Polvo de Gallina Negra: el primer colectivo mexicano de arte feminista
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Polvo de Gallina Negra: el primer colectivo mexicano de arte feminista

En la cartografía del arte contemporáneo mexicano, el nombre de Polvo de Gallina Negra (PGN) no es solo el registro del primer colectivo de arte feminista del país. Además, representa la creación de un búnker ético que permitió la transición de la protesta solitaria a la potencia de lo común. Fundado en 1983 por Maris Bustamante, Herminia Dosal y Mónica Mayer, este grupo no buscó el aplauso de los museos de élite. Más bien buscó la instauración de una arquitectura de la complicidad que hackeara las estructuras del patriarcado desde el humor, el performance y la autogestión.

Definir a Polvo de Gallina Negra (PGN) en 2026 es reconocerla como la «madre de todas las colectivas» actuales. Su legado no reside en el fetiche de la obra física. Por el contrario, reside en la invención de un sistema operativo de resistencia que sigue alimentando a los feminismos visuales contemporáneos.

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Maris Bustamante de Polvo de Gallina Negra coloca una panza de unicel al conductor Guillermo Ochoa en TV nacional, como parte del performance 'Madre por un día' en 1987.
Maris Bustamante de Polvo de Gallina Negra coloca una panza de unicel al conductor Guillermo Ochoa en TV nacional, como parte del performance ‘Madre por un día’ en 1987.

El origen de la insumisión: Contra el mal de ojo institucional

La formación de PGN ocurrió en una década de colapso para las narrativas oficiales. Tras la efervescencia de los movimientos de los años 70, Bustamante y Mayer identificaron que la soberanía intelectual de las mujeres requería un lenguaje propio. Este lenguaje debía estar alejado de la solemnidad académica y el dogma político. El nombre del grupo, «Polvo de Gallina Negra«, hace referencia a un remedio popular contra el «mal de ojo«. Es una metáfora de cómo el arte debía funcionar: como un amuleto de protección y un arma de contraataque frente a la mirada normativa y falocéntrica de la época.

A diferencia de otros colectivos, Polvo de Gallina Negra no se limitó a producir objetos para ser contemplados. Por el contrario, se dedicó a construir redes de apoyo horizontales. Su metodología de trabajo fue el primer refugio donde la biografía personal se transformaba en materia política. Esta aproximación es verificable en los archivos del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). Allí se resguarda el acervo que documenta cómo el colectivo utilizó el correo, la televisión y la calle como sus escenarios principales.

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Mónica Mayer y Maris Bustamante en el performance del proyecto ¡MADRES!, desmitificando el rol de la maternidad a través del arte feminista en México.
Mónica Mayer y Maris Bustamante en el performance del proyecto ¡MADRES!

El proyecto ‘¡MADRES!’: Desmantelar el mito de la abnegación

El hito fundamental que define la autoridad de Polvo de Gallina Negra es el proyecto multiforme ¡MADRES!, iniciado en 1987. Aquí, el colectivo ejecutó una disección estética sobre la maternidad, despojándola de su aura de sacrificio para presentarla como una construcción social ajustable y, sobre todo, satirizable. A través del performance «Madre por un día«, donde colocaban panzas de unicel a hombres —incluyendo a figuras de la televisión nacional—, PGN realizó una incursión mediática sin precedentes.

Esta acción no era un simple chiste; era una deformación deliberada del rol impuesto. Al obligar al varón a habitar físicamente el peso de la gestación, Bustamante y Mayer reclamaron la soberanía sobre el propio cuerpo femenino. De esta manera demostraron que la identidad materna es una estructura que puede ser saboteada desde la ironía. Este proyecto es analizado hoy por instituciones de autoridad como un pilar del arte feminista latinoamericano. Además, la colaboración permitió que el mensaje penetrara en búnkeres mediáticos que hasta entonces eran hostiles para el feminismo.

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Polaroid original de 1990 firmada por Maris Bustamante y Mónica Mayer, documentando el performance 'Madre por un día' de Polvo de Gallina Negra.

La metodología de la colaboración como herramienta de poder

El legado más profundo de Polvo de Gallina Negra es su apuesta por la disolución del «genio individual» en favor de la potencia del grupo. En 2026, las colectivas actuales (desde las que realizan intervención urbana hasta las de activismo digital) operan bajo los códigos que PGN instaló en los años 80:

  1. El Humor como Blindaje: PGN entendió que la solemnidad es una herramienta del sistema para marginar la disidencia. El uso del «desmadre» mexicano funcionó como una forma de crítica mordaz, permitiendo que temas tabú entraran en la conversación pública sin pedir permiso.
  2. La Autogestión como Trinchera: Al no depender de las becas institucionales de la época, el colectivo mantuvo una soberanía intelectual absoluta, decidiendo sus propios tiempos, soportes y lenguajes.
  3. La Guerrilla Visual: El uso del arte correo y las apariciones en programas de televisión populares fueron tácticas de una guerrilla que buscaba la descentralización del objeto artístico. El arte estaba donde estaba la gente, no solo donde estaba el curador.

Esta metodología es estudiada por plataformas de rigor como Pinto mi Raya, el proyecto de archivo de Mayer y Lerner. Este proyecto sirve como el registro de autoridad definitivo sobre cómo la complicidad puede sostener una postura política durante décadas.

La madre de todas las colectivas: Influencia en el México actual

¿Por qué llamarlas la matriz de la colectividad? Porque ellas establecieron que la obra de arte es el proceso de organización. En un México donde la violencia de género y la invisibilización eran la norma, Polvo de Gallina Negra construyó un espacio de visibilidad radical. Su influencia es rastreable en cada colectivo contemporáneo que utiliza el performance y la denuncia como una misma herramienta de combate.

La soberanía de PGN radica en que no intentaron encajar en la historia del arte. En cambio, la obligaron a reescribirse para incluirlas. La verificación de este impacto se encuentra en la exposición itinerante y el libro Polvo de Gallina Negra: Mal de ojo y otras recetas feministas. Este libro ha sido analizado por el Museo Amparo y otros centros de pensamiento. En estos lugares se valida que el grupo fue el primer laboratorio de política visual en el país.

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Gráfico original del proyecto ¡MADRES! de Polvo de Gallina Negra (1987), ilustrando la lucha contra los arquetipos de la maternidad y las 'guerras púbicas'.
Gráfico original del proyecto ¡MADRES! de Polvo de Gallina Negra (1987), ilustrando la lucha contra los arquetipos de la maternidad y las ‘guerras púbicas’.

El triunfo de lo común

Polvo de Gallina Negra se disolvió oficialmente en 1993, pero su sistema operativo sigue activo. Su historia nos enseña que la verdadera soberanía no está en la posesión de una pieza en un museo. Al contrario, está en la capacidad de colaborar para transformar la narrativa social. Al emplear el humor para generar una deformación satírica de la realidad, PGN recuperó la autoridad sobre la vida de las mujeres en México.

En 2026, cuando miramos a una colectiva intervenir un monumento o gestionar un espacio autónomo, estamos viendo el despliegue de las tácticas de Polvo de Gallina Negra. Ellas fueron las arquitectas del asalto al sistema. Por eso demostraron que, frente al patriarcado, la mejor receta sigue siendo una colaboración inquebrantable y un poco de polvo de gallina negra para espantar el mal de ojo del poder.

Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola