En la historia de la fotografía latinoamericana, pocas figuras han capturado la complejidad social y política de una época con la audacia de Rodrigo Moya. Su obra es un testimonio visual del México de mediados del siglo XX, un país en plena transformación que, bajo su lente, reveló tanto su belleza como sus profundas contradicciones. Más que un fotógrafo, Moya fue un cronista, un humanista que, con una mirada única, nos dejó un legado invaluable de la historia contemporánea.
Primeros años y la formación de una mirada
Rodrigo Moya nació en 1934 en Medellín, Colombia, por un «accidente» de la historia. Hijo de padres mexicanos, pasó la mayor parte de su vida en México, donde se forjó su identidad y su carrera. Aunque su primer camino fue la ingeniería, una profesión que estudió en la UNAM entre 1952 y 1954, pronto descubrió que su verdadera vocación era otra. La fotografía, que había sido un pasatiempo desde su infancia, se convirtió en su pasión. El primer contacto con un cuarto oscuro a los 20 años fue un punto de inflexión, un momento que marcaría el inicio de su prolífica carrera.
A partir de 1955, Rodrigo Moya comenzó a trabajar para revistas de la época como Impacto y Mañana. Su estilo se distinguió rápidamente por su enfoque documental y una profunda empatía por sus sujetos. Lejos del sensacionalismo, sus fotografías humanizaron los eventos y a las personas que las protagonizaban. Se le atribuye haber retratado la esencia del México rural y urbano, documentando las luchas sociales, las desigualdades y la vida cotidiana de la gente común.
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Su lente no se limitó a la frontera mexicana; capturó la esperanza y el drama de eventos trascendentales como la Revolución Cubana, donde realizó algunos de los últimos retratos que se conocen de Ernesto «Che» Guevara. Rodrigo Moya también documentó la invasión de República Dominicana y las guerrillas de Guatemala y Venezuela. Su capacidad para estar en el lugar y momento precisos, y para encontrar la humanidad en medio del caos, es lo que lo convirtió en un fotoperiodista de élite.
El retiro en la cúspide y un legado literario de Rodrigo Moya
De forma inesperada, Rodrigo Moya decidió retirarse de la prensa en 1968, en la cúspide de su carrera. La muerte de su amigo y fotógrafo Ernesto Guevara, sumado a su desencanto con el oficio, lo llevaron a dedicarse a la edición y a la literatura. Esta segunda fase de su vida no fue menos exitosa: fundó revistas y editoriales, y se convirtió en un narrador y poeta reconocido. Entre sus logros se encuentran el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 1997.
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Años después, su vasto archivo fotográfico fue redescubierto y revalorado, consolidando su lugar en la historia. Su obra ha sido objeto de retrospectivas y publicaciones, recibiendo premios como la Medalla al Mérito Fotográfico del Sistema Nacional de Fototecas en 2007. La historia de Rodrigo Moya es la de un artista que entendió que la verdad no solo se encuentra en el gran titular, sino en la mirada de la gente común.
Stephanye Reyes
Periodista (Carlos Septién García). Exploradora de la cultura alternativa y la disidencia. Lee mi columna para un análisis de derechos humanos e impacto social en la urbe. Hago fotografía de todo lo que mis miopes ojos ven: Ig: @bruja_amapola





