Hermanos Ilabaca: El funk como defensa frente al acoso de la modernidad
Música

Hermanos Ilabaca: El funk como defensa frente al acoso de la modernidad

En el marco de los festejos por el día del niño y la niña en Ciudad de México, se llevó a cabo una presentación en el primer cuadro de la ciudad que representó un regreso a la infancia de muchos y una construcción de un nuevo fandom para los integrantes de 31 Minutos. Sin embargo, detrás del fenómeno de masas que representan los hermanos Pablo y Felipe Ilabaca, existe una búsqueda constante por descifrar el presente. Tras el eco de los gritos en la plaza más importante del país, los músicos chilenos regresan a la escena con una propuesta que se aleja de los reflectores gigantes para enfocarse en la fricción de la vida diaria a través de un estreno.

Su más reciente sencillo, «Señorita», no es solo una pieza bailable de un funk latinoamericano desfachatado, es un síntoma y un pesar de la sociedad actual. Producido por Roberto Trujillo, el tema se posiciona como una sátira mordaz sobre el hostigamiento comercial y el spam telefónico, recordándonos que, incluso en el 2026, la música sigue siendo la herramienta más efectiva para humanizar un sistema que nos prefiere como simples números de cuenta.

Dónde y cuándo ver «31 Minutos Calurosa Navidad»
Primer plano de perfil de Felipe Ilabaca con lentes de sol y Pablo Ilabaca al fondo en sesión fotográfica para su sencillo Señorita.
Foto: Sebastián Utreras

El villano en el bolsillo: El baile hacia el absurdo cotidiano

Para entender el presente de los Hermanos Ilabaca, es necesario mirar hacia atrás, pero no con melancolía ni frustración, sino con análisis. Durante décadas, este dúo ha sido responsable de moldear la imaginación de Latinoamérica. Primero, lo hicieron cuestionando la realidad a través de la sátira disfrazada de programa infantil; después, mediante el desparpajo del rock que definió una era. Hoy, en un mundo que se percibe más cínico, vertiginoso y endurecido, el enemigo ha cambiado de forma. Ya no es una figura visible de poder, sino una llamada persistente a las tres de la tarde.

«Quizás decidimos que fuera el spam telefónico porque es una consecuencia de todo lo anterior», explica Pablo Ilabaca sobre la génesis de su nueva música. «Hemos creado una conciencia y un pensamiento crítico a punta de frustraciones, quizás a lo largo de décadas. El spam es un síntoma contemporáneo de una sociedad que está siendo acosada constantemente por un sistema que la agobia. Esta técnica invasiva de marketing no hace otra cosa que meterse en tu vida todos los días a través de tu teléfono para venderte o cobrarte algo».

Esta problemática, que parece puramente doméstica y simple, es para los Hermanos Ilabaca el punto de partida de una desconexión social profunda. La canción busca romper esa barrera de odio que se genera hacia el trabajador del otro lado de la línea.

«En la canción lo que se intenta es hablarle al ser humano que está al otro lado. Es como decir: paremos un poco todo y yo sé que usted y yo tenemos los mismos problemas. No nos veamos la suerte entre gitanos».

La ficción que nace del hartazgo

La narrativa de «Señorita» es muy visual y directa. Logra generar un campo imaginativo donde el oyente se reconoce de inmediato por ser una situación cotidiana. No es una letra escrita desde una torre de marfil, sino desde la molestia e incomodidad compartida. Felipe Ilabaca confirma que la pieza tiene raíces en la experiencia real, en esos momentos donde el diálogo humano intenta sobrevivir a la estructura corporativa.

«Yo he conversado con personas al otro lado de la línea», confiesa Felipe. «Les he dicho: señorita, usted me llamó antes de ayer, me llamó ayer, me llamó la semana pasada… por favor, no me llame más. No tengo lana para lo que usted quiere. Me acuerdo de una persona que me dijo: ‘pucha, disculpa, la verdad es que es mi trabajo’. Se armó una conversación tan informal que casi me dieron ganas de abrazar a la persona del otro lado del teléfono. El problema es que en esta sociedad nadie tiene tiempo ni se refleja en los otros.

Lo interesante de la propuesta es cómo ese hartazgo se transmuta a través del funk. En lugar de optar por un discurso colérico o negativo, los Hermanos Ilabaca utilizan un ritmo grueso y una estética bailable para transformar la desesperación en una pieza de humor surrealista. Es una forma de darle la vuelta a la situación: convertir el estrés del acoso comercial en una celebración de la condición humana.

El ADN Ilabaca: Melodía y «Crunch»

A pesar de los saltos sonoros que han experimentado, existe un hilo conductor que une todas las etapas de los Hermanos Ilabaca, desde Chancho en Piedra hasta su actual formato. Ese ingrediente secreto, que ellos mismos identifican como su sello de identidad, tiene un origen profundamente familiar y melódico.

