa un depósito masivo de tierras raras y una posición militar inmejorable. Sin embargo, para Björk, esta visión es una afrenta a la dignidad de los pueblos originarios.
La artista islandesa ha sido enfática: tratar a Groenlandia como una propiedad en venta es ignorar su cultura milenaria. Esta cultura tiene derecho a decidir su propio destino. Cuando Björk llama a la independencia de Groenlandia, exige que el futuro del Ártico se escriba en Nuuk. No en los despachos de Washington o Copenhague.
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La ecología como acto de soberanía
Para la creadora de Fossora, la independencia no es un capricho nacionalista. Es una necesidad climática. Su postura sostiene que la única forma de proteger el ecosistema ártico del extractivismo salvaje es otorgando el control total a quienes han convivido con el hielo por siglos.
Björk vincula la soberanía groenlandesa con una nueva forma de entender el mundo. En esta forma, la naturaleza no es un recurso a explotar, sino una entidad con derechos propios. En este sentido, la independencia se convierte en el último muro de contención. Este muro es contra un modelo de desarrollo que Björk considera obsoleto y depredador.
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El frente cultural nórdico
El activismo de Björk trasciende las fronteras de Islandia para crear un frente común de resistencia cultural. Al apoyar la autodeterminación inuit, la artista nos recuerda que la cultura es el arma más potente contra el imperialismo. Su llamado invita a repensar nuestra relación con la tierra: ¿A quién pertenece el hielo? ¿Tiene dueño el viento del norte?
En medio de las tensiones actuales, Björk llama a la independencia de Groenlandia. Es un recordatorio de que, en la era de la crisis climática, la soberanía de los pueblos originarios es la única garantía. Esto asegura que el futuro no sea simplemente otro terreno baldío en oferta al mejor postor.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola




