Polvo de Gallina Negra: el primer colectivo mexicano de arte feminista
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Polvo de Gallina Negra: el primer colectivo mexicano de arte feminista

Dentro de la historia del arte contemporáneo en México, Polvo de Gallina Negra (PGN) destaca como el primer colectivo feminista del país. Más allá de ser un registro histórico, su aparición marcó el paso de la protesta individual a la fuerza de la acción colectiva. Fundado en 1983 por Maris Bustamante, Herminia Dosal y Mónica Mayer, el grupo se alejó de los museos de élite para construir una alianza basada en el humor, el performance y la autogestión, cuestionando las estructuras machistas de la época desde la irreverencia.

Reconocer a Polvo de Gallina Negra en la actualidad es identificar la raíz de las colectivas feministas que vemos hoy. Su mayor aporte no fue la producción de objetos para galerías, sino la creación de una forma de organización grupal que sigue siendo un referente para el activismo visual contemporáneo.

Características del arte feminista: representación y empoderamiento
Maris Bustamante de Polvo de Gallina Negra coloca una panza de unicel al conductor Guillermo Ochoa en TV nacional, como parte del performance 'Madre por un día' en 1987.
Maris Bustamante de Polvo de Gallina Negra coloca una panza de unicel al conductor Guillermo Ochoa en TV nacional, como parte del performance ‘Madre por un día’ en 1987.

El origen de la rebeldía: luchar contra el mal de ojo institucional

La formación de PGN ocurrió en una década de colapso para las narrativas oficiales. Tras la efervescencia de los movimientos de los años 70, Bustamante y Mayer identificaron que la autonomía creativa de las mujeres requería un lenguaje propio. Este lenguaje debía estar alejado de la solemnidad académica y el dogma político. El nombre del grupo, «Polvo de Gallina Negra«, hace referencia a un remedio popular contra el «mal de ojo«. Es una metáfora de cómo el arte debía funcionar: como un amuleto de protección y un arma de contraataque frente a la mirada normativa y falocéntrica de la época.

A diferencia de otros colectivos, Polvo de Gallina Negra no se limitó a producir objetos para ser contemplados. Por el contrario, se dedicó a construir redes de apoyo horizontales. Su metodología de trabajo fue el primer refugio donde la biografía personal se transformaba en materia política. Esta aproximación es verificable en los archivos del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). Allí se resguarda el acervo que documenta cómo el colectivo utilizó el correo, la televisión y la calle como sus escenarios principales.

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Mónica Mayer y Maris Bustamante en el performance del proyecto ¡MADRES!, desmitificando el rol de la maternidad a través del arte feminista en México.
Mónica Mayer y Maris Bustamante en el performance del proyecto ¡MADRES!

El proyecto ‘¡MADRES!’: Desmantelar el mito de la abnegación

El hito que define la relevancia de Polvo de Gallina Negra es la intervención ¡MADRES!, iniciada en 1987. Con este proyecto, el colectivo puso en jaque la visión tradicional de la maternidad, despojándola de esa idea de sacrificio eterno para presentarla como un rol social que se puede cuestionar y, sobre todo, satirizar. A través del performance «Madre por un día», donde colocaban panzas de unicel a hombres —incluyendo a conductores de la televisión nacional como Guillermo Ochoa—, PGN logró una irrupción en los medios sin precedentes.

Esta acción no era un simple chiste; era una subversión directa del rol impuesto. Al obligar al varón a cargar físicamente con el peso del embarazo, Bustamante y Mayer reclamaron el control sobre el cuerpo femenino. Demostraron que la identidad materna es una estructura que puede ser saboteada desde la ironía. Este proyecto es analizado hoy por especialistas como un pilar del arte feminista en Latinoamérica, ya que permitió que el mensaje llegara a espacios mediáticos que, hasta entonces, eran totalmente hostiles al feminismo.

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Polaroid original de 1990 firmada por Maris Bustamante y Mónica Mayer, documentando el performance 'Madre por un día' de Polvo de Gallina Negra.

La metodología de la colaboración como herramienta de poder

El legado más profundo de Polvo de Gallina Negra es su apuesta por la disolución del «genio individual» en favor de la potencia del grupo. En la actualidad, las colectivas actuales (desde las que realizan intervención urbana hasta las de activismo digital) operan bajo los códigos que PGN instaló en los años 80:

  • El humor como escudo: PGN entendió que la solemnidad es una herramienta que el sistema usa para ignorar la protesta. El uso del «desmadre» mexicano funcionó como una crítica mordaz, permitiendo que temas prohibidos entraran en la conversación pública sin pedir permiso.
  • La autogestión como base: Al no depender de las becas o el financiamiento institucional de la época, el colectivo mantuvo una independencia total, decidiendo sus propios tiempos, soportes y lenguajes.
  • Guerrilla visual: El uso del arte correo y sus apariciones en programas de televisión populares fueron tácticas de una guerrilla que buscaba sacar el arte de las galerías. El arte estaba donde estaba la gente, no donde dictaba el curador.

Esta forma de trabajar es estudiada por archivos especializados como Pinto mi Raya, el proyecto de Mónica Mayer y Víctor Lerner. Este archivo es el registro definitivo sobre cómo la complicidad y la alianza pueden sostener una postura política durante décadas.

La madre de todas las colectivas: Influencia en el México actual

¿Por qué llamarlas la matriz de la colectividad? Porque ellas establecieron que la obra de arte es el proceso de organización. En un México donde la violencia de género y la invisibilización eran la norma, Polvo de Gallina Negra construyó un espacio de visibilidad radical. Su influencia es rastreable en cada colectivo contemporáneo que utiliza el performance y la denuncia como una misma herramienta de combate.

La independencia de PGN radica en que no intentaron encajar en la historia del arte. En cambio, la obligaron a reescribirse para incluirlas. La verificación de este impacto se encuentra en la exposición itinerante y el libro Polvo de Gallina Negra: Mal de ojo y otras recetas feministas. Este libro ha sido analizado por el Museo Amparo y otros centros de pensamiento. En estos lugares se valida que el grupo fue el primer laboratorio de política visual en el país.

Pioneras del performance feminista: expresión artística por la equidad
Gráfico original del proyecto ¡MADRES! de Polvo de Gallina Negra (1987), ilustrando la lucha contra los arquetipos de la maternidad y las 'guerras púbicas'.
Gráfico original del proyecto ¡MADRES! de Polvo de Gallina Negra (1987), ilustrando la lucha contra los arquetipos de la maternidad y las ‘guerras púbicas’.

El triunfo de lo común

Polvo de Gallina Negra se disolvió oficialmente en 1993, pero su esquema de trabajo sigue vigente. Su historia nos enseña que la verdadera autonomía feminista no está en la posesión de una pieza en un museo. Al contrario, está en la capacidad de colaborar para transformar la narrativa social. Al emplear el humor para generar una deformación satírica de la realidad, PGN recuperó la autoridad sobre la vida de las mujeres en México.

En 2026, cuando miramos a una colectiva intervenir un monumento o gestionar un espacio autónomo, estamos viendo el despliegue de las tácticas de Polvo de Gallina Negra. Ellas fueron las arquitectas del asalto al sistema. Por eso demostraron que, frente al patriarcado, la mejor receta sigue siendo una colaboración inquebrantable y un poco de polvo de gallina negra para espantar el mal de ojo del poder.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola