Por Iván Farías / @ivanfariasc

Juan López Moctezuma (Ciudad de México, 1929-1995) era un hombre distinguido, de gran voz —que utilizó en el radio—, dueño de una mirada seria, penetrante y enigmática. Los pocos videos que se guardan de él lo muestran así, como un hombre de mundo que jugaba con la locura.

Productor de cine, locutor, director teatral, guionista, pintor, Moctezuma era un tipo raro para la siempre estirada y castrante escena intelectual mexicana. Al igual que el infravalorado escritor y periodista Luis Spota, quien también causaba el enojo de los santones del arte en México por gustar de la cultura popular y profesar su amor a la cultura norteamericana, Juan López Moctezuma veía en los límites de la alta cultura y el arte marginal la parcela en donde podían florecer.

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Moctezuma interpretado por Juan Carlos Colombo en ‘Alucardos’.

Spota, por ejemplo, fue creador del Consejo Mundial de Boxeo, algo que causó prurito entre sus compañeros. De forma similar, Moctezuma fue visto con malos ojos cuando vía el japonés dramaturgo Seki Sano (“El cojo”, como le decía Alejandro Jodorowsky) hizo migas con la parte más enloquecida del arte en México, que en ese momento se encontraba en el teatro.

Juan López fue asiduo productor y conductor de radio en la UNAM. Gran conocedor de jazz, dicen sus amigos cercanos que aprendió inglés gracias a los cómics que importaba, y que le ayudaron a expandir su mundo a nuevas artes. Antes de eso se había dedicado al teatro, disciplina en la que tuvo cierta experiencia como ayudante de Seki. Si bien en los cuarenta el país vivió una oleada de grandes artistas, fue a finales de los sesenta cuando llegaron de nueva cuenta extranjeros que nutrieron la escena nacional.

Moctezuma se encontró con Jodorowsky merced a Seki. Se les unieron el cinematógrafo Rafael Corkidi y el artista Juan José Gurrola. Además de otros artistas que los orbitaban, entre ellos el crítico José de la Colina, el escritor Salvador Elizondo, el poeta Eduardo Lizalde, el cineasta Paul Leduc, los actores Carlos Ancira, Claudio Brook, el dibujante Manuel Moro, el psiconalista Erich Fromm, el maestro zen Ejo Takata, el pintor Manuel Felguérez, la pintora y escritora Leonora Carrington, el científico y chamán Jacobo Grinberg Zylberbaum (que desapareció, misterioso, en 1994) y una pléyade más que inyectó vigor al arte.

UNA MANSIÓN INSANA

Quizá debido a sus temperamentos el más reconocido de aquellos personajes sería Jodorowsky. El ahora santón y gurú dejó a algunos de los otros sin el merecido relumbre. Entre ellos a Moctezuma, quien fue productor de los primeros filmes del chileno; Moctezuma fue producutor de Fando y Lis y El topo; pero también ayudó en la concepción de Auandar Anapu (el que cayó del cielo) y Pafnucio Santo, ambos largometrajes de Corkidi, quien a su vez fue director de fotografía de la película debut de Moctezuma: La mansión de la locura (1973).

La mansión de la locura es la adaptación libre de uno de los relatos menos conocidos de Edgar Allan Poe, “The system of doctor Tarr and professor Fether”, publicado en 1845. En el cuento, un doctor y su compañero de viaje viajan por las provincias cuando se acercan a un manicomio. Curioso, el doctor decide visitarlo a expensas de la repulsión de su recién acompañante, quien solo lo acompaña hasta la puerta del sombrío lugar. Una vez dentro el doctor se da cuenta que el encargado del sitio se ha encerrado en su mansión para dar rienda suelta a sus pacientes y convertirse en el amo y señor de ese reino insano.

Moctezuma era anglófilo. En especial del romanticismo (siglo XIX). De ahí que tenía una manifiesta admiración por el vampirismo, las artes oscuras y el refinamiento inglés. Esto se trasladaría a la La mansión de la locura. El director se fue a filmar al Ajusco, además de utilizar el viejo Museo del Chopo, entonces abandonado a sus suerte, para recrear esta cinta llena de personajes grotescos, violentos y entregados a la lujuria desmedida.

La cinta fue muy bien recibida en el Festival de Cine de Terror de Sitges, además de recibir la Medalla de Oro del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Ciencia Ficción de París. No obstante para la taquilla en México fue veneno. Fue criticada duramente y poco entendida por un público acostumbrado a historias que nos se salieran de la norma. Tampoco es que alguien la haya defendido.

Muchos se horrorizaron durante la filmación. Tita Arroyo, la bailarina que hace la coreografía especial de una de las escenas cumbre (vestida de pájaro), decidió abandonar el set luego de percatarse que aquel rodaje estaba fuera de lo común.

