Pocos nombres resuenan tan fuerte en el panorama arquitectónico de México como el de Pedro Ramírez Vázquez. Nacido en 1919, este genio multidisciplinario no solo transformó el paisaje urbano del país con sus edificios emblemáticos, sino que también dejó una huella indeleble en el diseño gráfico y la tipografía. Su vasta obra es un testamento de modernidad, funcionalidad y un profundo respeto por la identidad cultural de México, consolidándolo como una figura central en la arquitectura del siglo XX y un referente global.
La arquitectura de Pedro Ramírez Vázquez se distingue por su escala monumental, su audacia formal y una integración armónica con el entorno y la función social. Uno de sus legados más celebrados es el Museo Nacional de Antropología (MNA), inaugurado en 1964. Este edificio, considerado una joya de la arquitectura moderna y uno de los museos más importantes del mundo, no solo alberga un invaluable patrimonio cultural de México, sino que su diseño es una obra de arte en sí misma. Su icónico «paraguas» de concreto, que cubre el patio central y crea una cascada artificial, es un símbolo reconocible al instante, reflejando una fusión única de modernidad y elementos prehispánicos.
Otro de sus proyectos más reconocibles es el Estadio Azteca, construido para los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de Fútbol de 1970. Su diseño innovador permitió una visibilidad óptima desde cualquier asiento, revolucionando la arquitectura deportiva y convirtiéndolo en un referente mundial. La Nueva Basílica de Guadalupe, con su diseño circular que permite la visión del altar desde cualquier punto, es otra muestra de su ingenio para manejar grandes aforos y simbolismo.
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A estos se suman el Palacio Legislativo de San Lázaro, el Museo de Arte Moderno y el Museo de Arte Carrillo Gil, todos ejemplos de su capacidad para crear espacios funcionales, estéticos y con un gran impacto cívico y cultural. Pedro Ramírez Vázquez creía firmemente en la arquitectura como una herramienta al servicio de la sociedad. Sus edificios no eran meros contenedores, sino espacios que buscaban dignificar la vida pública, facilitar la educación y celebrar la rica historia de México.
Aunque su fama se asocia principalmente a sus majestuosas construcciones, la contribución de Pedro Ramírez Vázquez al diseño gráfico y la tipografía es igualmente fundamental y, a menudo, menos conocida. Su mente multidisciplinaria entendía que la identidad visual de un proyecto, especialmente uno de escala nacional o internacional, es tan crucial como su estructura física. Esta faceta menos explorada es una muestra más de su genio integral.
Un ejemplo sobresaliente de su habilidad tipográfica y gráfica se encuentra en el diseño de la señalética y el logo de los Juegos Olímpicos de México 1968. Para este evento de trascendencia mundial, Pedro Ramírez Vázquez, en colaboración con su equipo y con la destacada participación del diseñador estadounidense Lance Wyman, creó un sistema de pictogramas y una tipografía innovadora. Esta tipografía, conocida como «México 68» o «Olympic Mexico«, se inspiró en el arte prehispánico y la estética del op-art, fusionando la tradición visual mexicana con las vanguardias artísticas del momento.
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El resultado fue un sistema gráfico cohesivo que se utilizó en uniformes, señalizaciones, boletos y toda la comunicación visual de los Juegos. Este lenguaje gráfico se convirtió en un ícono del diseño internacional y sigue siendo estudiado y admirado globalmente. La tipografía «México 68» es un claro ejemplo de cómo el diseño de caracteres puede encapsular la identidad de una nación y un evento de manera atemporal, demostrando la visión de Pedro Ramírez Vázquez para integrar el arte, la cultura y la funcionalidad en todos los niveles del diseño.
El talento de Pedro Ramírez Vázquez no se limitó a las fronteras mexicanas. Su obra fue reconocida y solicitada a nivel global. Diseñó el Museo de las Culturas Negras en Dakar, Senegal, y el pabellón de México en la Exposición Universal de Bruselas de 1958, que obtuvo numerosos premios y consolidó su reputación internacional. También participó en la planeación del campus de la Universidad Iberoamericana y fue el primer presidente del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), impulsando el diseño de escuelas rurales prefabricadas para llevar educación a comunidades marginadas.
Pedro Ramírez Vázquez fue un arquitecto, urbanista, diseñador y promotor cultural que entendió que su profesión iba más allá de la construcción: se trataba de diseñar el progreso, la identidad y el futuro de una nación. Su visión perdura en cada uno de sus edificios y en el lenguaje gráfico que dejó como herencia, recordándonos que la arquitectura y el diseño son herramientas poderosas para moldear la cultura y la sociedad.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





