“Comparto la tristeza que genera en muchos la noticia de nuestra separación. Yo mismo estoy sumergido en ese estado porque pocas cosas han sido tan importantes en mi vida como Soda Stereo”.

Un 5 de mayo de 1997, Gustavo Cerati daba cerrazón a un ciclo de 15 años que dedicó a Soda Stereo, una de las bandas más importantes en la historia del rock en español, quizá la más trascendente de Latinoamérica. El futuro -su futuro-, permanecía incierto, no había rastros de lo que sucedería después de la separación. Dos años después, el propio Cerati anunció la llegada de un nuevo álbum, el primero como solista luego de la disolución del grupo. Su nombre: Bocanada.

“Es bocanada de humo y también bocanada de aire”, así hablaba Gustavo de su nueva obra, presentada formalmente el 28 de junio de 1999. Oficialmente, se trata de su segundo trabajo como solista, pero el primero sin sus antiguos cómplices, Charly Alberti y Zeta Bosio. De ahí que, desde el mismo título, Cerati emprendió un nuevo viaje hacia otra dirección, muy alejada de lo que el trío argentino trazó durante su trayectoria. Bocanada invitaba -invita- a eso, a tomar aire y dejarse llevar, desperdigado por fantasías.

Años atrás, poco antes del lanzamiento de Dynamo (1992), el sexto álbum de Soda, el trío presentaba signos de desgaste emocional y, quizá, físico, producto de las largas y constates giras, y los años de convivencia de tres tipos que, pese a unir ideas y espiritualidades al inicio de su carrera musical, la vida les cobraba factura; ya no eran ni pensaban lo mismo, pero hicieron lo posible por permanecer juntos y hacer música. Así, y luego de un tiempo de descanso, la banda publicó el que podría llamarse el mejor disco de Soda Stereo.

Plantado ya en 1993, incentivado por el embarazo de su entonces pareja sentimental, Gustavo decide lanzar un álbum en solitario, Amor Amarillo, el cual despertó toda clase de dudas al respecto de Soda Stereo, el futuro de la banda y la relación interpersonal entre sus integrantes. Para 1995, el último material discográfico del grupo llegó bajo el nombre de Sueño Stereo.

Pocas veces sucede que una banda se separa en su mejor momento creativo y eso le ocurrió a Soda, con Gustavo, Zeta y Charly en el momento más alto de su trayectoria como músicos. Lo podemos percibir, incluso, desde Canción Animal (1990), ofreciéndonos la mejor versión de Soda Stereo y así también fue su retiro de los escenarios, aquel 20 de septiembre de 1997 ante 60 mil seguidores que se dieron cita en el Estadio Monumental de River Plate.

“El momento de Soda Stereo en River Plate, al final, fue una cosa muy fuerte y yo creo, tanto como Zeta y como Charly, que nos debemos sentir muy orgullosos de haberlo podido pasar y haberlo no solo soportado, sino disfrutado, y haber entendido lo que significa para mucha gente el grupo… No era un concierto más, era el último, y la gente debe haber tenido circunstancias muy contradictorias, como las teníamos nosotros, ¿no? Pero había que hacerlo y bien. Así que fue una oleada muy positiva y a mí me levantó en el aire”.

Al final, y más allá del emblemático “Gracias totales”, lo que queda en la memoria de muchos fans fue aquel grito de “nada más queda”, frase del tema “De música ligera”, última canción que el trío interpretó la noche del último concierto, y que quedaría como epitafio en la etapa final de Soda Stereo. Su legado permanece incólume y su importancia va en aumento con el paso de los años.

Así pues, con toda esa carga emocional, Gustavo Cerati continuó haciendo música; ambos, el argentino y la música, se necesitaron siempre, mutuamente, uno no vivía sin el otro. Quizá esa fue la razón por la que, siendo el genio detrás de Soda Stereo, Cerati ofreció vanguardia musical en cada uno de sus discos, pero con Bocanada el tipo se colocó en el éter, donde muy pocos suelen llegar.

Más que un álbum atemporal, Bocanada es un trabajo que no es de esta era. Incluso hoy, dos décadas después de su lanzamiento, sigue sonando así, a que no pertenece a ningún tiempo ni a ningún espacio. Es simplemente un viaje hacia donde uno decida ir, como en un sueño, y disfrutarlo. Gustavo lo disfrutó y así lo hizo ver con frases como “Gracias, porvenir. Gracias por venir”.

“Para mí empieza una era muy importante en mi vida. Este disco es la primera cosa que hago con una sensación más de futuro. Empiezo como solista”.

Líricamente, Bocanada nos entregó una muy íntima colección de canciones. Es decir, se lee mucho de Gustavo Cerati en todo el disco, desde su perversidad más recalcitrante en “Engaña”, hasta sus influencias literarias de Borges en “Aquí y ahora (los primeros tres minutos)”. Fue el retorno de un Gustavo como cantante, actividad que había aparcado en aras de hacer más música electrónica, y que en Bocanada suena de una manera muy tersa, más elegante.

Las expectativas alrededor del nuevo álbum de Gustavo fueron altas, era claro que había miles de fans esperándole y la maquinaria mediática estaba encima de él. Por un lado, permanecían quienes añoraban una continuación de Sueño Stereo, y por otro estaban lo que no sabía que esperar. Cerati fue muy claro en ese aspecto y, para bien o para mal, quiso marcar una diferencia entre su trabajo solista con lo hecho en su banda.

Como resultado, el argentino no sólo superó esas expectativas, sino que se superó a sí mismo como músico, como cantante, como letrista y como voz de toda una generación, la que lo vio cantar “de aquel amor de música ligera… nada más queda” y ahora lo escuchaban decir cosas como “gracias por venir”, “a mí me es fácil olvidar”, “mereces lo que sueñas”, “fluir sin un fin”, “bailo brotado de ilusión”, entre muchas más que hablaban de un nuevo Gustavo Cerati, una bocanada en su vida.

Con 20 años de recorrido, el mensaje de Bocanada no ha claudicado, sigue navegando a contracorriente, como lo hizo su creador en toda su trayectoria.

“Lo que habla por mí es la música. La gente captura eso. Gracias a la música, el mensaje está llegando, a más o menos gente pero está llegando. En definitiva, es lo que interesa. Lograré un buen feedback si soy consecuente con lo que hago y si mis discos coinciden con mis sentimientos. En definitiva, si me soy fiel a mí. Con Bocanada pasó eso”.

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