Vista con afán de morbo, La mansión de la locura no es más transgresora que muchas cintas posteriores. El que la visite no encontrará escenas shockeantes o de violencia gratuita; verá es la propuesta de un cineasta con un mundo interno que quiere explotar con imágenes y escenas muy bien pensadas. La creación de un espacio-tiempo en el que la locura toma el poder y nos regala pasajes que se nos quedarán en la mente. ¿Por qué? Porque pese a los más de cuarenta años que han pasado se mantienen frescos y atrayentes. Símbolos cabalísticos, imágenes de la brujería inglesa y construcciones que mezclan lo mismo el olvido que lo orgánico.

Mary, Mary, Bloody Mary (1974), la siguiente película de Moctezuma, tomaría el tema del vampirismo y lo llevaría a la época en la que la cinta fue filmada. Moctezuma reclutó a la actriz italo americana Cristina Ferrare y al mítico John Carradine. Y pese a tener buenos momentos y a plasmar una historia notable, la película no destacó de la oleada de cintas italianas y francesas que se estrenaron en esos años con temáticas similares.

ÉL PENSABA EN CINE

Sería Alucarda, la hija de las tinieblas (1978) la película que llevaría a Juan López al estatus de autor de culto. Para la confección del mito contrató una jovencísima Tina Romero, quien destacó por su talento, por su belleza y por soportar las infernales condiciones en las que trabajó; incluso su vida llegó a peligrar. También estaría el inefable y carismático Claudio Brook, quien haría un papel doble, además de la infaltable del grupo, la actriz Susana Kamini, quien había trabajado en las anteriores cintas.

Basada libremente en las novelas Justine (del Marqués de Sade) y Carmilla (de Sheridan Le Fanu), en Alucarda se dio rienda suelta a una historia de lesbianismo, encuentros demoníacos y perversidad. Vista a la distancia, es a la vez atrayente y repulsiva. Hay quien la encuentra “débil” y críticos españoles que la tienen por “sobrevalorada”; sin embargo mantiene una legión de seguidores que la veneran, entre los que me incluyo.

Alucarda se vio envuelta en el misterio, como su creador. Durante la filmación del apoteósico final los actores tuvieron que salir corriendo y varios sufrieron quemaduras: un incendio se había salido de control. Se dice que, a gritos, Moctezuma pedía que siguieran filmando.

Moctezuma tenía un planteamiento abiertamente antireligioso, anticlerical, que iba más allá de la pretensión de escándalo en el espectador. Él pensaba en imágenes, en cine, y no le importaba tanto que la historia fuera lineal y digerible. Él quería golpear al público, y no por nada fichó a dos artistas de peso pesado para desarrollar el arte de la película: Kleomenes Stamatiades y Gilberto Aceves Navarro.

LA PERDICIÓN, ¡ALUCARDOS!

Su vida personal, un divorcio tremendo, la burla de sus colegas y un negativo recibimiento de sus películas mandarían a Moctezuma a una depresión terrible. Ese hombre que podía hablarse de tú a tú con directores como Roman Polanski, Sergio Leone, John Huston y Frank Capra —como reporta Mauricio Matamoros en su blog Ojos bien abiertos—, ese hombre de amplia cultura, refinado, acabó perdido en un cuarto de azotea en Los Ángeles, luego de, en vano, filmar otras cintas menores.

Su familia lo iría a rescatar, pero acabaría recluyéndolo en un psiquiátrico de la Ciudad de México en 1993. La tristeza no cedía. Moctezuma había perdido la noción de su vida y no se reconocía en el espejo.

La leyenda habría de necesitar de un par de seguidores de su obra para regresar a filmar y vivir un final digno de película: Alucardos, retrato de un vampiro (2011). Dirigido por Ulises Guzmán, este multipremiado documental ficcionado narra la extraña relación de Manuel Santillán Durán y Eduardo Mondragón con Alucarda y la obra de Moctezuma. Los dos seguidores viven obsesionados y se sienten parte de su amado filme. Lalo y Manolo serían, a la postre, herederos de las películas del director.

Un enigma más se sumaría a su dilatada travesía: Moctezuma dejó una película inconclusa, El alimento del miedo (1994), basada en el caso de una tamalera que dio de comer el cadáver de su marido a sus clientes, sin que éstos lo supieran. La fue vista por un reducido grupo de cinéfilos y sigue enlatada, esperando que algún día tenga corrida comercial.

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‘Alucardos’.

Moctezuma había dicho: “Soy Juan López Moctezuma, fui conductor de televisión, locutor de radio, amante del jazz, director de cine, en especial de una ‘Alucarda’, maravillosa. Viví acá, allá, vivía aventuras y cosas maravillosas.”

Y ahora se ha convertido en un mito.

Editor Yaconic

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