«El ADN Ilabaca es melódico», afirma Pablo. «De niños, con nuestros hermanos y padres, teníamos largos viajes en auto y lo único que hacíamos era cantar. Las melodías siempre han estado junto a nosotros. Yo compongo cuando me llegan melodías desde el reino de la naturaleza de la música. Estamos muy conscientes de que tenemos ese sello melódico y espero que nunca nos abandone».

Ese sello se ha puesto a prueba en su reciente colaboración con Roberto Trujillo. Al ser un productor acostumbrado a pulir los sonidos de figuras globales como Karol G o Luis Fonsi, no existió la duda de si la esencia de los Ilabaca se perdería en una producción demasiado «limpia» para los estándares del mercado actual. La relación previa de Trujillo con la banda —fue parte integral de sus inicios— garantizó que el carácter roquero se mantuviera intacto.

«No tuvimos miedo nunca, porque Roberto nos conoce perfectamente. Él sabe que no somos un grupo de música prístina o cristalina; somos bien roqueros a la hora de producir el sonido. Toque soul, toque una balada o funk, va a sonar el ‘crunch’ de nuestros instrumentos», asegura Pablo.

Arte oficial del sencillo Señorita de los Hermanos Ilabaca, que muestra un plátano como auricular de teléfono sobre un fondo rojo.
Arte oficial del sencillo Señorita de los Hermanos Ilabaca.

Contra lo efímero: La defensa de lo orgánico y pulido

En un 2026 donde la industria musical parece estar gobernada por fórmulas procesadas y decisiones tomadas por máquinas de datos, los Hermanos Ilabaca se posicionan como defensores de la ejecución en vivo y el formato físico. Su apuesta por el funk de raíz latina no es casualidad; es una validación de sus principios frente a la homogeneización sonora.

«Es un manifiesto contra lo que está tirando la corriente», señala Felipe. «Lo hacemos precisamente porque somos instrumentistas en una época donde pareciera ser que escasean. El énfasis hoy está puesto en la figura solista, pero nosotros seguimos defendiendo la agrupación. Tocamos totalmente en vivo y nos gusta editar vinilos y CDs. Queremos insistir en que un artista debe mantenerse inquieto y mostrar su arte de la manera más orgánica posible».

Esta postura se traduce en una simplificación de las líneas de bajo y guitarra, buscando que la canción respire y que el mensaje llegue sin adornos innecesarios. La grabación parcelada (como ellos mismos lo nombran) de su nuevo álbum, lanzando sencillos mensuales como «Venus en Marte« o «Señorita«, les permite que cada pieza tenga su propio peso antes de formar parte del conjunto final que verá la luz a finales de este año.

De Tenochtitlán al futuro: El mezcal y la conciencia de los ancestros

La estancia de los Hermanos Ilabaca en México ha dejado una huella profunda en su proceso creativo. Haber tocado en el centro del país, «arriba de Tenochtitlán«, como ellos mencionan, ha modificado su percepción histórica y musical. «Toda la experiencia se junta: los tacos, el mezcal… va a haber algo mexicano sin duda en este ADN musical», comentan con entusiasmo.

Esta conexión con el público mexicano no es superficial. Toda una generación que aprendió a ser crítica y a tener una opinión propia gracias a sus letras, hoy los sigue como referentes de una honestidad que escasea en el mainstream. A pesar de la exigencia del público por encontrar siempre un mensaje profundo en su música, los hermanos aseguran no sentir presión, sino motivación.

«No sentimos ninguna presión. Nosotros nos debemos a nosotros mismos y es imposible que no tengamos una mirada crítica de las cosas porque somos muy criticones», explica Pablo. «Los chilenos somos así, tenemos una mirada incisiva y descreída. Incluso cuando escribimos canciones dulces, buscamos frases que tengan una provocación porque lo que queremos es conectar con el otro».

Una luz en la oscuridad

La conversación culmina con una reflexión necesaria sobre el legado. Si el niño o la niña que hace veinte años cantaba «Yo opino» escuchara hoy «Señorita», no encontraría necesariamente un mundo más brillante, pero sí encontraría a sus ídolos manteniendo la misma integridad.

En palabras de los hermanos, el mundo actual presenta una «oscuridad plena», marcada por la hostilidad en las redes sociales y las amenazas globales. Sin embargo, su propuesta sigue siendo luminosa.

«Ese niño aprendió con nosotros a tener un pensamiento crítico y una voz en el mundo de los adultos. Creció para poder decirle a una señorita al otro lado del teléfono: ‘no me siga molestando’. Nuestra propuesta es amorosa en un mundo que tiende a banalizar el amor. Preferimos ser intensos, verdaderos y honestos».

Los Hermanos Ilabaca demuestran que es posible envejecer con dignidad artística, transformando el hastío en baile y la crítica en una invitación a seguir pensando. En un sistema que busca que nos rindamos frente a la automatización, ellos prefieren seguir tocando, recordándonos que la música, al final del día, es el único lenguaje que el algoritmo, aunque lo intenta, no ha podido conquistar para las mentes libres y creativas.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola