10 cuentos de misterio y suspenso cortos que te erizarán la piel

Publicado originalmente el 9 de diciembre de 2022. Actualizado el 22 de junio de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
Los cuentos de misterio, suspenso y terror suelen compartir desapariciones, secretos y fenómenos inexplicables, pero trabajan la tensión de formas distintas. El misterio parte de una pregunta; el suspenso retrasa la respuesta, y el horror aparece cuando aquello que se descubre rompe las reglas conocidas.
Tzvetan Todorov explicó que el relato de enigma contiene dos historias: la de lo ocurrido y la de la investigación que permite reconstruirlo. Noël Carroll, por su parte, señaló que el horror combina miedo y rechazo ante criaturas o fenómenos que no encajan en el orden normal. En esta selección, ambas rutas se cruzan: algunas historias ofrecen pistas, otras revelan sólo una parte y varias terminan con una explicación peor que la duda inicial.
Por qué parecen testimonios reales
Los diez cuentos fueron publicados originalmente en Reddit y están escritos como confesiones, advertencias o filtraciones. La investigadora Sandra Sánchez relaciona este tipo de relatos con el folclore digital: historias breves, contadas con voz personal, que circulan por internet y buscan que durante unos minutos parezca posible que alguien realmente esté pidiendo ayuda o revelando algo oculto.
Eva Astorga explica que parte del horror digital retoma una idea asociada con H. P. Lovecraft: el ser humano descubre fuerzas demasiado grandes para comprenderlas y ocupa un lugar mínimo frente a ellas. Esa sensación atraviesa varios de los cuentos reunidos aquí, desde los cielos duplicados de Los niños de las estrellas hasta las entidades ocultas de El Área 51 no existe.
Son relatos de ficción, pero su fuerza depende de que entren como una duda: una publicación apresurada, una advertencia anónima o un testimonio que quizá no debimos encontrar.
1. Los niños de las estrellas
Autor: u/BTJoy
Publicación original:Los niños de las estrellas, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El cuento relaciona un fenómeno astronómico con un embarazo aparentemente normal. La repetición es la clave: cada estrella tiene una copia y la hija de los protagonistas también desarrolla una doble imposible de detectar.
El desenlace no explica de dónde provienen las nuevas estrellas. En cambio, ofrece una pista sobre lo que podrían hacer. La tragedia familiar se convierte así en el anticipo de algo que afecta a todo el universo.
Cuento completo
La comunidad científica los llamó niños de las estrellas. Todavía recuerdo lo impresionante que resultó verlos al principio. Cada estrella del cielo nocturno tenía una doble: una copia perfecta que, aunque podía observarse a simple vista, no aparecía en ningún instrumento astronómico.
Durante varias noches, mi prometida Jane y yo nos tumbamos en el jardín para contemplar aquel cielo espectacular, reflejado sobre sí mismo. Dos firmamentos. Uno colocado sobre el otro como una lámina transparente.
Era muy romántico.
Nuestra hija fue concebida una de aquellas noches, bajo la luz duplicada.
Antes de que terminara la primera semana del fenómeno, todos los noticieros repetían la misma advertencia:
Permanezcan dentro de sus casas durante la noche. No salgan después del anochecer.
CNN presentaba una docena de especialistas en cada emisión. Primero dijeron que los niños de las estrellas podían causar ceguera si se miraban directamente.
Nadie creyó a los especialistas. Surgieron cientos de teorías sobre lo que eran en realidad aquellas estrellas duplicadas.
Al final, el gobierno no nos permitió decidir si queríamos seguir sus recomendaciones. Se impuso un toque de queda en todo el país. Jane y yo vimos cómo se ordenaban medidas similares en el resto del mundo.
Podíamos salir durante el día, pero, cuando oscurecía, debíamos permanecer dentro de nuestras casas.
Nos ordenaron no mirar jamás las estrellas.
La vida continuó casi con normalidad.
Jane sufrió náuseas matutinas y antojos extraños, como cualquier otra mujer embarazada.
Las cosas mejoraron durante el segundo trimestre. Nos hicieron una ecografía. Nos dijeron que era una niña y que su corazón latía con normalidad.
Por las noches, durante el toque de queda, apoyaba la oreja contra el vientre de Jane para escuchar a nuestra hija moverse y patear. Jane le ponía música. Intentaba convertirla en admiradora de Stevie Nicks antes de que naciera.
Colocamos la imagen de la ecografía junto a nuestra cama.
Sabíamos que amaríamos a nuestra hija.
Íbamos a llamarla Lucy.
No puedo explicar lo que sentimos cuando Jane comenzó el trabajo de parto.
Fue espantoso.
Los médicos la sedaron profundamente. Yo perdí el conocimiento y tuvieron que sacarme de la sala para reanimarme.
Nunca nos permitieron mirar a las niñas antes de incinerarlas, pero yo las vi de todos modos.
Eran una masa de extremidades destrozadas y rostros deformados por el dolor.
Los niños de las estrellas.
Así llamaban también a los embarazos como el nuestro: gemelos concebidos bajo la luz de aquellas estrellas duplicadas e imposibles de detectar como gemelos en una ecografía.
Nadie pudo decirnos cuál de las niñas era nuestra hija y cuál era la copia.
Las dos habían sido agresoras dentro del vientre. Cada una había rodeado con sus pequeños brazos el cuello de la otra. Habían apretado y apretado hasta romper venas, desgarrar ligamentos y triturar huesos.
Esta noche no pude soportar el dolor.
Me emborraché y salí durante el toque de queda. Miré el hermoso cielo a través de las lágrimas.
Por lo que alcanzo a distinguir a simple vista, los niños de las estrellas —todos ellos— se están moviendo lenta, pero deliberadamente, hacia las estrellas naturales.
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2. Cómo saber si una conspiración es real
Autor: u/LeVentNoir
Publicación original:Cómo saber si una conspiración es real, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El narrador presenta su historia como una explicación razonada. Primero enumera métodos para evaluar una conspiración y después utiliza datos técnicos sobre reproducción de sonido para sostener una acusación cada vez más inquietante.
El cuento funciona porque mezcla información reconocible con afirmaciones inventadas. Las narraciones conspirativas suelen prometer que revelarán una verdad escondida por grupos poderosos; esa misma forma aparece con frecuencia en contenidos engañosos estudiados por investigadores de la comunicación.
Cuento completo
Amigo:
Existen varias maneras de saber si una conspiración es real.
La primera consiste en examinar las pruebas.
No es el mejor método. Las pruebas pueden desaparecer o ser falsificadas. Basta con observar el caso del monstruo del lago Ness. La gente sigue convencida de que existe, aunque fue perseguido y asesinado en 1822. Todavía pasará mucho tiempo antes de que se revele algo concluyente.
La segunda manera consiste en seguir el dinero.
Es difícil, costoso y lento. Asuntos completamente ordinarios pueden producir movimientos financieros sospechosos, mientras que un encubrimiento verdadero quizá no requiera mover un solo dólar. Basta con revisar el incidente de la loma de 1963. Mediante el uso de agentes desechables, la verdad permanecerá oculta para siempre.
El tercer método consiste en buscar el motivo.
A menos que seas telépata, tampoco será muy útil. Y, si eres telépata, ya sabes por qué los números 34613 5 84 51 46 18 715 4 13 643 06 llevan tanto tiempo repitiéndose dentro de tu cabeza.
Lo que intento decir es que, si desconoces quiénes están implicados, no puedes comenzar a averiguar quién se beneficia.
El último método es tosco, rápido y eficaz.
Consiste en una sola pregunta:
Si esto fuera cierto, ¿los grandes y poderosos tomarían medidas para protegerse? Y, en caso de que lo hicieran, ¿podemos observar esas medidas?
Mi ejemplo favorito es la idea de que los aviones esparcen sustancias químicas. Cuando los dirigentes mundiales, las autoridades militares y los científicos respiran el mismo aire que nosotros, la teoría resulta bastante fácil de descartar.
Ahora déjame contarte una historia.
Es una historia cálida.
Cálida como un amplificador de válvulas de clase A.
La historia de la amplificación del sonido puede comenzar con los tocadiscos eléctricos de las décadas de 1930 y 1940. Antes de ellos, los discos movían una aguja conectada mecánicamente a una membrana, pero el volumen era muy bajo.
Cuando la electricidad y las válvulas de vacío se volvieron comercialmente viables, aparecieron circuitos donde una corriente de entrada provocaba que se extrajera una cantidad proporcional de corriente desde una fuente. Así nacieron los primeros amplificadores de válvulas.
Se conocían como amplificadores de clase A. Consumían muchísima energía y producían una respuesta muy distorsionada. Esa calidez de las válvulas es la razón por la que la música de las décadas de 1960 y 1970 resulta agradable para muchas personas.
El mundo atravesaba entonces un periodo de grandes tensiones.
El surgimiento de movimientos juveniles vinculados con el rock, el metal temprano y el primer punk comenzó a preocupar a determinadas personas. Personas que necesitaban que la población actuara como una sola masa y obedeciera las instrucciones recibidas.
Estoy seguro de que, si lees con frecuencia esta comunidad, habrás encontrado historias sobre los intentos fallidos.
Ondas de radio. Imágenes subliminales. Secuencias luminosas. Mensajes cifrados.
Nada resultó especialmente eficaz, pero aquellos experimentos permitieron comprender la magnitud del problema.
He trabajado en este campo desde aquella época.
No es difícil entrar en proyectos gubernamentales. Sólo se necesita una ética laboral suficientemente convincente, una dedicación absoluta al orden establecido y una ausencia completa de cuestionamientos morales.
Comencé en empresas privadas dedicadas a la fabricación de circuitos eléctricos. Para entonces ya estábamos a finales de los años setenta y principios de los ochenta.
Participé en varios avances tecnológicos interesantes y comprendí que algunas de sus aplicaciones jamás serían viables en el mercado.
Por si todavía no lo has notado, esta historia está comenzando a oscurecerse.
Clase D.
Un amplificador de clase D compara la señal de entrada con una onda triangular de frecuencia mucho más alta. El resultado se utiliza para controlar una etapa de conmutación que proporciona la amplificación.
Es un sistema excelente. Produce una respuesta uniforme, a veces descrita como fría, y consume poca electricidad.
Su único inconveniente es que la conmutación genera una gran cantidad de ruido eléctrico de alta frecuencia. Como ese ruido supera el alcance del oído humano, se coloca un filtro de paso bajo en la salida.
Mi trabajo en las oficinas gubernamentales consistía principalmente en averiguar cómo podía aprovecharse ese ruido.
Nunca participé en la creación de los componentes físicos que lo harían posible, pero sí en la elaboración de las normas informáticas.
Fui uno de los autores fundamentales del formato MP3, presentado en 1993.
Es un formato de sonido comprimido creado deliberadamente para producir un perfil específico de ruido cuando determinadas señales de entrada son amplificadas.
Hasta aquí no hay nada especialmente llamativo. Sólo componentes electrónicos, normas técnicas y sonidos.
Además, nadie podía escuchar aquellos perfiles de ruido amplificado.
La mitad de la década de 1990 fue una época interesante. La última edad dorada de Estados Unidos.
Para entonces, los componentes ya habían alcanzado a las normas y algunas personas muy inteligentes habían encontrado las señales de entrada y salida que necesitábamos.
Descubrimos que ciertas repeticiones de cuatro armónicos generaban con facilidad perfiles de ruido amplificado capaces de reducir la curiosidad y la fuerza de voluntad de los sujetos.
Por sí solo, aquello no bastaba para formar la agrupación social uniforme que se había buscado durante veinte años. Sin embargo, sí permitía volver a las personas más receptivas a otros métodos utilizados por un número cada vez menor de fuentes informativas.
Así podían dividirse con facilidad en grupos enfrentados y controlables.
Faltaba controlar tanto los aparatos entregados a la población como las señales enviadas a los amplificadores. Los nuevos circuitos de amplificación integrados incluían una función adicional: podían desactivar el filtro de paso bajo.
Todo culminó el 23 de octubre de 2001, poco después del acontecimiento que dio origen a numerosas conspiraciones y que terminó ocultando lo verdaderamente importante ocurrido seis semanas después.
Con un sistema centralizado de distribución musical, aparatos de reproducción controlados y la capacidad de activar o desactivar los perfiles de ruido cuando fuera necesario, el proyecto fue declarado un éxito.
Tuvimos aproximadamente diez años de ejecución perfecta antes de que nuestros adversarios comprendieran lo que ocurría y comenzaran a producir sus propias versiones.
Para entonces ya habíamos integrado un depósito centralizado cuyo contenido no podía examinarse, aparatos mucho más complejos de lo que cualquier usuario podía comprobar y un conjunto de normas tan enredadas que seguirlas resultaba casi imposible.
La situación se complicó, pero yo ya recibía una pensión gubernamental y me encontraba fuera del desarrollo activo.
Dejaré que los jóvenes resuelvan esta disputa con China.
Quizá te preguntes por qué estoy contando todo esto.
El tiempo permite pensar.
Han pasado unos cuarenta años y ya no me siento tan cómodo con el silencio como cuando todavía no cumplía treinta.
¿Cómo pienso salir impune?
Mi acuerdo de confidencialidad venció la semana pasada. Ya no existe ningún recurso legal para mantenerme callado.
¿Temo alguna acción ilegal?
Quienes tienen el poder saben que ustedes ya perdieron.
No abandonarían esta tecnología.
Quienes dicen la verdad son tolerados cuando la verdad ya no modifica nada.
Sé que parezco un anciano demente, pero ¿recuerdas cómo comencé?
¿Alguno de ustedes es especialista en sonido y posee suficientes conocimientos de psicología y electrónica para desmontar uno de sus aparatos y comprobarlo?
Recuerda que el sistema sólo se activa con ciertas señales. El primer método no puede desmentirlo.
Seguir el dinero es difícil. Ya lo dije. En una época en la que las empresas tecnológicas guardan miles de millones en el extranjero, hace falta un contador especializado para vincular las cuentas con una compañía, y mucho más para reconstruir un recorrido completo.
El motivo es claro:
Gobernar ovejas resulta más sencillo que gobernar una nación de personas capaces de pensar.
Pero quedaba el último método.
El rápido.
El sencillo.
El condenatorio.
Por eso te pregunto:
¿Alguna vez has visto, con absoluta certeza, a un dirigente mundial escuchando las canciones más populares del momento en un reproductor portátil?

3. El Área 51 no existe
Autor: u/Blue_KeyCard
Publicación original:El Área 51 no existe, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El cuento no intenta demostrar que todo lo dicho sobre el Área 51 sea cierto. Propone algo más inquietante: la fama de la base sería una distracción creada para alejar la atención de otra instalación.
La narración se presenta como el testimonio de un empleado enfermo que ya no teme las consecuencias. Su extensión permite que la acusación crezca gradualmente: primero habla de vuelos y hangares; después describe instalaciones subterráneas, desapariciones y entidades capaces de alterar la percepción.
Cuento completo
Durante varios años fui un lector constante de la comunidad Sin Dormir, pero mi profesión no me permitía publicar nada allí ni en ningún otro lugar.
De vez en cuando aparecía una historia sobre el Área 51.
«Trabajé en el Área 51».
«Me infiltré en el Área 51».
Ese tipo de relatos siempre me provocaba unas ganas enormes de intervenir, pero hasta ahora había conseguido mantener la boca cerrada.
Estoy publicando esto mediante varios intermediarios informáticos y otras maniobras de conexión. Creo que estoy a salvo. No los aburriré con los detalles.
Después de años de leer sin participar, vine a corregir algunas ideas equivocadas y leyendas sobre la instalación militar más famosa del mundo.
Lo hago ahora porque, incluso si me descubren, tengo una protección bastante útil: estoy gravemente enfermo, es poco probable que me recupere y no mantengo contacto con ningún familiar contra el que puedan tomar represalias.
No pueden hacerme nada.
Eso creo.
El Área 51 no existe.
Lo siento.
Y el hecho de que sea el centro de las teorías conspirativas de todo el planeta es exactamente lo que desea el gobierno de Estados Unidos.
Escribo con prisa y no tengo las ideas bien ordenadas, así que dividiré la explicación.
Lago Groom, Rancho Paraíso, ampliación de la Base Edwards, instalación restringida de entrenamiento UX104
Ésos son algunos de los nombres del lugar conocido como Área 51.
No conozco demasiado su historia, pero, en términos generales, la Fuerza Aérea de Estados Unidos pretendía utilizarlo como instalación secreta para probar armamento durante la Guerra Fría.
Tenía varias extensiones. Una servía para desarrollar motores experimentales de cohetes y aviones. Otra se utilizaba para entrenar tropas ante una guerra nuclear y para sobrevivir después de una catástrofe.
Sin embargo, el lugar y su función se hicieron públicos alrededor de la época del incidente de Roswell. La atención de los medios volvió famosa la base.
Al principio, el gobierno intentó frenar las especulaciones. Después adoptó otra estrategia:
Alimentar los rumores y trasladar la verdadera instalación unas cuantas decenas de kilómetros.
En la actualidad, el lago Groom —el supuesto Área 51— es un aeropuerto militar pequeño, pero funcional. Tiene varios refugios que guardan servidores de poca importancia y allí se realizan algunas pruebas de municiones.
El personal entra y sale constantemente. La mayoría son empleados de bajo rango que intentan ascender hasta la instalación verdadera.
También existen refugios nucleares anticuados que todavía reciben mantenimiento y se utilizan como almacenes.
La base consume una enorme cantidad de electricidad. Todo está preparado para hacerla parecer una instalación fuertemente protegida donde se llevan a cabo operaciones enormes y secretas.
Los empleados realmente vuelan todos los días desde Las Vegas en aviones discretamente indiscretos marcados con la palabra JANET.
Quieren que los veas.
Quieren que te preguntes adónde van esos aviones.
Y no quieren que dediques un solo segundo a pensar de dónde vienen.
El verdadero Área 51
Ésta es la parte más interesante.
Por lo que he podido averiguar mediante mis investigaciones limitadas y clandestinas, nadie había revelado este secreto.
Está muy protegido.
Matan a quienes intentan compartirlo.
Matar ni siquiera es la palabra adecuada.
Borran a las personas de la existencia. En ocasiones borran familias completas.
Por eso el gobierno se alarma cuando descubre que uno de sus empleados padece una enfermedad terminal y ya no tiene nada que perder.
Quienes trabajan allí sólo pueden consultar a los médicos de la instalación. Así, el gobierno conoce su estado de salud antes que ellos.
Necesitan que mueran rápidamente por un supuesto ataque cardiaco, antes de que tengan tiempo de pensar que podrían prestar un servicio público y revelar la suciedad acumulada.
A veces provocan esos ataques cuando determinan que un empleado constituye una amenaza motivada por su estado de salud.
Pero yo no necesitaba consultar a un médico para saber que padezco el mismo tumor maligno que mató a mi padre: un glioblastoma multiforme.
Cada tres meses nos realizan una evaluación médica. Cada seis meses nos someten a una tomografía.
Durante la evaluación más reciente no mencioné los síntomas evidentes. Probablemente moriré antes de la siguiente tomografía.
Prefería hacer esto.
Quizá sólo quería ser el primero.
Lo único que he hecho en mi vida, aparte de esto, ha sido reparar computadoras.
La verdadera base militar secreta es el Aeropuerto Internacional McCarran de Las Vegas.
La historia del aeropuerto siempre estuvo relacionada con actividades militares. Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y la Fuerza Aérea construyeron instalaciones, almacenaron materiales y realizaron entrenamientos allí.
En términos generales, el gobierno —junto con las empresas beneficiadas por el gasto militar— adquirió el control total del aeropuerto cuando el Área 51 y el lago Groom comenzaron a recibir atención pública.
Fue una solución rápida y sencilla.
A todos los efectos visibles, McCarran es un aeropuerto. Traslada civiles a distintos lugares del mundo, como cualquier otro.
Pero sus operaciones subterráneas son algo completamente distinto.
Primero hay que comprender la estructura de esta base militar.
Como aparenta ser un negocio de transporte público, cada parte de la instalación cumple dos funciones.
