Cuentos mexicanos cortos: 6 joyas literarias que debes leer
Literatura

Cuentos mexicanos cortos: 6 joyas literarias que debes leer

México posee un acervo inigualable de cuentos populares que son el reflejo de su identidad. Desde los relatos prehispánicos que explican el origen del mundo y sus deidades. Hasta las leyendas coloniales que mezclan lo sacro con lo profano, la narrativa oral ha sido siempre un pilar en la transmisión de la cultura y la cosmovisión mexicana. Estos cuentos, a menudo protagonizados por personajes míticos como el nahual o la Llorona, o por figuras históricas transformadas en leyenda. Hoy en día, a pesar del auge de las nuevas tecnologías, el cuento mexicano sigue vivo. Se transmite en voz baja de abuelos a nietos, en festivales culturales y en las adaptaciones literarias que buscan preservar este tesoro oral.

El sol y la luna

Cuenta la leyenda que cuando la tierra estaba en la oscuridad, era siempre de noche. Los poderosos se reunieron para crear el Sol. En la ciudad de Teotihuacán, encendieron una enorme hoguera y aquel que quisiera convertirse en el Sol, debía saltar en esa hoguera para resurgir como el Sol. Se presentaron dos candidatos y el primero se arrepintió. El segundo sí se animó y se convirtió en lo prometido, pero el segundo, lleno de vergüenza, también saltó. Por un momento hubo dos soles, pero los poderosos decidieron apagarlo, su brillo disminuyó rápidamente y en poco tiempo se convirtió en la Luna.

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Cuentos mexicanos cortos

La historia del Quetzal

Cuando los dioses crearon el mundo, su hijo Kuk pidió bajar a la Tierra para jugar con los animales. Al llegar, todos quedaron asombrados por su belleza, y Kuk se volvió presumido. Los dioses lo llamaron preocupados.

—No debimos dejarte en la Tierra, Kuk. Te quedarás en los cielos —dijeron.

—¡No! Aquí nadie me conoce, pero en la Tierra soy importante. ¡Todos me admiran!

—De acuerdo, pero aprenderás a respetar nuestro mundo —respondieron los dioses.

Al día siguiente, un hermoso pájaro de plumas verdes, pecho rojo y cuello azul brillaba en el cielo. Era el quetzal, y mientras volaba por la selva, Kuk comprendió lo valioso que era cuidar de la naturaleza. Así, se convirtió en el guardián de los cielos, feliz de proteger su hogar y el de todos los seres vivos.

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El conejo en la luna

Un día, el dios Quetzalcóatl decidió visitar la Tierra para ver de cerca el mundo que ayudó a crear. Se disfrazó de hombre común para caminar entre la gente sin ser reconocido. Mientras recorría los poblados, se maravilló con los hermosos paisajes: verdes campos, altas montañas, lagos tranquilos y desiertos infinitos.

Tanto disfrutó su viaje que olvidó descansar y comer. Al caer la noche, se sentó a contemplar el cielo, cuando un pequeño conejo gris apareció a su lado, moviendo sus bigotes entre la maleza. Quetzalcóatl le preguntó:

—¿Qué estás comiendo?

—Un poco de zanahoria —respondió el conejo—, ¿quieres un poco?

—Gracias, pero no como zanahoria —dijo el dios.

El estómago de Quetzalcóatl gruñía de hambre, pero no quiso quitarle su comida.

Entonces, el conejo, con gran bondad, le dijo:

—Si tienes hambre, cómeme a mí. Aunque soy pequeño, podrías recuperar tus fuerzas.

Quetzalcóatl, conmovido por la generosidad del conejito, lo tomó en sus brazos y lo llevó a volar por los cielos, mostrándole las estrellas de cerca. Cuando regresaron a la Tierra, el conejo vio algo asombroso: su imagen había quedado grabada en la luna.

—Puede que seas un pequeño conejo, pero ahora todos te recordarán por tu gran corazón —dijo Quetzalcóatl.

Desde entonces, cada vez que miramos la luna, podemos ver la figura del conejo, recordándonos su generosidad y bondad.

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La leyenda de Quetzalcóatl y el maíz

Hace muchos siglos, el pueblo azteca solo podía comer raíces y cazar animales. Sabían que detrás de las enormes montañas se encontraba un tesoro valioso: el maíz, pero nadie podía llegar hasta él. Muchos dioses intentaron abrir las montañas con fuerza, pero todos fallaron. Entonces apareció Quetzalcóatl, quien prometió conseguir el maíz, no con fuerza, sino con inteligencia.

Se transformó en una pequeña hormiga negra y, junto a una hormiga roja que conocía el camino, empezó su viaje. El camino fue largo y difícil, pero Quetzalcóatl no se rindió, pensando siempre en ayudar a su pueblo. Finalmente, llegó a la cima de la montaña y encontró el maíz. Tomó un grano entre sus mandíbulas y regresó con los aztecas. Al entregarles el maíz, el pueblo comenzó a sembrar y cosechar, prosperando como nunca antes. Con ello, se hicieron fuertes y construyeron grandiosas ciudades.

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El murciélago

Hace muchos años existió un hermoso murciélago. Era la criatura más bella de la creación, pero los halagos comenzaron a hacer mella en él. La soberbia se apoderó de su raciocinio y miraba con desprecio al resto de las aves, consideraba que no existía otra cualidad más importante que no fuera el aspecto físico. Su actitud llegó a oídos del creador. En su presencia aleteó una y otra vez, desprendiéndose de todas sus bellas plumas. Ya desnudo de plumas, el murciélago vive recluido en la oscuridad, lamentando su egoísta actitud.

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La princesa de alas de mariposa

En tiempos del rey azteca Acamapichtli, hubo una gran sequía. El rey fue al templo del dios de la lluvia, Tláloc, para pedirle ayuda. Este accedió a su plegaria y, a cambio, el rey tuvo que entregar a su hija para que sirviera en su templo para siempre.  Pocas semanas después, un joven llamado Yariz fue al templo y vio a la hermosa Mirra bailando. Se enamoró de ella y comenzó a visitarla a menudo. El rey, al enterarse, le prohibió regresar, para evitar que la sequía volviera a caer sobre su reino. 

El joven, lejos de hacerle caso, volvió, ambos se confesaron su amor y huyeron. Lograron vivir juntos durante un año, antes de que los guardias del rey los encontraran. Yariz murió protegiendo a Mirra y esta fue entregada a su padre, quien la culpó por la sequía que había causado. La devolvió al templo y la joven se fue apagando hasta que un día desapareció. En su lugar, vieron una bella mariposa volando. Tláloc se había conmovido de su amor, la había perdonado y convertido en una bella mariposa de alas azules y bordes dorados. 

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Redactora con 5 años de experiencia en el periodismo. Reportera especializada en cultura alternativa. Lee mi columna para un análisis profundo de las subculturas, arte urbano y la escena disidente de la urbe.