Publicado originalmente el 20 de abril de 2020. Esta versión ha sido revisada y actualizada el 13 de mayo de 2026 por la Dirección Editorial para incluir contexto histórico y optimización multimedia.
La figuración existencial no fue un movimiento artístico organizado bajo un manifiesto único. Más bien, puede entenderse como una forma de leer obras figurativas que pusieron el cuerpo humano en el centro para hablar de miedo, dolor, deseo, enfermedad, violencia, encierro o fragilidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, varios artistas dejaron de representar cuerpos idealizados y comenzaron a mostrar figuras tensas, deformadas, heridas o difíciles de mirar.
A diferencia del realismo que busca copiar la realidad, estos pintores usan la distorsión y texturas rugosas para mostrar el impacto emocional de su época. En un siglo XX marcado por conflictos bélicos, la pintura dejó de ser decorativa para convertirse en un registro de la experiencia física y mental de las personas. Los artistas de esta corriente no buscaban retratar la perfección, sino la realidad del cuerpo frente a situaciones de crisis.
En el siglo XX, la guerra, las dictaduras, la censura, la violencia de Estado y los cambios en la vida urbana modificaron la manera en que muchos artistas entendieron el cuerpo. En lugar de presentarlo como símbolo de perfección, lo usaron como un lugar donde se notan el miedo, la presión social, la enfermedad, el deseo y la memoria.
Los artistas reunidos aquí no pertenecen a una misma escuela, pero comparten una preocupación: representar al ser humano sin suavizar sus tensiones. Sus obras ayudan a entender cómo la pintura y la escultura pueden hablar de una época sin necesidad de explicar todo de forma literal.
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Marlene Dumas: la influencia de la fotografía y la prensa
Marlene Dumas (Sudáfrica, 1953) utiliza fotografías de periódicos, revistas y registros policiales como base para sus pinturas. Su trabajo se caracteriza por usar pinceladas fluidas y tonos pálidos que dan una apariencia líquida a la piel. Al pintar a figuras públicas o personas anónimas que han sufrido segregación, Dumas explora cómo los medios de comunicación procesan la imagen de la muerte y el dolor. Sus obras forman parte de colecciones importantes como la del Museo Stedelijk en Ámsterdam.
Sus pinturas no buscan copiar una fotografía con exactitud. Dumas suele transformar esas imágenes mediante manchas, transparencias, rostros borrosos y cuerpos que parecen perder nitidez. Por eso, su trabajo no solo muestra personas, sino también la distancia que existe entre una vida real y la imagen que circula en medios, archivos o museos.
Al retratar a figuras como Pasolini o sujetos anónimos de la segregación racial, Dumas establece una sello identitario sobre la memoria. Su enfoque sociopolítico expone cómo la industria de la imagen ha despojado al ser humano de su tridimensionalidad ética, reduciéndolo a una mancha de color sobre el lienzo. Su impacto es analizado por instituciones como el Stedelijk Museum.
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Egon Schiele: El trazado del nervio y la autonomía erótica
Egon Schiele (1890-1918) fue uno de los artistas más importantes del expresionismo austriaco. Nació en 1890 y murió en 1918, con solo 28 años. Fue cercano al ambiente artístico de Gustav Klimt, pero desarrolló un lenguaje propio: cuerpos delgados, poses forzadas, líneas tensas y autorretratos que mostraban ansiedad, deseo y vulnerabilidad.
Su estilo utilizaba líneas angulares y figuras contorsionadas que se alejaban de las normas morales de su tiempo en Viena, lo que incluso lo llevó a estar en prisión durante 24 días bajo cargos de exhibicionismo. Sus autorretratos muestran una preocupación por la ansiedad y la identidad personal, utilizando el dibujo para explorar la tensión interna. El Museo Leopold en Viena alberga hoy la mayor colección de sus trabajos.
Sus autorretratos son mapas de la ansiedad moderna, donde la piel parece no poder contener la presión del sistema nervioso. El Leopold Museum preserva este legado como la primera gran ruptura de la figuración existencial.
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Francis Bacon: cuerpos encerrados y rostros deformados
Francis Bacon (Irlanda, 1909-1992) es conocido por situar a sus figuras dentro de estructuras que parecen jaulas o habitaciones vacías. Una de sus series más conocidas es la de los papas, inspirada en el retrato de Inocencio X pintado por Diego Velázquez en el siglo XVII. En obras como Study after Velázquez’s Portrait of Pope Innocent X de 1953, Bacon transforma la imagen de autoridad en una figura que grita, atrapada y deformada. La obra pertenece hoy al Des Moines Art Center y forma parte de una serie que Bacon desarrolló entre 1949 y 1971.
Bacon solía usar trapos o sus propias manos para aplicar la pintura, buscando que la imagen perdiera su forma definida. Gran parte de su archivo personal y bocetos se encuentran resguardados en la galería Tate Britain en Londres. Según los archivos la técnica de Bacon de «limpiar» la cara de sus sujetos es una metáfora de la deshumanización sistémica. En su obra, el cuerpo es el escombro que queda cuando el poder termina de ejercer su fuerza.
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Paula Rego: cuentos, dictadura y derechos de las mujeres
Paula Rego (Portugal, 1935-2022) utilizaba sus cuadros para narrar situaciones de la vida real, a menudo relacionadas con la condición de la mujer. Sus figuras tienen un aspecto sólido y pesado, alejadas de la delicadeza tradicional. En su serie de pasteles sobre el aborto, realizada a finales de los años 90, Rego buscaba visibilizar un tema que en ese momento era tabú en su país natal. Su obra ha sido fundamental para entender el arte con enfoque social y se exhibe de forma permanente en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Desarrolló gran parte de su carrera en Reino Unido. Su obra combina referencias a cuentos populares, literatura, vida familiar, religión, violencia doméstica y desigualdad de género. También trabajó desde una postura crítica frente al régimen de António de Oliveira Salazar, la dictadura que gobernó Portugal durante gran parte del siglo XX.