A esto lo llaman ocultamiento, y en McCarran se aplica con una eficacia extraordinaria.
Por ejemplo, el despegue y aterrizaje constante de aviones oculta el sonido de las pruebas de motores experimentales. El público ignora el ruido porque lo interpreta como el estruendo normal de un aeropuerto.
Algunos aviones llevan tecnología en fase de prueba. Otros transportan a cientos de empleados gubernamentales vestidos como turistas.
En cualquier momento puede haber hasta seis puertas de embarque llenas de funcionarios militares y gubernamentales del más alto nivel.
Permanecen sentados, mirando sus teléfonos, vestidos como estudiantes en pijama o ejecutivos agotados.
Les pagan por parecerlo.
Toda la base está protegida por soldados vestidos de civil. Policías militares, especialistas tácticos, fuerzas antiterroristas y otros militares circulan disfrazados de policías, guardias de seguridad y empleados de mostrador.
Normalmente llevan armas cortas ocultas.
El armamento pesado está en manos de los hombres que esperan bajo tierra.
En distintos puntos de las zonas públicas se almacenan fusiles y munición capaz de atravesar blindajes.
No es difícil ocultarlos porque nadie los está buscando.
También contratan a numerosos civiles para trabajar en los controles de seguridad y otros puestos. A esto lo llaman mezcla.
Es necesario.
¿Qué clase de aeropuerto nunca publicaría una oferta de trabajo?
¿Alguna vez has observado a los mecánicos entrar y salir de los aviones? ¿Has visto cómo cargan tu equipaje mientras esperas para abordar?
Toda esa actividad sirve para ocultar el traslado masivo de fuerzas especiales, material de laboratorio, equipo militar y materiales poco comunes.
No es difícil.
Pasa un vehículo con maletas visibles y nadie se pregunta qué transportan los cuatro vehículos que vienen detrás.
En ocasiones se producen confusiones y derrames.
Nadie presta atención.
Siempre recibes cierta cantidad de radiación cuando vuelas. De hecho, McCarran es la razón por la que el límite de exposición segura se estableció en el nivel actual.
La radiación adicional de las pruebas de armas se expulsa hacia el subsuelo y el desierto cercano.
La presencia del aeropuerto permite explicar las mediciones y alejar a los curiosos con detectores de radiación.
Pero la verdadera inteligencia de la instalación aparece en una escala mayor.
La base se construyó bajo un aeropuerto debido a su enorme consumo eléctrico. Como gasta mucho más que un aeropuerto normal, la colocaron debajo de una ciudad que ya consume cantidades extraordinarias de energía: Las Vegas.
Así, la instalación permanece oculta incluso dentro de la red eléctrica.
El Área 51 no podría esconder ese consumo.
Y ésa es precisamente la intención.
Dentro de la base
Si el Área 51 es la distracción, ¿cómo llamamos a la instalación verdadera?
Tiene muchos nombres, pero normalmente se conoce como el NEXO.
Se supone que es una sigla, aunque casi nadie sabe qué significa.
Yo tampoco.
Todas las operaciones y partes del NEXO están separadas. Cada empleado recibe únicamente la información necesaria para realizar su tarea.
Puedes trabajar en contabilidad sin saber qué hace la mujer sentada a tu lado ni el hombre que ocupa la oficina del final del pasillo.
Dicen que ni siquiera el presidente conoce todo lo que sucede allí. Sólo algunos generales y ciertos funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia.
La cultura laboral es demencial.
Todos sonríen. Todos están bien. Todos parecen felices de repetir unas cuantas frases sobre sus actividades cuando se nos permite convivir, lo cual no ocurre con frecuencia.
Todas las líneas están intervenidas. Todas las habitaciones tienen cámaras.
Nadie sabe quién observa ni en qué momento.
Así que comienzas a pensar que nadie te dice la verdad.
Ni siquiera la persona con quien compartes oficina.
A veces me pregunto si alguno de nosotros sabe por qué está allí.
Personas con las que has trabajado durante años son «reasignadas» o sufren una «emergencia médica».
Nunca vuelves a verlas.
Cuando preguntas, nadie parece recordarlas.
Me contrataron para programar sistemas de la Marina cuando acababa de salir de la universidad. Después me enviaron al lago Groom para revisar servidores.
Les gustaron mis conocimientos de informática y redes. Tras varias pruebas psicológicas, investigaciones de antecedentes y montañas de acuerdos de confidencialidad, me ofrecieron un puesto «en una instalación cercana a Las Vegas».
Éstas son algunas de sus condiciones:
Un pago inicial de un millón y medio de dólares libres de impuestos, más 220 mil dólares anuales.
Vivienda, vehículo y atención médica cubiertos.
Sin embargo, una crisis psicológica, un ataque de ansiedad, una enfermedad grave o un problema familiar anulan el contrato.
También firmo aproximadamente dos nuevos acuerdos de confidencialidad por semana. En la mayoría aparece la frase «bajo pena de muerte».
Los empleados no pueden abandonar las instalaciones durante cinco años.
Todos vivimos bajo tierra.
El periodo de servicio dura cinco años, seguido de cuatro años de interrogatorios y seguimiento. Durante esa segunda etapa podemos vivir en Las Vegas, pero debemos acudir a otra instalación cuatro días a la semana.
Después somos dados de baja y vigilados durante el resto de nuestras vidas.
Nuestros pasaportes quedan anulados para siempre. Nunca podemos salir de la parte continental de Estados Unidos.
Escuché que el veinte por ciento de los antiguos empleados se suicida.
No sé si el dato es cierto, pero, si lo es, sospecho que muchos de esos «suicidios» no lo fueron.
La base está bajo tierra.
Es una red de grandes estructuras llamadas colmenas. Juntas forman lo que se conoce como la Colonia o el NEXO.
Hacemos muchas bromas sobre la saga Resident Evil.
La diferencia es que el gobierno no intenta tranquilizarnos con bosques falsos ni ventanas que muestran ciudades simuladas.
Es un laberinto oscuro de corredores y refugios, con compuertas herméticas, escotillas y puertas reforzadas contra explosiones.
La única excepción son los edificios de oficinas donde trabajamos personas como yo.
Parecen oficinas normales.
Salvo por los hombres armados que permanecen de guardia las veinticuatro horas y miran por encima de tu hombro.
Y por el resplandor casi irreal de los laboratorios situados en los niveles inferiores.
Nunca he entrado en ellos, pero he pasado cerca algunas veces.
Por lo que sé, existen cuatro colmenas. No me sorprendería que hubiera más.
Trabajo en la Colmena 1.
Administro algunos servidores junto con otros empleados en uno de los dieciséis pisos. Sin embargo, revisamos todos los servidores de la colmena, así que nos desplazamos bastante.
He conseguido observar parte de la información que circula por ellos.
Por lo que puedo deducir, trabajamos en la colmena más aburrida.
Elaboré la siguiente lista a partir de datos interceptados y rumores de otros empleados.
El NEXO tiene varias redes separadas, aunque existen algunos canales de comunicación entre ellas. Gracias a esos canales conozco cierta información delicada.
Esto es lo que sé:
Colmena 1: finanzas, contabilidad, administración, entrenamiento y alojamiento de tropas, además de pruebas de armamento a pequeña escala.
Colmena 2: ingeniería química, investigaciones con materiales microscópicos y «aptitud psicológica avanzada» para fuerzas militares especiales. También tengo motivos para creer que allí se reúnen y viven los altos mandos.
Colmena 3: los niveles superiores se dedican a armas biológicas, enfermedades y pruebas. Si el gobierno posee muertos vivientes, probablemente están allí.
Los niveles inferiores trabajan con viajes espaciales y armamento para operaciones fuera de la Tierra. Motores de partículas, haces gravitatorios y otras cosas propias de la ciencia ficción.
No tengo pruebas firmes.
Una vez vi un mensaje lleno de expresiones cifradas y marcado con las letras A-B. Muchos creen que significa astrobiología.
Vida extraterrestre.
Quizá sean organismos unicelulares o plantas fosilizadas encontradas en un meteorito.
Quizá sea algo mucho más avanzado.
Debe existir una razón para que no esté en los niveles superiores con los biólogos.
Colmena 4: bloqueo informativo total.
Las protecciones que rodean esa colmena son distintas de cualquier cosa que haya visto, incluso durante proyectos secretos de la Marina.
Uso expresiones imprecisas porque no quiero que descubran inmediatamente quién soy.
De todos modos, terminarán haciéndolo.
Existe un rumor repetido en voz baja sobre la Colmena 4:
La cosa más aterradora del mundo está dentro de esa estructura, en el piso quince.
Hay varios detalles extraños.
Ninguno de los altos mandos tiene autorización para entrar. La observan a distancia mediante transmisiones de video y los materiales son trasladados de la Colmena 4 a la Colmena 2 para examinarlos.
No sé por qué evitan entrar.
Quizá sea demasiado peligrosa.
Hace algunos años, cuando yo acababa de llegar, un trabajador de la Colmena 4 provocó el primer cierre total del NEXO que presencié.
Un escuadrón de soldados lo trasladaba a través de la Colmena 1 cuando comenzó a gritar sobre anomalías interdimensionales.
No escuché sus gritos, pero sí el disparo mientras comía.
Le metieron una bala en la nuca antes de que pudiera terminar la frase.
No tengo más información sobre esas anomalías.
También he leído menciones escasas sobre «las gemelas».
No sé quiénes o qué son, pero constituyen el secreto más protegido de la Colmena 4.
Incluso mencionarlas dentro de nuestras redes es considerado traición, salvo para cuatro empleados que poseen autorización.
Sólo he visto algunos documentos.
Uno era un expediente médico.
No presentaban signos vitales.
Emitían sonidos extraños que provocaban alucinaciones y crisis mentales en los empleados cercanos.
El contacto con su piel causaba náuseas violentas.
El documento especulaba que su superficie funcionaba de manera parecida a ciertas plantas urticantes o a las medusas.
También leí informes sobre personas que trabajaron con ellas.
Una mujer fue enviada al pabellón psiquiátrico después de permanecer en la misma habitación.
Un soldado que vigilaba el laboratorio terminó matándose.
