Maurizio Cattelan: del plátano viral al silencio del trauma

Publicado originalmente el 14 denoviembre de 2024. Actualizado el 25 de mayo de 2026 con revisión editorial, nuevas fuentes y contexto histórico.
En el arte contemporáneo, pocas figuras han entendido tan bien las contradicciones del mercado como Maurizio Cattelan. Su obra se mueve entre la sátira, el espectáculo y la crítica institucional, pero detrás del humor hay una observación bastante precisa sobre cómo funcionan el prestigio, el valor y la autoridad dentro del sistema artístico. Más que actuar como un provocador aislado, Cattelan ha construido una carrera dedicada a tensar los límites entre la obra de arte, la broma y el producto cultural.
Muchas de sus piezas operan precisamente en ese terreno ambiguo. Desde La Nona Ora, donde Juan Pablo II aparece derribado por un meteorito, hasta Comedian —el célebre plátano adherido a una pared con cinta adhesiva—, sus trabajos obligan al espectador a preguntarse cuánto del valor artístico depende realmente del objeto y cuánto del contexto institucional que lo legitima.
Su relevancia tampoco puede explicarse solo desde la viralidad. A lo largo de las últimas décadas, su obra ha sido exhibida en instituciones como el Solomon R. Guggenheim Museum, el Centre Pompidou y el UCCA Center for Contemporary Art de Pekín, consolidando una presencia constante dentro de los principales circuitos museísticos internacionales.
Por qué la polémica obra de Maurizio Cattelan no pierde valor si es ingerida

Las acciones más provocativas de Maurizio Cattelan
Desde los años noventa, Cattelan convirtió la provocación en parte central de su práctica artística. En 1999, durante una exposición individual en Milán, inmovilizó con cinta adhesiva al galerista Massimo De Carlo sobre la pared del espacio expositivo, llevando al extremo la relación entre artista, institución y espectáculo. Años antes, había presentado Another Fucking Readymade en Ámsterdam tras apropiarse del contenido completo de una exposición vecina y exhibirlo como propio, retomando la tradición del readymade de Marcel Duchamp desde una lógica más cercana al sabotaje institucional.
Esa misma tensión reapareció en Maurizio Cattelan: All (2011), la retrospectiva organizada por el Guggenheim de Nueva York. En lugar de distribuir las piezas por salas, el artista suspendió gran parte de sus obras desde el centro de la rotonda del museo, formando una acumulación caótica de esculturas, animales taxidermizados y figuras hiperrealistas. La exposición funcionaba casi como una parodia de la retrospectiva clásica: más que ordenar su trayectoria, parecía convertirla en un archivo desbordado y absurdo.
Obras clave para entender a Cattelan
Novecento (1997): el fracaso del progreso
En esta instalación, un caballo disecado cuelga del techo con el cuerpo vencido por la gravedad. La imagen resulta incómoda precisamente porque transforma un símbolo histórico de fuerza y conquista en una presencia inmóvil y derrotada. Más que buscar el shock inmediato, la obra parece dialogar con el agotamiento de las grandes narrativas políticas y culturales del siglo XX.
Aunque la utilización de animales en su trabajo ha generado polémica durante años, Cattelan ha explicado en distintas ocasiones que emplea ejemplares ya muertos y tratados mediante taxidermia.

La Nona Ora (1999): autoridad y vulnerabilidad
La escultura muestra a Juan Pablo II desplomado sobre una alfombra roja tras el impacto de un meteorito. Cuando fue exhibida por primera vez, la pieza generó fuertes reacciones en sectores religiosos y políticos, aunque gran parte de la crítica la interpretó menos como una burla a la fe y más como una reflexión sobre la fragilidad de cualquier figura de autoridad.
La fuerza de la obra está en el contraste entre solemnidad y accidente. El Papa aparece representado con un hiperrealismo casi ceremonial, pero reducido de pronto a un cuerpo vulnerable, sometido al azar y al absurdo.

Him (2001): la incomodidad de la empatía
En Him, el espectador primero observa a un niño arrodillado en actitud de oración. Solo al rodear la figura descubre que el rostro pertenece a Adolf Hitler. La pieza trabaja desde el desplazamiento emocional: obliga al público a enfrentarse a una imagen del dictador alejada de la monumentalidad habitual con la que suele representarse el mal político.
Más que humanizarlo, la obra introduce una pregunta incómoda sobre la memoria histórica y la representación del horror. Parte de su impacto proviene precisamente de esa ambigüedad moral.