Después del referéndum fallido de 1998 en Portugal para legalizarlo, Rego realizó pasteles y grabados que mostraban a mujeres en situaciones de dolor, soledad y riesgo. Estas imágenes fueron reproducidas en medios y utilizadas por organizaciones a favor del derecho a decidir, según documenta el Metropolitan Museum of Art.
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Chaim Soutine: carne, retratos y pintura intensa
Chaim Soutine (Bielorrusia, 1893-1943) pintaba con capas gruesas de pintura que daban un aspecto vibrante a sus obras. Es famoso por sus cuadros de animales sacrificados, para los cuales compraba bueyes enteros y los mantenía en su estudio para estudiar cómo cambiaban los colores de la carne. En 1925 realizó varias obras dedicadas a este motivo, algunas vinculadas con su estudio en Montparnasse.
Su manera de pintar fue importante para artistas posteriores como Francis Bacon. La Francis Bacon Estate ha señalado que las canales de res de Soutine pudieron ser una referencia importante para la manera en que Bacon entendió la carne, la figura humana y la violencia visual de la pintura. El Musée de l’Orangerie destaca cómo su técnica preparó el camino para una figuración que no teme a la fealdad si esta es portadora de verdad existencial.
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Alberto Giacometti: figuras delgadas y soledad de posguerra
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Alberto Giacometti (Suiza, 1901-1966) comenzó a crear esculturas extremadamente delgadas y alargadas. Estas piezas, como su famosa serie de «Hombres caminantes», representan la fragilidad humana después de grandes tragedias históricas. Sus esculturas de figuras humanas alargadas se convirtieron en una de las imágenes más reconocibles del arte moderno. Sus personajes parecen caminar, esperar o permanecer de pie en espacios amplios, casi siempre solos.
Giacometti trabajaba quitando material de sus moldes hasta que la figura era casi una línea delgada. Su fundación en París documenta cómo este proceso buscaba encontrar la esencia del ser humano que permanece a pesar de la adversidad.
Su técnica de «desbastar» la materia hasta dejar solo el núcleo es una operación de genialidad: Giacometti buscaba la esencia que sobrevive cuando todo lo demás ha sido destruido. Como señala la Fondation Giacometti, sus figuras caminantes no huyen; avanzan a pesar de su fragilidad, convirtiéndose en el símbolo de la resiliencia existencial.
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Jenny Saville: cuerpos grandes, piel y pintura contemporánea
Jenny Saville (Reino Unido, 1970) es una artista contemporánea que pinta cuerpos de gran tamaño, enfocándose en detalles que la publicidad suele ocultar, como cicatrices, marcas de cirugías o depósitos de grasa. Sus cuadros pueden medir más de tres metros de altura, obligando al espectador a ver la piel de forma microscópica. Su obra es una respuesta a la edición digital de imágenes, devolviendo el peso y la textura real a la pintura al óleo. Ha expuesto en galerías internacionales como la Gagosian Gallery.
Saville trabaja con capas gruesas de óleo, manchas, arrastres y zonas que combinan detalle anatómico con gestos más libres. Sus pinturas han abordado temas como la cirugía, la maternidad, la identidad, la percepción del cuerpo y la manera en que las imágenes digitales modifican nuestra forma de mirar.
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Leon Golub: violencia, guerra e interrogatoriosde la tortura y el poder
Leon Golub fue un pintor estadounidense nacido en 1922. Su obra abordó temas como la guerra, los mercenarios, los interrogatorios, la tortura y el abuso de autoridad. A diferencia de otros artistas figurativos más centrados en la experiencia íntima del cuerpo, Golub llevó la figura humana a escenas de violencia organizada y confrontación directa con el espectador.
Una de sus obras más conocidas es Interrogation II, relacionada con sus series sobre mercenarios e interrogatorios. La Society for Contemporary Art del Art Institute of Chicago describe la escena como un grupo de mercenarios alrededor de una víctima desnuda, encapuchada y atada. También señala que Golub reforzaba la crudeza de la imagen raspando la pintura hasta dejar expuesta la textura del lienzo.
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Por qué el cuerpo humano fue tan importante para estos artistas
Los artistas reunidos en este artículo muestran que la figura humana siguió siendo un tema central incluso cuando buena parte del arte del siglo XX se acercó a la abstracción. En sus obras, el cuerpo aparece como retrato, herida, documento, denuncia, memoria o pregunta abierta sobre la condición humana.
Su importancia está en que no representaron el cuerpo solo como forma visual. Lo usaron para hablar de censura, guerra, dictadura, sexualidad, dolor, muerte, género, medios de comunicación y violencia. Por eso siguen siendo referencias útiles para entender cómo el arte figurativo puede explicar una época sin depender de discursos complicados ni adornos innecesarios.
Viridiana Velázquez
Editora en Yaconic. Periodista egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Mi especialidad es el análisis del consumo cultural y las narrativas mediáticas. Con una década de experiencia como reportera en medios de comunicación como Grupo Mundo Ejecutivo o Indie Rocks! y la Comunicación Social en el Gobierno de la Ciudad de México, examino cómo el poder, el mercado y el marketing determinan la percepción del arte y la sociedad. Te ofrezco una visión profunda de la cultura como producto y como reflejo de nuestro entorno.