Durante un acceso rutinario miró hacia dentro. Después comenzó a golpearse la cabeza con la culata de su pistola mientras cantaba una canción popular irlandesa.
La mujer fue todavía más extraña.
Durante el desayuno tomó un tenedor, se levantó, salió del comedor, se quitó la ropa y se destruyó ambos ojos.
De algún modo consiguió llegar hasta el primer piso, donde se encuentra el corredor de acceso a la Colmena 3.
Nadie sabe cómo utilizó decenas de lectores de tarjetas, teclados de claves y reconocimientos de retina.
El último mensaje que vi sobre ella fue enviado en 2012.
Decía que permanecía sentada en la oscuridad de una celda del piso once, con una sonrisa permanente y serena.
Un compañero en quien confío afirmó haber visto a las gemelas tras acceder sin permiso a una transmisión.
Dijo que parecen mujeres, pero miden el doble que un hombre adulto.
De sus cabezas cuelgan crecimientos negros imposibles de identificar. Parecen cabello, aunque son mucho más gruesos.
Flotan a unos centímetros del suelo y arrastran ligeramente los dedos de los pies al desplazarse.
Son completamente pálidas.
Él nunca vio sus rostros.
Asegura que deforman la realidad —o al menos la imagen de las cámaras— de manera que el espacio parece doblarse a su alrededor.
Quizá ésas sean las anomalías interdimensionales sobre las que gritaba aquel hombre.
Esto es todo lo que puedo contar por ahora.
Ojalá algún día el mundo conozca la verdad sobre lo que ocurre aquí abajo.
En realidad, todos somos prisioneros.
Nuestro acceso a la red es limitado y está vigilado.
Si no vuelven a saber de mí, supongan que me encontraron.
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4. Soy un empleado de bajo rango del gobierno de Estados Unidos y vi algo que no debía ver
Autor: u/WorldAwayTweedy
Publicación original:Soy un empleado gubernamental y vi algo que no debía, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El cuento parte de un error administrativo: un documento enviado a la impresora equivocada. El protagonista no es un agente ni un investigador. Es una persona obediente que entra por accidente a una reunión reservada.
La cinta promete contener todos los secretos del poder, pero sólo revela uno: la humanidad aceptó convertirse en alimento para evitar su desaparición. El relato deja una fecha concreta —2028— que transforma la confesión en una cuenta regresiva.
Cuento completo
¿Conoces esos comentarios sobre presidentes y gobernadores que, después de ser elegidos, aparecen ante el público con aspecto agotado y aterrorizado?
Como si, al llegar al poder, alguien los llevara a una habitación y les contara todos los secretos del mundo.
Resulta que es verdad.
De hecho, se los muestran en un videocasete.
La «cinta de cuatro horas» siempre fue una especie de leyenda urbana en la oficina.
Mantendré muy imprecisos los detalles de mi puesto, pero quiero dejar algo claro:
Ocupo un cargo muy bajo.
Mi trabajo está enterrado bajo varias capas de trámites y, dentro del funcionamiento general del gobierno, carece de importancia.
En un nivel como el mío, casi nunca se conoce información delicada.
Sí, ocasionalmente se realizan reuniones secretas dentro de nuestro edificio, pero mi trabajo es principalmente administrativo.
Así que hacemos lo mismo que cualquier departamento colocado en el último peldaño:
Comentamos rumores, teorías absurdas y todo lo que circula entre ambos extremos.
«Me pregunto qué estarán haciendo ahora los de arriba».
Ese tipo de conversación.
De todos los rumores, la cinta de cuatro horas siempre me pareció el más interesante.
La idea era sencilla:
Cuando una persona recibe el nivel más alto de autorización, la sientan y le muestran esa cinta.
Nadie sabía qué contenía ni si realmente existía, pero resultaba divertido especular.
La mayoría de las veces descubríamos que la explicación más aburrida era la correcta.
La vida tiene una capacidad sorprendente para resultar común.
Antes de continuar, debes saber algo sobre mí.
Soy un cobarde.
Soy inseguro, ansioso e inquieto.
Obedezco las reglas de manera casi enfermiza.
Ninguna parte de mí desea buscar documentos secretos ni revelar «la verdad» sobre los niveles más altos del gobierno.
Tenlo presente cuando te cuente lo ocurrido hace cuatro noches.
Yo no pedí esto.
Sólo lo comparto porque quizá me quede poco tiempo y no puedo seguir cargándolo solo.
Era de noche y yo seguía en la oficina.
Tengo fama de trabajar demasiado. Quería terminar un asunto antes de que concluyera la semana, así que me quedé más tarde de lo normal.
Mandé imprimir un documento en la impresora que creía más cercana.
La computadora indicó que se estaba imprimiendo, pero no escuché ningún ruido.
Revisé el nombre del aparato.
Había seleccionado por accidente una impresora de otro piso.
Suspiré.
En condiciones normales habría olvidado el error y vuelto a imprimir, pero la administración exige que controlemos todos los documentos confidenciales.
No podemos compartir información de un departamento con otro.
Al diablo, pensé.
Busqué un plano con la ubicación de las impresoras.
Había enviado el documento a una máquina del séptimo piso llamada «Impresiones encantadoras».
Nombre gracioso.
Fui por él.
Debí dejarlo allí.
Subí al séptimo piso y salí a una zona casi vacía.
El edificio es enorme, pero llevaba suficiente tiempo allí para conocer los corredores cercanos.
Encontré la impresora con mis hojas recién salidas.
Me felicité mentalmente por mantener intacta mi larga costumbre de obedecer.
Cuando tomé los papeles, vi movimiento en una sala cercana.
A través de la ventana distinguí unas diez personas reunidas alrededor de una mesa con alimentos.
Había un televisor antiguo colocado sobre un carrito y varias filas de sillas plegables sorprendentemente elegantes.
No le di importancia y comencé a alejarme.
Entonces se abrió la puerta.
—¡Oiga! Usted es el señor Boskowitz, ¿verdad? Debíamos comenzar hace quince minutos. Entre.
—Yo… ¿qué? No, disculpe. Creo que me confunde con…
—No me importa por qué llega tarde. Entre, tome algo de comer y siéntese. Vamos a comenzar. Coloque su teléfono, su reloj y cualquier aparato capaz de grabar sonido o imagen dentro de la bolsa.
Su tono hizo que mi cerebro dejara de funcionar.
Para personas como yo existe una tercera respuesta, además de luchar o huir.
Consiste en seguir las instrucciones hasta que todo termine.
También puede llamarse la táctica del conejo atrapado.
Metí el teléfono y el reloj en la bolsa.
Intenté decir otra vez:
—Señor, no soy el señor Boskowitz…
Pero ya me había arrastrado dentro.
Cerró la puerta y caminó hacia el televisor.
Pensé en escapar, pero decidí continuar y esperar que aquello fuera tan insignificante como mi trabajo.
Todos tomaron sus platos y ocuparon sus lugares.
Yo agarré una magdalena, la puse sobre una servilleta y me senté en la última fila.
Las personas estaban separadas. No parecía que se conocieran.
Suspiré al pensar que tendría que soportar una conferencia aburrida o una capacitación inútil.
Después de unos minutos, el hombre que me había llevado comenzó a hablar.
A su lado había otro individuo igualmente serio. En una esquina permanecía un agente de seguridad con traje.
¿Por qué íbamos a ver algo en un televisor tan antiguo?
Parecía una clase de primaria.
—Antes de comenzar, debo hacer un último repaso —dijo el hombre—. Sé que todos leyeron los mensajes y firmaron las autorizaciones. Sólo quiero repetir las reglas. Pueden levantarse para tomar más comida, pero deben prestar atención completa a la cinta. Si necesitan ir al baño, les recomendamos esperar hasta el final. Si es absolutamente necesario, detendremos la reproducción y uno de nosotros los acompañará. Hay agua y vasos en la esquina. Cualquier conversación sobre esta presentación con personas que no posean autorización compartimentada de máximo nivel constituirá una violación de sus condiciones laborales, sus acuerdos de confidencialidad, las autorizaciones firmadas, el código penal de Estados Unidos en el estado de [censurado] y las condiciones establecidas por el Comité para la Protección y Conservación de la Conciencia Humana.
Comenzaron a apagar las luces.
Maldición.
Había perdido cualquier oportunidad de salir.
El nombre del comité estaba muy por encima de mi nivel.
Uno de los hombres sacó un videocasete de una bolsa y lo introdujo cuidadosamente en el reproductor.
Pulsó el botón.
Respiré hondo.
Las conversaciones de oficina volvieron a mi mente, pero intenté apartarlas.
Sólo era otra reunión gubernamental.
¿Verdad?
La cinta comenzó con avisos de confidencialidad y emblemas de distintas instituciones.
Ya había visto grabaciones parecidas.
Pero uno de los emblemas era extraño.
Mostraba el águila y las estrellas de las bibliotecas presidenciales.
Sin embargo, había una mano azul oscuro sobre el ala izquierda del águila.
¿Habían cambiado el símbolo?
Antes de pensarlo demasiado, apareció otro emblema.
«Comité para la Protección y Conservación de la Conciencia Humana».
La imagen mostraba el planeta Tierra.
La grabación pasó a una sala parecida a la cámara de un congreso, aunque con varias diferencias.
Los asientos estaban muy separados, el estrado parecía deteriorado y toda la sala se encontraba sobre una pendiente pronunciada.
La imagen era en blanco y negro.
Había unas cincuenta personas.
Resultaba difícil distinguir sus rostros.
Todo parecía antiguo, quizá de las décadas de 1940 o 1950.
La cámara permaneció varios minutos sobre la misma imagen.
En una esquina había un coro cuyos integrantes vestían de manera idéntica.
Yo no debía estar viendo aquello.
Después, la grabación cambió a un hombre que hablaba desde el estrado.
El ángulo era incómodo y el acercamiento impedía ver sus ojos y su cabello.
No parecía una filmación profesional.
No pude identificarlo.
Comenzó a hablar:
—Integrantes del Comité para la Protección y Conservación de la Conciencia Humana, agradezco su presencia. Tenemos la fortuna de contar hoy con la buena voluntad de nuestros visitantes. Sin repasar nuestra dolorosa historia…
La grabación mostró lentamente los rostros de los asistentes.
Parecían afligidos.
El hombre continuó:
—Podemos reconocer que el camino hasta este momento ha sido difícil. Me complace anunciar que la humanidad, enfrentada a una amenaza definitiva, ha tomado una decisión mayoritaria. A nuestros distinguidos invitados procedentes de otros lugares del sistema solar, agradecemos la oportunidad de negociar.
Sentí una descarga de adrenalina.
Habíamos entrado en contacto con vida extraterrestre.
Aquello era la verdad.
Quizá, como decía el refrán, la verdad me liberaría.
—Antes de presentar la decisión —continuó—, quiero agradecer sinceramente a los representantes de todas las naciones que se reunieron para garantizar que se tomara con responsabilidad, cuidado y consideración hacia nuestra especie. Sé que la decisión no fue unánime.
¿Qué significaba eso?
Comencé a sudar. Sentí náuseas.
Mordí lentamente la magdalena.
La cinta volvió al hombre del estrado. Esta vez podía ver sus ojos.
Parecían los ojos de alguien que hubiera contemplado varias versiones del infierno.
—A las naciones que aún no están de acuerdo, agradezco que acepten la decisión de la mayoría. Que este momento, que permanecerá oculto durante el resto de la historia, sea reconocido como un punto decisivo para la civilización humana. Esta noche no representa una victoria. Es un momento doloroso. Sin embargo, sólo teníamos dos posibilidades: la extinción o aceptar el acuerdo. Elegimos, y creo que el tiempo demostrará que fue la decisión correcta.
¿Qué era aquello?
—Anuncio formalmente que aceptamos el acuerdo presentado por nuestros invitados, quienes han decidido llamarse [censurado]. La especie intergaláctica conocida como [censurado] permitirá que la humanidad continúe viviendo, creciendo y desarrollándose en la Tierra. A cambio, todos los gobiernos cumplirán la promesa.
Necesitaba que llegara al punto.
—No explicaremos cada parte del acuerdo en esta sesión. Sin embargo, presentaré los elementos principales.
El hombre miró hacia abajo.
Estaba leyendo.
Por primera vez pareció asustado.
—Reconocemos el derecho de [censurado] a visitar la Tierra periódicamente. Durante esas visitas podrán consumir, para alimentarse, a la mayor parte de la población humana. Después de cada visita, los sobrevivientes deberán reproducirse y recuperar la población antes de la llegada siguiente. Mantendremos una historia paralela destinada al público, para que la humanidad conserve el deseo de seguir existiendo. Esa historia atribuirá las desapariciones masivas a errores humanos y no a fuerzas externas.
Por primera vez quise huir.
No sabía de qué.
—La última visita de [censurado] comenzó aproximadamente en el año 1346 y duró siete años. Continuaremos manteniendo nuestra versión paralela de aquel acontecimiento.
Quería que terminara.
—La próxima visita, que no encontrará resistencia, ocurrirá en 2028 y durará un año terrestre completo. Habrán transcurrido 675 años desde la última llegada considerable de la especie [censurado]. Se espera que los periodos entre visitas disminuyan conforme los seres humanos mejoren las técnicas que permiten reproducir la población con mayor rapidez.
Dios mío.
Nuestro planeta es una granja.
Quería apartar la vista, pero no podía.
La grabación mostró la sala completa: los integrantes del comité y el coro.
¿Dónde estaban los visitantes?
¿Por qué no podía verlos?
La cámara se desplazó hacia varios asientos enormes y aparentemente vacíos.
No había criaturas visibles, pero la imagen sobre los asientos parecía borrosa.
El hombre continuó:
—Debemos reconocer el privilegio de saber que existe vida en el universo y que ha elegido visitar nuestro planeta. El equilibrio de la naturaleza se extiende más allá de la Tierra. Del mismo modo que la humanidad ocupa un lugar dentro de la cadena alimentaria terrestre, aceptamos nuestra posición ante seres con mayores capacidades, conocimientos y desarrollo evolutivo.
No debí quedarme trabajando.
Debí aclarar quién era desde el principio.
—Y aunque…
Parecía a punto de llorar.
—Aunque el proceso de consumo es doloroso y prolongado, aceptamos el precio necesario para conservar nuestra especie. También reconocemos que los sustitutos de la vida humana —incluidos posibles clones o cualquier otra especie— nunca servirán como alimento equivalente.
Aquello era demasiado específico.
—La última declaración principal del acuerdo es que aceptamos a [censurado] como el ser todopoderoso, como las entidades a las que a partir de ahora llamaremos Dios. Dios se ha revelado como una especie interestelar. Por tanto, la continuidad de [censurado] será la prioridad verdadera de los habitantes de nuestro planeta. Hemos sido bendecidos al participar en la conservación de Dios. En Dios confiamos. Amén.
La cinta mostró al coro.
—Bendecimos a nuestros visitantes con esta ofrenda: interpretaremos los himnos nacionales de las principales naciones del mundo.
Comenzó una grabación instrumental del himno de Estados Unidos.
El coro cantó con toda su fuerza.
La cámara continuó recorriendo los asientos borrosos.
Cuando terminaron, los hombres de nuestra sala adelantaron la cinta.
Había olvidado que seguía sentado entre otras personas.
Por un momento regresé mentalmente al presente.
Aquél era nuestro mundo.
Aquellas eran nuestras vidas.
Las imágenes avanzaban rápidamente. Saltaban de un himno nacional a otro.
Nuevos grupos entraban a la sala y cantaban.
Uno tras otro.
Tuve que esforzarme para no perder el conocimiento.
Uno de los hombres junto al televisor habló:
—Estamos obligados por ley a llegar hasta el final, pero ya no necesitan mirar. Pueden bajar la cabeza, cerrar los ojos o tomar algo de la mesa.
Los demás obedecieron.
Casi todos miraron hacia el suelo.
Por alguna razón, yo no pude apartar la vista.
La cinta siguió avanzando.
Otro coro entró.
Después otro.
Parecía que se acercaba el final.
Entonces apareció una conversación entre el hombre del estrado y otro individuo que le susurraba algo al oído.
El hombre negó varias veces con la cabeza.
El otro continuó hablando.
Finalmente, el hombre del estrado asintió, contra su voluntad.
Los últimos instantes siguen grabados en mi memoria.
Todo se convirtió en caos.
Los asistentes permanecían sentados, temblando y llorando.
Los integrantes de los coros corrían por la sala.
Manchas borrosas comenzaron a cubrirlos.
Cosas imposibles les sucedieron.
¿Por qué no aparté la vista?
La escena pareció durar demasiado.
Finalmente, los hombres detuvieron el avance y reprodujeron el último momento.
El hombre del estrado, claramente alterado, pronunció una frase:
—El acuerdo ha sido ratificado por [censurado]. Gracias por asistir.
La imagen final mostró la sala completa.
Los integrantes del comité seguían en sus asientos, temblando y llorando.
Los cuerpos destrozados y ensangrentados del coro estaban esparcidos por el suelo.
Los asientos borrosos aparecían manchados de sangre.
Después regresó el emblema sobre un fondo negro.
El águila.
Las estrellas.
La mano azul oscuro colocada sobre el ala.
Se encendieron las luces.
El resto de la noche permanece confuso.
Nos dijeron que debíamos quedarnos sentados durante una hora para asimilar la información.
No se permitía hablar.
Cuando estuviéramos listos, podríamos levantarnos y regresar a casa.
Nos dieron recomendaciones para aceptar lo visto durante las semanas siguientes:
Caminar. Hacer ejercicio. Ver una comedia.
No me preocupaba que descubrieran que yo no debía estar allí.
Sentía una extraña cercanía con todas las personas de la sala.
Estábamos, en realidad, dentro del mismo barco.
Cuando salí del edificio y llegué a mi automóvil, comencé a conducir.
Seguí hasta necesitar combustible.
Me detuve.
Volví a conducir.
Me detuve otra vez.
Continué.
Ahora estoy escondido en un hotel.
Me alegra haber podido contar esto.
Lo extraño es que no puedo dejar de pensar en la duración de la cinta.
No estoy seguro, pero creo que, sin adelantarla, habría durado sólo tres horas.
Quizá el rumor de la «cinta de cuatro horas» surgió porque todos necesitaban una hora adicional para asimilarla.
Ahora probablemente te preguntarás por qué no digo el nombre de la especie que condenará a la humanidad.
¿Por qué escribo [censurado]?
Como dirigente autoproclamado del Comité para Reconocer que Debimos Elegir la Extinción, no pienso honrar a nuestros captores pronunciando su nombre.
Si no vuelvo a escribir, agradezco las conversaciones de oficina.

5. La pulsera de población
Autor: u/ParanoidLetters
Publicación original:La pulsera de población, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
Una cifra sirve como aviso. La pulsera parecía registrar únicamente la posición de cada ciudadano según su edad, pero un cambio repentino revela que millones de personas están rejuveneciendo.
El cuento evita explicar qué ocurrirá cuando las personas convertidas en bebés pierdan la capacidad de cuidarse unas a otras. La cuenta descendente basta para mostrar que el protagonista también está a punto de quedar indefenso.
Cuento completo
La pulsera de población es obligatoria desde hace aproximadamente una década para todos los ciudadanos de mi país.
La población estaba disminuyendo y nacían pocos niños, lo que provocó preocupación por el futuro. El gobierno necesitaba actualizar las cifras en tiempo real mientras el número de habitantes continuaba cayendo.
La pulsera muestra un número: la posición de quien la lleva dentro de la población según su edad.
La persona más vieja tiene el número uno.
¿La mía?
Muestra cincuenta millones y algo.
Ahora mismo sólo tengo treinta años.
A la mañana siguiente hice lo primero que hago siempre:
Levanté el brazo derecho para mirar la pulsera, que nunca me quito, ni siquiera para dormir.
Revisé el número.
Pensé que mis ojos me engañaban porque la cifra no tenía sentido.
Sacudí varias veces el aparato por si se había averiado.
El número no cambió.
275,863.
Me había despertado ocupando de repente el lugar 275,863 de la población.
¿Qué demonios?
No tenía sentido.
Sólo tenía treinta años.
¿Cómo había pasado del lugar cincuenta millones al 275,863 en una sola noche?
Corrí inmediatamente a la habitación de mis padres para comprobar si sus pulseras también fallaban.
Llamé antes de abrir.
Dentro encontré una escena aterradora.
Sobre la cama, donde deberían haber estado mi madre y mi padre, había otra cosa.
Dos bebés acostados uno junto al otro.
Corrí hacia ellos y observé sus rostros.
Mis padres me habían mostrado fotografías de cuando eran pequeños.
Aquellos bebés se parecían exactamente a ellos.
Por la forma en que me miraron, lo supe.
Eran mis padres.
De alguna manera se habían convertido en bebés.
—Esperen… Esperen aquí, ¿de acuerdo? —les dije antes de salir corriendo.
Cuando estaba a punto de abandonar la casa, vi el noticiero en la televisión.
La presentadora hablaba con desesperación y explicaba lo que ocurría.
Unas horas antes había explotado un centro gubernamental de investigación.
El gobierno desarrollaba un proyecto llamado Suero de la Juventud Eterna.
La sustancia debía revertir el envejecimiento: reducir la edad física de una persona sin borrar sus recuerdos.
A causa de la explosión, el suero almacenado dentro de un tanque se había convertido en gas y extendido rápidamente por todo el país.
Mientras la presentadora hablaba, su cuerpo sufrió un espasmo.
Comenzó a temblar violentamente y a encogerse frente a la cámara.
Pocos minutos después estaba tendida en el suelo.
Se había convertido en una bebé aterrada y confundida.
Entonces comprendí.
Todos habían sido afectados.
Y, al parecer, la reacción comenzaba con las personas más viejas y continuaba hacia las más jóvenes.
Sabía que la presentadora tenía treinta y ocho años.
Acababa de transformarse durante una transmisión en directo.
Si estaba en lo cierto, sólo me quedaban unas horas…
O unos minutos…
Antes de convertirme también en un bebé.

6. Cada año desaparece un menor de mi pueblo; este año me tocó a mí
Autor: u/ParanormalWatermelon
Publicación original:Cada año desaparece un menor de mi pueblo, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
La historia presenta una desaparición anual que las autoridades no logran impedir. El cambio ocurre cuando la protagonista descubre que no ha sido secuestrada ni trasladada: continúa en el mismo pueblo, pero ya no puede tocar sus objetos ni ser vista por sus padres.
El relato no resuelve por qué ocurre el fenómeno cada 10 de enero. La aparición de otra localidad con el mismo problema amplía el misterio y sugiere que el pueblo forma parte de algo mucho mayor.
Cuento completo
Si estás leyendo esto, considéralo un milagro.
No tengo idea de si la publicación llegará a aparecer. Cada acción que realizo aquí —aunque tampoco sé exactamente dónde está «aquí»— parece tener sólo un cincuenta por ciento de posibilidades de funcionar.
Creo que, en términos técnicos, sigo dentro del pueblo donde he vivido siempre.
Han pasado unas nueve o diez horas desde que «desaparecí», por llamarlo de alguna manera.
No tengo idea de cómo comenzar a regresar, así que supongo que dispongo de todo el tiempo del mundo para contar mi historia.
Vivo en un pequeño pueblo situado en la esquina noreste de Kansas, a unos cuarenta y cinco minutos de tres ciudades grandes.
Asisto a una escuela privada en una de ellas, en lugar de estudiar en la pequeña preparatoria pública del pueblo.
Cuando digo pequeño, me refiero a uno de esos lugares donde todos conocen a todos, donde sólo había ocho estudiantes en mi curso, donde hace poco renovaron la tienda de alimentos y donde existen quizá tres restaurantes aceptables.
Cuatro, si contamos el Wendy’s cercano a mi casa.
El pueblo no está abandonado. Tenemos una plaza agradable, un parque público hermoso y bancas blancas.
Sin embargo, ya no viven muchas familias allí.
Las escuelas públicas tienen bastantes alumnos, pero yo estudié la primaria en un colegio católico privado. Como mi padre trabaja desde hace años en una escuela preparatoria de una ciudad cercana, ahora asisto a ese mismo centro.
Mis amigos entraron a la preparatoria pública del pueblo. Todavía los veo casi todos los fines de semana y también tengo amigos en mi escuela, así que no me siento desdichada.
La principal diferencia entre mi escuela y la del pueblo es lo que ocurre cada 10 de enero.
Ese día, los profesores observan cuidadosamente a cada estudiante en los pasillos para asegurarse de que llegue a salvo al salón.
El director vigila el edificio mediante cámaras nuevas y comprueba repetidamente que nadie falte.
Las madres y los padres no se separan de sus hijos. Sólo los dejan ir y volver de la escuela si viajan en grupos.
Según me contaron, todo comenzó hace más de veinte años con Kent, un estudiante de segundo de secundaria.
Aunque el bosque de la zona no es denso y se encuentra en las afueras, la historia dice que Kent se perdió allí pocos minutos después de salir de clases.
Nunca encontraron su cuerpo, pese a una búsqueda de tres meses.
Las autoridades sólo hallaron un cuaderno con su nombre cerca de la entrada del bosque.
Ese primer caso quizá sea el más extraño.
Resulta casi imposible perderse en uno de los bosques menos densos de Estados Unidos, dentro de un pueblo de apenas unos kilómetros.
Pero no fue el único.
Sus padres terminaron marchándose debido al dolor.
Otras familias comenzaron a hacer lo mismo.
Al año siguiente desapareció otro estudiante de secundaria.
Permaneció en la escuela durante toda la jornada, pero ya no estaba allí cuando llegaron sus padres.
Algunos profesores afirmaron haberlo visto subir a un automóvil que avanzó en dirección a su casa.
Nadie pudo describirlo con suficiente claridad.
Los padres conducían vehículos plateados. Los testigos dijeron que el automóvil también era «más o menos plateado».
En aquella época vivían más personas en el pueblo y nadie prestaba atención a cada vehículo al que subía un estudiante.
Al año siguiente desapareció Clarisse, una alumna del último curso.
Había ido a desayunar con sus amigos a un restaurante antes de entrar a clases.
Fue al baño.
Cuando tardó demasiado, sus compañeros entraron a buscarla.
Había desaparecido por completo.
Después desapareció Jonah, otro estudiante, mientras caminaba hacia la escuela.
Fue entonces cuando la gente comenzó a decir:
—Hemos tenido demasiadas desapariciones en los últimos años.
Y otros respondieron:
—¿No es extraño que todas ocurran el 10 de enero?
El año pasado desapareció una estudiante de segundo curso.
Aunque el 10 de enero ya causaba pánico y se habían adoptado muchas precauciones, no volvió a clase después de salir al patio para almorzar con sus amigas.
Pero el caso de hace dos años me afectó especialmente.
Una antigua compañera de primaria llamada Christina desapareció temprano, antes de ir a clases. La ventana de su habitación mostraba señales de haber sido forzada.
Christina y yo no éramos mejores amigas, pero habíamos sido cercanas porque sólo éramos ocho estudiantes.
No la veía desde hacía dos años, pero su desaparición se sintió demasiado próxima.
El 10 de enero nunca me asustó tanto como al resto del pueblo.
Soy hija única. Mis padres siempre me vigilaban y me habían enseñado a ser responsable.
Además, pasaba la mayor parte del día en una escuela situada a cuarenta y cinco minutos.
Muchas veces no comprendía por qué todos estaban tan alterados hasta que, por la noche, recibíamos la noticia.
Últimamente había conocido a cada persona desaparecida. Los casos me dolían, pero nunca creí a quienes afirmaban que existía algo más que una coincidencia.
Cuando la gente reconoció el patrón, muchas familias se marcharon.
Las parejas mayores permanecieron porque las desapariciones afectaban únicamente a personas de entre trece y dieciocho años.
Otras familias con hijos se quedaron por la buena calidad de vida, el costo reducido y la escasa delincuencia.
Cuando yo era pequeña, periodistas de las ciudades cercanas acudían cada 10 de enero.
Con el paso de los años dejaron de hacerlo.
Durante el resto del año casi nadie habla del asunto. Prefieren evitar el pánico y no ahuyentar a posibles habitantes.
Pero, cuando llega la fecha, puede sentirse la tensión.
Mi 10 de enero comenzó con absoluta normalidad.
Desperté, comí cereal, me vestí y me cepillé los dientes.
No noté ningún cambio extraño.
Mientras me maquillaba, con una botella de base en una mano y un lápiz labial en la otra, escuché a mi madre llamarme desde abajo.
Respondí, pero no pareció oírme.
—Tu padre casi está listo. ¿Ya terminaste?
—¡Un minuto! —grité.
Ella volvió a llamarme, esta vez con mayor fuerza.
—¡JULIA!
Mi padre también comenzó a gritar mi nombre.
Me enfurecí.
La puerta de mi habitación estaba abierta. Debían poder escucharme.
Salí y grité:
—¡DIJE QUE YA VOY!
Nadie reaccionó.
Continuaron mirando sus teléfonos y llamándome de vez en cuando.
Saqué el mío del bolsillo de la falda y les escribí que bajaría en un minuto y que debían contestarme como personas normales.
El mensaje no fue enviado.
Era extraño, aunque podía ocurrir.
Lo intenté otra vez.
Nada.
Decidí terminar de arreglarme, pero siguieron llamando.
Mi madre subió y entró directamente en mi habitación.
—Julia, vamos.
Se detuvo.
—¿Julia?
Me volví.
—¿QUÉ?
Mi madre comenzó a mirar lentamente alrededor.
—Julia, ¿dónde estás? ¿Estás en el baño?
—Mamá, estoy aquí. Deja la actuación.
Intenté empujarla.
Su cuerpo no se movió.
Parecía completamente rígido.
Entró al baño y abrió la puerta de golpe mientras yo la miraba, confundida.
Durante varios minutos siguió buscando por el piso superior.
—Tom —llamó—, no está aquí arriba.
Escuché a mi padre bajar al sótano.
—¿Julia?
Mi madre comenzó a asustarse.
Pensé que estaba a punto de hiperventilar.
Me reí, convencida de que todo era una broma extraña.
Intenté tomar una caja de pañuelos para lanzársela.
No se movió.
Parecía pegada al escritorio con el material más resistente del mundo.
Probé con otros objetos.
Todos permanecían inmóviles.
—¿Qué demonios ocurre, mamá?
No me oyó.
Pensé que quizá reaccionaría si me escuchaba decir una grosería.
Mis padres se desesperaron.
—Tom, tenemos que llamar a alguien.
—Mamá, estoy aquí. Dejen de hacer esto. Tengo que terminar un trabajo antes de entrar a clases.
Mi padre tomó el teléfono.
Desesperada, lancé la mano y le golpeé la mejilla.
Fue como golpear una lámina de metal.
Me dolió muchísimo.
Algo estaba realmente mal.
Regresé a mi habitación e intenté levantar distintos objetos.
La computadora portátil, la mochila, la lámpara, el grifo, el jabón, el interruptor, los cosméticos y todo lo que había sobre el escritorio permanecía inmóvil.
Sin embargo, todavía podía sostener la base de maquillaje, el lápiz labial y el cepillo de dientes.
Guardé esos objetos en los bolsillos y volví a bajar.
Mi padre hablaba por teléfono, probablemente con la policía.
Seguí gritando y tratando de mover cosas.
Nada respondía.
Nadie podía escucharme.
Creo que comencé a llorar por la desesperación.
Mis padres abrieron la puerta para salir y llamarme en la calle.
Aproveché para cruzarla.
Quería averiguar si podía tocar algo afuera.
Mientras caminaba, intenté llamar a mis amigos.
Tenía buena señal, pero ninguna llamada funcionaba.
Tampoco pude comunicarme con emergencias.
No podía publicar nada en las redes, aunque sí podía recibir correos y visitar algunas páginas.
Grité por toda la calle.
Nadie respondió.
Entonces la vi.
Acababa de doblar una esquina.
Corrí detrás de ella.
—¡CHRISTINA!
La muchacha no había cambiado desde la última vez que la vi.
Pareció sorprendida de que alguien pudiera verla.
—¡Regresaste! —grité mientras la abrazaba.
Podía tocarla, moverla y sentirla.
Christina me miró con tristeza.
—Ay, cariño. No.
La observé sin comprender.
—Vine para ayudar a la persona de este año y entonces…
Se detuvo.
Yo comprendí.
Era 10 de enero.
—Christina, ¿qué demonios ocurre?
—Ven conmigo.
No tenía otra alternativa.
La seguí por el pueblo hasta las afueras.
Durante el camino explicó que todo lo ocurrido aquella mañana era normal para un 10 de enero.
Los otros veintitrés desaparecidos habían pasado por lo mismo.
No podía creerlo.
Algunos llevaban más de veinte años sin ver a sus familias, viviendo de aquella manera.
Christina dijo que el tiempo comenzaba a transcurrir de forma distinta cuanto más permanecíamos en ese estado.
—¿Y estas cosas? —pregunté mientras le mostraba lo que llevaba en los bolsillos.
—Probablemente las sostenías en el momento exacto de la desaparición. Por suerte llevabas el teléfono contigo.
Lo miré con tristeza.
—¿Servirá?
Christina sacó el suyo.
La batería seguía marcando ochenta y cuatro por ciento, igual que dos años antes.
Podía entrar a la red y publicar en páginas que no estuvieran relacionadas directamente con nuestro pueblo ni con sus habitantes.
Aquello me dio una pequeña esperanza.
—La red sorprendió muchísimo a los más antiguos —dijo.
Finalmente llegamos a un claro del bosque.
Había una casa sólida construida sobre un árbol.
—Jackson Sabata estaba aquí un sábado de enero. Sus padres vinieron a buscarlo y nunca lo encontraron, aunque estuvieron frente a él. Como desapareció dentro de la casa, todos podemos usarla. Tiene una biblioteca y muchas otras cosas.
Vi a varios jóvenes sentados al pie del árbol.
Leían, conversaban o miraban sus teléfonos.
Sentí alivio.
—Jessie, la muchacha del año pasado, tenía su computadora portátil cuando desapareció —añadió Christina—. Podemos utilizarla.
Explicó que quienes conservaban aparatos intentaban comunicarse con el exterior o investigar el fenómeno.
Me animó a hacer lo mismo.
Por eso estoy aquí.
Sentada dentro de la casa del árbol, escribiendo desde mi teléfono y esperando que alguien pueda ayudarnos.
Hasta ahora descubrimos que lo mismo ocurre el 10 de enero en un pequeño pueblo cercano a Alberta, Canadá.
Todavía no sabemos qué significa la fecha ni cómo es posible.
Nos hemos comunicado con algunos profesores universitarios, pero ninguno vive en Kansas o Misuri y nadie puede ayudarnos directamente.
Pasé las primeras horas llorando.
He conocido a casi todos los jóvenes. Son amables y me han recibido bien.
Pero extraño a mi familia.
No sé qué ocurre en mi casa.
Si alguien conoce mi escuela o, más importante aún, a mis padres, díganles que no sé dónde estoy y que vengan a buscarme.
Sobre todo porque Christina casi olvidó mencionar las bestias que salen durante la noche.
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7. Sujeto de prueba
Autor: u/Fulforon
Publicación original:Sujeto de prueba, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El cuento plantea una pregunta sobre la identidad: si una máquina destruye un cuerpo y fabrica una copia con los mismos recuerdos, ¿la persona llegó al destino o murió dentro del primer aparato?
La narración utiliza la segunda persona para colocar al lector en la posición del sujeto. El descubrimiento no se observa desde afuera: se recibe como una explicación sobre la propia muerte.
Cuento completo
Padeces una enfermedad terminal y decidiste participar en un proyecto experimental del gobierno.
Te encuentras dentro de una habitación blanca dividida por un panel de vidrio.
Cada lado está marcado con un número enorme: 1 y 2.
En ambos espacios hay una máquina lo suficientemente grande como para contener a una persona.
Una voz procedente de un altavoz informa que probarán la teletransportación.
La idea te parece absurda, pero decides seguir adelante.
Obedeces las instrucciones y entras en la máquina de la habitación marcada con el número 1.
La voz vuelve a sonar.
—Comenzaremos la teletransportación.
Un cosquilleo recorre todo tu cuerpo.
De pronto sientes un dolor intenso.
Después parece que cada parte de ti se retuerce como una serpiente. Te provoca náuseas, aunque ya no duele.
Al cabo de un rato, la puerta vuelve a abrirse.
Sales.
Quedas paralizado.
La máquina en la que entras se encuentra ahora al otro lado del panel de vidrio.
Estás dentro de la habitación número 2.
Imposible.
Funcionó.
Es extraordinario.
Una puerta se abre y entra una científica.
—Eres la primera persona que consigue atravesar el espacio.
Piensas en preguntar qué ocurrió con quienes fracasaron, pero guardas silencio.
En cambio, quieres saber cómo lo lograron.
—¿Cómo lo hicieron? Es increíble. ¿Podría explicármelo?
Sabes que probablemente no entenderás, pero necesitas preguntar.
La científica duda.
Mira hacia una cámara.
La voz del altavoz vuelve a escucharse:
—Continúe y registre la reacción del sujeto.
Un escalofrío recorre tu espalda.
La científica enciende una pequeña cámara sujeta a su bata.
—Aunque podría parecer difícil de comprender, en realidad es bastante sencillo. Escaneamos tu cuerpo, lo incineramos y después fabricamos un duplicado dentro de la segunda máquina. De esa forma dejamos en la copia la impresión de haber sido transportada.
…
Espera.
¿Qué?
—P… pero estoy aquí. Yo no morí.
—No crees haber muerto porque no recuerdas tu muerte. Lo siento.
La mujer te observa con compasión.
Tu rostro muestra miedo, confusión y desesperación.
—P… pero estoy… vivo, ¿verdad?
Ella aprieta los labios.
Suspira.
Se vuelve y abandona la habitación.
Te deja allí.
Inmóvil.
Tratando de comprender lo ocurrido.
Tu visión comienza a cerrarse.
El corazón late con violencia.
La tensión provoca una crisis de tu enfermedad.
Sientes que pierdes el conocimiento.
¿Por qué…?

8. El niño del laboratorio
Autor: u/hyperobscura
Publicación original:El niño del laboratorio, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El cuento utiliza la comprensión limitada del narrador. Elijah cree que el científico es su padre y que el otro niño es un ser peligroso. Las últimas líneas permiten entender que la relación podría ser exactamente la contraria.
La repetición de la confianza de Elijah hace más doloroso el desenlace. Su aparente padre no lo protege: experimenta con un menor incapaz de hablar, moverse o pedir ayuda.
Cuento completo
Mi padre casi siempre lo mantiene encerrado, pero a veces escapa.
Despierto y lo encuentro allí, de pie afuera de mi habitación.
Normalmente aparece durante la noche, aunque algunas mañanas también está cuando abro los ojos.
De pronto está allí.
Callado y extraño.
Me observa con sus pequeños ojos negros.
No hay alma dentro de ellos.
No hay nada.
Están vacíos.
Mi padre se lo lleva en silencio. Cuando vuelve a encerrarlo, regresa para asegurarse de que yo esté bien.
—Sólo siente curiosidad, Elijah —me dice—. Lo mantendré lejos de ti. No te preocupes.
Mi padre es científico.
El mejor de todos.
Dice que trabaja para el gobierno en un proyecto muy importante que beneficiará a toda la humanidad.
Eso significa muchas personas.
Miles, creo.
Algunos días quizá sean todavía más.
—Te mantendré a salvo —dice—. Aquí estás seguro.
No soporto cuando el niño escapa.
Es demasiado extraño y silencioso.
Siempre viene hacia mí.
Hacia mí.
Cada vez.
Si es tan importante, ¿por qué resulta tan difícil mantenerlo encerrado?
Quizá ésa sea la razón.
Tal vez puede atravesar objetos sólidos.
Quizá mi padre lo hizo de esa manera.
—¿Cómo te sientes hoy, Elijah? —pregunta mi padre.
Mi mente vuelve a aquellos ojos y tiene que tocarme para conseguir mi atención.