Untitled (2004): violencia y espacio público
La instalación presentada en la Piazza XXIV Maggio de Milán consistía en tres maniquíes infantiles suspendidos de un árbol. La reacción pública fue inmediata: un ciudadano intentó derribar la instalación y terminó herido durante el intento.
La pieza alteraba de manera radical la función habitual del monumento urbano. En lugar de integrarse visualmente al espacio público, introducía una escena perturbadora imposible de ignorar. Más que ofrecer una lectura cerrada, la obra parecía medir los límites emocionales de la mirada colectiva.
All (2007): anonimato y duelo colectivo
Compuesta por nueve cuerpos cubiertos con mármol de Carrara, All utiliza uno de los materiales más asociados a la tradición monumental italiana para representar cadáveres anónimos y sin heroicidad. La repetición de las figuras elimina cualquier narrativa individual y desplaza la atención hacia una idea más amplia de pérdida colectiva.
Aquí, Cattelan abandona parcialmente el sarcasmo directo para trabajar desde la quietud y la acumulación silenciosa.
America (2016): lujo, exceso y absurdo
Instalada originalmente en el Guggenheim, America consistía en un inodoro completamente funcional fabricado en oro de 18 quilates. La obra podía ser utilizada por el público, mezclando lujo extremo con una experiencia cotidiana y vulgar. La pieza terminó convirtiéndose en uno de los trabajos más comentados de la década, especialmente después de su robo en Blenheim Palace en 2019 y de la enorme cobertura mediática posterior.
Como ocurre con gran parte de la obra de Cattelan, el gesto parece absurdo en la superficie, pero funciona también como una crítica bastante directa a la relación entre riqueza, espectáculo y fetichización del objeto artístico.

Comedian (2019): el meme convertido en mercado
Pocas obras recientes resumieron tan bien las dinámicas del arte contemporáneo como Comedian. El plátano pegado con cinta adhesiva presentado en Art Basel Miami se volvió viral casi de inmediato y terminó funcionando simultáneamente como obra, meme, performance mediática y activo financiero.
Lo importante nunca fue el plátano en sí, sino el certificado de autenticidad y el sistema de validación que lo rodeaba. En 2024, una de sus ediciones volvió a alcanzar cifras millonarias en subasta, confirmando que la obra ya había superado el espacio del arte para convertirse en un símbolo cultural del mercado contemporáneo.

Blind (2021): el silencio después del trauma
Presentada en el Pirelli HangarBicocca de Milán, Blind toma la silueta de las Torres Gemelas y la atraviesa con la forma simplificada de un avión. A diferencia de muchas de sus piezas anteriores, aquí casi desaparece el humor. La obra trabaja desde la reducción formal y el vacío, evitando el exceso narrativo para concentrarse en la persistencia visual del trauma colectivo.

Cattelan después de la provocación
En años recientes, la obra de Cattelan ha comenzado a desplazarse hacia registros menos inmediatos y más vinculados al duelo, la violencia y la memoria política. En 2024 participó en la Bienal de Venecia con un proyecto para el pabellón del Vaticano, mientras que exposiciones recientes en Londres, Metz y Berlín muestran un interés creciente por instalaciones más austeras y reflexivas.
Algunas de sus piezas más recientes, exhibidas en 2025 en la galería Gagosian de Londres, incorporan paneles metálicos cubiertos de oro perforados por disparos reales. Obras como MOUTH o Bones retoman temas presentes en toda su trayectoria —violencia, espectáculo, fetichización del lujo— pero desde una estética mucho más seca y minimalista.
A estas alturas, resulta difícil seguir viendo a Cattelan únicamente como el “artista del plátano”. Su trabajo lleva décadas funcionando como una especie de espejo incómodo del propio sistema artístico: un espacio donde el escándalo, el mercado, el poder y la ironía terminan mezclándose hasta volverse indistinguibles.

Publicado originalmente el 14 de noviembre de 2024 . Actualizado el ____ por el Equipo Editorial.
Redacción
Daniel Geyne
Fotógrafo, periodista y columnista en Yaconic. Experto en la escena musical alternativa y subgéneros como el Trip Hop, Metal y Punk Rock. Mi análisis, fundamentado en la Teoría Visual y Cinematográfica (Artes Visuales y Cine), me especializó en desglosar la estética underground. Con la perspectiva insider de mi trabajo en medios (Sabotage) y campañas publicitarias (Audi, Liverpool), te ofrezco una crítica única sobre cómo el arte, la contracultura y la imagen de marca interactúan.