—Vamos a curarte. No te preocupes. Por eso estoy aquí.
No soporto los tubos ni los cables.
Nací sin brazos ni piernas, así que mi padre dice que los necesito para seguir vivo.
Me hará crecer extremidades nuevas.
Me lo prometió.
Es un gran científico.
Puede hacerlo todo.
—Hoy probaremos una medicina nueva, Elijah —dice mientras introduce un líquido negro en uno de los tubos—. Tengo un buen presentimiento.
No puedo hablar.
Emito algunos sonidos, pero nací sin lengua y sin lo que llaman cuerdas vocales.
Sólo muevo los ojos cuando quiero decir algo.
Es la única parte de mi cuerpo que puedo controlar.
—Volveré más tarde para ver cómo sigues —dice sonriendo—. Tengo más medicina que probar.
Me da medicina seis o siete veces al día.
La mayoría provoca mucho dolor.
Crecen cosas sobre mi piel.
Otras crecen dentro de mi cuerpo.
Pero eso es bueno, según mi padre.
Significa que funciona.
Significa que estoy mejorando.
No te preocupes por los agujeros, dice.
Desaparecerán.
—Mantendré alejado a mi hijo —promete.
Hijo.
Así se llama el otro niño.
No me gusta cuando escapa.
Debería estar encerrado.
Pero confío en mi padre.
Mi padre es un gran científico.
Él me curará.

9. El gobierno acaba de anunciar que estoy enferma
Autora: u/Trash_Tia
Publicación original:El gobierno acaba de anunciar que estoy enferma, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
La narración toma el lenguaje de una emergencia sanitaria y lo utiliza para justificar la detención de menores. La supuesta enfermedad no se descubre mediante una prueba médica: corresponde a una clasificación oficial de condiciones neurológicas.
La madre comprende antes que su hija que la declaración de una epidemia sirve para retirar a ciertos menores de sus hogares. El autobús escolar, normalmente asociado con protección y rutina, se convierte en el vehículo de la detención.
Cuento completo
Desperté escuchando llorar a mamá.
Me sacó de la cama y me llevó a la planta baja, donde el desayuno ya estaba servido: jugo de naranja y cereal.
El televisor estaba apagado.
Mi teléfono había desaparecido.
—¿Dónde está mi teléfono? —pregunté mientras removía el cereal.
Mamá apenas había aceptado comprármelo.
Catorce años me parecía una edad demasiado avanzada para tener el primero.
Ella permaneció de pie, con los brazos cruzados y el cuerpo tembloroso. Miraba hacia ninguna parte. Tenía las mejillas pálidas.
—Cariño, hoy no tendrás tu teléfono —susurró—. Tampoco irás a la escuela.
Cuando intenté tomar el control remoto, se lanzó sobre él.
—Nada de televisión. Lee un libro, Star.
Me mandó arriba para que me bañara.
Saqué el teléfono de emergencia escondido bajo la almohada, el que no tenía controles familiares, y revisé las notificaciones.
Mari había escrito:
¿Qué nivel eres? Yo soy nivel 2. Del nivel 3 hacia abajo estamos en la zona verde. No tenemos eso que llaman «fenómeno incontrolado». Pero mi madre está aterrada. Kaz, el muchacho de la calle, es nivel 5.
¿De qué hablaba?
Respondí:
¿Como la calificación de un examen?
Entonces vi otra notificación:
Se declara una epidemia en Estados Unidos. El gobierno anuncia: «Todos los menores están infectados…»
Mamá me arrancó el teléfono de las manos.
Estaba enfadada, pero no gritó.
Me abrazó.
—Ve a tu habitación y guarda lo indispensable —susurró—. Nada de animales de peluche. Sólo ropa. Después baja al sótano y entra en el automóvil.
Me entregó las llaves.
—¿Recuerdas la clase de manejo que te dio tu padre?
Tomé las llaves. Sentí que el estómago se revolvía.
—Mamá, ¿qué ocurre?
—Si no voy detrás de ti, conduce hasta la casa de tu abuela. Conoces el camino.
Antes de que pudiera responder, alguien golpeó la puerta con fuerza.
Mamá me empujó detrás de ella.
—Al sótano. Ahora —dijo entre dientes—. Métete en el asiento trasero y no hagas ningún ruido.
Corrí hacia abajo.
Tres hombres vestidos de blanco ya estaban esperándome.
Me sujetaron.
Uno se agachó frente a mí con una carpeta.
—Star Cameron —dijo mientras revisaba las hojas—. Sí. Nivel cinco. Trastorno del espectro autista. Acaba de ser declarado epidemia nacional.
Sacó una lata y pintó una O sobre mi pecho.
Escuché los gritos de mi madre.
—Los niveles del cinco al diez, conocidos como equis y oes, están autorizados para venir con nosotros —explicó mientras me esposaba las manos detrás de la espalda.
Cuando intenté alejarme, su respiración me rozó la nuca.
Casi parecía una risa.
—No te preocupes, Star. Sólo estás enferma, como todos los demás menores.
Me cargó hasta un autobús escolar que esperaba afuera.
Me obligaron a sentarme junto a un muchacho de ojos muy abiertos que no parpadeaba.
Sobre su camiseta azul habían pintado una equis roja.
El hombre se colocó frente a todos nosotros con una sonrisa demasiado amplia.
—Esta epidemia puede curarse con su cooperación. No se preocupen. Vamos a arreglarlos.
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10. Fuerzas contrarias
Autor: u/EvantheNerd83
Publicación original:Fuerzas contrarias, en Reddit
Por qué lo seleccionamos
El relato presenta dos fenómenos unidos por sus nombres: la Atracción y la Expulsión. Primero desaparecen millones de personas en Nueva York; después aparecen restos humanos mezclados con la naturaleza de Oregón.
No se explica si los cuerpos pertenecen a las personas desaparecidas ni qué fuerza produjo los sucesos. La relación queda abierta, lo que obliga al lector a decidir si se trata de traslado, transformación o intercambio.
Cuento completo
Todo comenzó con la Atracción.
En un momento, Nueva York estaba llena de personas que corrían al trabajo y hablaban por teléfono.
Al siguiente…
Nada.
Todo el ruido se detuvo.
Las calles quedaron vacías.
Todos habían desaparecido.
Sin pilotos, los aviones cayeron del cielo.
Los automóviles, trenes y autobuses chocaron.
Se iniciaron incendios en edificios y parques.
Como no quedaban bomberos disponibles y el país estaba completamente confundido, las llamas continuaron extendiéndose por gran parte de Nueva York.
Tardaron varios días en apagarlas.
Después comenzaron las preguntas.
El gobierno abrió una investigación para encontrar a los 19.49 millones de desaparecidos.
No consiguió nada.
La Atracción no dejó cuerpos.
No dejó pruebas.
Las familias guardaron luto.
Los noticieros se llenaron de especulaciones.
Circularon teorías conspirativas.
Con el tiempo, el mundo comenzó a seguir adelante.
Entonces ocurrió la Expulsión.
Una fuerza contraria.
O quizá una fuerza complementaria.
En realidad, no importa cómo se llamara.
Partes de cuerpos humanos comenzaron a aparecer de la nada.
Encontraron cabezas por toda la región boscosa de Oregón.
Algunas estaban clavadas en las ramas.
Otras flotaban en los arroyos.
Dedos de manos y pies salían expulsados de troncos huecos y agujeros en la tierra.
Las flores se abrían y mostraban ojos humanos en su interior.
Hubo preguntas.
Por supuesto que las hubo.
Pero nadie tenía respuestas.

¿Por qué estos cuentos siguen inquietando después del final?
Estos relatos no provocan miedo únicamente por sus criaturas, experimentos o desapariciones. Su efecto depende de la información que esconden y del momento en que deciden revelarla.
El misterio invita a ordenar las pistas. El suspenso retrasa la respuesta y obliga a anticipar lo que puede ocurrir. El horror aparece cuando la explicación rompe las reglas conocidas: una máquina que mata al original y produce una copia, jóvenes que continúan en su pueblo sin poder ser vistos o estrellas duplicadas que avanzan hacia las naturales.
Varios cuentos también utilizan el temor a perder el control sobre situaciones cotidianas. Un teléfono deja de servir, una pulsera obligatoria cambia de cifra, una impresora conduce a una reunión secreta y un autobús escolar se convierte en un vehículo de detención. El peligro resulta más cercano porque entra por medio de objetos e instituciones reconocibles.
Además, estas historias recuperan una característica de las leyendas urbanas: el inquietante “podría ser”. Los acontecimientos son improbables, pero se presentan junto a lugares, fechas, aparatos y organismos conocidos. La ficción deja entonces una pregunta incómoda: no si los hechos están comprobados, sino qué ocurriría si una parte mínima del relato fuera posible.
Las teorías conspirativas reales suelen presentar acontecimientos complejos como resultado de planes ocultos y prometen revelar información que las autoridades no desean que se conozca. En la ficción, esa misma forma puede utilizarse para producir suspenso sin afirmar que el relato ocurrió.
La circulación en internet también modifica la experiencia. Los lectores comentan, proponen explicaciones y relacionan unas historias con otras. Sánchez describe este intercambio como una forma de escritura y lectura comunitaria en la que las interpretaciones pueden estimular correcciones, variantes y nuevas narraciones.
Por eso los mejores cuentos de misterio y suspenso no necesitan aclararlo todo. Deben ofrecer suficientes pistas para que el lector entienda el peligro, pero conservar una zona que no pueda cerrarse por completo. Una respuesta resuelve el argumento; una duda bien planteada permite que la historia continúe después de la última línea.
Redacción
Cinthia Flores
Fotógrafa, Reportera y Redactora cultural en Yaconic. Licenciada en Artes Visuales (UNAM), mi columna se especializa en la estética gótica, la arquitectura alternativa y el diseño de moda dark. Con una perspectiva forjada en medios como Infobae y PÓLVORA rock, utilizo mi lente y mi pluma para analizar el significado, la historia y la materialización de las subculturas visuales. Si buscas una inmersión profunda en la cultura oscura desde una mirada crítica y documentada, este es tu espacio.







